Los cierres por el Año Nuevo lunar y la tensión entre Estados Unidos e Irán dejan a los inversores sin una brújula clara

El Nikkei 225 cae y el S&P/ASX 200 resiste

La sesión asiática de este martes ha dejado una foto tan clara como inquietante: Japón corrige, Australia aguanta y buena parte de la región permanece cerrada por las vacaciones del Año Nuevo lunar. Con los parqués de Corea del Sur, la China continental y Hong Kong clausurados, el volumen se ha concentrado en Tokio y Sídney, dos mercados que han reaccionado de forma opuesta en un contexto marcado por la geopolítica. El Nikkei 225 ha cedido un 0,80%, mientras que el S&P/ASX 200 australiano ha avanzado un 0,39%, en una jornada en la que los inversores miraban tanto a los gráficos como a Ginebra, donde se esperan conversaciones entre Estados Unidos e Irán. La debilidad del dólar frente al yen, con una caída del 0,20% hasta los ¥153,18, añade otra capa de complejidad a un arranque de semana que obliga a la prudencia. 

El Nikkei 225 cae y el S&P/ASX 200 resiste
El Nikkei 225 cae y el S&P/ASX 200 resiste

Un arranque de semana en falso para Tokio

La caída del Nikkei 225, del 0,80%, no es dramática en términos absolutos, pero sí significativa en el contexto de un índice que venía de encadenar varias sesiones de fuerte entrada de dinero extranjero. En términos de capitalización, un retroceso de este calibre puede suponer pérdidas en torno a los 40.000 millones de euros para el conjunto del mercado japonés, una cifra que refleja la sensibilidad del inversor ante cualquier cambio en el equilibrio global.

Los gestores señalan tres factores clave: recogida de beneficios tras las últimas subidas, preocupación por la desaceleración industrial en la zona y, sobre todo, la sensación de que la geopolítica vuelve a ocupar el primer plano. La sesión ha sido típicamente defensiva: mejor comportamiento de compañías de consumo básico y utilities, y presión sobre tecnológicas, automoción y valores más cíclicos.

Este movimiento encaja con un patrón conocido: cada vez que emerge un foco de tensión entre Washington y Oriente Medio, Tokio actúa como termómetro del miedo regional. Lo más grave, advierten algunas casas de análisis, es que “el margen de error de la política monetaria japonesa se estrecha si el yen se aprecia al mismo tiempo que el crecimiento pierde tracción”. La consecuencia es clara: cualquier pista sobre futuras decisiones del Banco de Japón cobrará aún más peso en las próximas semanas.

Australia desafía la cautela y juega la carta de las materias primas

En el extremo opuesto, el S&P/ASX 200 australiano ha sumado un 0,39%, reflejando un apetito por riesgo mucho mayor que el observado en Tokio. La composición sectorial explica en parte este contraste. La presencia dominante de mineras y energéticas, muy ligadas a la evolución de los precios de las materias primas, convierte a la bolsa australiana en un vehículo de apuesta sobre la demanda global y, de forma indirecta, sobre el comportamiento de China.

Con los parqués chinos cerrados, Australia se convierte durante estos días en un barómetro indirecto de las expectativas sobre Pekín, aunque el flujo de información sea más limitado. Cualquier repunte del precio del mineral de hierro, del cobre o del gas natural —del que Australia es un exportador clave— tiende a traducirse en avances de entre un 1% y un 2% en las grandes compañías del sector. Eso es lo que ha ocurrido hoy: rotación hacia valores ligados a recursos naturales y cierto castigo relativo a bancos y consumo discrecional.

Este hecho revela una paradoja: mientras Japón descuenta una mayor aversión al riesgo, Australia está siendo utilizada por parte de los fondos globales como vía táctica para mantener exposición a Asia-Pacífico sin asumir el riesgo de los mercados cerrados. El contraste con otras regiones resulta demoledor: frente a la prudencia europea y a la volatilidad estadounidense, Sídney opera estos días casi como un mercado “proxy” para todo el bloque Asia-Pacífico.

Un Asia a medio gas por el Año Nuevo lunar

El factor que marca la sesión, y que explica buena parte de la volatilidad, es la clausura de varias de las principales bolsas asiáticas por el Año Nuevo lunar. Con China, Hong Kong y Corea del Sur fuera de juego, una porción sustancial de la liquidez desaparece del radar, dejando a los operadores con un mapa incompleto. En sesiones como esta, un movimiento moderado en índices como el Nikkei o el ASX puede traducirse en cambios desproporcionados en derivados, divisas y materias primas.

Históricamente, durante estas semanas festivas, el volumen negociado en Asia puede caer entre un 30% y un 50%, especialmente en renta variable. La consecuencia es una mayor sensibilidad a órdenes de tamaño medio y una propensión elevada a los movimientos bruscos en apertura y cierre. Cualquier titular inesperado —un avance en negociaciones diplomáticas, un dato macro sorprendente o una declaración de un banco central— puede amplificar sus efectos.

El diagnóstico es inequívoco: Asia opera en estos días en “modo intermitente”, con sólo algunos mercados abiertos y sin la referencia esencial de la China continental. “Es como conducir de noche con parte de los faros apagados: se ve la carretera, pero falta profundidad”, resume un operador de renta variable en Singapur. Para los inversores institucionales, esto se traduce en una estrategia clara: reducir apalancamiento, acotar riesgos y reservar las grandes decisiones para cuando la región recupere la plena normalidad operativa.

El factor geopolítico: Washington, Teherán y la sombra del petróleo

Más allá de la peculiaridad del calendario asiático, el otro gran vector de la jornada es la expectativa de conversaciones entre Estados Unidos e Irán en Ginebra. El hecho de que Donald Trump haya reclamado públicamente un acuerdo y confirmado su participación indirecta añade un elemento adicional de incertidumbre. La sola posibilidad de avances o de un nuevo choque diplomático basta para mover mercados.

El vínculo con Asia es doble. Por un lado, cualquier escalada en Oriente Medio tiende a reflejarse de forma inmediata en los precios del crudo, del que las economías asiáticas son grandes importadoras. Variaciones de entre un 3% y un 5% en el barril en cuestión de días no son inusuales cuando la tensión escala. Por otro, la percepción de riesgo geopolítico impacta en el coste de financiación, especialmente en dólares, y en la confianza de unos inversores que todavía tienen fresco el recuerdo de episodios recientes de volatilidad global.

Lo más relevante es que los mercados se mueven más por expectativas que por hechos consumados. “Si de Ginebra sale siquiera un calendario de trabajo creíble, el mercado lo celebrará; si lo que sale es un ultimátum, veremos otra cosa muy distinta”, señalan fuentes financieras. En ese tablero, Tokio aparece como el eslabón más vulnerable, mientras que Australia, respaldada por sus recursos naturales, puede beneficiarse de una eventual subida adicional del crudo y del gas.

Divisas en tensión: el dólar cede terreno frente al yen

En paralelo a la renta variable, el mercado de divisas ha dejado otra señal relevante. El dólar ha retrocedido un 0,20% frente al yen, hasta los ¥153,18 por billete verde, en un movimiento que, aunque moderado, encaja con la habitual búsqueda de refugio en la moneda japonesa cuando aumentan las incertidumbres.

Un cambio de esta magnitud puede parecer marginal, pero en el universo del ‘forex’ —donde se negocian diariamente más de 7 billones de dólares— supone un desplazamiento de miles de millones en flujos reales y posiciones especulativas. Las mesas de negociación interpretan este giro como una corrección táctica tras las últimas semanas de fortaleza del billete verde, pero también como un recordatorio de que el yen sigue siendo uno de los pocos activos percibidos como refugio líquido en Asia.

Este movimiento tiene implicaciones directas para las empresas exportadoras japonesas, que han cimentado buena parte de su competitividad en un yen débil. Una apreciación sostenida de apenas un 2% o un 3% puede erosionar márgenes en sectores como el automovilístico o la electrónica, obligando a revisar guías de beneficios. De momento, el ajuste es controlado, pero el mensaje es claro: el mercado empezará a poner a prueba la determinación del Banco de Japón si la divisa continúa apreciándose.

Comentarios