La débil lectura del PIB japonés corta el rally asiático en una sesión semifestiva marcada por el Año Nuevo Lunar

Nikkei cede un 0,2% y enfría el rally asiático

El dato que ha frenado a los mercados asiáticos este lunes es frío: la economía japonesa solo creció un 0,1% trimestral en el cuarto trimestre, muy por debajo de lo previsto. La lectura, que equivale a un avance anualizado cercano al 0,2% frente al 1,6% esperado, ha enfriado el entusiasmo tras varias semanas de fuertes subidas bursátiles. Mientras buena parte de Asia permanecía cerrada por las festividades del Año Nuevo Lunar, el foco se ha concentrado en Tokio y en la reacción del mercado de divisas. El resultado es una sesión mixta: ligeras caídas en la renta variable japonesa, tono plano en Hong Kong y avances moderados en Australia, con un dólar un 0,2% más fuerte frente al yen alrededor de las 153 unidades.

Nikkei
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Un crecimiento que se queda en nada

El cuarto trimestre debía ser el momento de la confirmación de la recuperación japonesa; ha terminado siendo, de nuevo, un ejercicio de decepción contenida. Según los datos preliminares, el PIB de Japón avanzó solo un 0,1% intertrimestral, tras haberse desplomado un 0,7% en el tercer trimestre. El consenso de analistas esperaba al menos un 0,4%

En términos anualizados, el crecimiento se sitúa en torno al 0,2%, muy lejos del 1,6% que descontaban los modelos de mercado y de lo que necesitaría la tercera economía del mundo para consolidar la salida de décadas de estancamiento. 

El dato tiene dos lecturas preocupantes. La primera, coyuntural: la caída previa fue tan intensa que, incluso con la ligera mejoría, Japón ha pasado el umbral de la recesión técnica casi de puntillas. La segunda, estructural: la economía sigue atrapada en un patrón de crecimientos por debajo del 1% anual, a pesar de tipos reales muy negativos, múltiples paquetes de estímulo y una política monetaria todavía más laxa que la de otros bancos centrales avanzados.

En este contexto, la reacción de los inversores ha sido comprensiblemente prudente. El Nikkei 225 llegó a registrar retrocesos cercanos al 0,2% en los primeros compases de la sesión, tras un rally superior al 5% la semana anterior, lo que sugiere que parte de las buenas noticias ya estaba incorporada en los precios. 

Consumo débil, inversión tibia y exportaciones en retroceso

Desmenuzado por componentes, el cuadro es aún menos alentador. El consumo privado apenas avanzó un 0,1% trimestral, el ritmo más bajo en un año, ahogado por el encarecimiento del coste de la vida, especialmente de la alimentación. La inversión empresarial logró recuperarse, pero solo hasta un 0,2%, muy lejos del 0,8% que esperaba el mercado. 

En el sector exterior, la fotografía tampoco ayuda. Las exportaciones cayeron un 0,3%, mejor que el desplome del trimestre anterior pero todavía reflejo de un entorno global menos dinámico y del impacto acumulado de los aranceles estadounidenses sobre los productos japoneses, especialmente en el automóvil y la electrónica. Las importaciones también retrocedieron un 0,3%, señal de una demanda interna que no termina de despegar. 

Por si fuera poco, el deflactor del PIB —un indicador clave de inflación— se situó en torno al 3,4%, por encima de lo previsto, lo que mantiene la presión sobre el Banco de Japón en plena transición desde una era de tipos ultrabajos hacia una normalización todavía muy delicada. 

En otras palabras: la economía crece poco, la inflación se resiste a moderarse y el margen para seguir gastando y mantener políticas expansivas se reduce cada trimestre.

Bolsa asiáticas: sesión semivacía, mensaje preocupante

El dato japonés ha llegado, además, en una jornada atípica para la región. Buena parte de los mercados de Asia-Pacífico —entre ellos China, Corea del Sur y Taiwán— estaban cerrados por el Año Nuevo Lunar, lo que ha reducido notablemente los volúmenes y ha amplificado los movimientos en los parqués abiertos. 

En Tokio, las ligeras ventas iniciales en el Nikkei 225 han convivido con un cierto apoyo comprador por parte de inversores que siguen viendo valor en la Bolsa japonesa tras los ajustes de las últimas semanas. Sobre una base semanal, el índice acumula todavía subidas cercanas al 5%, lo que suaviza el impacto de la lectura del PIB.

En Hong Kong, el Hang Seng se ha movido prácticamente plano, reflejando la ausencia de referencias fuertes desde la China continental y el cansancio de un mercado que arrastra meses de salidas de capital. En Australia, el S&P/ASX 200 ha logrado avances en torno al 0,2%, apoyado en materias primas y bancos, en línea con la tónica de las últimas sesiones.

El contraste lo ponía el índice MSCI Asia-Pacific fuera de Japón, que lograba repuntes de alrededor del 0,4%, apoyado en el buen comportamiento de algunos mercados emergentes ajenos al calendario festivo. 

La consecuencia es clara: Asia no se ha desplomado, pero el freno japonés introduce un tono de cautela que podría prolongarse durante las próximas semanas.

El yen, el Banco de Japón y una cuerda cada vez más tensa

En el mercado de divisas, la reacción ha sido inmediata. El dólar se apreciaba alrededor de un 0,2% frente al yen, hasta la zona de las 153 unidades, después de caer casi un 3% la semana anterior gracias al repunte de la moneda japonesa. 

Este vaivén refleja la tensión creciente entre una economía que no termina de arrancar y un banco central, el Banco de Japón (Bank of Japan), presionado para ir normalizando unos tipos de interés que han sido negativos o cercanos a cero durante más de una década. El dato de PIB, unido a una inflación que se mantiene por encima del objetivo, complica enormemente la hoja de ruta.

Si el Banco de Japón endurece demasiado deprisa, corre el riesgo de estrangular un crecimiento ya de por sí débil; si se queda corto, el castigo llegará por el lado del tipo de cambio y de la credibilidad ante los mercados.

La política monetaria japonesa se ha convertido así en uno de los principales focos de riesgo para los inversores globales: cualquier giro inesperado puede provocar movimientos bruscos no solo en el yen, sino también en los flujos hacia activos refugio y en la curva global de tipos.

Un contraste incómodo con otras economías avanzadas

El pobre 1,1% de crecimiento anual estimado para 2025 contrasta de forma evidente con el desempeño de otras economías desarrolladas, que, pese al endurecimiento monetario de los últimos años, se han mantenido en ritmos de expansión claramente superiores.

Mientras Estados Unidos o la zona euro han encadenado trimestres de crecimiento modesto pero sostenido, Japón continúa atrapado en su propio “experimento” de estímulos permanentes, deuda creciente y reformas estructurales a medio gas. La fotografía resulta aún más incómoda si se recuerda que Tokio ha desplegado, desde los años noventa, más de una quincena de grandes paquetes fiscales, sin lograr revertir de manera duradera la anemia del PIB. 

El diagnóstico es inequívoco:

  • La demografía actúa como lastre persistente.
  • La productividad crece poco y de forma desigual entre sectores.
  • Las reformas del mercado laboral y de servicios avanzan con extrema lentitud.

En ese contexto, cada decepción trimestral del PIB no es un simple tropiezo coyuntural, sino un recordatorio de que el modelo japonés se acerca a sus límites, con implicaciones profundas para una región que sigue mirando a Tokio como referencia tecnológica y financiera.

Más estímulos… y más deuda: el dilema de Takaichi

La frialdad del dato llega, además, en pleno arranque del mandato de Sanae Takaichi. La primera ministra ha prometido un agresivo paquete de reactivación, que incluye incrementos de gasto y la suspensión temporal del impuesto al consumo sobre alimentos, una medida que podría suponer hasta cinco billones de yenes anuales de menor recaudación

El problema es que Japón parte ya de un nivel de deuda sin parangón entre las economías avanzadas: las estimaciones sitúan la ratio en torno al 230% del PIB en 2025, con algunos análisis elevándola hacia el 250% si se incluye el conjunto de la administración general. 

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