Europa abre en verde: la inflación afloja y Ucrania negocia
Las principales bolsas europeas han abierto este miércoles en positivo, apoyadas en un dato clave: la inflación se modera con fuerza en las dos grandes economías del oeste europeo. En Reino Unido, el IPC ha caído al entorno del 3% en enero, su nivel más bajo en casi un año, mientras que Francia marca ya tasas próximas al 0,3%-0,4% interanual, mínimos de cinco años. El contraste con la agenda política y geopolítica es llamativo. El arranque alcista se produce en pleno ruido por la posible salida anticipada de Lagarde del BCE, a raíz de una información del Financial Times que apuntaba a su intención de dejar el cargo antes de 2027, extremo que la institución ha desmentido con rapidez. Al mismo tiempo, las conversaciones sobre Ucrania en Ginebra entran en su segundo día, con Washington hablando de “progresos significativos” mientras Kiev denuncia presiones para aceptar concesiones territoriales a Moscú.
Un arranque en verde, pero contenido
En la apertura, el índice alemán DAX avanzaba alrededor de un 0,22%, con Siemens subiendo en torno al 1,2% y marcando el tono del sector industrial. En Londres, el FTSE 100 ganaba un 0,3%, impulsado por la minera Antofagasta, que repuntaba cerca de un 3,7% apoyada en la mejora de las expectativas sobre materias primas.
En París, el CAC 40 se anotaba un 0,1%, con el grupo de defensa Thales rondando avances del 2,5%, mientras que en el selectivo paneuropeo Euro Stoxx 50 la alemana Rheinmetall saltaba más de un 3% en los primeros minutos de negociación. Este sesgo sectorial deja una lectura clara: el mercado premia hoy a los ganadores obvios de un escenario de tipos más bajos y gasto militar sostenido.
Lo más relevante, sin embargo, es el matiz: no se trata de un rally desbocado, sino de un reajuste de precios tras varias sesiones de volatilidad y ventas ligadas al llamado “trade de la IA” y a la incertidumbre geopolítica. Los movimientos están muy concentrados en valores cíclicos de calidad y en defensas, mientras que los bancos apenas reaccionan, reflejando que el mercado interpreta la caída de la inflación como controlada, pero no como el inicio de una recesión severa.
El respiro inflacionista británico
El dato de precios en el Banco de Inglaterra juega un papel central en la lectura de la sesión. Según la oficina estadística británica, la inflación general se situó en el 3% interanual en enero, frente al 3,4% de diciembre, el nivel más bajo desde marzo del año pasado y en línea con las previsiones del mercado. La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, también cedió hasta el entorno del 3,1%, mientras que la inflación de servicios se mantiene elevada, alrededor del 4,4%.
Este mix envía un mensaje ambiguo, pero relevante. Por un lado, acerca a Reino Unido al objetivo del 2% y refuerza las apuestas de un primer recorte de tipos ya en primavera, con el mercado descontando movimientos desde el actual 3,75% hasta el 3,5% en marzo o abril si la tendencia desinflacionista se consolida. Por otro, la resistencia de los servicios refleja que las presiones internas siguen vivas, condicionadas por un mercado laboral todavía tenso y por subidas salariales que tardan en moderarse.
Para las bolsas, la consecuencia es clara: un BoE algo más dovish, pero sin giro brusco, respalda a la renta variable doméstica sin hundir los márgenes bancarios de golpe. El FTSE 100 se beneficia adicionalmente de su fuerte peso en energía, minería y grandes exportadoras, sectores que suelen reaccionar mejor a un entorno de libra más estable y rendimientos de bonos a la baja.
Francia, laboratorio de inflación casi cero
Si Reino Unido ofrece un respiro, Francia se ha convertido en el verdadero laboratorio de la desinflación europea. Según los datos definitivos de INSEE, los precios al consumo avanzan apenas un 0,3% interanual en enero, con una tasa armonizada para la UE del 0,4%, frente al 0,7%-0,8% registrado en diciembre. Es el nivel más bajo desde finales de 2020.
El detalle es aún más elocuente: la energía cae más de un 7% interanual, los bienes manufacturados registran descensos de precios superiores al 1% y la inflación subyacente se sitúa en torno al 0,7%, muy por debajo del objetivo del 2% del BCE. Sólo los alimentos frescos muestran cierta inercia, con subidas cercanas al 1,9%.
Este hecho revela dos elementos clave. Primero, la política de escudos tarifarios y subsidios energéticos aplicada por París ha tenido un efecto retardado pero visible, comprimiendo la inflación a costa de elevar el déficit público. Segundo, Francia se coloca ahora como referencia de lo que podría ser la zona euro en unos meses si la caída de la energía y los descuentos en bienes se generalizan. Para los inversores, el mensaje es doble: margen para recortes de tipos más rápidos, pero también riesgo de que los beneficios empresariales sufran en sectores con escaso poder de fijación de precios.
El ruido político en el BCE: el caso Lagarde
En paralelo a los datos macro, el mercado digiere un episodio de alto voltaje político en Fráncfort. El Financial Times publicó que Lagarde estaría considerando abandonar la presidencia del BCE antes de que concluya su mandato en octubre de 2027, con la vista puesta en la ventana política que se abre antes de las presidenciales francesas de 2027.
La reacción del banco fue fulminante: un portavoz aseguró que la presidenta “sigue totalmente centrada en su misión y no ha tomado ninguna decisión sobre el final de su mandato”, desactivando temporalmente las especulaciones sobre una guerra de sucesión adelantada entre París, Berlín y otras capitales europeas.
“Un vacío en la presidencia del BCE en pleno giro de tipos sería el peor de los escenarios posibles para los mercados europeos”, resume un gestor de renta variable consultado por varios bancos de inversión. Más allá del titular, el episodio deja al descubierto la sensibilidad extrema del mercado a cualquier indicio de politización en la arquitectura del euro. Con la inflación de la zona euro ya en torno al 1,7% y cuatro de los seis puestos del Comité Ejecutivo llamados a renovarse antes de 2027, la batalla por el control del BCE será uno de los grandes ejes de poder en Europa en los próximos dos años.
Ucrania y las negociaciones de Ginebra
En el frente geopolítico, las conversaciones sobre la guerra en Ucrania se han convertido en un factor de riesgo que los mercados ya no pueden ignorar. Las delegaciones de Ucrania y Rusia, con mediación estadounidense, afrontan en Ginebra el segundo día de unas negociaciones que Washington califica de “progresos significativos”, mientras que Kiev denuncia presiones para aceptar concesiones territoriales en Donbás.
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski ha advertido de que cualquier plan que exija ceder territorio no ocupado por Rusia sería rechazado en referéndum y “no sería perdonado” por la población, en un mensaje que eleva el listón político para cualquier acuerdo. Al mismo tiempo, Moscú mantiene la estrategia de bombardear infraestructuras energéticas clave justo antes de cada ronda de contactos, obligando a Kiev a negociar bajo presión.
Para los mercados europeos, la lectura es compleja. Por un lado, un atisbo de alto el fuego aliviaría la prima de riesgo geopolítico que pesa sobre la industria, el turismo y el consumo en el continente. Por otro, un acuerdo percibido como inestable —o que deje abierta la puerta a nuevas ofensivas— mantendría elevada la demanda de gasto en defensa y la fragmentación en los mercados energéticos. No es casual que valores como Rheinmetall o Thales se sitúen de nuevo entre los ganadores del día.
Divisas: euro débil, libra estable
En el mercado de divisas, la reacción inicial ha sido contenida pero coherente con el cuadro macro. El euro cede alrededor de un 0,14% frente al dólar, moviéndose en la zona de los 1,18 dólares, mientras que la libra se mantiene prácticamente plana en torno a los 1,36 dólares tras el dato de IPC británico.
Este patrón refleja dos fuerzas contrapuestas. Por un lado, la caída más rápida de la inflación en la zona euro respecto a Estados Unidos —1,7% estimado en enero frente a tasas todavía más altas al otro lado del Atlántico— tiende a debilitar la moneda única ante la perspectiva de tipos relativamente más bajos durante más tiempo. Por otro, el giro más dovish del Banco de Inglaterra compensa en parte ese movimiento en el cruce de la libra, que encuentra soporte en la expectativa de un ciclo de recortes graduales y no agresivos.
En términos prácticos, un euro algo más débil beneficia a las grandes exportadoras europeas y a los sectores cíclicos vinculados a comercio global, mientras penaliza a importadores netos de materias primas. La estabilidad relativa de la libra, por su parte, da cierto margen a las empresas británicas endeudadas en dólares, al reducir la volatilidad de sus costes financieros.
