El FTSE 100 salva la apertura europea entre dudas macro
La sesión bursátil europea ha arrancado este viernes dividida en dos velocidades. Por un lado, el FTSE 100 sube un 0,30% en la apertura, apoyado en valores defensivos y en el tirón del sector financiero británico. Por otro, el resto de grandes índices continentales se mueven sin tendencia: DAX y Euro Stoxx 50, planos, y el CAC 40 con descensos del 0,34%. Todo ello, en una jornada marcada por cifras clave: inflación del 0,1% en Suiza, IPC del 2,9% en España y la publicación, a lo largo del día, del PIB y la balanza comercial de la UE del cuarto trimestre de 2025. Mientras tanto, NatWest Group presume de un aumento del 13,2% en sus ingresos, hasta 16.600 millones de dólares, y refuerza el relato de una banca británica todavía muy rentable en un entorno de tipos altos.
Un arranque partido en dos
La apertura de este viernes deja una imagen clara: Londres tira, el continente duda. El FTSE 100 suma un 0,30%, impulsado por compañías como Relx, que avanza en torno al 3,6% en los primeros compases. Frente a ello, el DAX alemán y el Euro Stoxx 50 cotizan prácticamente planos a las 9:03 horas, mientras el CAC 40 francés cede un 0,34% a las 9:05, arrastrado por ArcelorMittal, que pierde un 1,71%.
El diagnóstico es inequívoco: los inversores se refugian allí donde perciben mayor visibilidad de beneficios y marcos regulatorios más estables, y castigan los mercados donde se acumulan dudas sobre el crecimiento, la industria y la política fiscal. Londres, con un peso relevante de banca, energía y valores defensivos, actúa como escaparate de ese sesgo. Frankfurt y París, mucho más expuestos a la industria pesada y al comercio exterior, pagan el peaje de un ciclo global menos dinámico.
En paralelo, las divisas reflejan esa cautela: euro y libra cotizan prácticamente planos frente al dólar en el arranque, en 1,18584 y 1,36142 dólares, respectivamente. Hay movimiento en las pantallas, pero no una dirección clara. El mercado parece dispuesto a esperar a que hablen los datos de PIB y balanza comercial antes de tomar decisiones más agresivas.
Suiza: inflación en el filo de la deflación
El dato de inflación del 0,1% en Suiza en enero es, a primera vista, una buena noticia en un mundo que lleva años preocupado por el encarecimiento del coste de la vida. Sin embargo, es también una señal de que la economía helvética se mueve muy cerca del terreno desinflacionista. Encadenar varios meses con precios prácticamente congelados coloca al Banco Nacional Suizo (BNS) en una posición incómoda: el margen de maniobra para subir tipos se evapora, mientras el riesgo de caer en una dinámica de precios demasiado bajos reaparece.
En paralelo, el franco suizo sigue ejerciendo como moneda refugio, con una apreciación acumulada de doble dígito frente a las principales divisas en los últimos años. Esto presiona a las empresas exportadoras y puede restar competitividad a sectores clave, incluso en un entorno de estabilidad de precios. Lo más grave, desde la óptica de los mercados, es que cualquier shock externo –un frenazo del comercio global, una nueva tensión geopolítica– podría empujar al país hacia una inflación negativa, reeditando el fantasma de la deflación que Europa ya conoció en la década pasada.
Este hecho revela una paradoja: mientras buena parte de la eurozona aún digiere el episodio inflacionista de 2022-2023, Suiza empieza a preocuparse por el extremo contrario. Para los inversores, el mensaje es claro: el ciclo monetario ya no es homogéneo y la dispersión entre países se convierte en un factor de riesgo adicional.
España, con un IPC que aún aprieta
En el caso de España, el foco se sitúa en un IPC interanual del 2,9%, claramente por encima del objetivo del 2% que marca el Banco Central Europeo. Aunque el dato se ha moderado respecto a los picos anteriores, la inflación subyacente se mantiene en niveles incómodos, empujada por servicios y alimentos. Traducido a la economía real, significa que las familias siguen notando el encarecimiento de la cesta de la compra y de los servicios básicos, incluso con una energía más barata que hace un año.
Las negociaciones salariales han tratado de compensar esa pérdida de poder adquisitivo, con incrementos que se mueven en el entorno del 3%–4%, pero el resultado es mixto: una parte de los hogares recupera algo de renta real, mientras otra queda rezagada. La consecuencia es clara: el consumo privado no despega con fuerza, y las empresas perciben un entorno de demanda cautelosa, especialmente en bienes duraderos y consumo discrecional.
Para los mercados, España se mantiene como una economía que crece algo más que la media europea, pero con una inflación que sigue “pegajosa”. Ese diferencial de precios, si se prolonga, puede derivar en una pérdida de competitividad frente a socios con costes más contenidos. El contraste con la estabilidad suiza o con la desaceleración alemana introduce una nueva capa de complejidad en la lectura del riesgo país.
Un PIB europeo del 0,3%: crecimiento sin impulso
La publicación del PIB y la balanza comercial de la Unión Europea del cuarto trimestre de 2025 llega en un momento delicado. El consenso del mercado apunta a un crecimiento en el entorno del 0,3% trimestral, suficiente para esquivar la recesión técnica, pero insuficiente para hablar de una recuperación robusta. Es la crónica de una Europa que avanza, pero sin motor claro.
Por debajo del titular, la fotografía es desigual: Alemania aún arrastra la debilidad industrial, Francia se enfrenta a un consumo moderado y a unas finanzas públicas tensionadas, mientras España e Italia crecen algo más, pero con dudas sobre la calidad y sostenibilidad de ese crecimiento. Además, la balanza comercial acusa el frenazo del comercio global y la pérdida de cuota en sectores clave frente a competidores asiáticos y estadounidenses.
Lo más preocupante para el inversor es que este escenario de crecimiento bajo pero positivo limita los estímulos posibles. No hay recesión suficiente como para justificar grandes programas de estímulo, pero tampoco hay dinamismo suficiente como para compensar unos tipos de interés todavía elevados. El resultado es un entorno en el que las revisiones al alza de beneficios son escasas y los múltiplos de valoración tienen difícil expandirse sin un catalizador externo.
NatWest dispara beneficios y marca el tono bancario
Mientras el continente duda, la banca británica envía un mensaje muy distinto. NatWest Group ha anunciado un incremento del 13,2% en su ingreso total, hasta 16.600 millones de dólares en el último ejercicio, apoyado en el negocio minorista y en una mejora de márgenes gracias al entorno de tipos elevados. El beneficio neto crece a doble dígito y la entidad acompaña las cifras con una política generosa de dividendos y recompras de acciones.
Este comportamiento no es aislado, sino parte de una tendencia: las grandes entidades británicas han aprovechado el ciclo de tipos para reforzar su capital, sanear balances y elevar rentabilidades sobre recursos propios a niveles que, en muchos casos, superan el 12%–14%. En un contexto en el que los bancos europeos continentales aún lidian con márgenes más estrechos, mayor carga regulatoria y una presión política más intensa, el contraste resulta elocuente.
La consecuencia es doble. En el corto plazo, el sector financiero actúa como uno de los principales soportes del FTSE 100, explicando parte de su mejor comportamiento relativo. En el medio plazo, el mercado empezará a preguntarse si estos beneficios son sostenibles cuando lleguen las primeras bajadas de tipos y se normalice el coste del dinero. Si una parte relevante de estos resultados es cíclica y no estructural, el ajuste de expectativas podría ser abrupto.
El contraste entre Londres y el continente
El comportamiento dispar de los índices en la apertura no es un simple ruido de mercado, sino el reflejo de dos narrativas distintas. En Londres, el FTSE 100 se presenta como un índice con fuerte presencia de banca, energía, materias primas y compañías defensivas, sectores que se benefician de un entorno de inflación moderada y tipos todavía elevados. En la eurozona, en cambio, DAX, Euro Stoxx 50 y CAC 40 concentran más peso en industria, automóvil, bienes de capital y consumo cíclico, justo los segmentos más castigados por el frenazo del comercio global.
A ello se suma la diferencia en el marco institucional. La claridad regulatoria británica y la percepción de seguridad jurídica juegan a favor de Londres como plataforma de acceso a activos europeos, incluso tras el Brexit. En el continente, los inversores siguen atentos a los debates sobre reglas fiscales, armonización regulatoria y políticas industriales, que añaden una capa extra de incertidumbre a las valoraciones.
El resultado es que, en el tablero europeo, el riesgo ya no se mide solo por país, sino por tipo de índice. Un inversor puede estar “en Europa” de formas muy distintas según apueste por Londres, Fráncfort o París, y la sesión de hoy lo vuelve a dejar claro.
