Cinco sesiones de infarto para un Ibex 35 casi plano

La Bolsa española cerró la semana del 9 al 13 de marzo con un saldo engañosamente moderado, pero con una volatilidad que dejó al descubierto su dependencia del petróleo, de la banca y del clima geopolítico.

Bolsa de valores

Foto de Anne Nygård en Unsplash
Bolsa de valores Foto de Anne Nygård en Unsplash

El Ibex 35 terminó el viernes en 17.059,3 puntos, apenas un 0,09% por debajo del cierre del viernes anterior. Sin embargo, ese balance casi inmóvil esconde una secuencia mucho más brusca: desplome el lunes, rebote del 3% el martes y nuevas caídas entre el miércoles y el viernes. Lo más relevante no fue el resultado final, sino la velocidad de los movimientos. En apenas cinco sesiones, el selectivo osciló entre un mínimo de 16.497,3 y un máximo de 17.503,3 puntos, un recorrido de 1.006 puntos, equivalente a algo más del 6%. La semana, en realidad, dejó un mensaje mucho más serio: el mercado español sigue siendo extremadamente sensible a cualquier shock energético.

Índice IBEX 35

Balance engañoso

A primera vista, la semana no parece especialmente dramática. El índice pasó de 17.074,4 puntos el viernes 6 de marzo a 17.059,3 el viernes 13, de modo que la pérdida semanal fue testimonial, de apenas 0,09%. Pero el dato esconde un recorrido diario muy agresivo: el lunes cerró en 16.928,2 puntos con un retroceso del 0,86%; el martes rebotó hasta 17.445,0 con una subida del 3,05%; el miércoles cedió 0,53%; el jueves perdió 1,22% y el viernes se dejó otro 0,47%. Incluso tomando solo el tramo del lunes al viernes, el mercado avanzó alrededor de 0,77%, lo que subraya hasta qué punto el saldo final depende del punto de partida elegido.

Ese contraste revela una pauta clásica en mercados sometidos a tensión externa: el cierre semanal puede ser casi plano y, aun así, el riesgo asumido durante el trayecto ser extraordinario. La consecuencia es clara. El inversor que miró únicamente el dato final vio calma; el que siguió las sesiones vio una bolsa dominada por titulares de guerra, por el precio del crudo y por un miedo persistente a que la inflación vuelva a tensar las expectativas sobre los tipos de interés.

El lunes del susto

El arranque de la semana fue el momento más delicado. El lunes 9 de marzo, el Ibex llegó a tocar 16.497,3 puntos en sesión y abrió con caídas superiores al 3%, en un mercado sacudido por el repunte del petróleo y del gas tras la escalada militar en Oriente Próximo. El barril de Brent llegó a dispararse alrededor del 17% y superó los 100 dólares, mientras el gas europeo también escalaba con fuerza. El selectivo español consiguió moderar parte del golpe al cierre, pero aun así terminó en 16.928,2 puntos.

Lo más grave es que ese sobresalto no llegó en el vacío. El viernes anterior, el Ibex ya había cerrado con una caída semanal del 7%, la peor en cuatro años, lo que dejaba a la plaza española especialmente vulnerable a cualquier nuevo episodio de aversión al riesgo. Este hecho revela una fragilidad de fondo: cuando la energía se convierte en el principal factor de precio, el mercado español suele sufrir más que otros por el peso de sectores intensivos en ciclo económico. El lunes fue exactamente eso, un recordatorio de que la bolsa de Madrid sigue cotizando con una prima de sensibilidad al crudo.

El rebote que cambió el tono

La sesión del martes 10 alteró por completo la narrativa. El Ibex cerró en 17.445 puntos, con una subida del 3,05%, tras una jornada de fuerte volatilidad en la que llegó a moverse por debajo de ese nivel antes de darse la vuelta. El giro se apoyó en dos factores muy concretos: el descenso del Brent por debajo de 90 dólares y la percepción de una cierta desescalada política después de que Donald Trump asegurara que la guerra estaba “casi acabada” y mostrara disposición al diálogo. ArcelorMittal, Santander y Acciona Energía lideraron las alzas, mientras Repsol se quedaba rezagada al retroceder el crudo.

Sin embargo, conviene no confundir un rebote técnico con una mejora estructural. El martes no resolvió ninguno de los problemas que habían provocado el desplome del lunes; simplemente rebajó temporalmente el miedo a un shock energético prolongado. El diagnóstico es inequívoco: el mercado se movió más por el alivio de corto plazo que por una revisión de beneficios empresariales o de expectativas macro. Por eso el rebote fue tan intenso como efímero. La subida devolvió al índice a la zona de 17.400 puntos, pero no consolidó un cambio de tendencia. Dos días después, el selectivo ya había vuelto a terreno claramente bajista.

El petróleo vuelve a mandar

La tregua duró poco. El miércoles 11 de marzo, el Ibex retrocedió 0,53% hasta 17.351,9 puntos en una jornada marcada otra vez por el encarecimiento del petróleo y del gas, pese a que el dato de inflación de Estados Unidos se mantuvo en el entorno del 2,4% interanual. La lectura del mercado fue clara: el problema ya no era solo la inflación pasada, sino la posibilidad de que un nuevo shock energético la vuelva a acelerar en los próximos meses. El retroceso del miércoles fue, en el fondo, una corrección del optimismo prematuro del martes.

El jueves la presión se intensificó. El Ibex cayó 1,22%, hasta 17.139,9 puntos, y fue la plaza europea más castigada en una sesión en la que el Brent volvió a superar los 100 dólares por barril por el recrudecimiento del conflicto y las dudas sobre la eficacia de la liberación de reservas estratégicas. El viernes remató la semana con otro descenso del 0,47%, hasta 17.059,3 puntos, en una apertura europea condicionada de nuevo por el avance del crudo y por las ventas en industriales y bancos. El contraste con otras bolsas europeas resulta demoledor: mientras el mercado intentaba convencerse de que el shock era manejable, la bolsa española siguió cotizando con la energía como variable dominante.

Bancos, constructoras y aerolíneas bajo presión

Los datos sectoriales ayudan a entender mejor la semana. A mitad de la secuencia, la Cadena SER resumía ya el daño acumulado desde el inicio del conflicto: 33 de los 35 valores del Ibex estaban en pérdidas, el índice había destruido en torno a 76.900 millones de euros de capitalización y solo los seis bancos habían perdido de forma conjunta unos 15.000 millones. Constructoras como Acciona, valores industriales como ArcelorMittal y compañías ligadas al turismo como IAG aparecían entre las más castigadas. Repsol era, en cambio, una excepción, favorecida por el repunte del crudo.

Ese reparto de ganadores y perdedores no es casual. Cuando sube con violencia el petróleo, el mercado castiga a quienes dependen del crecimiento, del crédito y del consumo, y premia a quienes monetizan mejor ese encarecimiento. De ahí que la semana dejara una lectura muy selectiva: la energía funcionó como refugio relativo, mientras banca y sectores cíclicos quedaron expuestos a una doble amenaza, la de un frenazo económico y la de una inflación más persistente. El viernes, además, UBS rebajó su recomendación sobre la banca europea de comprar a mantener, reforzando la presión sobre uno de los grandes pilares del mercado español. La consecuencia es evidente: sin bancos fuertes, al Ibex le cuesta sostener cualquier rebote de entidad.

Un índice más frágil de lo que dice el cierre

El cierre casi plano del viernes no debe interpretarse como una señal de fortaleza. Más bien al contrario. Lo que ha mostrado el Ibex durante esta semana es que su resistencia depende demasiado de que el petróleo no se descontrole y de que el miedo a una recaída inflacionista no vuelva a endurecer las expectativas de tipos. Cinco Días subrayaba el viernes que el crudo llegó a acumular un alza del 42% en dos semanas, aunque el mercado tratara de convivir con ella sin caer en pánico generalizado. Esa aparente serenidad es, en realidad, precaria.

El problema de fondo es que España no necesita un colapso del suministro para sufrir en bolsa; le basta con un encarecimiento suficientemente persistente de la energía como para dañar márgenes empresariales, castigar al consumo y deteriorar el crédito. El País advertía ya al inicio de la semana de que, solo por el efecto de diésel, gasolina y electricidad, la inflación española podría verse tensionada en varias décimas si el shock energético se prolonga. Por eso el saldo de estos cinco días es menos tranquilizador de lo que parece: el Ibex ha evitado el hundimiento, sí, pero no ha neutralizado el riesgo.

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