El IBEX 35 se atasca entre resultados y riesgo geopolítico
La apertura de este martes en la bolsa española ha confirmado el cansancio de un rally que ya no encuentra catalizadores claros. A pesar de un calendario cargado de resultados de gigantes como Microsoft, Apple, Meta o Tesla, el IBEX 35 apenas subía un 0,03%, hasta los 17.685,20 puntos, a las 08:05 GMT. El optimismo por unas cuentas empresariales que, en teoría, deberían apuntalar la recuperación se ha visto neutralizado por un nuevo frente de riesgo: Donald Trump ha anunciado que elevará hasta el 25% los aranceles a las importaciones de Corea del Sur, reabriendo el fantasma de una guerra comercial en toda regla. A ello se suma la reunión de la Reserva Federal de este miércoles, en la que no se esperan cambios en los tipos pero sí mensajes decisivos sobre el ritmo y el número de recortes previstos para este año. Y, en segundo plano pero no menos relevante, unas tensiones políticas crecientes en Estados Unidos tras la muerte a tiros de un segundo ciudadano estadounidense a manos de agentes federales de inmigración. El resultado es un mercado que prefiere esperar antes que apostar fuerte.
Un arranque de sesión sin dirección clara
El comportamiento del IBEX 35, prácticamente plano en los primeros compases de la sesión, resume el momento de mercado: mucho ruido, pocos movimientos de calado. El selectivo español avanzaba apenas 4,70 puntos, mientras que el índice europeo de grandes valores FTSE Eurofirst 300 ganaba un 0,31%, confirmando que la bolsa española entra en el día con más dudas que sus homólogas del continente.
Este arranque sin rumbo llega tras varias semanas de subidas casi ininterrumpidas, en las que el IBEX ha rebotado más de un 8% desde los mínimos de otoño, impulsado por el tirón de la banca y la expectativa de recortes de tipos en 2026. Sin embargo, la cota de los 17.700-18.000 puntos se ha convertido en una zona de congestión: las valoraciones empiezan a tensionarse y cualquier noticia negativa sirve de excusa para realizar beneficios.
Lo más significativo no es el dato puntual de la sesión, sino la fotografía que deja: el mercado ha pasado de comprar cualquier corrección a exigir claridad sobre la política monetaria y la agenda comercial de Estados Unidos. Mientras no lleguen esas señales, el diagnóstico es inequívoco: predomina la cautela y el volumen se reduce, una combinación que incrementa la volatilidad ante cualquier giro inesperado.
Resultados empresariales: el único motor fiable
En este contexto, la gran esperanza del mercado sigue siendo la temporada de resultados. Esta semana presentan cuentas Texas Instruments, UnitedHealth, Boeing y General Motors (martes); ASML, IBM, Meta, Microsoft, Tesla y AT&T (miércoles); STMicroelectronics, Deutsche Bank, ING y Apple (jueves); y CaixaBank el viernes. Es decir, más del 40% de la capitalización del S&P 500 y una parte clave del músculo tecnológico global se somete al escrutinio de los inversores.
Para la bolsa española, la atención se concentra en CaixaBank, cuya publicación de resultados será interpretada como un test clave para todo el sector financiero nacional. El consenso descuenta crecimientos de beneficios de entre el 8% y el 10% interanual, apoyados en tipos aún elevados y en la mejora de los márgenes, pero con presión creciente sobre las comisiones y el coste del riesgo. Una sorpresa negativa podría extenderse rápidamente al resto de entidades del IBEX.
“Si los beneficios no confirman las expectativas tan ambiciosas que ha ido marcando el mercado, veremos correcciones inmediatas en los índices”, admiten en una gran gestora española. La consecuencia es clara: los inversores llegan a esta semana con posiciones más defensivas, diversificando hacia sectores menos cíclicos y con liquidez suficiente para reaccionar a cualquier decepción.
Trump reabre la guerra arancelaria con Corea del Sur
El verdadero elemento disruptivo de las últimas horas ha sido, sin embargo, la decisión de Donald Trump de elevar hasta el 25% los aranceles a las importaciones de bienes procedentes de Corea del Sur, bajo la acusación de un supuesto incumplimiento del acuerdo comercial con Washington. El movimiento afecta potencialmente a sectores estratégicos como automoción, electrónica, componentes tecnológicos y bienes de capital, precisamente las cadenas de valor más globalizadas.
El mercado recuerda bien el precedente de 2018-2019, cuando una escalada arancelaria similar con China se tradujo en caídas superiores al 15% en los principales índices europeos y en una parálisis de la inversión industrial a nivel global. El contraste con la situación actual resulta demoledor: la economía mundial encadena varios trimestres de desaceleración, las empresas han agotado parte de sus colchones de margen y la deuda pública se encuentra en máximos históricos. Cualquier distorsión adicional en el comercio internacional se siente con mucha más intensidad.
Para España, la exposición es indirecta pero relevante. Grandes grupos europeos como fabricantes de chips, firmas automovilísticas o empresas de equipamiento industrial utilizan Corea del Sur como eslabón clave de sus cadenas de suministro. Un encarecimiento de las importaciones o una ruptura de flujos puede presionar los costes de producción, retrasar inversiones y enfriar el apetito por activos de riesgo, incluida la renta variable española.
La Fed, árbitro incómodo entre inflación y mercado
El otro gran foco de atención es la Reserva Federal, que se reúne este miércoles. No se esperan movimientos en el tipo oficial, actualmente en niveles restrictivos, pero sí pistas claras sobre el calendario de recortes. El mercado descuenta ya al menos dos bajadas de 25 puntos básicos a lo largo del año, con una probabilidad acumulada superior al 65%, según los derivados sobre tipos.
Este hecho revela una tensión de fondo: la Fed se enfrenta a una inflación que se resiste a volver de forma estable al 2%, mientras los inversores exigen relajación monetaria para sostener valoraciones que, en algunos segmentos, vuelven a niveles muy exigentes. Si el banco central rebaja el tono dovish o insinúa que solo habrá un recorte, el ajuste podría ser inmediato en las bolsas y, muy en particular, en los sectores más sensibles a tipos.
Para el IBEX, la decisión no es neutra. La banca se ha beneficiado de un entorno de tipos altos, con incrementos de margen de intereses superiores al 15% en algunos casos en el último ejercicio. Un giro demasiado brusco hacia recortes podría comprimir esos márgenes más rápido de lo previsto, mientras que un mantenimiento prolongado de tipos elevados seguiría frenando el crédito a hogares y empresas. El equilibrio es delicado: demasiada ortodoxia penaliza el crecimiento, demasiada complacencia alimenta burbujas.
Banca en verde, pesos pesados en rojo
La foto sectorial de la sesión es clara: la banca sostiene al IBEX, mientras los grandes valores no financieros lastran el índice. En el sector financiero, Santander subía un 0,34%, BBVA un 0,19%, CaixaBank un 0,42%, Sabadell un 0,77%, Bankinter un 0,59% y Unicaja Banco un 0,92%. Esta rotación confirma una tendencia que lleva meses consolidándose: los inversores buscan refugio en modelos de negocio que aún se benefician de tipos altos y de la normalización de morosidad.
En el lado opuesto, Telefónica caía un 0,98%, Inditex retrocedía un 0,70%, Iberdrola se dejaba un 0,13%, Cellnex perdía un 0,96% y Repsol cedía un 0,56%. Es decir, los pesos pesados del índice aportan más puntos negativos que positivos, lo que explica por qué el selectivo apenas avanza pese al buen tono de la banca. En conjunto, estos grandes valores suponen más del 35% de la capitalización del IBEX, de modo que pequeños movimientos a la baja tienen un impacto desproporcionado.
El contraste es significativo: los bancos cotizan con descuentos cercanos al 20% frente a su valor en libros, mientras que algunas utilities y valores defensivos siguen moviéndose en múltiplos que incorporan un escenario casi perfecto de beneficios y dividendo. La consecuencia es un mercado a dos velocidades, donde cualquier corrección en los valores premium puede neutralizar los avances del resto del índice en cuestión de minutos.
El riesgo político en EEUU que el mercado no puede ignorar
Más allá de la política comercial y la Fed, las tensiones internas en Estados Unidos han vuelto a primer plano. La muerte a tiros de un segundo ciudadano estadounidense a manos de agentes federales de inmigración en Minnesota ha reabierto el debate sobre el uso de la fuerza y el clima de polarización. A priori, se trata de un asunto doméstico, pero los inversores saben que la estabilidad política de la primera economía del mundo es un activo financiero en sí mismo.
En periodos de inestabilidad social, la experiencia de la última década muestra que la prima de riesgo implícita de la renta variable estadounidense puede aumentar entre 50 y 100 puntos básicos, lo que se traduce en correcciones súbitas y en un trasvase hacia activos refugio como el bono del Tesoro o el oro. El diagnóstico es inequívoco: cualquier episodio que alimente la percepción de fractura interna en EEUU reduce el apetito por riesgo a nivel global.
Para los mercados europeos y, por extensión, para el IBEX, esto significa convivir con sesiones más volátiles, rotaciones sectoriales abruptas y un mayor peso de los factores políticos en la valoración de activos. El telón de fondo de esta sesión, con bolsas en compás de espera y un movimiento casi plano del índice español, encaja perfectamente con ese patrón.