Los mercados digieren un cóctel de metales disparados

Una semana de vértigo: oro a 5.500 y ‘shutdown’ en EE. UU.

La semana ha dejado una fotografía tan llamativa como inquietante: el oro tocando máximos históricos en torno a 5.500 dólares la onza, la plata disparada hasta 120 dólares, el Bitcoin cayendo por debajo de 80.000, y una Reserva Federal inmóvil en los tipos mientras la Casa Blanca endurece el tono comercial y entra en un nuevo shutdown parcial. Al mismo tiempo, las grandes tecnológicas han concentrado la atención con resultados mixtos, fuertes apuestas por la inteligencia artificial y nuevos recortes de plantilla. Sobre la mesa, un mensaje claro: la volatilidad ya no es un episodio aislado, sino el nuevo patrón de funcionamiento de los mercados globales. La cuestión, para el inversor, es si este cóctel es el preludio de una corrección más profunda o solo un aviso de que la liquidez fácil y el dinero barato pertenecen definitivamente al pasado.

EPA/WILL OLIVER
EPA/WILL OLIVER

Metales preciosos en modo montaña rusa

El movimiento de los metales preciosos ha sido el gran termómetro del nerviosismo inversor. El oro empezó la semana en máximos históricos, en torno a 5.000 dólares la onza, y llegó a rozar los 5.500 impulsado por las compras defensivas y por algoritmos que reaccionan a cualquier signo de tensión geopolítica o financiera. Sin embargo, el repunte se dio la vuelta con la misma violencia: al cierre de la semana, el metal rey volvió a situarse por debajo de los 5.000 dólares, dejando atrapados a los más tardíos.

La plata ofreció una versión todavía más extrema de esa montaña rusa. Desde los 107 dólares iniciales, el metal industrial y monetario escaló hasta la zona de 120 dólares, para desplomarse después hacia 74. El diagnóstico es inequívoco: cuando los niveles de volatilidad alcanzan estas cotas, el mercado deja de reflejar solo fundamentales y pasa a ser rehén de la liquidez, el apalancamiento y el miedo a quedarse fuera del próximo movimiento.

Lo más grave para el inversor minorista es que estos bandazos convierten en casi imposible cualquier estrategia clásica de cobertura. “Un oro que sube un 10% y corrige otro tanto en pocos días ya no funciona como ancla de la cartera, sino como otra fuente de riesgo”, admiten gestores que recomiendan reducir exposición táctica y reforzar la disciplina de precios de entrada y salida.

Bitcoin pierde fuelle tras los máximos históricos

Mientras los metales probaban nuevos techos, las criptomonedas vivían la semana en sentido inverso. El Bitcoin encadenó caídas sucesivas hasta perforar el umbral de los 80.000 dólares, su nivel más bajo desde abril del año pasado, con un retroceso semanal cercano al 6% solo el sábado. Tras meses de narrativa eufórica sobre la adopción institucional, la corrección devuelve el foco a una realidad incómoda: la relación de las ‘cripto’ con la liquidez global sigue siendo más alta de lo que sus defensores reconocen.

El contraste con la narrativa del “oro digital” resulta demoledor. Justo cuando los inversores buscaban refugio en activos escasos ante el ruido geopolítico y la incertidumbre regulatoria, el Bitcoin ha mostrado una sensibilidad extrema a los movimientos de tipos, al endurecimiento de las condiciones financieras y a la toma de beneficios tras los máximos históricos.

A corto plazo, la consecuencia es clara: se reabre la brecha entre los grandes inversores, capaces de soportar retrocesos de dos dígitos, y el pequeño ahorrador, que entra tarde y sale en el peor momento. A medio plazo, el mercado se enfrenta a un dilema: o surgen nuevos catalizadores —desde ETFs adicionales hasta un uso más claro en pagos y finanzas descentralizadas— o el activo corre el riesgo de quedar atrapado en un rango volátil, demasiado inestable para ser refugio y demasiado regulado para seguir siendo pura apuesta especulativa.

La Fed congela tipos mientras Trump mueve ficha

En el corazón del tablero monetario, la Reserva Federal optó por la continuidad. El banco central dejó los tipos de interés en la horquilla del 3,5%-3,75%, enviando un mensaje de cautela: la inflación se ha moderado, pero no lo suficiente como para cantar victoria. El mercado descuenta, de momento, como máximo un par de recortes simbólicos en los próximos doce meses, muy alejados de los ciclos agresivos de relajación del pasado.

El anuncio coincidió con un movimiento político de calado. El presidente Donald Trump eligió a Kevin Warsh como candidato para presidir la Fed en el próximo mandato. El perfil más ortodoxo y crítico con la expansión cuantitativa que se le atribuye ha sido leído por muchos operadores como una señal de que la era del dinero ultrabarato no regresará fácilmente.

Este hecho revela una tensión de fondo: el Ejecutivo quiere crecimiento y empleo antes de las próximas citas electorales, pero al mismo tiempo apuesta por un banquero central menos dispuesto a tolerar desviaciones de inflación. Si la economía se desacelera más rápido de lo previsto, el choque entre la Casa Blanca y la Fed podría reavivar episodios de presión política sobre la política monetaria que los mercados recuerdan bien.

Tecnológicas, IA y despidos: el nuevo equilibrio

En paralelo, la temporada de resultados ha confirmado que la gran tecnología sigue siendo el epicentro de la narrativa bursátil. Empresas como Boeing, Microsoft, Meta Platforms, Tesla, Samsung Electronics, Deutsche Bank, Blackstone, Lockheed Martin y Apple han concentrado una parte sustancial del volumen, con especial foco en los gigantes de la nube y la inteligencia artificial.

Apple aprovechó la cita para anunciar un nuevo modelo de AirTag, menos relevante en términos macro pero significativo como símbolo de una estrategia que exprime el ecosistema de servicios. Microsoft, por su parte, presentó su chip Maia 200, diseñado para acelerar la inferencia de inteligencia artificial y reducir dependencia de terceros proveedores. El movimiento se lee como una respuesta indirecta al dominio de Nvidia en el segmento de GPUs de alto rendimiento.

El nuevo equilibrio se completa con decisiones más duras. Amazon ha anunciado el recorte de 16.000 empleos y planea invertir hasta 50.000 millones de dólares en OpenAI, en una jugada donde el ajuste de costes sirve para financiar la siguiente ola de crecimiento. Meta ha cerrado un acuerdo de suministro por 6.000 millones con Corning, reforzando su apuesta por dispositivos de realidad aumentada y virtual. El diagnóstico para el sector es claro: menos plantilla, más capex en IA y hardware crítico.

Datos macro dispares en Alemania, España y la eurozona

En el frente macroeconómico, la semana ha ofrecido señales mixtas que complican la lectura del ciclo. En Alemania, la inflación repuntó hasta el 2,1% en enero, alejándose del objetivo del 2% y sugiriendo que la desinflación podría estar perdiendo tracción en la principal economía de la eurozona. En contraste, en España el IPC se moderó al 2,4%, consolidando varios meses de senda descendente impulsada por la normalización de los precios energéticos y cierta moderación en la alimentación.

El conjunto de la eurozona registró un crecimiento del 0,3% en el cuarto trimestre, con un avance similar en Alemania. No es un dato brillante, pero sí evita el escenario de recesión técnica que algunos analistas daban por hecho hace apenas unos meses. Sin embargo, la combinación de inflación aún por encima del objetivo y crecimiento anémico alimenta el riesgo de un periodo prolongado de estancamiento con precios elevados.

Para los inversores españoles, este contexto tiene dos consecuencias. La primera, que el margen del Banco Central Europeo para recortar tipos de forma agresiva es limitado mientras la inflación subyacente no ceda con claridad. La segunda, que sectores como banca, ‘utilities’ reguladas e infraestructuras pueden seguir ofreciendo cierta protección relativa frente a un entorno de crecimiento débil pero tipos todavía restrictivos.

Tarifas, shutdown y el regreso del riesgo político

En paralelo al ruido monetario y corporativo, la política comercial ha vuelto al centro del escenario. Washington ha elevado hasta el 25% los aranceles a las importaciones procedentes de Corea del Sur en determinados segmentos, al tiempo que amenaza con nuevas tarifas sobre envíos de crudo vinculados a Cuba y sobre aeronaves fabricadas en Canadá. El mensaje es inequívoco: la Casa Blanca está dispuesta a reactivar la herramienta arancelaria como instrumento de presión geopolítica y electoral.

Todo ello sucede mientras el Gobierno federal de Estados Unidos entra en un nuevo shutdown parcial, con servicios no esenciales paralizados y miles de funcionarios en situación de permiso sin sueldo temporal. El contraste con otras regiones resulta demoledor: mientras Europa discute cómo consolidar sus reglas fiscales, la primera economía del mundo vuelve a utilizar el cierre administrativo como arma de negociación política.

Este regreso del riesgo político a la primera línea tiene implicaciones claras para el mercado. Las agencias de rating han reiterado en numerosas ocasiones que la credibilidad fiscal de un país no se mide solo en niveles de deuda o déficit, sino también en la predictibilidad de su proceso presupuestario. Cada nuevo shutdown erosiona esa credibilidad y empuja a algunos inversores institucionales a exigir una prima de riesgo más elevada por financiar a Estados Unidos.

El mercado mira ya al verano: SpaceX y los tipos

Más allá del ruido inmediato, los operadores empiezan a fijar la vista en los hitos que pueden marcar el verano. Informaciones de mercado apuntan a que SpaceX prepara una salida a bolsa para mediados de junio, un debut que podría convertirse en el mayor evento del año en términos de apetito por activos de crecimiento. Aunque por ahora no hay calendario oficial, el mero rumor ha reavivado las comparaciones con los grandes estrenos tecnológicos de las últimas dos décadas.

Al mismo tiempo, las expectativas sobre la senda de tipos de la Fed para la segunda mitad del año siguen reajustándose semana a semana. Cada décima de inflación, cada dato de empleo y cada pista en las actas del banco central se traduce en movimientos violentos en los futuros de tipos y en los tramos medios y largos de la curva. En un entorno donde el oro puede moverse 500 dólares en cuestión de días, la sensibilidad del mercado de bonos a cualquier cambio de narrativa es máxima.

Para las bolsas, el escenario central podría resumirse así: beneficios empresariales todavía sólidos en los grandes nombres, pero valoraciones exigentes y una prima de riesgo cada vez más comprimida. Cualquier sorpresa negativa, ya sea en resultados, en tipos o en tensión geopolítica, tiene capacidad para provocar correcciones rápidas en índices que acumulan subidas de doble dígito en los últimos trimestres.

Qué significa esta semana para el inversor español

La semana deja varias lecciones para el ahorrador español. La primera es que la diversificación tradicional —renta variable, renta fija y algo de oro— ofrece hoy menos protección de la que prometían los manuales. Cuando los metales preciosos, las criptomonedas y los índices bursátiles se mueven al unísono al compás de la liquidez global, el verdadero colchón pasa por gestionar mejor el riesgo, no solo por añadir más activos.

La segunda es que la revolución de la inteligencia artificial no es una anécdota tecnológica, sino un vector que condiciona decisiones de inversión, empleo y regulación. Los anuncios de chips propios, acuerdos multimillonarios y recortes de plantilla en las Big Tech anticipan un entorno en el que el capital se concentrará aún más en unos pocos ganadores globales. Para las bolsas europeas, y especialmente para la española, el reto será no quedarse al margen de esa ola.

Por último, conviene no subestimar el factor político. El shutdown en Estados Unidos, las nuevas tarifas y la presión sobre socios comerciales estratégicos muestran que la fragmentación geopolítica no es un riesgo teórico, sino un elemento que ya se descuenta en precios y primas de riesgo. Para el inversor de largo plazo, la respuesta pasa por reforzar la disciplina: más análisis de balance, menos persecución de modas de corto plazo y, sobre todo, una gestión prudente del apalancamiento en un mundo donde los movimientos del 5%-10% en una sesión han dejado de ser la excepción.

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