Dow Jones recupera 200 puntos, pero el miedo del inversor minorista salta al 38% en Wall Street

El repunte del pesimismo en la encuesta de la AAII enfría el optimismo bursátil justo cuando los índices siguen marcando avances y el mercado descuenta recortes de tipos de la Fed
Dow Jones
Dow Jones

El ánimo de los pequeños inversores en Estados Unidos se ha girado de forma brusca justo cuando los grandes índices vuelven a encadenar subidas. La última encuesta de la American Association of Individual Investors (AAII) muestra que el porcentaje de bajistas ha saltado 9,1 puntos en una sola semana, hasta el 38,1%, su nivel más alto desde finales de noviembre de 2025. Al mismo tiempo, el diferencial entre alcistas y bajistas se ha desplomado hasta un casi simbólico 0,4%, después de semanas de fuerte predominio del optimismo. Todo ello ocurre en una sesión en la que el S&P 500 avanza un 0,66%, el Dow Jones suma un 0,49% y el Nasdaq Composite gana un 0,54%, mientras el oro sube alrededor de un 2% y el bitcoin rebota más de un 4,5%. La consecuencia es clara: el rally convive con un creciente nerviosismo minorista en plena cuenta atrás hacia los primeros recortes de tipos de la Reserva Federal.

Tradingview 2026-02-13 at 18.50.04
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Un rally bursátil que convive con más miedo

La fotografía de mercado del día resulta paradójica. Los principales índices estadounidenses cierran al alza, con el S&P 500 como mejor comportamiento entre los grandes referentes, mientras el Euro STOXX 600 cede alrededor de un 0,1% y muestra un tono más dubitativo en Europa. Por sectores, en Wall Street las utilities lideran las ganancias, en contraste con los servicios de comunicación, que se sitúan como el segmento más débil del S&P 500.

En paralelo, los activos refugio envían una señal distinta. El dólar y el crudo retroceden, mientras el oro repunta cerca de un 2% y el bitcoin se anota más de un 4,5%. El movimiento encaja con un escenario de inversores que no están abandonando la renta variable, pero sí buscan coberturas adicionales ante posibles sobresaltos macro o de política monetaria. La caída del rendimiento del Treasury a 10 años hasta la zona del 4,05% refuerza esa lectura: el mercado empieza a posicionarse para unos tipos algo más bajos, al tiempo que el pequeño inversor confiesa, en las encuestas, más dudas que en semanas anteriores.

En este entorno mixto —índices en positivo y repunte simultáneo de activos defensivos—, el salto del pesimismo en la AAII se convierte en una pieza clave para interpretar el estado real del apetito por riesgo.

El salto del pesimismo: de 29% a 38,1% en una semana

La última lectura de la encuesta semanal de la AAII es contundente. El porcentaje de encuestados que espera caídas de la bolsa en los próximos seis meses ha pasado del entorno del 29% a un 38,1%, lo que supone la mayor cuota de bajistas desde el 42,7% registrado el 26 de noviembre de 2025. Este nivel deja el pesimismo siete puntos por encima de su media histórica del 31% y marca la cuarta vez en once semanas en la que el dato se sitúa por encima de esa referencia de largo plazo.

El giro contrasta con la evolución de los alcistas. La proporción de inversores que anticipa subidas a seis meses baja solo 1,1 puntos, hasta el 38,5%, pero se mantiene levemente por encima de su media histórica del 37,5% y encadena once semanas consecutivas en zona de optimismo superior al promedio. Lo singular del momento es que el incremento de los bajistas no se produce tanto a costa de los alcistas como de los neutros: estos caen 8 puntos, hasta el 23,3%, muy por debajo de su media del 31,5% y en negativo por 82 de las últimas 84 semanas.

Este hecho revela un cambio cualitativo: los inversores minoristas dejan de situarse en tierra de nadie y se ven obligados a tomar partido entre el escenario de continuidad del rally y el de corrección, con un desplazamiento notable hacia el segundo.

This Week's Special Question

How many quarter-point (0.25%) interest rate cuts do you think the Federal Reserve will make this year?

Two or three
 
53.4%
One
 
27.6%
Not sureno opinion
 
8.6%
None
 
6.3%
Four or more
 
4.1%

Un bull-bear spread que se desinfla y rompe la complacencia

El llamado bull-bear spread —la diferencia entre el porcentaje de alcistas y de bajistas— se ha desplomado esta semana 10,3 puntos, hasta un exiguo 0,4%, desde el 10,7% de la semana anterior. Por primera vez en once semanas, el indicador se coloca por debajo de su media histórica del 6,5%, lo que supone una ruptura clara de la zona de complacencia en la que se había instalado el sentimiento minorista.

En términos prácticos, un spread casi plano significa que las fuerzas del optimismo y del pesimismo están casi equilibradas, pese a que los índices se mantienen cerca de máximos recientes. Históricamente, los episodios de euforia desatada se han asociado a spreads muy holgados a favor de los alcistas, mientras que los periodos de miedo extremo han coincidido con una clara mayoría de bajistas. El momento actual no encaja en ninguno de esos extremos, pero sí refleja un rápido enfriamiento del entusiasmo que dominaba a finales de 2025.

El diagnóstico es inequívoco: el mercado ya no se ve como un viaje cómodo hacia nuevos máximos, sino como un terreno en el que cada dato macro y cada palabra de la Fed pueden desencadenar giros bruscos en las expectativas. Para los gestores, ese cambio obliga a reconsiderar el equilibrio entre exposición direccional y coberturas tácticas.

El papel de la Fed: dos o tres recortes como consenso de base

La pregunta especial de la semana en la encuesta de la AAII se centraba en la Reserva Federal. Algo más de la mitad de los inversores —algo por encima del 50%— cree que el banco central recortará los tipos oficiales en dos o tres tramos de 25 puntos básicos este año. En torno a un tercio se inclina por uno o ningún recorte y una minoría apuesta por cuatro o más bajadas.

Este reparto apunta a un consenso de “normalización gradual”: el mercado minorista ya no descuenta una Fed hiperdovish que recorte a toda velocidad, pero tampoco compra el escenario de tipos altos durante años. El movimiento del Treasury a 10 años hacia el entorno del 4,05% encaja con ese relato de desinflación progresiva y ajustes limitados, pero deja poco margen para sorpresas: cualquier dato de inflación por encima de lo previsto o un lenguaje más duro en las próximas reuniones podría golpear tanto a la bolsa como a la renta fija.

La consecuencia es clara: cuanto más acotado parece el número de recortes “probables”, más estrecho es el margen de error percibido. Y esa sensación de poco colchón explica, en parte, por qué un mercado que avanza en precios convive con un minorista más proclive a ponerse el cinturón de seguridad.

Señales cruzadas: neutral hundido y polarización del sentimiento

La caída de la neutralidad al 23,3% es uno de los elementos más llamativos de la encuesta. No es un movimiento aislado: el porcentaje de inversores que declaraban una posición “ni alcista ni bajista” lleva 82 de las últimas 84 semanas por debajo de su media histórica del 31,5%. El dato confirma un patrón de fondo: el ciclo de la pospandemia ha generado sentimientos mucho más extremos que la década anterior.

En el corto plazo, un nivel bajo de neutralidad implica un mercado más polarizado, donde los inversores tienden a posicionarse con fuerza a un lado u otro del tablero. Eso puede traducirse en movimientos de precio más bruscos ante sorpresas de datos o cambios de narrativa, porque hay menos inversores “indiferentes” dispuestos a absorber ventas o compras sin alterar demasiado las cotizaciones.

Desde el punto de vista de la gestión de riesgos, esta polarización obliga a extremar la vigilancia sobre episodios de short squeeze, liquidaciones forzadas o rotaciones violentas entre sectores. El hecho de que las utilities, un segmento defensivo por definición, lideren las subidas del día mientras los servicios de comunicación se quedan rezagados sugiere que parte del mercado empieza a prepararse para un entorno de más volatilidad y menos fe ciega en el rally tecnológico.

Lecciones de otros ciclos de pesimismo creciente

La historia de la propia encuesta de la AAII muestra que el pesimismo minorista tiende a comportarse más como un indicador contrario que como una brújula infalible. En distintos episodios de los últimos quince años —desde los miedos a la ruptura del euro en 2011 hasta el desplome por la pandemia en 2020—, los picos de bajistas por encima del 50% se han asociado con rentabilidades positivas a 6-12 meses para los grandes índices estadounidenses.

El nivel actual, con un 38,1% de bajistas, todavía no entra en esa zona de pánico extremo, pero sí indica un enfriamiento notable respecto al optimismo casi unánime que llegó a rozar el 50% de alcistas a comienzos de año. Si la macro mantiene el tono de desaceleración suave y la inflación sigue moderándose, el repunte del miedo podría convertirse en un apoyo para el mercado: más inversores escépticos significan, a menudo, más pólvora potencial si las noticias acompañan.

Sin embargo, el contraste con otros ciclos también sirve de advertencia. A diferencia de 2016 o 2019, el entorno actual combina tipos reales aún positivos, un banco central que no descarta mantener el freno más tiempo y valoraciones elevadas en los grandes nombres tecnológicos. El margen para nuevos múltiplos de expansión es limitado, y eso hace que los repuntes de pesimismo, aunque ofrezcan oportunidades, vayan acompañados de riesgos significativos de correcciones intermedias.

Con los índices en zona de máximos, el oro y el bitcoin al alza, las utilities como refugio relativo y el minorista más pesimista, el tablero de corto plazo se dibuja entre dos fuerzas opuestas. Por un lado, la toma de beneficios lógica tras un fuerte tramo de subidas y un contexto de tipos todavía restrictivos. Por otro, el temor a quedarse fuera (FOMO) si se confirma un escenario de aterrizaje suave y la Fed ejecuta esos dos o tres recortes de tipos que la mayoría de encuestados espera.

Para los inversores particulares, el mensaje de la propia encuesta es paradójico: el miedo ha subido, pero no hasta niveles de pánico, mientras que el optimismo sigue ligeramente por encima de su media histórica. En otras palabras, el mercado no está ni barato ni claramente caro, ni dominado por el miedo ni por la euforia. En ese punto intermedio, la disciplina en la asignación de activos, la diversificación real y una gestión prudente del calendario de entradas y salidas pesan más que nunca.

Para los gestores profesionales, las próximas semanas serán un test crucial: si el aumento del pesimismo minorista se traduce en salidas netas de fondos de renta variable o, por el contrario, se queda en una mera declaración de intenciones. El comportamiento de los flujos de inversión dirá si este salto al 38,1% de bajistas fue un resfriado pasajero del ánimo inversor o el preludio de una fase más inestable en el tramo final del ciclo de tipos altos.

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