Zelenski avisa: el petróleo caro vuelve a financiar a Rusia

La crisis en Oriente Medio ha devuelto al Kremlin un margen financiero que Kiev considera letal: cada barril más caro puede traducirse en más capacidad de guerra, más resistencia económica y menos incentivos para negociar.

Zelensky
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Volodímir Zelenski sostiene que la situación sin resolver en torno a Irán vuelve a fragilizar el mercado energético y permite que países productores de petróleo, incluida Rusia, ganen más dinero. No fue una declaración táctica menor, sino una enmienda a la política de contención occidental: Kiev cree que el petróleo vuelve a dar oxígeno al esfuerzo bélico ruso. Por eso reclama algo más que apoyo militar. Reclama sanciones, bloqueo de petroleros, control tecnológico y un endurecimiento financiero real. “Everything Russia earns from elevated oil prices will be spent on this war.” Y añadió otro mensaje con carga diplomática: Ucrania está dispuesta a frenar los ataques contra infraestructuras energéticas rusas si Moscú hace lo mismo.

El cruce entre Teherán y Moscú

Lo que está ocurriendo no es un episodio aislado. Es la convergencia de dos crisis que, sobre el papel, parecían distintas. Según UNCTAD, el estrecho de Ormuz mueve alrededor de una cuarta parte del petróleo transportado por mar en el mundo, de modo que cualquier alteración allí tiene un impacto casi automático sobre precios, rutas y expectativas. Ese es el punto que preocupa a Kiev: Rusia no necesita controlar el estrecho para beneficiarse de él; le basta con vender su crudo en un mercado tensionado.

Los datos del sistema multilateral son elocuentes. El tráfico por Ormuz ha pasado de unas 130 embarcaciones diarias antes de la crisis a cifras de un solo dígito en los primeros días de marzo, una caída superior al 95%. Lo más grave es que la vía no está formalmente clausurada, pero sí severamente restringida, lo que dispara la incertidumbre sin necesidad de un cierre jurídico pleno. En ese terreno ambiguo, Moscú encuentra una ventaja: cada sobresalto en el Golfo presiona al alza el crudo y amortigua parte del golpe de las sanciones.

El petróleo vuelve a financiar la guerra

Zelenski ha querido fijar el marco con precisión: la batalla no es solo militar, también es contable. “Only significant financial losses force Russia”, afirmó en su discurso del lunes, subrayando que la presión económica sigue siendo el único lenguaje que el Kremlin traduce en coste estratégico. Esa frase resume la tesis ucraniana: sin restricción severa sobre ingresos energéticos, la guerra se alarga.

El diagnóstico encaja con el contexto global. La Agencia Internacional de la Energía advirtió en marzo de una caída proyectada de 8 millones de barriles diarios en la oferta mundial de petróleo durante ese mes, parcialmente compensada por mayores volúmenes de productores no OPEP+, entre ellos Rusia. Es decir, en medio de la disrupción, el sistema premia al exportador que aún conserva capacidad para colocar barriles. La consecuencia es clara: cuanto más dure la tensión en Oriente Medio, más probable será que Moscú recupere ingresos y diluya parte del efecto coercitivo occidental.

Ormuz ya golpea a la economía mundial

El problema no termina en el precio del Brent ni en la cuenta de resultados rusa. UNCTAD prevé que el crecimiento del comercio mundial de mercancías pase del 4,7% en 2025 a una horquilla de apenas 1,5%-2,5% en 2026 si persiste la perturbación en Ormuz. El encarecimiento de la energía se está trasladando a costes de transporte, inflación y presión financiera sobre economías que ya llegaban exhaustas a esta fase de inestabilidad.

Los indicadores microeconómicos son incluso más demoledores. Naciones Unidas ha constatado que el precio del combustible marino se ha duplicado y que las primas de seguro de guerra, en algunos casos, se han cuadruplicado. Este hecho revela por qué Zelenski insiste tanto en el componente financiero: no se trata solo de castigar a Rusia, sino de impedir que una crisis externa convierta al Kremlin en beneficiario indirecto mientras el resto del mundo absorbe la factura. El contraste con Ucrania resulta brutal: Kiev combate en el frente y, al mismo tiempo, ve cómo los shocks globales pueden mejorar la posición presupuestaria de su agresor.

Las sanciones siguen teniendo fugas

Aquí aparece la mayor contradicción occidental. El 12 de marzo de 2026, la Oficina de Control de Activos Extranjeros de EE.UU. emitió la General License 134, autorizando la entrega y venta de crudo y productos petrolíferos rusos ya cargados en buques a esa fecha. Washington presentó la medida como una válvula de estabilidad energética. En Europa, en cambio, la lectura fue muy distinta: aliviar aunque sea temporalmente el flujo comercial ruso en mitad de una crisis de oferta equivale a devolverle margen de maniobra al Kremlin.

Frente a ese movimiento, la arquitectura europea intenta endurecerse. La Comisión Europea recoge que el tope al crudo ruso quedó rebajado a 47,6 dólares por barril desde el 3 de septiembre de 2025, con revisión semestral. Además, el Consejo de la UE mantiene las sanciones económicas hasta el 31 de julio de 2026 y en diciembre añadió 41 buques más de la llamada shadow fleet a las restricciones comunitarias. El diagnóstico es inequívoco: el problema ya no es solo el barril, sino el ecosistema que lo mueve —petroleros, aseguradoras, intermediarios, tecnología y puertos—.

Drones contra barriles

Kiev no se limita a pedir sanciones. También intenta reducir por la fuerza la capacidad rusa de capturar ese viento de cola petrolero. Zelenski aseguró que los drones y misiles ucranianos ya están limitando la capacidad de Moscú para aprovechar plenamente el actual entorno de precios. Y no es casual que esa afirmación llegue al mismo tiempo que Ucrania profundiza su diplomacia con socios del Golfo y del Mediterráneo oriental.

La estrategia tiene dos capas. La primera es militar: golpear infraestructuras energéticas y logísticas que sostienen la exportación rusa. La segunda es geopolítica: vender a terceros la experiencia ucraniana en defensa frente a drones iraníes y en protección de corredores marítimos. Associated Press informó de que Zelenski ha ofrecido a países del Golfo cooperación tecnológica en drones interceptores y marítimos, mientras la presidencia ucraniana confirmó acuerdos o contactos avanzados con Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Jordania, además del interés de Omán y Bahréin. Ucrania quiere presentarse no solo como víctima de la guerra, sino como proveedor de seguridad.

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