El metal precioso consolida un rally histórico alimentado por el miedo geopolítico, la política errática de Trump y la pérdida de fe en el dólar

Fuga hacia el refugio: el oro rompe los 5.000 dólares

El oro ha superado por primera vez los 5.000 dólares por onza, un nivel que hasta hace un año muchos bancos de inversión seguían calificando de “escenario extremo”. Detrás de esa cifra redonda late algo más profundo: una fuga masiva de capital desde los activos tradicionales hacia el único refugio que muchos inversores consideran todavía fiable. En la sesión en la que ha marcado el hito, el metal avanzó un 0,64%, hasta los 5.015,65 dólares por onza a las 18:07 hora de Nueva York, mientras la plata se disparaba un 2,51%, hasta 104,68 dólares, consolidando su propia ruptura de la cota de los 100 dólares. El detonante inmediato está en la política sísmica del presidente estadounidense Donald Trump, que ha tensado de nuevo las relaciones con sus aliados de la OTAN a cuenta de Groenlandia y ha amenazado con aranceles de hasta el 100% a socios históricos como Canadá o Francia.

 

UNSPLASH / ZLATÁKY.CZ
UNSPLASH / ZLATÁKY.CZ

Un récord que reescribe el mapa financiero

Hasta hace apenas dos años, el máximo histórico del oro rondaba los 2.100 dólares por onza, marcado tras la pandemia y las primeras subidas agresivas de tipos. Hoy, esa referencia parece prehistórica: desde mediados de 2025 el metal ha encadenado una escalada casi parabólica, superando en cascada los 3.000, 4.000 y ahora los 5.000 dólares, con avances anuales superiores al 60%.

Según datos de mercado, el oro ha subido alrededor de un 85%-90% en el último año y más de un 17% solo en lo que va de 2026, cifras más propias de una startup tecnológica que de un activo tradicionalmente asociado a la prudencia. La consecuencia es clara: cualquier cartera que no haya tenido exposición al metal precioso ha quedado automáticamente rezagada frente a los grandes índices de referencia.

Este hecho revela también un cambio de jerarquía: el “activo libre de riesgo” ya no son los bonos soberanos de Estados Unidos o Alemania, sino un lingote guardado en una cámara acorazada. El contraste con décadas de hegemonía del dólar resulta demoledor. Si en los 90 la pregunta era cuánto peso dar a la renta variable frente a la renta fija, hoy muchos comités de inversión discuten cuánta renta fija están dispuestos a sacrificar para seguir incrementando su posición en oro sin disparar el riesgo regulatorio.

La huida masiva hacia los activos refugio

El movimiento no se explica solo por la inquietud del pequeño ahorrador. Detrás del nuevo récord hay un trasvase sistémico de capital desde la renta variable y la deuda corporativa hacia los llamados “refugios duros”: oro físico, monedas y, en menor medida, determinadas materias primas agrícolas y energéticas. Según estimaciones de analistas internacionales, los ETF respaldados por oro añadieron alrededor de 800 toneladas netas en 2025, máximos de la última década.

A este flujo se suma la demanda institucional: aseguradoras, fondos de pensiones y bancos privados han ido elevando de forma discreta su peso en oro en las carteras conservadoras. Muchos de ellos han pasado de tener posiciones testimoniales del 2%-3% a acercarse al 7%-10%, un cambio que altera por completo los manuales clásicos de asignación de activos.

Lo más grave, apuntan fuentes del mercado, es que buena parte de este movimiento no responde a una visión táctica, sino a la sensación de que el riesgo geopolítico y la fragmentación del comercio global han dejado de ser episodios puntuales para convertirse en un nuevo régimen permanente. «Este rally no es tanto una apuesta a favor del oro como un voto de censura contra los activos tradicionales de riesgo y contra la gobernanza económica global», resume el responsable de estrategia de una gran gestora europea.

Trump, Groenlandia y la prima de riesgo política

El origen inmediato de la última explosión alcista en el oro hay que buscarlo en Washington. En cuestión de días, Trump ha amenazado con aranceles del 100% a Canadá si profundiza sus lazos comerciales con China y ha puesto sobre la mesa gravar con hasta un 200% los vinos y champanes franceses, en plena disputa con París y Bruselas por su iniciativa de un polémico “Board of Peace” paralelo a la ONU.

A ello se ha sumado el enésimo episodio en el largo culebrón de Groenlandia. La Casa Blanca ha vuelto a utilizar la isla ártica como pieza de negociación con la OTAN, insinuando recortes de contribuciones y un replanteamiento del paraguas de defensa si los aliados europeos no respaldan públicamente las ambiciones estratégicas de Washington en la zona.

El diagnóstico es inequívoco: cada giro inesperado de la política exterior estadounidense se traduce en nuevas entradas en oro y salida de bonos del Tesoro, que tradicionalmente actuaban como refugio. El mercado empieza a descontar una “prima de imprevisibilidad” sobre cualquier activo denominado en dólares. Este cambio, lento pero persistente, explica por qué el metal sube incluso en sesiones en las que no hay sorpresas macroeconómicas ni decisiones de bancos centrales.

El mensaje de la plata, el platino y el paladio

El rally no es exclusivo del oro. La plata, históricamente más volátil, ha superado por fin los 100 dólares por onza y se mueve ya en el entorno de los 105-110 dólares, después de haber llegado a escalar un 147% en el último año. En la sesión en la que el oro perforó los 5.000 dólares, el metal blanco avanzó un 2,51%, hasta los 104,68 dólares, confirmando que la búsqueda de refugio se extiende a todo el complejo de metales preciosos.

El platino y el paladio, más ligados a la industria del automóvil, también han entrado en terreno desconocido. El primero cotiza en torno a los 2.750-2.900 dólares por onza, mientras que el segundo ronda los 2.000-2.100 dólares, máximos de más de tres años. Que incluso estos metales, tradicionalmente más cíclicos, marquen récords en paralelo al oro subraya que el movimiento va más allá de la simple “moda del lingote”.

La consecuencia es clara para la economía real: se encarecen los costes de fabricación de joyería, componentes electrónicos y catalizadores, lo que amenaza con trasladar nuevas presiones de precios a bienes de consumo en un momento en el que los bancos centrales confiaban en haber dejado atrás el peor tramo de la inflación.

Bancos centrales y grandes gestoras se blindan

Si hay un actor que ha cambiado el equilibrio del mercado del oro, ese son los bancos centrales. Solo China encadena más de catorce meses consecutivos de compras; otros emergentes, como Polonia o India, han acelerado también la diversificación de sus reservas, reduciendo exposición al dólar y aumentando la porción de oro físico.

Según estimaciones de firmas especializadas, los bancos centrales de economías emergentes están adquiriendo alrededor de 60 toneladas mensuales, un ritmo que absorbe una parte muy relevante de la producción minera anual y deja menos metal disponible para el mercado privado.

En paralelo, las grandes gestoras globales han aprovechado la escalada para lanzar nuevos vehículos temáticos ligados al oro y a metales preciosos, canalizando el apetito de inversores minoristas que buscan una cobertura frente a la inflación, la depreciación del dólar y el riesgo de eventos extremos —desde conflictos regionales hasta ciberataques masivos a infraestructuras financieras—. Lo que hace una década se consideraba un nicho residual vuelve a ocupar un lugar central en las carteras recomendadas por los departamentos de “wealth management”.

El impacto para el ahorrador español y las empresas europeas

Para el inversor europeo, el récord del oro se mide en euros. El metal se sitúa ya en torno a los 4.200-4.250 euros por onza, tras haber más que duplicado su precio en la última década. La consecuencia inmediata es que quienes compraron oro físico o a través de ETF en los años de tipos cero han visto una apreciación muy superior a la de los depósitos bancarios o incluso a muchas carteras mixtas tradicionales.

Sin embargo, no todo son buenas noticias. Las pymes que importan materias primas, las joyerías y parte de la industria tecnológica afrontan un fuerte incremento de costes. Muchas compañías están revisando sus políticas de cobertura, contratando derivados sobre oro y plata para asegurarse precios a futuro, una práctica que hasta ahora se reservaba sobre todo para el petróleo o algunas divisas.

Para el ahorrador conservador español, el dilema es evidente: mantener el grueso de su patrimonio en depósitos y renta fija a tipos reales todavía modestos o asumir volatilidad a cambio de la protección que ofrece el oro frente a un escenario de devaluaciones competitivas y tensiones de deuda soberana. La decisión, admiten los banqueros privados, ya no es teórica: son cada vez más los clientes que preguntan explícitamente por “cómo comprar oro” en sus reuniones de revisión de cartera.

El espejo de 2008 y de los años 70

Cada vez que el oro marca un récord reaparece la comparación con la crisis financiera de 2008 y, más atrás, con la gran inflación de los años 70 tras el colapso de Bretton Woods. Entonces, el metal respondió al miedo a un sistema monetario sin anclajes; hoy, el paralelismo pasa por la pérdida de confianza en la disciplina fiscal y monetaria de las grandes economías desarrolladas.

La diferencia es la velocidad. Entre 2023 y principios de 2026, el oro ha ido batiendo récord tras récord en cuestión de semanas: 3.000 dólares en marzo de 2025, 4.000 en octubre y 5.000 a finales de enero de 2026, siguiendo una escalera casi perfecta que pocos anticiparon. En términos reales, descontando la inflación, el precio se acerca ya —y en algunos cálculos supera— los máximos de los 70.

El contraste con otros episodios de fuerte subida del oro resulta igual de revelador. Frente al “Brown’s Bottom” británico, cuando el Tesoro del Reino Unido vendió parte de sus reservas a precios de derribo a principios de los 2000, hoy ningún banco central importante parece dispuesto a desprenderse de una sola onza. El consenso implícito es que el sistema está entrando en una fase prolongada de inestabilidad en la que el oro funciona como seguro de último recurso.

Comentarios