La Casa Blanca explora abrir un frente kurdo en el oeste del país persa

Trump ofreció "cobertura aérea masiva" a los kurdos en Irán

El plan pasaría por apoyar desde el aire una ofensiva de milicias kurdas iraníes operando desde Irak.
Donald Trump
Donald Trump

La revelación de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ofrecido “cobertura aérea extensa” a milicias kurdas para facilitar la toma de territorios en el oeste de Irán añade una nueva y peligrosa capa a la guerra que ya libra Washington junto a Israel contra el régimen de Teherán. Según avanzó el portal financiero Breaking the News, citando un reportaje de The Washington Post, el ofrecimiento se produjo el domingo en llamadas con los líderes kurdos iraquíes Masoud Barzani y Bafel Talabani.

La operación se apoyaría en los bombardeos estadounidenses e israelíes que ya golpean infraestructuras militares iraníes, especialmente en el oeste del país.

La jugada apunta a convertir a los kurdos en pieza central de una ofensiva terrestre contra el régimen, pero también los coloca, una vez más, entre la promesa de protección de Washington y el riesgo de ser abandonados.

Mientras tanto, algunas facciones kurdas han empezado a hablar de acciones armadas en territorio iraní, mientras otras niegan cualquier ofensiva masiva iniciada desde Irak, alimentando la confusión sobre lo que realmente ocurre sobre el terreno.

Un ofrecimiento sin precedentes en plena guerra con Irán

De acuerdo con la reconstrucción de The Washington Post, Trump habría prometido apoyo militar significativo, incluida cobertura aérea, a grupos kurdos iraníes con el objetivo declarado de fomentar un levantamiento en las provincias occidentales de Irán.
La propuesta llega cuando la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel ha destruido instalaciones militares y navales iraníes y ha provocado la respuesta de Teherán con misiles y drones contra bases estadounidenses y objetivos israelíes, en un conflicto que ya ha bloqueado en la práctica el estrecho de Ormuz y ha sacudido los mercados energéticos.

Según estas informaciones, Trump habría pedido a los líderes kurdos en Irak que no obstaculicen las operaciones de milicias kurdas iraníes a través de la frontera, presentando la decisión en términos binarios: “elegir entre Estados Unidos e Israel, o Irán”.
En paralelo, medios británicos citan fuentes que apuntan a una operación más amplia, denominada en clave “Zhina”, en la que la CIA e Israel habrían incrementado desde marzo el suministro de armas y entrenamiento a fuerzas kurdas en Irak y en Irán.

El dato clave es que no se trataría solo de apoyar a una oposición política, sino de facilitar un nuevo frente armado en el corazón del territorio iraní, algo que Teherán interpreta ya como prueba de una estrategia occidental para desmembrar el país.

Así fueron las llamadas con Barzani y Talabani

La filtración sitúa el origen político del plan en dos llamadas telefónicas de Trump, el domingo, con Masoud Barzani, histórico líder del Partido Democrático del Kurdistán (KDP), y Bafel Talabani, jefe de la Unión Patriótica del Kurdistán (PUK).
Ambas formaciones controlan, de facto, la región autónoma del Kurdistán iraquí, clave en la guerra contra el ISIS y en la actual arquitectura de seguridad de Irak.

Axios ya había revelado que Trump contactó con estos líderes kurdos para discutir “qué puede venir después” en la guerra con Irán, subrayando que los kurdos disponen de miles de combatientes desplegados a lo largo de la frontera y controlan pasos estratégicos hacia el interior iraní.
Lo nuevo es el nivel de apoyo que se les habría ofrecido y el mensaje de presión: que Bagdad y Erbil debían decidir si permitían que grupos kurdos iraníes utilizasen su territorio para atacar al régimen de Teherán.

Según medios regionales, estas llamadas se habrían producido además “a instancias” del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, interesado en abrir un frente terrestre que complemente los bombardeos sobre infraestructuras iraníes.
La consecuencia es clara: el Kurdistán iraquí vuelve a colocarse en el epicentro de una guerra que no controla, atrapado entre las exigencias de Washington y las amenazas de represalia de Irán.

Qué significa prometer “cobertura aérea extensa”

En la práctica, ofrecer “extensive US aircover” implica mucho más que ocasionales ataques puntuales. Supone garantizar a los combatientes sobre el terreno que la aviación estadounidense –y previsiblemente la israelí– neutralizará posiciones iraníes, artillería, depósitos de armas y nudos logísticos que puedan frenar un avance kurdo.

Los propios grupos kurdos iraníes, según el Financial Times, habrían demandado a Washington inteligencia en tiempo real, suministro de armamento, entrenamiento y, en el extremo, la imposición de una especie de zona de exclusión aérea limitada en el oeste de Irán.
Hasta ahora, no hay constancia de que la Administración haya aceptado estos puntos, y la CIA ha negado estar proporcionando armas, pero los bombardeos sistemáticos sobre objetivos militares iraníes en áreas de mayoría kurda revelan una coordinación más profunda de la que reconoce públicamente Washington.

Lo más grave, para muchos analistas, es que este tipo de apoyo aéreo —presentado como herramienta para “proteger a minorías oprimidas”— suele desembocar en guerras por delegación, donde las comunidades locales acaban pagando el precio de decisiones tomadas en otras capitales. Las experiencias de Siria e Irak pesan como advertencia tanto en el Pentágono como entre las élites kurdas.

Los kurdos iraníes, el mayor pueblo sin Estado del mundo

Los kurdos son uno de los mayores pueblos sin Estado del planeta: se estiman entre 30 y 40 millones de personas repartidas entre Turquía, Irán, Irak y Siria, además de una creciente diáspora europea.
Solo en Irán, distintos estudios sitúan la población kurda entre 7 y 15 millones de personas, lo que equivaldría aproximadamente al 8%-17% de la población iraní, concentrada en el noroeste del país, en provincias como Kermanshah, Kurdistán o Azerbaiyán Occidental.

En los últimos meses, seis partidos kurdos iraníes con base en Irak han constituido una coalición para coordinar la oposición al régimen, entre ellos el Partido Democrático del Kurdistán Iraní (PDKI) y el Partido de la Libertad del Kurdistán (PAK).
Son grupos con miles de combatientes que ya participaron junto a Estados Unidos en la lucha contra el ISIS y que mantienen viejas estructuras militares a lo largo de la frontera.

Sin embargo, la relación con Washington es ambivalente. El recuerdo de retiradas súbitas de apoyo y cambios de prioridades –de Irak en los noventa a Siria en 2019– hace que muchos dirigentes kurdos vean el nuevo ofrecimiento de Trump como una oportunidad histórica, pero también como una apuesta que puede terminar en una nueva traición.

Ofensiva en disputa y mensajes cruzados desde el terreno

En los últimos días, varios medios estadounidenses han informado de que miles de combatientes kurdos habrían cruzado desde Irak hacia el oeste de Irán en una ofensiva coordinada para “desgastar al régimen” y dispersar a la Guardia Revolucionaria.
Las cifras hablan de hasta varios miles de milicianos implicados en ataques a puestos del IRGC, aunque la información es fragmentaria y difícil de verificar.

Lo significativo es que un alto responsable del Gobierno regional del Kurdistán iraquí ha negado públicamente que fuerzas kurdas iraquíes participen en la incursión, insistiendo en que se trata exclusivamente de grupos kurdos iraníes con base en el norte de Irak.
Esa distinción es crucial: Erbil firmó en 2023 un acuerdo con Teherán para desarmar y reubicar a parte de estos grupos lejos de la frontera, bajo presión directa del régimen iraní. Sin embargo, los informes apuntan a que muchos no entregaron todas sus armas ni abandonaron sus posiciones.

En paralelo, las bases de estas organizaciones han sido objeto de ataques con drones y misiles atribuidos a Irán desde que comenzaron los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes el 28 de febrero.
El contraste con la narrativa oficial —que presenta a Irak como garante de que su territorio no se utilizará contra Irán— resulta demoledor y subraya hasta qué punto la frontera kurdo-iraní se ha convertido en una zona gris donde se solapan guerra abierta, operaciones encubiertas y mensajes propagandísticos.

El riesgo de una guerra por delegación en el Kurdistán

El diagnóstico de buena parte de los analistas de seguridad es inequívoco: abrir un frente kurdo en el oeste de Irán multiplica el riesgo de una guerra por delegación que desborde las fronteras iraníes.
Teherán ya ha utilizado ataques contra bases kurdas en Irak como demostración de fuerza, y podría intensificarlos si percibe que se consolida un corredor hostil a pocos cientos de kilómetros de ciudades clave.

El Kurdistán iraquí, por su parte, se enfrenta a una ecuación casi imposible: depender de la seguridad estadounidense para contener al ISIS y a milicias chiíes, mientras evita provocar a un vecino iraní que sigue teniendo un peso enorme en la política de Bagdad.
Turquía, que considera a buena parte de los grupos kurdos como organizaciones terroristas, observa con recelo cualquier movimiento que pueda desembocar en un embrión de entidad kurda autónoma en el interior de Irán.

La consecuencia es clara: cuanto más se apueste por utilizar a los kurdos como ariete contra Teherán, mayor será la probabilidad de que el conflicto se desplace desde un choque interestatal a una constelación de guerras locales, con comunidades kurdas e iraníes pagando el coste humano y material.

Impacto económico y energético de un frente abierto en el oeste iraní

El conflicto actual ya ha tenido efectos inmediatos en la economía global. El cierre parcial del estrecho de Ormuz y los ataques en torno al Golfo han provocado una subida aproximada del 15% en el precio del Brent, hasta rondar los 84 dólares por barril, según datos recientes.
Ormuz canaliza en torno a un quinto del comercio mundial de crudo y gas natural licuado, buena parte con destino a Asia, pero los cambios de ruta y el encarecimiento del transporte terminan repercutiendo también en Europa.

La Unión Europea importa unos 9,1 millones de barriles diarios de petróleo, con proveedores cada vez más diversificados tras el veto al crudo ruso: alrededor del 15% llega desde Estados Unidos, pero cerca de un 13%-14% procede de Oriente Medio y Norte de África, con Irak y Arabia Saudí entre los diez principales suministradores.
Una prolongación de los ataques en el oeste de Irán y una escalada en la región kurda elevarían el riesgo de interrupciones de suministro y podrían forzar a Europa a pagar primas adicionales para asegurarse cargamentos, desviados quizás desde Asia.

Para España, muy dependiente de las importaciones energéticas, un escenario en el que el crudo se mantenga por encima de los 90-100 dólares y el gas vuelva a encarecerse a doble dígito supondría un nuevo golpe a la inflación, a la balanza comercial y a la competitividad de su industria. Aunque de momento ese escenario es solo potencial, el margen de maniobra fiscal y monetario es ahora mucho más estrecho que en 2022.

Comentarios