El selectivo español se apoya en la banca, el tirón de Puig y un respiro geopolítico mientras el mercado sigue pendiente de la Fed y de la IA

Boom del IBEX 35: supera los 18.000 puntos con Puig disparada

IBEX 35

El IBEX 35 ha vuelto a superar con holgura la cota de los 18.000 puntos, con avances cercanos al 1% en la apertura y máximos intradía por encima de los 18.100 puntos, apoyado en la buena acogida de los resultados corporativos y en el tono positivo de Asia y Wall Street. El movimiento llega tras dos sesiones en verde y consolida un tramo alcista que se apoya en la banca, en Indra y en el nuevo protagonista del índice, Puig, disparada tras presentar cuentas. En paralelo, se enfría el nerviosismo por la posible sobreinversión en inteligencia artificial (IA), que la semana pasada provocó fuertes correcciones en tecnológicas globales y rotaciones violentas entre sectores. La publicación esta tarde de las actas de la Reserva Federal y de los pedidos de bienes duraderos en Estados Unidos será el siguiente test para un mercado que navega entre tipos altos, inflación moderándose y un crecimiento que se resiste a ceder. A ese tablero se suma un inusual viento de cola geopolítico: las conversaciones en Ginebra entre Washington y Teherán han rebajado, al menos de momento, el riesgo de un choque en el Estrecho de Ormuz y un nuevo susto energético. En este contexto, Puig se dispara más de un 5% tras anunciar un beneficio neto reportado de 594 millones de euros en 2025, un 11,9% más, mientras Naturgy cae en torno al 2,5% pese a presentar unas ganancias récord de 2.023 millones.

Un Ibex en zona de récord y con viento de cola externo

Que el Ibex cotice por encima de los 18.000 puntos ya no es una anécdota de un solo día. El selectivo rebasó por primera vez esa barrera a comienzos de febrero, con un cierre en torno a los 18.115 puntos, y desde entonces intenta consolidar ese nivel como nueva base del mercado.

La sesión de hoy encaja en ese patrón: subidas moderadas, sin euforia, pero con una composición del rebote que apunta a un cambio de fase. La banca, valores cíclicos ligados al ciclo industrial y nombres tecnológicos domésticos como Indra lideran las alzas, en contraste con las utilities y compañías reguladas, que vuelven a quedar rezagadas.

Lo relevante no es solo la cota psicológica. En 2025 el Ibex ya se situó entre los índices europeos con mejor comportamiento, tras encadenar varias semanas al alza y beneficiarse de la revalorización de la banca y de sectores muy ligados a la economía real. Ese patrón parece prolongarse en 2026, con un índice que se desmarca en parte de la dependencia de las megatech estadounidenses y del debate sobre el exceso de valoración de la IA.

La consecuencia es clara: el mercado español se ofrece como un refugio relativo para los flujos que buscan exposición a ciclo, dividendo alto y menor concentración en unos pocos gigantes tecnológicos. Pero esa ventaja solo se sostendrá si los resultados acompañan y si las tensiones geopolíticas y monetarias no devuelven a la bolsa a un escenario de aversión total al riesgo.

Índice IBEX 35

La rotación que impone la inteligencia artificial

Tras meses de narrativa dominada por la inteligencia artificial, los inversores han empezado a cuestionar si el gigantesco gasto de las big tech en centros de datos y chips de alto rendimiento generará retornos proporcionales a corto plazo. El resultado han sido correcciones rápidas, de entre el 10% y el 15% en algunos grandes nombres tecnológicos globales, que han sacudido a los índices mundiales.

España no es inmune a esa ola, pero su estructura sectorial —con un peso superior al 35% en banca y valores financieros— amortigua el golpe. El Ibex ha sufrido la volatilidad, pero la llamada “venta ligada a la inteligencia artificial” se ha frenado en los últimos días. “La venta ligada a inteligencia artificial se enfría y devuelve algo de calma al mercado”, apuntan desde una firma de análisis.

Este hecho revela una rotación silenciosa: parte del dinero que abandona las grandes historias de crecimiento global busca refugio en compañías con flujos de caja más previsibles, dividendos elevados y menor exigencia de múltiplos. De ahí el tirón de bancos, aseguradoras o energéticas integradas frente a una tecnología más dependiente de expectativas.

El diagnóstico es inequívoco: el debate ya no es si la IA es una revolución tecnológica —pocos lo discuten—, sino cuánto se está dispuesto a pagar hoy por unos beneficios que quizá lleguen dentro de cinco o diez años. Mientras esa incógnita no se despeje, es probable que la volatilidad siga instalada en los parqués y que episodios de corrección convivan con rebotes como el actual.

Puig se consolida como nuevo motor del selectivo

En este contexto de rotación, Puig se ha ganado a pulso el papel de valor protagonista de la sesión. La compañía de perfumería y belleza ha presentado un beneficio neto reportado de 594 millones en 2025, un 11,9% más, consolidando la senda de crecimiento posterior a su salida a Bolsa.

Más allá de la cifra puntual, el mercado premia un modelo de negocio capaz de combinar marcas globales, exposición al segmento premium y crecimiento orgánico por encima de la media del sector. En sus resultados semestrales de 2025, Puig ya había mostrado avances de ingresos de en torno al 6% y una mejora significativa de márgenes, apoyada en la fortaleza de las divisiones de fragancias y cuidado de la piel.

El contraste con otras historias de crecimiento es llamativo. Mientras parte de la tecnología cotiza expectativas muy exigentes, el grupo catalán se presenta como un híbrido atractivo: crecimiento sólido, balance razonable —con un ratio deuda neta/EBITDA de aproximadamente 1,4 veces— y una demanda relativamente resiliente incluso en escenarios de desaceleración.

Lo más relevante para el Ibex es que este comportamiento refuerza la tesis de diversificación del índice: frente a la vieja imagen de un selectivo excesivamente bancarizado y volátil, la incorporación de compañías de consumo global como Puig aporta un perfil más equilibrado y menos dependiente del ciclo doméstico.

Naturgy, Aena y el castigo a las historias reguladas

En el otro extremo del tablero se sitúa Naturgy, que cede alrededor de un 2,5% pese a anunciar un beneficio récord de 2.023 millones de euros en 2025 —un 6,4% más— y una facturación de 19.455 millones, apenas un 1% por encima del año anterior. El mensaje implícito del mercado es claro: ya no basta con mejorar resultados si el crecimiento es modesto y pesan las incógnitas reguladoras y de gobierno corporativo.

La gasista se mueve desde hace meses en un entorno complicado, marcado por debates sobre su reordenación accionarial, los planes de inversión y la sensibilidad a cambios regulatorios y fiscales. En un contexto de tipos altos y primas de riesgo contenidas, los inversores exigen más crecimiento o más visibilidad para justificar valoraciones exigentes.

Algo similar ocurre con Aena, que retrocede alrededor de un 0,5% tras anunciar un ambicioso plan de inversiones de 13.000 millones de euros y una subida media anual de tarifas de 0,43 euros por pasajero. El contraste resulta llamativo: mientras el gestor aeroportuario refuerza su apuesta a largo plazo, el mercado penaliza el incremento del capex y teme que el regulador o el ciclo turístico condicionen los retornos.

La consecuencia es una especie de “fatiga regulada”: cada vez que una utility o una concesionaria presenta grandes cifras de inversión, el primer reflejo del mercado es preguntarse quién asume el riesgo y en cuánto tiempo se recupera. En la sesión de hoy, esa fatiga se traduce en rojo para Naturgy y Aena mientras la banca y los valores cíclicos capturan el apetito comprador.

La banca vuelve a tirar del carro del Ibex

Si hay un sector responsable de que el Ibex se mantenga en zona de máximos, ese es el bancario. En la sesión, Santander suma en torno a un 2,5%, BBVA roza el 2% y CaixaBank avanza en torno al 1,5%, mientras Sabadell, Bankinter y Unicaja acompañan con subidas cercanas al 1%.

El fondo de la historia no ha cambiado: con unos tipos oficiales en niveles altos durante más tiempo de lo previsto hace un año y una economía que, de momento, evita la recesión, los márgenes de intermediación siguen robustos. El mercado descuenta que el ciclo de recortes de la Fed y del BCE será lento y gradual, lo que prolonga la fase de rentabilidad elevada para el sector.

Sin embargo, el diagnóstico no es lineal. La banca se enfrenta a un doble escrutinio: por un lado, la capacidad para seguir generando resultados récord sin deterioro del crédito; por otro, la presión política y social para que traslade los tipos a los depósitos y al crédito a familias y pymes. Cualquier señal de repunte en la morosidad o de endurecimiento regulatorio podría frenar un rally que, en algunos casos, ha llevado a revalorizaciones de más del 40% en los dos últimos años.

Por ahora, la fotografía es de confianza: los inversores siguen viendo a los bancos españoles como una forma relativamente barata de jugar la combinación de tipos altos, turismo fuerte y una economía menos dependiente de la tecnología de mega capitalización.

La Fed, los bienes duraderos y la próxima señal para el mercado

La sesión de hoy está, en realidad, partida en dos. La primera parte se juega en Europa, con los índices rebotando y digiriendo resultados. La segunda llegará esta tarde, cuando se publiquen las actas de la última reunión de la Fed y el dato de pedidos de bienes duraderos en Estados Unidos.

El consenso espera un dato general en negativo, lastrado por el componente de transporte, y un avance de alrededor del 0,3% en el componente subyacente, el que mira de cerca la bolsa al reflejar la inversión empresarial más estructural. Si ese dato sale fuerte, el mercado leerá que la economía real aguanta mejor de lo esperado: apoyo claro para industriales, semiconductores ligados a ciclo, transporte y small caps, aunque con el matiz de que podría retrasar los recortes de tipos.

Las actas de la Fed serán el otro foco. Algunos miembros del banco central han defendido mantener los tipos sin cambios durante más tiempo, mientras otros empiezan a abrir la puerta a bajadas si la inflación converge de forma creíble al 2%. Cualquier indicio de división interna o de preocupación por el mercado laboral podría traducirse en movimientos bruscos en la curva de tipos… y, por extensión, en una nueva rotación sectorial.

La distensión EEUU-Irán y el respiro energético

Otro elemento diferencial de la jornada es el frente geopolítico. Tras la negociación del martes en Ginebra, el ministro de Exteriores iraní ha hablado de un entendimiento sobre unos “principios rectores” para encauzar la disputa nuclear con Estados Unidos. Sin ser un acuerdo definitivo, el gesto ha bastado para rebajar el miedo a un incidente en el Estrecho de Ormuz, una de las arterias clave del suministro mundial de crudo.

Para un mercado como el español, con un peso relevante de valores energéticos y de transporte, este alivio es significativo. Un petróleo relativamente estable, con movimientos diarios contenidos en torno al 0,3%–0,5%, reduce el riesgo de un nuevo brote inflacionista que obligue a los bancos centrales a endurecer el tono y pone algo de suelo a compañías como Repsol, navieras y aerolíneas.

El contraste con otras fases recientes resulta demoledor: en 2022 y 2023, cada escalada en Oriente Medio se traducía casi de inmediato en picos de volatilidad en la renta variable europea. Hoy, el mercado descuenta un escenario menos explosivo, aunque extremadamente frágil. Cualquier reversa en las conversaciones o incidente en la región podría devolver la prima de riesgo energética a las pantallas.