Estados Unidos penaliza a un aliado clave por el bloqueo del acuerdo comercial firmado en 2025

Trump dispara al 25% los aranceles a Corea del Sur

La Casa Blanca ha abierto un nuevo frente arancelario, esta vez contra un aliado estratégico en Asia. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado que elevará del 15% al 25% los aranceles a una amplia gama de productos procedentes de Corea del Sur, alegando que Seúl no ha cumplido el “gran acuerdo” cerrado el pasado verano. El movimiento, lanzado por sorpresa a través de Truth Social y sin calendario claro de entrada en vigor, afecta a sectores tan sensibles como el automóvil, los productos farmacéuticos y la industria maderera. Lo más inquietante para los mercados es que el Gobierno surcoreano asegura no haber recibido aún ninguna notificación oficial. La consecuencia es clara: aumenta el riesgo de una guerra comercial entre aliados en un momento de máxima tensión geopolítica en Asia-Pacífico.

UNSPLASH/ABOODI VESAKARAN
UNSPLASH/ABOODI VESAKARAN

Un golpe del 25% a un socio estratégico

El anuncio supone un giro brusco en la política comercial de Washington hacia un país considerado hasta ahora pieza clave del escudo económico y militar frente a China y Corea del Norte. Elevar los aranceles “recíprocos” del 15% al 25% implica un encarecimiento inmediato de las exportaciones surcoreanas hacia el mercado estadounidense, valoradas en torno a 105.000 millones de dólares anuales, según estimaciones de analistas consultados por el sector.

La medida no se limita a un producto concreto, sino que abarca “autos, farmacéuticas, madera y todos los bienes sujetos a aranceles recíprocos”, según el mensaje publicado por Trump. Esto podría afectar, en una primera ronda, a alrededor del 45% del flujo comercial bilateral. Detrás del gesto late un mensaje político inequívoco: Estados Unidos está dispuesto a usar el comercio como palanca de presión incluso con sus aliados más cercanos.

Lo más grave es el contexto: el movimiento llega tras meses de advertencias a la Unión Europea, a México y a Japón sobre la necesidad de equilibrar la balanza comercial. Este hecho revela que la nueva Casa Blanca entiende la política comercial como un instrumento de negociación permanente, no como un marco estable y predecible. El contraste con otras administraciones es demoledor: la incertidumbre se ha convertido en norma.

Del “gran acuerdo” de julio al choque diplomático

El origen inmediato del choque está en el pacto anunciado por Trump y el presidente surcoreano Lee Jae-myung el 30 de julio de 2025. Aquel día, el inquilino de la Casa Blanca calificó lo firmado de “Great Deal for both Countries”, un paquete que incluía concesiones en acceso a mercados, estándares regulatorios y compromisos en inversión tecnológica conjunta.

Sin embargo, el acuerdo requería ratificación parlamentaria en Seúl. Y ahí se ha enquistado el proceso. Las facciones más proteccionistas del Legislativo surcoreano han frenado la votación, alegando riesgo para la industria local del automóvil y para los laboratorios nacionales. Mientras tanto, Washington insiste en que Seúl se comprometió no solo a aprobar el texto, sino a hacerlo en un plazo de seis meses, que se habría cumplido a finales de enero de 2026.

Trump ha optado por presionar públicamente:
“¿Por qué no ha aprobado el Parlamento coreano lo que firmamos y ratificamos el 29 de octubre en Seúl?”, cuestionó en su mensaje. El diagnóstico, desde la óptica de la Casa Blanca, es inequívoco: Corea del Sur no está cumpliendo los tiempos políticos pactados. Desde Seúl, en cambio, se insiste en que no existe calendario vinculante y que cualquier acuerdo internacional debe pasar por un debate parlamentario completo.

Qué productos se verán más castigados

Aunque la Casa Blanca no ha publicado aún un listado detallado, el propio texto de Trump menciona cuatro grandes bloques: automóviles, farmacéuticas, madera y el resto de bienes ya sujetos a los llamados aranceles “recíprocos”. Esto apunta directamente a los pilares de la relación económica bilateral.

El sector más expuesto es el automóvil. Los fabricantes surcoreanos exportan cada año más de 850.000 vehículos al mercado estadounidense. Un salto de 10 puntos porcentuales en el arancel puede suponer, según cálculos de consultoras privadas, un incremento medio de 1.500 a 2.000 dólares por coche en el precio final. La consecuencia es clara: pérdida de competitividad frente a marcas estadounidenses y japonesas producidas en Norteamérica.

En paralelo, la industria farmacéutica surcoreana ha ganado peso como proveedor de genéricos y productos biosimilares de alto valor añadido. Un arancel del 25% encarecería sus ventas en un entorno donde Estados Unidos intenta, precisamente, contener el coste de los medicamentos. El contraste con el discurso oficial de lucha contra la inflación sanitaria resulta llamativo.

En la madera y otros bienes industriales, el impacto será más fragmentado pero se dejará sentir en cadenas de suministro que ya operan con márgenes ajustados. La suma de todos estos efectos puede recortar entre un 0,3% y un 0,5% del PIB surcoreano si los aranceles se mantienen durante un año completo, según estimaciones preliminares del mercado.

Impacto potencial en la economía surcoreana y en las empresas españolas

Para Corea del Sur, el riesgo no es solo comercial, sino también reputacional. Ser objeto de un castigo arancelario por parte de su principal aliado lanza una señal de riesgo regulatorio que puede enfriar decisiones de inversión extranjera directa. En un país donde las exportaciones representan casi el 40% del PIB, cualquier fricción con Estados Unidos tiene un efecto multiplicador.

Al mismo tiempo, las empresas europeas —incluidas las españolas— podrían encontrar oportunidades indirectas. Si los productos surcoreanos pierden cuota en Estados Unidos, fabricantes de componentes de automoción, farmacéuticas o empresas de química fina con presencia en España podrían cubrir parte del vacío. Ya ocurrió durante la guerra arancelaria entre Estados Unidos y China, cuando varias compañías españolas aumentaron sus ventas a Norteamérica al sustituir proveedores asiáticos.

Sin embargo, el panorama no es lineal. España importa componentes tecnológicos, baterías y bienes intermedios de Corea del Sur que entran en cadenas de valor industriales y energéticas. Un deterioro prolongado de la economía surcoreana podría tensionar precios y plazos de entrega en sectores tan sensibles como el vehículo eléctrico o las renovables, donde Corea es un actor clave.

En términos financieros, no se descarta una mayor volatilidad en los mercados asiáticos. Una caída adicional del 5% en la bolsa de Seúl en las próximas semanas, sumada a una depreciación del won, tendría efectos contagio sobre fondos y ETF en los que participan inversores españoles.

Washington presiona, Seúl pide tiempo

La reacción desde el palacio presidencial de Cheong Wa Dae ha sido de cautela. Según la prensa surcoreana, la oficina de Lee Jae-myung insiste en que no ha recibido comunicación formal desde Washington. “No ha habido notificación ni explicación oficial de los detalles por parte del Gobierno estadounidense”, señalan fuentes presidenciales.

En paralelo, Seúl ha activado un dispositivo de respuesta. El jefe de gabinete para políticas, Kim Yong-beom, coordinará una reunión interministerial para evaluar escenarios jurídicos y comerciales. El ministro de Industria, Kim Jung-hwan, prepara un viaje urgente a Estados Unidos para abordar la cuestión con el secretario de Comercio, Howard Lutnick. El contraste entre la comunicación institucional y el tono de Trump en redes sociales resulta evidente.

Este hecho revela la brecha entre la diplomacia tradicional y la diplomacia de plataformas. Mientras los canales oficiales permanecen mudos, el mercado reacciona al tuit, al post, al mensaje viral. Corea del Sur intenta ganar tiempo y evitar responder en caliente, consciente de que cualquier gesto de represalia podría desencadenar una escalada difícil de contener.

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