El yen rebota y pone al Dow Jones bajo vigilancia

La coordinación entre Scott Bessent, la Reserva Federal y Tokio impulsa la mayor recuperación de la divisa japonesa en meses, pero amenaza con alterar los flujos que sostienen a Wall Street.
Yen

Foto de Cullen Cedric en Unsplash
Yen Foto de Cullen Cedric en Unsplash

El yen ha pasado en apenas 48 horas de rozar sus niveles más bajos desde 1986 a registrar una de sus recuperaciones más contundentes de los últimos años.
La divisa japonesa cerró el viernes 31 de julio en torno a 157,40 yenes por dólar, su posición más fuerte desde principios de mayo.
Detrás del movimiento aparecen el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, la Reserva Federal de Nueva York y las autoridades japonesas.
La operación alivia la inflación importada de Japón, pero abre un nuevo frente para el Dow Jones.
Cuando el yen cambia bruscamente de dirección, también lo hacen los grandes flujos internacionales de capital.

Un giro de más del 3%

El movimiento sorprendió por su velocidad. Dos días antes, el dólar llegó a aproximarse a los 163 yenes, un nivel que disparó las alarmas en Tokio por el encarecimiento de la energía, los alimentos y otras importaciones esenciales.

El yen llegó a avanzar alrededor de un 3% en una sola sesión, mientras aumentaban las especulaciones sobre una actuación coordinada de Japón y Estados Unidos. El volumen negociado en el mercado dólar-yen también se disparó, reforzando la percepción de que no se trataba de una oscilación ordinaria.

La señal fue inequívoca: las autoridades no estaban dispuestas a tolerar una depreciación desordenada. El mercado, que llevaba años apostando contra la moneda japonesa, tuvo que deshacer posiciones con rapidez.

Bessent cambia las reglas

Scott Bessent desempeñó un papel central. El secretario del Tesoro ya había calificado el yen como una moneda muy infravalorada y había advertido de que una volatilidad excesiva podía resultar perjudicial.

La intervención estadounidense es relevante porque Washington suele evitar la manipulación directa de los tipos de cambio de sus principales socios. En esta ocasión, la debilidad del yen también amenazaba los intereses comerciales de Estados Unidos: una moneda japonesa depreciada abarata las exportaciones niponas y eleva su competitividad frente a las empresas norteamericanas.

Las estimaciones recogidas por distintos medios apuntan a que Japón pudo movilizar cerca de 8,45 billones de yenes, alrededor de 52.800 millones de dólares, en una única jornada.

La Fed aporta credibilidad

El papel de la Reserva Federal no consistió necesariamente en comprar yenes de forma masiva. La Fed de Nueva York habría realizado consultas de cotización —los llamados rate checks— a varias entidades financieras, una práctica que suele interpretarse como preparación para una posible intervención.

Ese simple movimiento puede resultar suficiente para modificar el comportamiento de los operadores. Apostar contra el yen deja de ser una operación cómoda cuando existe la posibilidad de que dos grandes potencias monetarias actúen conjuntamente.

Además, la Fed mantuvo el 29 de julio los tipos de interés entre el 3,5% y el 3,75%, aunque tres miembros defendieron una subida de 25 puntos básicos. La decisión limitó el impulso adicional del dólar y facilitó la recuperación japonesa.

El Dow Jones entra en la ecuación

La subida del yen puede tener consecuencias directas sobre el Dow Jones. Durante años, inversores internacionales se han financiado a costes reducidos en Japón para comprar acciones, bonos y otros activos estadounidenses con mayor rentabilidad.

Esta estrategia, conocida como carry trade, funciona mientras el yen permanece débil y estable. Cuando la moneda japonesa se aprecia con rapidez, devolver esos préstamos resulta más caro y algunos fondos se ven obligados a vender activos en Wall Street.

El riesgo no es el fortalecimiento del yen por sí solo, sino una liquidación simultánea de posiciones apalancadas. Las compañías financieras, industriales y tecnológicas del Dow Jones pueden sufrir volatilidad si los inversores reducen exposición para cubrir pérdidas cambiarias.

Japón compra tiempo, no una solución

La intervención corrige el movimiento inmediato, pero no elimina las causas estructurales de la debilidad. Japón mantiene diferencias importantes respecto a los tipos de interés estadounidenses y continúa dependiendo de las importaciones energéticas.

El Banco de Japón puede endurecer su política monetaria, pero hacerlo demasiado deprisa elevaría el coste de financiar una deuda pública extraordinariamente elevada. Mantener los tipos bajos, por el contrario, vuelve a incentivar las ventas de yenes.

El Tesoro estadounidense mantiene además a Japón en su lista de economías cuyas políticas cambiarias deben ser vigiladas, aunque reconoce la necesidad de observar los desequilibrios globales y la evolución de sus cuentas exteriores.

Wall Street mira a Tokio

El rebote hasta 157,40 yenes por dólar demuestra que la cooperación entre Washington y Tokio puede cambiar el mercado en cuestión de horas. También confirma que Bessent está dispuesto a utilizar la política cambiaria como herramienta económica y comercial.

Para el Dow Jones, el desenlace dependerá de la velocidad del ajuste. Una recuperación gradual del yen puede ordenar los mercados y reducir la inflación japonesa. Una apreciación abrupta, en cambio, podría provocar ventas de bonos y acciones estadounidenses.

Tokio ha frenado la caída de su moneda, pero ha recordado a Wall Street que parte de su liquidez depende de Japón. El yen ya no es únicamente una divisa debilitada. Vuelve a ser una de las piezas capaces de alterar el equilibrio financiero mundial.

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