El Dow Jones cierra en 49.501 puntos tras un leve avance, el rally de los transportes no garantiza más subidas en Wall Street

La subida del 23% del índice de transportes frente al 4% del industrial anima a los alcistas, pero un siglo de datos muestra que no es la “luz verde” que muchos venden mientras la inflación afloja y los tipos miran ya a los recortes

Wall Street EPA/JUSTIN LANE
Wall Street EPA/JUSTIN LANE

La narrativa suena perfecta: los valores de transporte despegan, confirman la fortaleza del ciclo y, según la vieja teoría de Dow, el mercado tiene vía libre para seguir subiendo.
Desde finales de octubre hasta el 12 de febrero, el Dow Jones Transportation Average se ha disparado en torno a un 23%, frente a apenas un 4% del Dow Jones Industrial. Un diferencial cercano a 20 puntos en pocos meses ha bastado para que muchos analistas hablen de “señal inequívoca de bull market”.
Sin embargo, el análisis frío de un siglo de datos dice otra cosa: el S&P 500 lo ha hecho mejor, de media, cuando el industrial supera al índice de transportes, no al revés. Y la diferencia, además, ni siquiera es estadísticamente significativa.
Mientras tanto, la macro manda: una inflación del 2,4% interanual en enero en Estados Unidos, por debajo del 2,5% esperado, ha reforzado las apuestas a al menos dos bajadas de tipos con los Fed funds aún entre el 3,50% y el 3,75%.
Entre tanto ruido de “señales técnicas”, la clave para el inversor español es separar mito de dato: el rally de los transportes es una buena noticia de amplitud de mercado, pero no un oráculo infalible sobre lo que viene.

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Un rally del 23% que enciende la imaginación alcista

El punto de partida es innegable: desde que el mercado dio la vuelta a finales de octubre, el índice de transportes ha volado. +23% frente a +4% del Dow industrial en apenas 72 sesiones es un movimiento potente, más aún en un entorno de tipos todavía altos y beneficios empresariales sin fuegos artificiales.

Los transportes —aerolíneas, ferrocarriles, paquetería, logística— son un termómetro clásico de la economía real. Si suben con fuerza, la interpretación intuitiva es simple: se esperan más mercancías moviéndose, más viajes, más consumo, y por tanto un ciclo expansivo más sólido.

De ahí al titular fácil hay un paso: “los transportes dan luz verde al mercado”. Los alcistas han abrazado esa lectura con entusiasmo, presentando el comportamiento del índice como confirmación de que la subida de la bolsa no es solo una burbuja de tecnológicas, sino un movimiento “sano” y basado en la economía física.

El problema es que, como tantas veces, la historia que encaja tan bien con el instinto no sobrevive al contraste con los datos.

Lo que dice un siglo de datos, no los tópicos de la City

El analista Mark Hulbert se ha tomado la molestia de hacer lo que casi nadie hace cuando una narrativa encaja tan bien: probarla con números. Para ello ha calculado, día a día y durante los últimos 100 años, la “alfa” de los transportes frente al Dow industrial en una ventana móvil de 72 sesiones, el mismo periodo que ha alimentado el rally reciente.

Su conclusión es todo menos cómoda para los alcistas: en los doce meses posteriores a esos periodos, el S&P 500 ha tendido a hacerlo mejor cuando el Dow industrial batía a los transportes, justo lo contrario de lo que sostiene el tópico.

¿Significa eso que ver a los transportes subir es una señal bajista? Tampoco. La diferencia entre las rentabilidades medias en uno u otro escenario no es estadísticamente significativa al estándar habitual del 95% de confianza. Traducido: el comportamiento relativo de ambos índices no ofrece información fiable sobre lo que hará la bolsa en el año siguiente.

Una buena noticia oculta: el mercado deja de depender de siete nombres

Que el rally de los transportes no sea una “señal mágica” no significa que sea irrelevante. La verdadera buena noticia detrás de los movimientos recientes es que la subida de Wall Street empieza a dejar de ser cosa de un puñado de megacaps tecnológicas.

En los últimos años, apenas media docena de gigantes de software, semiconductores y plataformas digitales han explicado buena parte de las ganancias del S&P 500. La consecuencia era incómoda: un mercado en máximos con amplitud muy pobre, vulnerable a cualquier tropiezo regulatorio o tecnológico de esas pocas compañías.

Ahora, el rebote de transportes se suma al despertar de sectores cíclicos como industriales, financieras, consumo discrecional o incluso algunos componentes de energía. El mensaje que envía el mercado es que más motores empiezan a tirar del índice, algo mucho más saludable que ver solo a la inteligencia artificial y al cloud en modo cohete.

Que el Dow transporte un 23% superior al industrial no garantice nada sobre el futuro no impide que refleje un fenómeno relevante: la rotación hacia valores ligados a la economía real, compatible con un escenario de crecimiento moderado y desinflación controlada.

Inflación al 2,4% y tipos en pausa: el factor que sí importa

Mientras se debate sobre señales técnicas, la macroeconomía ha dejado caer un dato que sí cambia el tablero: el IPC de enero en EE.UU. avanzó un 2,4% interanual, una décima por debajo del consenso del 2,5% y muy lejos de los niveles superiores al 6% que vimos hace apenas tres años.

Con ese registro, la inflación se acerca por fin más al objetivo del 2% de la Reserva Federal que a la temida zona del 3%, lo que ha reforzado las probabilidades de ver al menos dos recortes de tipos en 2026, según descuentan ya los futuros sobre fondos federales.

La reacción de los mercados de renta fija ha sido inmediata: la rentabilidad del Treasury a 10 años ha caído hasta el entorno del 4,05%, desde el 4,10% del día anterior, en línea con la idea de un banco central menos agresivo. El dólar apenas se ha movido —índice DXY en torno a 96,9 puntos—, mientras que el oro ha rebotado y el petróleo ha cerrado con ligeras subidas, con el Brent rondando los 67,8 dólares por barril y el WTI los 62,9.

Aquí sí hay una señal con fundamento: si la inflación sigue navegando entre el 2% y el 2,5% durante varios meses y el crecimiento no se desploma, el escenario base para los activos de riesgo seguirá siendo favorable, al margen de quién gane el duelo entre industriales y transportes.

Un cierre tibio en Wall Street y dudas sobre la tecnología

Pese al buen dato de precios, la sesión en Wall Street se saldó con avances mínimos. El Dow Jones sumó apenas un 0,10% hasta los 49.500 puntos, el S&P 500 se anotó un 0,05% en torno a los 6.836, mientras que el Nasdaq cedió un 0,22% hasta los 22.547.

La razón está en la otra cara del mercado: el sector tecnológico retrocedió alrededor de un 0,5%, lastrado por el temor a que la disrupción asociada a la inteligencia artificial siga generando ganadores muy claros… y perdedores igual de evidentes. La idea de que las viejas tecnológicas “comoditizadas” puedan ver erosionados sus márgenes por la ola de IA pesa en las valoraciones.

Fuera de la renta variable, el apetito por el riesgo se dejó notar en el mundo cripto: bitcoin rebotó cerca de un 5%, hasta superar los 69.000 dólares, en un movimiento típico de alivio tras un dato macro favorable. En renta variable global, el índice MSCI ACWI se dejó un 0,24%, y el Stoxx 600 europeo cerró con un descenso marginal del 0,13%, suficiente para salvar la semana con un exiguo +0,09%.

No es el cuadro de una euforia desatada, sino el de un mercado que asimila una buena noticia sin perder de vista los riesgos pendientes.

Del S&P a Tayikistán: el apetito por riesgo se reequilibra

Mientras los grandes índices se mueven a tirones, los inversores en deuda miran también a la periferia del sistema. S&P Global Ratings acaba de revisar al alza la perspectiva de Tayikistán, manteniendo su calificación en ‘B/B’ pero con outlook positivo gracias a “mayores colchones externos” y un endeudamiento público “bajo y principalmente concesional”.

Que un país pequeño y con vulnerabilidades estructurales —dependencia de remesas, exposición a Rusia, pobreza elevada— mejore su perspectiva de rating es una señal que pasa desapercibida en titulares, pero relevante en términos de apetito global por el riesgo. Cuando los grandes gestores empiezan a mirar otra vez a los escalones bajos del investment grade y al high yield soberano, es que el miedo sistémico se ha reducido.

Para el inversor, el mensaje es doble. Por un lado, la búsqueda de rentabilidad en mercados secundarios se reanima, lo que suele ser buen síntoma de normalización. Por otro, recuerda que el ciclo de tipos y la percepción de riesgo están íntimamente ligados: si la inflación se mantiene contenida y los bancos centrales suavizan el discurso, los capitales vuelven poco a poco a asomarse a nichos de riesgo que habían quedado prácticamente cerrados.

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