Rusia lanza 133 drones contra Ucrania en una noche récord

Las defensas ucranianas neutralizaron 109 aparatos, mientras Moscú asegura haber interceptado otros 635 drones en territorio ruso durante una escalada aérea sin precedentes.

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Rusia drones

Rusia lanzó durante la madrugada del domingo 133 vehículos aéreos no tripulados contra el norte, el sur y el este de Ucrania. Las fuerzas ucranianas aseguran haber derribado o neutralizado 109 aparatos antes de las 08.00 horas, una tasa de interceptación superior al 81%.

Sin embargo, al menos 24 drones alcanzaron 19 localizaciones, mientras que los restos de otros dispositivos cayeron en tres puntos adicionales. La ofensiva incluyó señuelos, municiones merodeadoras y modelos propulsados a reacción, diseñados para saturar simultáneamente los radares, los sistemas antiaéreos y las unidades de guerra electrónica.

Un ataque diseñado para saturar las defensas

Los drones fueron lanzados desde las regiones rusas de Orel y Kursk, desde la zona ocupada de Donetsk y desde distintos emplazamientos de Crimea. Entre los aparatos empleados figuraban modelos Gerbera, Italmas, Parody y Banderol, además de vehículos no tripulados equipados con propulsión a reacción.

La combinación no es casual. Rusia mezcla drones de ataque con señuelos baratos para obligar a Ucrania a consumir misiles interceptores, desplegar unidades móviles y activar sus radares durante horas. El objetivo no consiste únicamente en alcanzar infraestructuras, sino también en desgastar una arquitectura defensiva sometida a ataques casi diarios.

Más del 81% neutralizado

La Fuerza Aérea ucraniana informó de que sus defensas derribaron o bloquearon electrónicamente 109 de los 133 drones detectados. En la respuesta participaron unidades de misiles antiaéreos, equipos de guerra electrónica, sistemas no tripulados y grupos móviles de fuego.

El dato confirma la creciente importancia de la interferencia electrónica. Neutralizar un dron ya no implica necesariamente destruirlo mediante un misil: muchas aeronaves pueden ser desviadas, desorientadas o inutilizadas alterando sus sistemas de navegación. Aun así, la existencia de impactos en 19 emplazamientos demuestra que ninguna tasa de interceptación elimina por completo el riesgo.

Veinticuatro drones alcanzaron sus objetivos

Según los primeros balances, 24 municiones merodeadoras lograron superar las defensas ucranianas. Kiev no detalló inicialmente la naturaleza de todos los objetivos alcanzados ni el alcance de los daños, mientras la operación continuaba en algunas regiones después de las ocho de la mañana.

Lo más grave es la dispersión territorial del ataque. Obligar a Ucrania a proteger simultáneamente zonas septentrionales, orientales y meridionales aumenta la presión sobre unas defensas que deben cubrir ciudades, instalaciones energéticas, centros logísticos y posiciones militares. Cada brecha puede traducirse en daños muy superiores al coste del dron empleado.

Rusia denuncia otros 635 drones

La madrugada dejó también una ofensiva masiva en sentido contrario. El Ministerio de Defensa ruso aseguró haber interceptado y destruido 635 drones ucranianos, una de las mayores cifras comunicadas por Moscú desde el comienzo de la invasión.

Casi 150 aparatos habrían sido derribados sobre la región de Rostov, mientras otros fueron detectados en Bélgorod, Briansk, Kursk, Vorónezh, Crimea, Krasnodar y las aguas de los mares Negro y de Azov. Las autoridades rusas informaron además de restricciones temporales en numerosos aeropuertos y de daños en edificios e instalaciones logísticas.

Una guerra aérea de escala industrial

Las cifras combinadas elevan a 768 el número de drones declarado por ambos contendientes durante una sola noche. Aunque los balances oficiales no pueden verificarse de manera independiente, la magnitud refleja la industrialización definitiva de la guerra no tripulada.

El contraste resulta demoledor: los drones permiten atacar cientos de kilómetros por detrás del frente sin arriesgar pilotos y con costes generalmente inferiores a los de la munición utilizada para interceptarlos. Ucrania ha intensificado sus golpes contra refinerías, almacenes y redes logísticas rusas, mientras Moscú mantiene la presión sobre ciudades e infraestructuras ucranianas.

El desgaste que viene

La consecuencia es clara. Ambos países necesitan producir más drones, reforzar sus radares y abaratar cada intercepción. Una defensa basada únicamente en misiles de elevado coste resulta difícilmente sostenible frente a oleadas compuestas por centenares de aparatos y señuelos.

La batalla se traslada así a la fabricación industrial, la inteligencia electrónica y la capacidad para proteger infraestructuras críticas. La noche del 2 de agosto no representa una anomalía, sino un nuevo umbral operativo: ataques simultáneos, rutas cambiantes y saturación permanente del espacio aéreo. El conflicto entra en una fase en la que la superioridad dependerá tanto de las fábricas y los algoritmos como de las posiciones conquistadas sobre el terreno.

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