La Bolsa española lidera las subidas en Europa en plena fiebre por el metal precioso

El IBEX 35 gana un 0,78% y 137 puntos

IBEX 35

El IBEX 35 arrancó la última semana de enero pisando el acelerador. El selectivo español subió un 0,78%, hasta los 17.680 puntos, y se colocó al frente de las bolsas europeas en una sesión en la que el verdadero protagonista no estuvo en la renta variable, sino en las materias primas. El oro superó por primera vez en la historia los 5.000 dólares la onza, consolidando un rally que reabre el debate sobre el papel del dólar y el nivel real de incertidumbre que descuenta el mercado. Mientras el DAX y el CAC 40 apenas avanzaban un 0,1% y el Euro Stoxx 50 rondaba el 0,3%, la Bolsa española volvía a desmarcarse con el apoyo de la banca. En Wall Street, el S&P 500 y el Nasdaq subían alrededor del 0,5%, en un movimiento más contenido. Todo ello en la antesala de una semana en la que se juega buena parte del relato del mercado: la decisión de tipos de la Reserva Federal y una avalancha de resultados corporativos que suman cerca de un tercio de la capitalización del S&P 500. El diagnóstico es claro: el rally actual se sostiene sobre expectativas muy delicadas. Y el nuevo máximo histórico del oro actúa como recordatorio incómodo de que el riesgo no ha desaparecido, solo ha cambiado de forma.

Un arranque de semana que descoloca a Europa

El movimiento del IBEX 35 ha sido algo más que un simple rebote técnico. La subida del 0,78%, hasta los 17.680 puntos, llega tras varias sesiones de consolidación y coloca al índice español como líder indiscutible en Europa en la jornada. El contraste es evidente: mientras el DAX alemán y el CAC francés apenas lograban un 0,1%, y el Euro Stoxx 50 se quedaba en torno al 0,3%, la Bolsa española volvía a exhibir un comportamiento diferencial.
Detrás de este tirón se mezcla un cóctel de factores: un sector bancario que sigue aprovechando unos tipos todavía elevados, la percepción de que el mercado español está menos “caro” que otros parqués desarrollados y la rotación parcial desde compañías de altísima valoración hacia valores más tradicionales. Lo más llamativo es que este impulso se produce en un entorno en el que el relato dominante no es el de euforia, sino el de cautela.
En Estados Unidos, el S&P 500 y el Nasdaq rebotaban cerca del 0,5%, un movimiento positivo pero mucho más prudente. Este hecho revela que el foco del inversor global no está tanto en el nivel de los índices como en la sostenibilidad de los beneficios empresariales en un mundo donde el coste del dinero sigue muy por encima de la media de la última década. España, de momento, se cuela por la rendija de los sectores que todavía se benefician de esa anomalía monetaria.

Índice IBEX 35

El oro rompe el techo psicológico de los 5.000 dólares

La verdadera sacudida de la jornada ha llegado, sin embargo, desde el mercado de materias primas. El oro superó por primera vez en la historia los 5.000 dólares la onza, un nivel psicológico que pocos habrían anticipado hace apenas dos años, cuando el metal se movía en el entorno de los 1.900-2.000 dólares. El movimiento no es aislado: responde a una escalada prolongada, alimentada por la percepción de que la inflación puede haberse moderado, pero no ha desaparecido, y de que los equilibrios geopolíticos son cada vez más frágiles.
En este contexto, el oro vuelve a asumir su papel clásico de activo refugio. La combinación de tipos reales más bajos, una debilidad creciente del dólar frente a una cesta de divisas y una oferta minera limitada está alimentando un rally que muchos gestores ya consideran estructural más que táctico.
Los analistas de ING sintetizan este diagnóstico al atribuir el impulso del metal precioso a la suma de “shocks geopolíticos, dólar más débil, menores rendimientos reales, restricciones de oferta y compras sostenidas de los bancos centrales”. La consecuencia es clara: el oro deja de ser un activo periférico para volver al centro de las decisiones estratégicas de carteras institucionales, fondos soberanos y bancos centrales, que ya han incrementado sus compras de forma notable en los últimos años.

La incertidumbre como nueva normalidad

La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, ha puesto palabras a lo que muchos inversores sienten y pocos verbalizan. Para la responsable del organismo, la escalada del oro es el reflejo directo de un mundo que ya no confía de forma monolítica en un único ancla financiera. “La incertidumbre es la nueva normalidad”, resumió, advirtiendo de que el escenario actual obliga a “abrocharse los cinturones”.
Georgieva enmarca el movimiento del oro en un mundo cada vez más multipolar, donde la confianza no se concentra exclusivamente en el dólar. Aunque la divisa estadounidense sigue siendo dominante por la profundidad y la liquidez de sus mercados, su peso en las reservas oficiales ha caído, según recordó, del 72% a alrededor del 57% en las últimas dos décadas. El diagnóstico es inequívoco: el dólar continúa mandando, pero ya no reina en solitario.
Este desplazamiento paulatino no implica, por ahora, una alternativa única y clara. Más bien refuerza la idea de una cesta de activos y monedas en la que el oro actúa como seguro último, una especie de “moneda de nadie y de todos”. Lo más grave, desde la óptica de los responsables de política económica, es que esta búsqueda de refugio convive con niveles históricamente elevados de deuda pública y privada, lo que reduce los márgenes de maniobra ante cualquier shock inesperado.

Tipos, Fed y la próxima jugada de Powell

En paralelo a la escalada del oro, el otro gran eje de la semana será la Reserva Federal. Tras los tres recortes de tipos consecutivos implementados a finales de 2025, el consenso del mercado da por hecho que la Fed mantendrá el precio del dinero sin cambios en esta reunión. El foco se desplaza así desde la decisión en sí al mensaje que traslade Jerome Powell sobre el rumbo de la política monetaria en los próximos meses.
El mercado descuenta un escenario de pausa prolongada, con la idea de que la Fed quiere comprobar hasta qué punto la inflación converge de forma sostenible hacia el objetivo del 2% sin deteriorar de manera abrupta el mercado laboral. Sin embargo, el contraste con el rally del oro resulta demoledor: mientras la narrativa oficial habla de normalización y estabilidad, los flujos hacia activos refugio sugieren que una parte relevante de los inversores no termina de creerse ese relato.
Cualquier matiz de Powell que deje la puerta abierta a recortes adicionales o, por el contrario, a una pausa más larga de lo esperado puede desencadenar movimientos bruscos en los tipos de interés de mercado, en el dólar y, en consecuencia, en las bolsas. De ahí que muchos operadores opten por reducir riesgo a corto plazo, incluso en sesiones aparentemente tranquilas. La consecuencia es una volatilidad latente que el oro parece estar descontando por adelantado.

Banca española: el motor oculto del rebote

El tirón del IBEX 35 no se entiende sin mirar a la banca. Bankinter lideró las subidas del día con un avance del 2,7%, recuperando buena parte del terreno perdido tras la presentación de sus resultados. Caixabank se anotó un 1,7%, en la antesala de unos resultados en los que el mercado descuenta un beneficio neto en torno a los 5.800 millones de euros. Santander y Unicaja completaron el cuadro con subidas del 1,6% y 1,5%, respectivamente.
Este comportamiento revela que el sector financiero español sigue siendo uno de los principales beneficiarios de un entorno de tipos todavía elevados, pese a que el ciclo de subidas ya ha quedado atrás. Los márgenes de intereses continúan en niveles claramente superiores a la media de la última década, mientras que la morosidad se mantiene contenida gracias al dinamismo del empleo y al colchón construido durante los años de tipos negativos.
Sin embargo, el escenario no está exento de riesgos. Una desaceleración más intensa de lo previsto en Europa, una corrección abrupta del inmobiliario o un repunte de la morosidad en créditos al consumo podrían tensionar las cuentas de resultados a partir de 2026. Por ahora, el mercado opta por premiar la visibilidad a corto plazo, pero el rally bancario convive con una creciente presión política y regulatoria, especialmente en materia de impuestos extraordinarios y supervisión de márgenes.

Los rezagados del día: viaje, industria y consumo

Mientras la banca tiraba con fuerza del índice, otros sectores quedaron claramente rezagados. Amadeus encabezó las caídas del IBEX 35 con un descenso del 1,4%, en una sesión en la que los valores ligados a viajes y turismo acusaron la combinación de un petróleo volátil y la percepción de que el ciclo de gasto en ocio podría estar entrando en fase de madurez.
Inditex, Acerinox e IAG también cerraron con recortes cercanos al 1%, reflejando un cierto cambio de sesgo en los flujos: de las compañías más expuestas al consumo global y al comercio internacional hacia valores percibidos como más defensivos o con mayor sensibilidad a unos tipos todavía elevados. Este hecho revela que el mercado está lejos de un escenario de compras indiscriminadas; más bien se observa una rotación interna de carteras.
El contraste entre bancos y valores industriales o de consumo sirve como recordatorio de que el mercado español sigue altamente dependiente de unos pocos grandes sectores. Cualquier giro del ciclo —ya sea por un enfriamiento del turismo, un frenazo del comercio mundial o un repunte de los costes de financiación— podría amplificar la volatilidad del IBEX. De momento, el día se salda con un balance positivo, pero la dispersión entre ganadores y perdedores es una señal que los gestores más prudentes no pasan por alto.