La escalada del metal blanco reabre la carrera por los refugios ante un escenario geopolítico inestable y una demanda industrial en máximos

La plata salta un 4,6% y marca un récord histórico de 107 dólares

La plata ha dejado de ser el “metal olvidado” del mercado para convertirse en el protagonista absoluto de la sesión. En cuestión de horas, el precio ha repuntado un 4,6% y ha vuelto a marcar un máximo histórico en torno a los 107 dólares por onza, apenas días después de haber roto por primera vez la barrera psicológica de los 100 dólares. El movimiento se produce en un contexto paradójico: un cierto alivio en las tensiones entre Estados Unidos y Europa en torno a Groenlandia tras el Foro de Davos, pero con un clima geopolítico de fondo todavía volátil. La consecuencia inmediata es clara: los inversores vuelven a buscar activos refugio, y la plata se cuela en el mismo escaparate que el oro, el platino o el paladio. La cuestión de fondo es si este salto es el inicio de un nuevo ciclo estructural o el preludio de una corrección igual de brusca.

EPA/IAN LANGSDON
EPA/IAN LANGSDON

Un nuevo récord para la ‘materia prima olvidada’

La cifra de 107 dólares por onza tiene un carácter doblemente simbólico. Por un lado, consolida la ruptura de los 100 dólares, un nivel que durante años muchos analistas consideraban prácticamente inalcanzable fuera de un escenario de crisis severa. Por otro, coloca a la plata en el centro del radar de los grandes gestores de patrimonio, que hasta ahora la mantenían en un segundo plano frente al oro.

Lo más relevante no es solo el porcentaje del día —ese +4,6%—, sino la secuencia de sesiones. El pasado viernes ya se alcanzó por primera vez el listón de los 100 dólares, y en menos de una semana el mercado ha sumado otros 7 dólares de revalorización, acelerando un movimiento alcista que se venía gestando desde hace meses. Este hecho revela un cambio de narrativa: la plata deja de ser simplemente un metal precioso barato para convertirse en un activo estratégico ligado a la transición energética, la electrónica avanzada y, al mismo tiempo, al miedo geopolítico.

La mezcla explosiva: tensión geopolítica y demanda industrial

La explicación del movimiento va mucho más allá de un simple episodio especulativo. Los operadores apuntan a una combinación de factores: incertidumbre geopolítica persistente, desacoplamiento entre bloques y un crecimiento sostenido de la demanda industrial. Aunque se hayan rebajado las tensiones más visibles entre Washington y Bruselas en torno a Groenlandia tras el último Foro de Davos, el telón de fondo sigue siendo el mismo: competencia por recursos estratégicos, rutas árticas y control de materias primas críticas.

Al mismo tiempo, cerca de un 55% de la demanda global de plata procede ya de usos industriales: paneles solares, componentes electrónicos, baterías y tecnologías vinculadas a la descarbonización. Cada nuevo plan de estímulo verde en Estados Unidos, Europa o Asia introduce una presión añadida sobre un mercado que no puede ampliar la oferta con la misma rapidez. “No es solo miedo, es necesidad industrial acumulada”, resumen varios gestores. La consecuencia es clara: cualquier chispa geopolítica actúa como acelerador de un desequilibrio oferta-demanda que venía de atrás.

El simbolismo de los 100 dólares y el salto al 107

Cruzar por primera vez el umbral de los 100 dólares por onza el pasado viernes fue algo más que una anécdota de mercado. Fue la validación de un ciclo alcista que, según algunos bancos de inversión, acumula ya subidas superiores al 80% en apenas doce meses. La rapidez con la que hoy se ha pasado de esos 100 a los 107,22 dólares refuerza la sensación de que muchos inversores han entrado tarde… y a la vez con prisas.

En este contexto, el mercado se divide en dos bloques. Por un lado, los fondos macro que ven la plata como un refugio táctico frente a potenciales shocks: nuevas sanciones, tensiones comerciales o episodios de inestabilidad financiera. Por otro, los inversores de largo plazo que llevan años defendiendo que el precio no refleja el verdadero valor del metal en un mundo electrificado. El contraste con etapas anteriores resulta demoledor: hace poco más de una década, la plata se movía en el entorno de los 15-20 dólares, y se consideraba un activo casi marginal. Hoy, cualquier recorte se interpreta como una oportunidad para entrar en un mercado que ha cambiado de liga.

La fiebre de los metales preciosos: oro, platino y paladio

La plata no sube sola. A la misma hora en la que el metal blanco escalaba hasta los 107,22 dólares, el oro avanzaba un 1,25%, superando los 5.045 dólares por onza, mientras el platino sumaba un 0,34% hasta los 2.780 dólares, y el paladio mejoraba un 0,23% hasta los 2.020 dólares. La lectura es inequívoca: los flujos hacia metales preciosos se han reactivado como un bloque.

Sin embargo, hay matices relevantes. En el caso del oro, el movimiento encaja con su papel tradicional de seguro contra la depreciación de las divisas y la erosión inflacionista. En la plata, el componente industrial da una capa adicional de complejidad. Platino y paladio, ligados en gran medida a la automoción y a sistemas de catalización, reaccionan de forma más contenida, reflejando dudas sobre el ritmo real de la actividad manufacturera global. Este mosaico permite una conclusión: los inversores no están descontando un colapso inmediato, pero sí un escenario prolongado de volatilidad alta y crecimiento irregular, donde tener una parte de la cartera en metales se percibe como prudencia más que como aventura.

El papel de la plata en la transición energética

Si algo distingue a la plata del oro en este rally es su rol en la transición energética. Cada gigavatio adicional de capacidad solar instalada requiere cantidades significativas de plata en células fotovoltaicas, contactos eléctricos y sistemas de gestión de energía. Diversos estudios de la industria estiman que, de mantenerse los actuales planes de descarbonización, la demanda vinculada a renovables podría crecer entre un 30% y un 40% en la próxima década.

La oferta, sin embargo, no acompaña al mismo ritmo. Muchos yacimientos de plata son subproductos de minas de zinc, plomo o cobre, lo que limita la capacidad de aumentar la producción de forma rápida solo por precio. Este desajuste estructural alimenta la narrativa de que el actual repunte no es un simple “susto geopolítico”, sino la antesala de un periodo más prolongado de precios elevados. “La plata se está convirtiendo en el cobre silencioso de la transición energética”, señalan fuentes del sector. Para las economías avanzadas, esto introduce un nuevo vector de riesgo: la dependencia de cadenas de suministro cada vez más tensas.

Comparación histórica: del refugio clásico al activo estratégico

Históricamente, la plata ha alternado etapas de euforia y olvido. Hubo episodios de burbuja, como la famosa maniobra de los hermanos Hunt a finales de los años 70, y largos periodos en los que el metal apenas despertaba interés. Lo que diferencia el momento actual es la combinación de tres factores estructurales: transición energética, digitalización masiva y fragmentación geopolítica.

En ocasiones anteriores, las subidas se apoyaban sobre todo en la especulación financiera y en episodios inflacionistas puntuales. Ahora, la demanda industrial actúa como suelo, mientras la búsqueda de refugio añade techo al alza. El diagnóstico es inequívoco: la plata ha pasado de ser un activo ciclotímico a un activo estratégico, especialmente para países que quieren asegurar su autonomía tecnológica. El contraste con otras materias primas resulta llamativo: mientras algunos metales industriales corrigieron con fuerza tras los picos de la pospandemia, la plata ha ido escalando peldaños con una resiliencia que obliga a revaluarla en las carteras.

Riesgos de corrección y volatilidad extrema

Pese al entusiasmo, los riesgos son evidentes. Una revalorización superior al 80% en un año y de casi un 5% en una sola sesión sitúa al metal en terreno propenso a correcciones abruptas. Un giro en la política monetaria de los grandes bancos centrales, una normalización más rápida de las tensiones geopolíticas o señales de debilidad en la industria podrían desencadenar ventas masivas.

Además, el mercado de futuros de plata es relativamente menos profundo que el del oro, lo que amplifica los movimientos cuando grandes fondos deciden ajustar posiciones. “La plata sube por la misma razón por la que puede caer: una liquidez que multiplica cualquier gesto del inversor institucional”, advierten en los parqués. Para el inversor minorista, la lección es clara: el potencial de revalorización existe, pero la volatilidad diaria puede superar fácilmente el 5%-7%, haciendo imprescindible una gestión muy disciplinada del riesgo.

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