Rusia afronta una ofensiva récord de 605 drones ucranianos
Moscú asegura haber neutralizado aparatos sobre 18 regiones, Crimea y los mares Negro y de Azov en una operación que confirma el salto de escala de la guerra aérea.
Rusia aseguró este jueves haber derribado 605 drones ucranianos en apenas 12 horas, una de las mayores ofensivas aéreas comunicadas desde el inicio de la invasión a gran escala. Los aparatos habrían sido interceptados entre las 20.00 horas del 5 de agosto y las 8.00 horas del 6 de agosto, según el Ministerio de Defensa ruso.
El ataque alcanzó o sobrevoló 18 regiones, además de la península de Crimea —anexionada ilegalmente por Moscú en 2014— y las aguas de los mares Negro y de Azov. Aunque las cifras proceden de fuentes oficiales rusas y no han podido verificarse de forma independiente, la magnitud declarada revela un cambio profundo: Ucrania ya no limita su capacidad de respuesta al frente, sino que intenta trasladar el coste económico de la guerra al interior de Rusia.
Un ataque de escala industrial
La cifra de 605 aeronaves no tripuladas supone una media teórica superior a 50 drones por hora durante toda la noche. No se trata únicamente de una demostración militar. Lanzar centenares de aparatos de forma coordinada exige capacidad de fabricación, planificación de rutas, inteligencia previa y sistemas de comunicación capaces de saturar las defensas enemigas.
Moscú afirma que todos los dispositivos contabilizados fueron interceptados o destruidos. Sin embargo, en operaciones de esta envergadura resulta difícil determinar cuántos drones alcanzaron realmente sus objetivos, cuántos actuaron como señuelos y cuántos se perdieron por fallos técnicos. El dato ruso describe la intensidad del ataque, pero no permite medir por sí solo su eficacia.
Dieciocho regiones bajo presión
El Ministerio de Defensa ruso situó las interceptaciones sobre 18 territorios, Crimea y dos espacios marítimos estratégicos. Esta dispersión obliga a Rusia a mantener desplegados radares, baterías antiaéreas y equipos de emergencia a cientos de kilómetros del frente.
La presión se habría extendido hasta la región de Tver, situada aproximadamente a 180 kilómetros al noroeste de Moscú, donde las autoridades locales informaron de daños en un centro logístico de Wildberries, uno de los mayores grupos rusos de comercio electrónico.
La logística entra en el objetivo
Las operaciones ucranianas de largo alcance han ido concentrándose en refinerías, depósitos de combustible, fábricas militares, ferrocarriles y centros de distribución. El objetivo es erosionar la retaguardia que sostiene al Ejército ruso, pero también elevar el coste cotidiano del conflicto para empresas y consumidores.
La agencia EFE informó este jueves de un incendio en una refinería de Yaroslavl y señaló que Ucrania ha intensificado durante las últimas semanas los ataques contra la red logística rusa. Según esa información, más de 20 centros de distribución de Wildberries habrían sido destruidos o dañados desde mediados de julio.
El desgaste de las defensas
La eficacia de una ofensiva con drones no depende únicamente de los daños inmediatos. Cada aparato obliga al adversario a detectar, seguir y, en muchos casos, emplear munición antiaérea cuyo coste puede superar ampliamente al del objetivo.
Este desequilibrio convierte la saturación en una herramienta económica. Incluso un dron barato puede forzar el lanzamiento de un interceptor mucho más caro, mientras los cierres de aeropuertos, las restricciones de tráfico y las interrupciones industriales añaden pérdidas indirectas. El diagnóstico es inequívoco: la guerra aérea se está transformando también en una guerra de costes.
Una escalada en ambas direcciones
La ofensiva ucraniana coincidió con nuevos ataques rusos contra territorio ucraniano. Las autoridades de Kiev denunciaron al menos seis muertos y más de 30 heridos durante la misma noche, mientras la Fuerza Aérea ucraniana contabilizó 101 drones rusos y varios misiles antibuque y antirradiación.
El contraste refleja una dinámica cada vez más peligrosa. Rusia emplea oleadas mixtas para degradar la defensa aérea ucraniana; Kiev responde golpeando infraestructuras en profundidad. La distancia entre el frente y la retaguardia se ha reducido drásticamente.
El efecto económico que viene
La multiplicación de ataques sobre refinerías, almacenes y corredores logísticos puede traducirse en mayores costes de transporte, retrasos comerciales y nuevas tensiones sobre el suministro energético ruso. No será necesario paralizar por completo una instalación para generar pérdidas: basta con obligarla a detener operaciones, revisar equipos y reforzar su seguridad.
La ofensiva de este jueves demuestra que Ucrania conserva capacidad para organizar ataques masivos pese al desgaste acumulado. Rusia, por su parte, exhibe el volumen de sus interceptaciones como prueba de fortaleza defensiva. Entre ambas narrativas queda una realidad más incómoda: la guerra ha entrado en una fase de saturación tecnológica en la que centenares de drones pueden alterar, en una sola noche, la actividad de medio país.