La renta variable española se resiste al freno global mientras la inteligencia artificial, la Fed y Ormuz fuerzan a los gestores a refugiarse en bonos y divisas defensivas

El IBEX 35 se juega los 17.900 puntos entre miedo e IA

El IBEX 35 se juega los 17.900 puntos entre miedo e IA

La sesión de este martes arranca con un nuevo ejercicio de equilibrio extremo en la Bolsa española. El IBEX 35 abrió con una subida de un 0,2%, hasta los 17.886 puntos, desmarcándose de las suaves caídas que marcan los futuros de Wall Street tras el festivo de este lunes y el parón asiático por el Año Nuevo Lunar. Minutos después, el movimiento se moderaba hasta un alza simbólica del 0,01% y los 17.850 puntos, reflejando un mercado que duda, pero que se niega a corregir en serio tras un rally cercano al 50% en 2025. El telón de fondo es inequívoco: máxima sensibilidad a la política monetaria de la Reserva Federal, miedo creciente al impacto real de la inteligencia artificial sobre los beneficios corporativos y regreso del riesgo geopolítico con maniobras navales de Irán en una de las rutas petroleras más estratégicas del planeta. Los flujos así lo confirman: suben los precios del bono estadounidense a diez años —con la rentabilidad estabilizada en torno al 4,0%—, el yen se aprecia frente al dólar y el Brent consolida sus avances cerca de los 68 dólares por barril. La renta variable aguanta… pero cada vez más apoyada en pocas historias y con un número creciente de gestores moviéndose a la defensiva. El resultado es un IBEX que intenta “meterse en los 17.900” en un entorno de volúmenes reducidos, ruido geopolítico y un debate aún abierto sobre quiénes serán los ganadores y perdedores de la disrupción de la IA. La pregunta de fondo es si este aparente aguante es fortaleza real o simple inercia tras un rally excepcional.

Un arranque en positivo contra el tono gris global

El primer rasgo llamativo de la jornada es el desacople táctico de la Bolsa española respecto al tono más dubitativo de los mercados globales. Mientras los futuros americanos se mueven ligeramente en rojo tras el festivo del Día de los Presidentes y buena parte de Asia sigue cerrada por el Año Nuevo Lunar, el IBEX intenta avanzar unas décimas adicionales después del rebote de la víspera.

Ese contraste llega después de cuatro sesiones consecutivas de caídas y una recuperación técnica el lunes. Muchos gestores consideran lógico que, tras un avance cercano al 50% en 2025 y un salto adicional del 3,1% en enero, el índice “se tome un respiro”. La apertura de este martes confirma esa tesis: no hay ventas agresivas, pero tampoco apetito para seguir pagando múltiplos más altos sin nuevos catalizadores.

En términos sectoriales, pesa el cansancio en tecnología a escala global, mientras el IBEX se apoya en utilidades, infraestructuras y ciertos valores financieros. La subida inicial del 0,2% hasta los 17.886 puntos, reducida después a un +0,01%, refleja un mercado que se emplea a fondo para no caer, más que un impulso comprador decidido. El diagnóstico es claro: la Bolsa española aguanta, pero lo hace en modo resistencia, no en modo ataque.

La política monetaria: el factor que nadie puede ignorar

El auténtico metrónomo del mercado sigue siendo la política monetaria de la Fed. Los futuros descuentan todavía varias bajadas de tipos en 2026, pero las probabilidades se están moviendo casi a diario con cada dato de inflación, de empleo y con cada intervención pública de los miembros del banco central.

Esta semana, las miradas se centran en las próximas cifras de creación de empleo y en las actas de la Fed. El mensaje que llega desde las mesas de análisis es nítido: “cualquier indicio de que la inflación se resiste o de que la Fed quiere ir más despacio obligará a recalibrar todas las curvas de descuento”. El mercado ha pasado, en pocos meses, de dar por hecho un ciclo agresivo de recortes a asumir que el banco central preferirá pecar de prudente.

La consecuencia es una bolsa extremadamente sensible. Los múltiplos actuales del IBEX y de las grandes bolsas europeas se sostienen sobre un escenario de tipos más bajos y beneficios razonablemente sólidos. Si uno de esos dos pilares falla, el riesgo de corrección aumenta de forma exponencial. Por ahora, el movimiento en la apertura española refleja más espera que convicción, y los gestores que han reducido beta lo han hecho sobre todo saliendo de tecnología y de consumo cíclico, no de utilities o bancos domésticos.

La ‘operativa del miedo a la IA’ y la rotación sectorial

Uno de los fenómenos más llamativos de los últimos meses es la llamada “operativa del miedo a la IA”, un enfoque que clasifica empresas en función de su riesgo de verse desplazadas por soluciones automatizadas. Esa matriz está provocando rotaciones intensas entre compañías de software tradicional, servicios empresariales y medios.

Los gestores que siguen esa estrategia han recortado posiciones en negocios intensivos en tareas repetitivas y poco diferenciadas, que pueden ser sustituidas por algoritmos genéricos, y las han incrementado en proveedores de infraestructura, semiconductores, ciberseguridad o consultoría de alto valor añadido. A corto plazo, esa reasignación ha generado volatilidad: compañías que parecían defensivas hace dos años se perciben ahora como vulnerables a la disrupción de la IA, mientras que ciertos actores de nicho se revalorizan por su capacidad de integrarse en la nueva cadena de valor.

En el IBEX, el impacto es indirecto pero real. Valores como Amadeus o compañías de servicios y comunicación cotizan con un escrutinio mucho mayor sobre sus planes de automatización. El mercado distingue cada vez más entre quienes lideran el cambio y quienes pueden sufrirlo. Lo más relevante es que esta narrativa de ganadores y perdedores por la IA se ha convertido en un factor de riesgo transversal, capaz de acelerar correcciones cuando se combina con malos datos macro o tensiones geopolíticas.

Bonos y yen: la búsqueda acelerada de refugios

El otro gran movimiento de la sesión se ve en los activos refugio. El bono estadounidense a diez años registra un aumento de la demanda que se traduce en un descenso de la rentabilidad de tres puntos básicos, hasta el entorno del 4,02%, niveles que consolidan la corrección de las últimas semanas tras haber llegado a coquetear con el 5% el año pasado.

En paralelo, el yen —tradicional activo refugio en momentos de tensión— se aprecia alrededor de un 0,4% frente al dólar, movimiento coherente con una fase de mayor aversión al riesgo. Varios informes recientes subrayan que, en un escenario de tipos estadounidenses estabilizados y dudas sobre el crecimiento global, las divisas de países con superávit externo y baja inflación recuperan atractivo estructural.

El giro hacia la renta fija no es anecdótico. Los fondos de bonos de alta calidad han recibido miles de millones de dólares de entradas netas en lo que va de año, mientras las exposiciones a renta variable global se moderan. En este contexto, la subida moderada del IBEX convive con una realidad incómoda para los alcistas: los inversores pueden obtener rendimientos del 4% en deuda pública, con volatilidad mucho menor, justo cuando el narrativo de crecimiento infinito impulsado por la IA empieza a ser cuestionado.

Ormuz y el regreso del riesgo geopolítico al precio del crudo

El segundo gran foco de tensión viene del estrecho de Ormuz. Las maniobras navales de la Guardia Revolucionaria iraní en una de las rutas marítimas más sensibles del planeta han reavivado los temores a posibles disrupciones en los flujos de crudo. Se estima que alrededor del 20% del consumo mundial de petróleo transita a diario por ese corredor, lo que explica que cualquier incidente tenga un impacto inmediato en los precios.

El Brent mantiene buena parte de sus últimos avances y cotiza en el entorno de los 68 dólares por barril, un nivel que refleja más prima de riesgo que tensión de oferta real. Sin embargo, los analistas recuerdan que el mercado de petróleo se ha vuelto más complaciente con el riesgo geopolítico y podría estar subestimando el impacto de un bloqueo temporal de Ormuz.

Las conversaciones sobre desarme nuclear entre Estados Unidos e Irán previstas en Ginebra añaden otra capa de complejidad: cualquier ruptura de las negociaciones o escalada verbal podría disparar la volatilidad en crudo y divisas emergentes. Para la Bolsa española, un repunte brusco del petróleo tensionaría márgenes en transporte, turismo e industria, aunque daría algo de aire a valores ligados a energía tradicional.

Resultados empresariales y castigo selectivo: el caso Enagás

En el plano micro, la sesión también llega marcada por resultados corporativos. Enagás se cuela entre los peores valores del IBEX tras publicar un beneficio neto de 339,1 millones de euros en 2025, frente a las pérdidas de 299,3 millones registradas el año anterior. El giro a positivo, lejos de celebrarse, se interpreta con cautela por el mercado, que pone el foco en la calidad del beneficio, el impacto regulatorio y la visibilidad del dividendo.

En la apertura, el valor cae en torno al 1%, arrastrado también por el movimiento general de recogida de beneficios en utilities. El castigo contrasta con las subidas en Redeia, Naturgy y Cellnex, que lideran las alzas gracias a su perfil de ingresos regulados o semirregulados y a su papel como refugio de baja beta en un mercado inquieto.

Por el lado de las caídas, también ceden alrededor del 1% compañías como Puig y Amadeus, mientras Sacyr y otras ligadas a concesiones ajustan precios tras el buen comportamiento de las últimas semanas. El mensaje que deja el mercado es nítido: en un entorno de tanta incertidumbre, ya no basta con cumplir la guía; hay que convencer de que el modelo de negocio es resistente a la IA, a la inflación y al regulador.

Bancos y grandes valores: apoyo, pero sin euforia

Entre los grandes valores, la fotografía es mixta. Banco Santander e Inditex se sitúan entre los mejores del selectivo con subidas de alrededor del 0,6% en la apertura, mientras otros gigantes como BBVA, Caixabank, Sabadell o Bankinter se mueven prácticamente planos o con recortes muy leves.

La banca se ha convertido en uno de los pilares del rally del IBEX en los últimos trimestres, gracias a tipos aún relativamente altos y a la mejora de márgenes de intereses. El problema es que ese viento de cola podría empezar a perder fuerza si los recortes de tipos se materializan en la segunda mitad del año. El mercado empieza a descontar menos subidas de beneficios y más normalización, lo que limita el potencial de revalorización adicional.

En el plano no financiero, Telefónica, Iberdrola o Repsol presentan movimientos muy contenidos, coherentes con una sesión en la que el índice se sostiene más por ausencia de ventas masivas que por una apuesta rotunda de compra. El contraste con los grandes índices europeos, que arrancan con ligeros descensos, refuerza la idea de un IBEX resistente, pero dependiente de los mismos pocos nombres de siempre.