Diplomacia internacional | Oriente Medio

Trump propone a Erdogan integrar un Consejo de Paz para Gaza y reabre el tablero geopolítico

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha invitado formalmente a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, a formar parte de un nuevo Consejo de Paz para Gaza que supervisaría el territorio durante una fase de transición. La propuesta introduce un nuevo marco diplomático para Oriente Medio y abre interrogantes sobre el papel de Turquía, la legitimidad del organismo y el futuro equilibrio regional.

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La política internacional vuelve a girar en torno a Gaza tras conocerse que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha propuesto la creación de un Consejo de Paz destinado a supervisar el enclave palestino durante una fase de transición. La iniciativa, anunciada oficialmente desde Ankara, incluye una invitación directa al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, para formar parte de este órgano junto a una selección limitada de figuras clave de la diplomacia estadounidense.

Según la Dirección de Comunicaciones de Turquía, la invitación fue remitida por carta el pasado viernes. En ella, Trump plantea un consejo que él mismo presidiría y que contaría con la participación del ministro de Exteriores turco, Hakan Fidan, así como de altos cargos estadounidenses como el secretario de Estado, Marco Rubio, el enviado especial para Oriente Medio, Steve Witkoff, y Jared Kushner, yerno del presidente y figura central en anteriores iniciativas diplomáticas en la región.

Un nuevo intento de liderazgo estadounidense

La propuesta supone un movimiento relevante en la estrategia exterior de Washington. Tras meses de conflicto y una grave crisis humanitaria en Gaza, la Casa Blanca parece buscar un marco alternativo a los mecanismos multilaterales tradicionales, como Naciones Unidas, para pilotar una etapa de transición política y administrativa. El Consejo de Paz se presenta como un órgano reducido, con capacidad de decisión rápida y bajo un liderazgo claramente estadounidense.

Este enfoque encaja con el estilo político de Trump, caracterizado por priorizar estructuras de negociación directas y personalizadas. Durante su anterior mandato, el presidente ya impulsó fórmulas similares, como los Acuerdos de Abraham, que apostaban por consensos pragmáticos entre actores clave sin pasar necesariamente por grandes foros internacionales.

El papel estratégico de Turquía

La invitación a Erdogan añade una capa de complejidad al proyecto. Turquía es un actor regional con peso propio, miembro de la OTAN y con una posición ambigua en el conflicto palestino-israelí. Por un lado, Ankara ha mantenido una retórica firme en defensa de la causa palestina y críticas constantes a Israel; por otro, conserva canales abiertos con Washington y busca preservar su influencia en Oriente Medio.

Participar en el Consejo de Paz situaría a Turquía en una posición delicada. Aceptar implicaría asumir responsabilidades directas sobre la gestión de Gaza, con riesgos políticos evidentes si el proceso fracasa o es percibido como impuesto desde el exterior. Rechazar la invitación, en cambio, podría tensar las relaciones con Estados Unidos en un momento de equilibrios frágiles dentro de la alianza atlántica.

Gaza, entre la transición y la incertidumbre

La idea de una fase de transición supervisada internacionalmente abre numerosos interrogantes. Gaza enfrenta una situación crítica, con infraestructuras devastadas, un tejido económico colapsado y una población civil exhausta tras meses de violencia. El nuevo consejo debería definir cuestiones clave como la seguridad, la reconstrucción y la relación con las autoridades palestinas existentes.

En este contexto, la presencia de Jared Kushner en el órgano no pasa desapercibida. Su papel en anteriores acuerdos regionales sugiere que Estados Unidos podría buscar una combinación de incentivos políticos y económicos para estabilizar la zona, aunque el escepticismo persiste sobre la viabilidad de una solución rápida y duradera.

Reacciones y dudas en la comunidad internacional

La reacción internacional ha sido, por ahora, contenida. Analistas y diplomáticos observan con cautela una iniciativa que podría alterar equilibrios delicados. Algunos ven en el Consejo de Paz una oportunidad para desbloquear una situación enquistada; otros alertan del riesgo de excluir a actores relevantes y de generar rechazo entre la población local si el organismo carece de legitimidad percibida.

Además, la propuesta amenaza con abrir un nuevo frente de fricción entre Estados Unidos y otros socios europeos y árabes, que podrían cuestionar un modelo de gobernanza diseñado fuera de los marcos multilaterales habituales.

Un movimiento con alto riesgo político

En definitiva, la invitación de Trump a Erdogan para integrar el Consejo de Paz para Gaza marca un nuevo episodio en la diplomacia de Oriente Medio. Más allá de su puesta en marcha efectiva, el anuncio revela la intención de Washington de recuperar la iniciativa política en la región y de hacerlo mediante alianzas selectivas. El éxito o fracaso del proyecto dependerá no solo de la respuesta de Turquía, sino también de su capacidad para ofrecer estabilidad real y mejoras tangibles a una población atrapada desde hace años en un conflicto sin salida clara.

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