Escalada verbal en la ONU

Rusia advierte a EE.UU.: Cuba no será otra Venezuela

EPA/SARAH YENESEL

Rusia ha lanzado una advertencia directa a Estados Unidos en pleno endurecimiento de la presión sobre La Habana. El embajador ruso ante la ONU, Vasili Nebenzya, aseguró que Washington no podrá replicar en Cuba la estrategia aplicada en Venezuela, en referencia a los intentos de forzar un cambio político mediante sanciones, aislamiento internacional y presión interna. Sus palabras llegan en un momento de creciente tensión, con informaciones que apuntan a un posible bloqueo del petróleo cubano por parte de Estados Unidos y con Moscú decidido a marcar límites en el tablero geopolítico del Caribe.

Nebenzya fue explícito al marcar distancias entre la situación de Venezuela y la de Cuba. En una entrevista concedida a la televisión estatal rusa Rossiya 24, el diplomático afirmó que en el caso venezolano existieron fracturas internas y traiciones en las altas esferas del poder que facilitaron la estrategia de presión impulsada desde Washington. Según su análisis, ese factor resulta determinante y no se da en Cuba, donde el sistema político mantiene una cohesión mucho mayor frente a las injerencias externas.

Nebenzya sostuvo que cualquier intento de aplicar una fórmula similar a Venezuela en la isla caribeña se toparía con obstáculos estructurales y políticos

Nebenzya sostuvo que cualquier intento de aplicar una fórmula similar a Venezuela en la isla caribeña se toparía con obstáculos estructurales y políticos que Estados Unidos no puede ignorar. A su juicio, Washington es consciente de que no sería “un camino fácil”, y por eso gran parte de la retórica reciente contra Cuba responde más a una estrategia de presión discursiva que a un plan viable a corto plazo.

El petróleo como arma de presión económica

Las advertencias de Moscú se producen en paralelo a informaciones que apuntan a que Estados Unidos estudia bloquear o restringir las importaciones de petróleo de Cuba, una medida que tendría un impacto directo sobre la ya frágil economía de la isla. El suministro energético es uno de los puntos más vulnerables del sistema cubano, y su interrupción podría provocar apagones, parálisis industrial y un deterioro aún mayor de las condiciones de vida.

Desde la perspectiva rusa, esta estrategia recuerda a los intentos de asfixia económica utilizados en otros países, pero con resultados limitados. Nebenzya dejó entrever que Cuba, con décadas de experiencia bajo sanciones, ha desarrollado mecanismos de resistencia política y social que dificultan que este tipo de presiones se traduzcan en un colapso del poder.

Cuba, un símbolo que trasciende lo económico

Más allá del impacto material, Cuba sigue siendo un símbolo político de primer orden. Para Rusia, defender a La Habana no es solo una cuestión de solidaridad bilateral, sino una forma de desafiar el uso de sanciones unilaterales como instrumento de política exterior. La isla representa uno de los pocos espacios en América Latina donde Washington no ha logrado imponer plenamente su agenda, lo que le otorga un valor estratégico y simbólico desproporcionado respecto a su peso económico real.

La isla representa uno de los pocos espacios en América Latina donde Washington no ha logrado imponer
plenamente su agenda, lo que le otorga un valor estratégico y simbólico desproporcionado respecto a su peso económico real.

Nebenzya subrayó que cualquier movimiento estadounidense contra Cuba será observado de cerca por la comunidad internacional, especialmente por países que ven en estas medidas un precedente peligroso para el respeto a la soberanía nacional.

Críticas a la OTAN y al liderazgo occidental

En paralelo a su advertencia sobre Cuba, el embajador ruso aprovechó para lanzar un mensaje más amplio contra la OTAN, a la que acusó de haber “agotado su potencial”. Según Nebenzya, las recientes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump confirman la pérdida de cohesión y rumbo estratégico dentro de la Alianza Atlántica.

Este ataque verbal no es anecdótico. Moscú busca conectar la presión estadounidense en distintos frentes —Europa del Este, Oriente Medio y ahora el Caribe— con una estrategia occidental que considera desgastada, basada en sanciones y coerción, pero incapaz de generar estabilidad o resultados políticos duraderos.

Washington ante un dilema estratégico

Para Estados Unidos, endurecer la presión sobre Cuba implica asumir riesgos significativos. Una ofensiva demasiado agresiva podría reforzar la alianza de La Habana con Rusia y China, consolidando un eje de oposición en su propio entorno geográfico. Al mismo tiempo, una política más moderada podría ser interpretada internamente como una muestra de debilidad.

Una ofensiva demasiado agresiva podría reforzar la alianza de La Habana con
Rusia y China, consolidando un eje de oposición en su propio entorno geográfico

El recuerdo del caso venezolano pesa en este cálculo. A pesar de años de sanciones, aislamiento diplomático y reconocimiento de liderazgos alternativos, el cambio político en Caracas no se produjo como Washington esperaba. Rusia no duda en utilizar ese precedente para advertir de los límites de la presión económica como herramienta de transformación política.

Cuba en el tablero de la rivalidad global

Las palabras de Nebenzya confirman que Cuba vuelve a ocupar un lugar central en la rivalidad entre grandes potencias. Para Moscú, frenar cualquier intento de desestabilización en la isla forma parte de una estrategia más amplia para defender un orden internacional multipolar y limitar la capacidad de Estados Unidos de imponer su voluntad mediante sanciones.

Este posicionamiento también envía un mensaje a otros países: Rusia está dispuesta a elevar el coste diplomático y político de las intervenciones indirectas, incluso en regiones tradicionalmente consideradas bajo influencia estadounidense.

Un escenario cargado de incertidumbre

Aunque Nebenzya minimizó la posibilidad de una acción inmediata y efectiva por parte de Washington, el contexto sigue siendo volátil. El endurecimiento del discurso estadounidense, combinado con la fragilidad económica de Cuba, crea un escenario de alta incertidumbre, en el que cualquier decisión sobre energía o comercio puede tener efectos desproporcionados.

Rusia, al marcar líneas rojas de forma pública, busca disuadir y ganar tiempo, consciente de que el conflicto en torno a Cuba no es solo regional, sino parte de un pulso global mucho más amplio.

En última instancia, la advertencia rusa va dirigida no solo a Estados Unidos, sino también a sus aliados y a los países que observan con preocupación el uso recurrente de sanciones como arma política. El mensaje es claro: Cuba no es Venezuela, y repetir viejas fórmulas en un contexto internacional más fragmentado podría generar consecuencias difíciles de controlar.