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Trump da la última hora de la Operación Epic Fury: “esto avanza más rápido de lo previsto”

La Casa Blanca presenta la Operación Epic Fury como una ofensiva “abrumadora” para desmantelar el aparato de seguridad del régimen y evitar que Teherán alcance el umbral nuclear, mientras el mercado teme ya un shock energético global.
WhiteHouse
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Cientos de objetivos atacados en apenas 36 horas, tres militares estadounidenses muertos y una confirmación que altera el tablero regional: Ali Khamenei, líder supremo de Irán desde 1989, ha fallecido tras los primeros bombardeos, según reconocieron medios estatales iraníes.
Donald Trump ha utilizado ese golpe como palanca política: ofrece “inmunidad” a quienes se rindan y llama a los iraníes a “recuperar” el país.
La consecuencia es inmediata: el conflicto ya se traslada al precio del crudo, a los seguros marítimos y al riesgo de una disrupción en el estrecho de Ormuz.
Y lo más grave: la lógica de “fin rápido” choca con el historial de guerras largas en Oriente Medio.

Un golpe “abrumador” con reloj de arena

Trump presentó la Operación Epic Fury como una campaña sin precedentes por volumen, coordinación y velocidad. El Pentágono, a través de CENTCOM, sitúa el inicio formal el 28 de febrero de 2026, con la primera oleada a las 1:15 a. m. (ET) y un patrón de objetivos nítido: infraestructura de mando y control de la Guardia Revolucionaria, defensas aéreas, emplazamientos de misiles y drones, y aeródromos militares.

En su declaración, el presidente elevó el listón retórico y operativo: “hundreds of targets”, el derribo de sistemas antiaéreos y un golpe naval relámpago —“nine ships”— “en cuestión de minutos”. Son cifras y afirmaciones que, de confirmarse en su totalidad, describen una apuesta por el colapso funcional del aparato coercitivo iraní más que una operación punitiva clásica.

El diagnóstico es inequívoco: Washington intenta imponer un hecho consumado antes de que Teherán reorganice su respuesta. Sin embargo, la rapidez militar no garantiza el cierre político. Y la ventana de dos semanas que Trump menciona —“podían haber hecho algo hace dos semanas”— sugiere que hubo un ultimátum o un canal de negociación fallido que desemboca en la fase de fuerza máxima.

El factor Khamenei: vacío de poder y sucesión incierta

El elemento verdaderamente disruptivo no son los “cientos” de impactos, sino la decapitación del liderazgo. Irán confirmó que Ali Khamenei86 años, líder supremo desde 1989— murió tras los ataques, abriendo un vacío de poder que el sistema político iraní no ha gestionado en público en décadas.

Trump lo describió en términos morales, no estratégicos, y lo convirtió en el símbolo de la campaña: “This wretched and vile man…”. La frase es reveladora porque desplaza el foco desde el programa nuclear hacia una narrativa de castigo y “liberación”. Y, además, pretende legitimar una transición interna que Washington no controla.

El problema es estructural: el liderazgo supremo en Irán es el nudo que coordina teocracia, seguridad e influencia regional. Su desaparición no garantiza moderación; puede producir una pugna entre facciones —Guardia Revolucionaria, clero, aparato político— con incentivos para demostrar dureza. En paralelo, el calendario interno se tensiona: la propia AP subraya la incertidumbre sobre la sucesión y el riesgo de una transición desordenada.

En otras palabras: el golpe puede acelerar el cambio… o multiplicar los centros de decisión armada.

Objetivo nuclear y “inmunidad”: la apuesta por la rendición

Trump justificó Epic Fury con una premisa que se repite desde hace años en Washington y Jerusalén: un Irán con misiles de largo alcance y capacidad nuclear sería una amenaza “directa”. Lo relevante es el giro: el presidente no se limita a disuadir, sino que busca inducir rendiciones. “Lay down your arms and receive full immunity”, insistió, antes de rematar con la amenaza explícita: “face certain death”.

Ese binomio —zanahoria judicial y palo militar— pretende fracturar la cadena de mando en horas, no en meses. En la práctica, implica dos riesgos. Primero, el de credibilidad: ofrecer inmunidad masiva exige un aparato de verificación, custodia y negociación que no se improvisa en pleno bombardeo. Segundo, el de incentivos perversos: los mandos que crean que no habrá salida pueden optar por tácticas de desgaste, ataques indirectos o uso de proxies para elevar el coste político en EE. UU. e Israel.

“Combat operations continue at this time in full force, and they will continue until all of our objectives are achieved.” La frase, en cursiva, es la clave: la Casa Blanca no fija un umbral medible de salida. Y en ausencia de un “día después” creíble, el objetivo nuclear puede mutar en objetivo de régimen.

Las primeras bajas y el riesgo de escalada regional

La guerra ya tiene un precio humano para Estados Unidos. Trump confirmó tres militares muertos, y varios medios estadounidenses han atribuido el balance a una comunicación de CENTCOM, que además reconoce al menos cinco heridos graves.

La secuencia importa: el 28 de febrero, CENTCOM aseguraba que no había informes de bajas tras la primera oleada y que el daño a instalaciones era “mínimo”. La aparición de muertos en las primeras 48-72 horas introduce una variable política explosiva en Washington: la necesidad de justificar la continuidad de una campaña “en pleno vigor” frente a una opinión pública que suele tolerar golpes quirúrgicos, pero se desgasta con guerras abiertas.

Al mismo tiempo, Teherán conserva herramientas asimétricas incluso si su mando central se fragmenta: milicias aliadas en la región, capacidad de hostigar bases, ciberataques y presión sobre rutas marítimas. El riesgo de escalada no es lineal; puede ser “barato” para Irán elevar el coste económico global sin ganar batallas convencionales.

La consecuencia es clara: el conflicto puede extenderse más allá del territorio iraní, convirtiéndose en una crisis regional de infraestructura energética y logística.

Energía y mercados: Ormuz, el seguro de guerra y el precio del barril

La economía entra por la puerta grande. El estrecho de Ormuz canaliza alrededor del 20% del petróleo mundial, y el mero indicio de cierre o interferencia dispara primas de riesgo, seguros y fletes. Según The Guardian, ya habría unos 150 petroleros afectados por interrupciones y tensión operativa, en un contexto de suspensión de servicios y encarecimiento del seguro marítimo.

El mercado reaccionó con rapidez: el entorno posterior a los ataques ha alimentado escenarios de subida brusca del crudo, con referencias a saltos de hasta 10% y el barril acercándose a la zona de 80 dólares en algunas estimaciones. La transmisión a la inflación es directa: combustibles, transporte, fertilizantes, alimentos. Y cuando esa cadena se activa, los bancos centrales se quedan sin margen para recortar tipos al ritmo previsto.

Washington, de momento, evita la válvula clásica. El Financial Times señala que EE. UU. no planea por ahora liberar crudo de la Strategic Petroleum Reserve, que rondaría los 415 millones de barriles, lo que sugiere confianza en que el shock sea temporal o que OPEP+ amortigüe la subida. Pero el contraste con otros episodios —embargos, guerras del Golfo— es demoledor: las reservas suavizan picos, no sustituyen semanas de Ormuz en tensión.

El coste político: aliados, legalidad y el frente diplomático

Trump insiste en una coalición (“Estados Unidos y sus socios”) y subraya el alineamiento con Israel. Ese detalle no es menor: Epic Fury nace como operación conjunta de facto, y eso multiplica la lectura geopolítica del golpe como un intento de remodelar el equilibrio de poder regional.

En el plano diplomático, la historia suele repetirse: la urgencia militar genera fractura en organismos multilaterales y presiones cruzadas sobre Europa y los países del Golfo, que comparten el miedo a un Irán nuclear, pero temen el incendio prolongado. La ONU vuelve a ser un tablero de acusaciones sobre legalidad, proporcionalidad y “cambio de régimen”.

Además, el lenguaje del presidente —“state sponsor of terror”, “guerra contra la civilización”— busca blindar el relato interno, pero complica cualquier desescalada negociada. Cuanto más absoluta es la retórica, más difícil es vender un acuerdo parcial como victoria. Y sin un canal diplomático eficaz, el riesgo de error de cálculo crece: un ataque a un activo crítico, una víctima civil masiva o un incidente naval pueden empujar a actores externos a tomar partido.

President Donald J. Trump

En las últimas 36 horas, Estados Unidos y sus socios han lanzado la Operación Furia Épica, una de las ofensivas militares más grandes, más complejas y más abrumadoras que el mundo haya visto jamás. Nadie ha visto nada igual.

Hemos alcanzado cientos de objetivos en Irán, incluyendo instalaciones de la Guardia Revolucionaria y sistemas de defensa aérea iraníes. Justo ahora, se anunció que hemos destruido nueve barcos más sus instalaciones navales, todo en cuestión de, literalmente, minutos.

El ex Líder Supremo de Irán, Ayatolá Jamenei, está muerto. Este hombre miserable y vil tenía la sangre de cientos e incluso miles de estadounidenses en sus manos y era responsable de la masacre de incontables miles de personas inocentes en muchos países. Anoche, por todo Irán, las voces del pueblo iraní se podían escuchar animando y celebrando en las calles cuando se anunció su muerte.

Todo el comando militar ha sido eliminado también, y muchos de ellos quieren rendirse para salvar sus vidas. Quieren inmunidad. Están llamando por miles. Las operaciones de combate continúan en este momento con toda su fuerza, y continuarán hasta que todos nuestros objetivos se hayan logrado. Tenemos objetivos muy fuertes. Podrían haber hecho algo hace dos semanas, pero simplemente no pudieron llegar allí.

Temprano el día de hoy, el CENTCOM compartió la noticia de que tres miembros del servicio militar de EE. UU. han muerto en acción. Como una sola nación, guardamos luto por los verdaderos patriotas estadounidenses que han hecho el sacrificio supremo por nuestra nación, incluso mientras continuamos la justa misión por la cual dieron sus vidas. Oramos por la recuperación total de los heridos y enviamos nuestro inmenso amor y eterna gratitud a las familias de los caídos. Y tristemente, es probable que haya más antes de que termine. Así son las cosas. Probablemente habrá más, pero haremos todo lo posible para que ese no sea el caso.

Pero Estados Unidos vengará sus muertes y asestará el golpe más castigador a los terroristas que han librado una guerra contra, básicamente, la civilización. Han librado una guerra contra la civilización misma. Nuestra determinación, y asimismo la de Israel, nunca ha sido más fuerte. Estados Unidos es ahora de nuevo la nación más rica y poderosa del mundo, por mucho. Pero la única razón por la que disfrutamos la calidad de vida que tenemos, y la libertad y seguridad, es porque hemos hecho cosas que otros son incapaces de hacer. Pero es gracias a los guerreros que están dispuestos a dar sus vidas para luchar contra nuestros enemigos. Y ellos luchan mejor que nadie.

Un régimen iraní armado con misiles de largo alcance y armas nucleares sería una amenaza nefasta para cada estadounidense. No podemos permitir que una nación que levanta ejércitos terroristas posea tales armas que les permitirían extorsionar al mundo a su malvada voluntad. No vamos a dejar que suceda. No nos pasará a nosotros, y no vamos a dejar que les pase a otros.

Estados Unidos tiene el ejército más fuerte que el mundo haya visto jamás. Reconstruí nuestro ejército en mi primer mandato. Nunca ha habido un ejército como el que poseemos. Y francamente, no hay nadie ni siquiera cerca. Pero ahora estamos usando ese ejército para el bien. Queremos tenerlo para un buen propósito. Estamos emprendiendo esta operación masiva no meramente para asegurar la seguridad en nuestro propio tiempo y lugar, sino para nuestros hijos y sus hijos, tal como nuestros antepasados lo hicieron por nosotros hace muchos, muchos años. Este es el deber y la carga de un pueblo libre.

Estas acciones son correctas y son necesarias para asegurar que los estadounidenses nunca tengan que enfrentar a un régimen terrorista radical y sediento de sangre armado con armas nucleares y muchas amenazas. Durante casi 50 años, estos extremistas malvados han estado atacando a los Estados Unidos mientras corean el eslogan "Muerte a Estados Unidos" o "Muerte a Israel" o ambos. Son el patrocinador estatal número uno del terrorismo en el mundo. Somos la nación más grande y poderosa del mundo, así que podemos hacer algo respecto a lo que hacen. Estas amenazas intolerables no continuarán por más tiempo.

Insto una vez más a la Guardia Revolucionaria, al ejército iraní, a la policía, a deponer sus armas y recibir inmunidad total o enfrentar una muerte segura. Será una muerte segura. No será bonito. Hago un llamado a todos los patriotas iraníes que anhelan la libertad para que aprovechen este momento para ser valientes, ser audaces, ser heroicos y recuperar su país. Estados Unidos está con ustedes. Les hice una promesa, y cumplí esa promesa. El resto dependerá de ustedes, pero estaremos allí para ayudar.

Gracias. Dios bendiga a nuestros increíbles guerreros, y Dios bendiga a los Estados Unidos de América. Gracias.

 

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