Los futuros de la renta variable estadounidense corrigen a la espera del IPC de enero

Wall Street cede un 0,2% con la vista en la inflación

Los principales índices de futuros de Wall Street amanecen en rojo este viernes, con caídas en torno al 0,2% en el S&P 500, el Dow Jones y el Nasdaq, en un nuevo ejercicio de prudencia antes del dato clave de inflación en Estados Unidos. El mercado se juega que el IPC de enero confirme la senda de moderación —el consenso lo sitúa entre el 2,4% y el 2,5% interanual, frente al 2,7% anterior— y despeje el camino para futuros recortes de tipos. Al mismo tiempo, en la 62ª Conferencia de Seguridad de Múnich, los líderes europeos reivindican mayor autonomía económica y regulatoria frente a Washington y frente a los gigantes tecnológicos, una agenda que ya genera fricciones con el responsable jurídico de Google

FR TORO DE WALL STREET
FR TORO DE WALL STREET

Un arranque de sesión en negativo

Los futuros de los grandes índices estadounidenses encadenan una apertura débil después de varias jornadas marcadas por una elevada volatilidad. A las primeras horas de negociación electrónica, los contratos vinculados al S&P 500 retrocedían en torno a un 0,18%, los del Dow Jones Industrial Average un 0,19% y los del Nasdaq 100 alrededor de un 0,1%, en línea con la corrección descrita por las pantallas de los grandes brokers internacionales.

Futuros E-mini Dow Jones ($5)

No se trata, por ahora, de un desplome, sino de un ajuste técnico tras semanas en las que los índices han puesto a prueba máximos históricos impulsados por el tirón de la inteligencia artificial, el sector tecnológico y la expectativa de recortes de tipos a lo largo de 2026. Sin embargo, el movimiento tiene una lectura clara: nadie quiere estar sobreexpuesto al riesgo a pocas horas de un dato de inflación que puede reordenar las apuestas sobre la Reserva Federal.

Las ventas se concentran, de nuevo, en las grandes tecnológicas de crecimiento y en sectores más sensibles a los tipos de interés, mientras los valores defensivos —salud, consumo básico, utilities— aguantan mejor el envite. Lo más llamativo es que este patrón de rotación se repite cada vez con más frecuencia cuando llega un gran dato macro: primero se descuenta el escenario más benigno, después el mercado se protege. El diagnóstico es inequívoco: la confianza en un “aterrizaje suave” convive con un miedo latente a un rebote de precios.

El dato de IPC que puede cambiar el guion

La sesión de hoy está dominada por un único reloj: el de la publicación del Índice de Precios al Consumo (IPC) de enero en Estados Unidos. Las previsiones apuntan a una subida mensual del entorno del 0,3% y a una tasa interanual de entre el 2,4% y el 2,5%, ligeramente por debajo del 2,7% registrado en diciembre, lo que situaría la inflación en su nivel más bajo en torno a cinco años.

El matiz clave estará en la inflación subyacente, que excluye energía y alimentos. Si el núcleo también cede hasta el 2,5% aproximado, la lectura será que la desinflación vuelve a ganar tracción tras el bache de 2024 y los repuntes ligados a las tensiones comerciales y a las nuevas rondas de aranceles. En ese escenario, el mercado reforzaría la idea de varios recortes de tipos, posiblemente a partir del verano, con un recorte acumulado de entre 75 y 100 puntos básicos hasta finales de 2026.

El riesgo, sin embargo, es el contrario: que el dato sorprenda al alza, especialmente en componentes tan sensibles como alquileres, servicios o sanidad. Una lectura de IPC por encima del 2,7% o un núcleo estancado podría obligar a la Reserva Federal a prolongar durante más tiempo su mensaje de prudencia, enfriando las expectativas de recortes rápidos de tipos. Como reconocen en privado varios gestores, “hoy el peor escenario no es una recesión, sino una inflación pegajosa que obligue a seguir con tipos altos justo cuando el ciclo bursátil parece maduro”.

La Fed, atrapada entre la inflación y el crecimiento

La reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) del 28 de enero mantuvo el tipo oficial entre el 3,5% y el 3,75%, tras varios recortes graduales desde los máximos del 5,5% alcanzados en 2023. El banco central se encuentra ahora en un punto delicado: por un lado, la inflación parece encarrilada hacia el objetivo del 2%; por otro, la presión política para abaratar aún más la financiación es cada vez más intensa.

La división interna es evidente. Gobernadores como Stephen Miran han defendido que la política monetaria “es más restrictiva de lo que parece” y piden acelerar los recortes para evitar un frenazo del empleo y de la inversión empresarial. Otros miembros, sin embargo, insisten en que la prioridad sigue siendo anclar las expectativas de inflación, especialmente tras el repunte que provocaron los paquetes fiscales y las nuevas rondas de aranceles del actual Gobierno estadounidense.

A este debate técnico se suma un factor institucional: la independencia de la Federal Reserve está bajo escrutinio como no se veía desde la crisis financiera. La insistencia de la Casa Blanca en presionar al banco central para acelerar los recortes y la nominación de perfiles más proclives a una política expansiva alimentan la percepción de que la curva de tipos puede estar reflejando, además de expectativas económicas, un riesgo político creciente. Si el IPC de enero refuerza la idea de que la inflación ya no es un problema, esa presión puede intensificarse… y trasladarse al resto de bancos centrales del mundo.

Europa habla de autonomía económica en Múnich

Mientras tanto, en Múnich arranca la 62ª Conferencia de Seguridad, convertida en foro central no solo para la defensa, sino también para la geoeconomía. Los líderes europeos llegan con un mensaje insistente: la Unión necesita autonomía estratégica en energía, defensa, materias primas críticas y, cada vez más, en tecnología y datos.

El contexto es claro. La guerra en Ucrania, las tensiones en Oriente Medio y la creciente incertidumbre sobre la política estadounidense han llevado a Europa a replantearse su dependencia de terceros en ámbitos clave. Pero la autonomía también tiene una dimensión económica: más política industrial propia, más control sobre la inversión extranjera en sectores sensibles y una regulación digital que reduzca el poder de las grandes plataformas.

Este discurso tiene implicaciones directas para los mercados. Si Europa avanza hacia un modelo más intervencionista, con ayudas selectivas, reglas de competencia más flexibles y mayores exigencias a las tecnológicas, se abre un escenario en el que los flujos de capital entre ambos lados del Atlántico podrían reequilibrarse. Para los inversores, Alemania, Francia o Italia dejan de ser solo mercados de exportación para convertirse en espacios de producción y de innovación que buscan protegerse frente a la volatilidad de Washington y Pekín.

Lo más grave, desde la óptica de los mercados, es que esta agenda llega en un momento de enfriamiento del crecimiento europeo, con un PIB de la eurozona creciendo apenas un 1,2% en 2026, según las últimas encuestas de analistas, y una inflación en torno al 1,8%, por debajo del objetivo del Banco Central Europeo.

El choque con Google y la pugna regulatoria

En este contexto, las palabras del máximo responsable legal de Google en contra de esa pretendida autonomía económica europea no han pasado desapercibidas en Múnich. Según fuentes presentes en los debates, el directivo habría reprochado a los líderes del Viejo Continente que confundan “seguridad económica” con proteccionismo y que utilicen la regulación digital como herramienta de política industrial encubierta.

La respuesta europea se apoya en números: los reguladores recuerdan que, en algunos segmentos de mercado, las grandes plataformas estadounidenses concentran más del 80% de cuota y que sus decisiones de algoritmo o de precios pueden tener un impacto directo sobre miles de pymes europeas. La aprobación de normas como la Ley de Mercados Digitales (DMA) y la Ley de Servicios Digitales (DSA) ya ha introducido obligaciones estrictas en materia de competencia, interoperabilidad y transparencia que el sector tecnológico lleva meses intentando suavizar.

Los inversores leen este pulso con preocupación. Una combinación de tipos todavía elevados, mayor escrutinio regulatorio y posibles multas multimillonarias —en ocasiones de hasta el 10% de la facturación global— obliga a replantear valoraciones en las grandes tecnológicas cotizadas en Estados Unidos. Este hecho revela una paradoja: Europa, que quiere atraer inversión y talento digital, endurece el marco para las plataformas que aún dominan el mercado, mientras Washington se reserva el derecho de responder con sus propias medidas comerciales o fiscales. El contraste con otros hubs como Asia, más pragmáticos en su relación con Big Tech, resulta demoledor.

Divisas tranquilas… por ahora

En el mercado de divisas, el euro se mantiene prácticamente plano frente al dólar, en niveles próximos a los 1,18-1,19 dólares por euro, después de varias sesiones de apreciación gradual de la moneda única. Los analistas describen un movimiento de consolidación: el par EUR/USD ha testeado en las últimas horas la zona de 1,1860–1,1880, con opciones concentradas en torno a 1,1850 y un rango de previsiones intradía entre 1,1810 y 1,1930.

En términos macroeconómicos, la fotografía es compleja. La Reserva Federal mantiene su tipo de referencia en el 3,5%-3,75%, mientras que el Banco Central Europeo consolida una pausa prolongada con la facilidad de depósito en el 2,0%, la más larga desde la era de tipos negativos. Esta diferencia de tipos, unida a la expectativa de que la Fed recorte algo más deprisa que el BCE en 2027, alimenta un escenario de ligera apreciación adicional del euro a medio plazo, con algunas casas de análisis proyectando el cruce hacia la zona de 1,20–1,22 a finales de año.

Sin embargo, este equilibrio es frágil. Un IPC estadounidense por encima de lo esperado podría fortalecer de nuevo al dólar, empujar las rentabilidades del Tesoro al alza y obligar al mercado a retrasar la fecha del primer recorte de tipos de la Fed. En ese caso, la “calma” actual del mercado de divisas sería solo un espejismo antes de un nuevo episodio de volatilidad.

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