Un megacontrato de millones de chips de IA consolida a Nvidia como ‘infraestructura básica’ del nuevo internet

Meta y Nvidia reordenan la IA y sacuden al Dow Jones

Un único anuncio —la alianza multianual entre Meta Platforms y Nvidia para desplegar millones de chips de IA en sus centros de datos— se ha convertido en el nuevo guion de la megatendencia que domina el mercado. El ‘héroe’ es una Nvidia que refuerza su papel de infraestructura crítica del mundo digital; los ‘villanos’, todos aquellos que aspiraban a arrebatarle ese rol. En medio, un Dow que, pese a su fama de índice “viejo”, vuelve a demostrar que la narrativa de la IA ya condiciona el apetito por riesgo de todo el mercado.

Dow Jones
Dow Jones

Un acuerdo que consagra a Nvidia como ‘autopista de la IA’

El anuncio es sencillo de resumir y complejo de digerir: Meta se compromete a comprar millones de procesadores de IA de Nvidia en un pacto multianual y multigeneracional que abarca la actual familia Blackwell y la futura Rubin, además de las CPUs Grace y Vera y la red Spectrum-X que conectará sus nuevos centros de datos de alto rendimiento. No es un pedido puntual, sino un contrato de infraestructura diseñado para soportar el entrenamiento y la inferencia de sus modelos (Llama) y los algoritmos que sostienen el negocio publicitario.

Aunque ninguna de las partes ha puesto cifra oficial, distintos análisis hablan de un compromiso que podría situarse en el entorno de las “decenas de miles de millones” de dólares a varios años, lo que consolida a Meta como uno de los mayores clientes de Nvidia en el mundo. La clave es doble: por un lado, el acuerdo refuerza la visibilidad de ingresos de Nvidia justo antes de unos resultados en los que el mercado busca señales de que la demanda no se ha agotado; por otro, certifica que la compañía ya no vende solo GPUs, sino plataformas completas de cómputo, red y software.

En la narrativa de la jornada, Nvidia emerge así como el “héroe de la infraestructura”: el proveedor al que incluso los gigantes que quieren diseñar sus propios chips acaban recurriendo cuando la prioridad es asegurar capacidad a gran escala y en plazos concretos.

Meta elige salvavidas… y deja heridos en la carrera

El giro de Meta tiene lecturas incómodas para buena parte del ecosistema de chips de IA. La compañía llevaba meses intentando demostrar que podía reducir su dependencia de terceros con el desarrollo de sus propias matrices de entrenamiento y aceleradores internos, mientras tanteaba el uso de los TPUs de Google a partir de 2027. Pero los retrasos técnicos y las dudas sobre la madurez de ese hardware han pesado más que el deseo de independencia.

El resultado es un mensaje contundente: cuando el calendario aprieta, la solución más segura sigue llamándose Nvidia. Para rivales como Advanced Micro Devices (AMD), que intenta consolidar su posición como segunda opción en aceleradores de centros de datos, el pacto es una mala noticia: una porción relevante del presupuesto de IA de Meta queda bloqueada durante años.

También sale tocado, al menos en el plano narrativo, el relato de los chips propios de los grandes ‘hyperscalers’. Google, Amazon o Microsoft llevan tiempo defendiendo que su ventaja competitiva pasará por arquitecturas diseñadas a medida. Sin embargo, el movimiento de Meta refuerza la idea de que, hoy por hoy, la escala, el ecosistema y el “time-to-market” de Nvidia siguen siendo difíciles de replicar.

Como resume un gestor de renta variable: “no es solo un pedido enorme; es la constatación de que, cuando hay que apostar el balance, los consejos de administración siguen firmando cheques a favor del proveedor dominante”.

Capex descomunal: de la fiebre del silicio al riesgo balance

El pacto llega en un momento en el que el mercado ya arrastraba varias semanas de vértigo con la factura de la IA. Solo este año, la suma de las inversiones en IA de Meta, Microsoft, Alphabet y Amazon apunta a superar los 200.000 millones de dólares en gasto de capital, una cifra que algunos analistas comparan ya con el coste del programa Apolo actualizado a precios actuales.

Ese despliegue de recursos ha generado una especie de “fatiga de IA” en Wall Street: el Nasdaq encadenó su peor semana del año con caídas superiores al 2 %, mientras el índice VIX llegó a repuntar en torno a un 18 % en tres sesiones, en medio de ventas agresivas en software y servicios tecnológicos. La pregunta que se repite en los comités de inversión es siempre la misma: ¿cuánto tiempo tardarán estos proyectos en transformar realmente los beneficios?

En ese contexto, el megacontrato Meta-Nvidia funciona como un arma de doble filo. Refuerza la idea de que la ola de capex no ha tocado techo, pero también alimenta el temor a un posible sobre-inversión si el ciclo económico se enfría o si la adopción empresarial de la IA no despega al ritmo previsto. La consecuencia es clara: el mercado celebra la visibilidad de ingresos del proveedor de chips, pero vigila con creciente inquietud el impacto acumulado en los balances de quienes firman los cheques.

Cómo un pacto de chips termina moviendo al Dow

El canal de transmisión hacia el Dow es más complejo de lo que sugiere el titular, pero no por ello menos real. Desde noviembre de 2024, Nvidia forma parte del Dow Jones Industrial Average, tras sustituir a Intel en una decisión que certificó el peso de la IA en la economía estadounidense. En un índice ponderado por precio, cualquier movimiento brusco en el valor de la compañía se traduce en puntos arriba o abajo para el selectivo.

En la sesión del anuncio, las bolsas estadounidenses lograron salvar el día con avances en torno al 0,1 % en el Dow, el S&P 500 y el Nasdaq, después de haber llegado a caer casi un 1 % intradía por los nuevos temores a una “burbuja de IA”. Las subidas de entre 1,5 % y 2 % en Nvidia y Meta en el mercado fuera de hora reflejaron que, al menos para los protagonistas, el pacto se lee como una validación de la demanda.

Pero el efecto más interesante es el indirecto. El Dow acaba de estrenarse por encima de los 50.000 puntos, en buena medida gracias al tirón de unos pocos valores ligados a la temática de IA y de infraestructuras. Cada nuevo contrato de este calibre refuerza la idea de que la “historia ganadora” sigue concentrada en unos pocos nombres… y eso condiciona la percepción de riesgo de todo el índice, desde bancos hasta industriales clásicos.

La rotación: software castigado, ‘plomeros’ de la nube al alza

Mientras los titulares se concentran en los chips, la rotación silenciosa se produce en otro sitio. En las últimas semanas, los valores de software puro han sufrido caídas cercanas al 13 % acumulado, en lo que algunos analistas ya llaman “Software-mageddon” o “SaaSpocalypse”: ventas masivas en compañías con múltiplos exigentes y flujos de caja aún lejanos, ante el temor de que la IA erosione sus modelos de negocio antes de que generen retornos.

En paralelo, los llamados “plomeros de la nube” —fabricantes de chips, proveedores de centros de datos, dueños de redes eléctricas y de terrenos para campus de servidores— se han convertido en refugio relativo dentro del propio trade de IA. La lectura es directa: pase lo que pase con las aplicaciones concretas, el mundo necesitará más cómputo, más almacenamiento y más electricidad.

La alianza Meta-Nvidia refuerza ese sesgo. Los gestores que hasta hace unos días recortaban exposición a tecnología se ven obligados a diferenciar entre el riesgo de modelo de negocio de ciertas compañías de software y la naturaleza cuasi-regulada de quien vende capacidad de cálculo, a menudo con contratos a varios años y clientes con grado de inversión. De ahí que, aunque el mercado siga nervioso con la palabra “IA”, los flujos de capital dentro del sector cuenten una historia más matizada que un simple “risk-off”.

La señal sobre la demanda real de cómputo

La gran incógnita es qué nos dice este pacto sobre la demanda real de cómputo. Meta no es un jugador cualquiera: gestiona algunas de las cargas de trabajo de IA más pesadas del planeta, desde la recomendación de contenidos en Facebook e Instagram hasta la moderación automatizada y el entrenamiento de sus modelos Llama de código abierto. Cuando una compañía así decide reservar millones de chips de aquí a 2027, está lanzando un mensaje claro: espera que el uso intensivo de IA deje de ser piloto y se convierta en rutina operativa.

A esto se suma un elemento cualitativo importante: Meta no solo comprará GPUs, sino que desplegará por primera vez a gran escala las CPUs Grace y las futuras Vera como cerebro generalista de sus nuevos centros de datos, con mejoras de rendimiento por vatio significativas. Es una apuesta porque estos chips no solo entrenarán modelos, sino que moverán bases de datos, agentes de IA y tareas de negocio críticas.

Sin embargo, el mercado no olvida que la propia Meta ha advertido de que sus gastos de capital ligados a IA crecerán más deprisa que sus ingresos a corto plazo. De ahí que el acuerdo se interprete simultáneamente como una prueba de que la demanda existe y como un recordatorio de que la monetización de esa demanda sigue siendo la pieza que falta para cerrar el círculo.

Nvidia, sus rivales y el resto del índice

Para Nvidia, el pacto es un refuerzo de su narrativa de “ancla” del mercado: visibilidad de ingresos, control de la cadena de suministro y capacidad de marcar el paso tecnológico con hojas de ruta que ya miran a la generación Rubin más allá de Blackwell. La compañía se presenta, además, como beneficiaria del paso de un mundo centrado en el entrenamiento de grandes modelos a otro dominado por la inferencia y los agentes de IA, donde la eficiencia energética y la latencia son críticas.

Para AMD y los intentos de los hyperscalers por desarrollar chips propios, el escenario es más incómodo: cada contrato multianual que se firma con Nvidia reduce el espacio inmediato para ganar cuota en las cargas de trabajo más rentables. No es un golpe definitivo —el pastel crece—, pero sí un recordatorio de que el ventanal de oportunidad para destronar al líder puede ser más estrecho de lo que se pensaba.

En el resto del Dow, la lectura es más macro que micro. Compañías como Microsoft, que combina exposición a nube, software corporativo y servicios de IA, se benefician indirectamente de la idea de que la demanda de cómputo sigue viva. Otras, desde industriales a financieras, se ven obligadas a valorar cómo la IA afectará a sus márgenes, sus plantillas y su capacidad de fijar precios. En última instancia, la narrativa de IA infra se está convirtiendo en un factor de riesgo transversal para casi todos los sectores del índice.

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