DP World, gigante logístico

CEO de Dubai renuncia después de que un correo revelado a Epstein agradeciéndole por un "video de tortura"

El ejecutivo que movía cerca del 10% del comercio mundial de contenedores cae tras revelarse correos con el financiero y la presión de grandes fondos y de la Earthshot Prize de Guillermo de Inglaterra
Sultan Ahmed Bin Sulayem
Sultan Ahmed Bin Sulayem

El derrumbe ha llegado por donde menos se esperaba: un email de 2009 en el que Jeffrey Epstein le escribía a Sultan Ahmed bin Sulayem: “Where are you? are you ok, I loved the torture video”. El destinatario, hasta esta semana, era un nombre tachado en los archivos del Departamento de Justicia de EE.UU. Hoy sabemos que era el presidente y consejero delegado de DP World, el conglomerado logístico que asegura manejar alrededor del 10% del comercio mundial de contenedores.

El empresario emiratí, de 71 años, ha presentado su dimisión “con efecto inmediato” como presidente y CEO de DP World, tras días de filtraciones sobre una relación de más de una década con Epstein y la decisión de grandes socios internacionales de congelar nuevos proyectos. La sustitución es fulminante: Essa Kazim, exgobernador del DIFC, asume la presidencia y Yuvraj Narayan, hasta ahora número dos, pasa a ser consejero delegado.

El escándalo ha traspasado los muelles de Dubái: cuestiona la gobernanza de uno de los campeones económicos del Golfo, salpica al premio medioambiental Earthshot impulsado por Prince William y vuelve a poner bajo el foco los vínculos de la élite global con Epstein, años después de su muerte en prisión.

Un gigante logístico sacudido por un escándalo importado

Sultan Ahmed bin Sulayem no era un ejecutivo más. Bajo su mando, DP World pasó de ser el gestor del puerto de Jebel Ali a un grupo con presencia en más de 70 países, responsable de una parte sustancial del comercio marítimo mundial y pieza clave de la transformación de Dubái en hub global de mercancías. La propia compañía presume de que su ecosistema —puertos, zonas francas y logística asociada— aporta más de un tercio del PIB del emirato y alrededor del 12% de toda la economía de Emiratos Árabes Unidos, según cifras recientes citadas por la prensa local.

El comunicado oficial del Gobierno de Dubái evita mencionar a bin Sulayem y tampoco alude a Epstein. Se limita a anunciar los nuevos nombramientos y a subrayar que “refuerzan la estrategia de crecimiento sostenible y el papel de Dubái como centro global de comercio y logística”. El mensaje es claro: se cambia al hombre, se blinda la marca.

Lo más llamativo es la velocidad del movimiento. Hasta hace una semana, DP World defendía internamente que las revelaciones de los “Epstein files” no implicaban ningún delito por parte del ejecutivo emiratí y que se trataba de “correspondencia privada” anterior a su condena por delitos sexuales. Sin embargo, la presión coordinada de inversores institucionales y el impacto reputacional en Europa han convertido la continuidad de bin Sulayem en un lujo que ni la compañía ni Dubái podían permitirse.

La frase del “torture video” que desencadenó la caída

El punto de inflexión ha sido un correo electrónico de 2009. En los documentos desclasificados, Epstein enviaba un mensaje a un destinatario entonces censurado en el que, tras preguntar “¿Dónde estás? ¿Estás bien?”, añadía: “I loved the torture video”. Durante semanas, el nombre estuvo oculto hasta que el congresista republicano Thomas Massie confirmó que el receptor era bin Sulayem, tras acceder a la versión sin tachar en una sala segura del Capitolio.

El contenido exacto de ese supuesto vídeo sigue sin conocerse, pero el simple hecho de que un magnate emiratí vinculado a un operador estratégico aparezca en un intercambio de ese tono con un delincuente sexual convicto ha detonado las alarmas. El correo no es un caso aislado. Los archivos muestran años de intercambios de enlaces eróticos, chistes sexuales y conversaciones sobre escorts, además de comentarios sobre “masajes íntimos” y sobre mujeres concretas que ambos habrían conocido.

En algunos mensajes, Epstein se refiere a bin Sulayem como “uno de mis amigos más cercanos y de mayor confianza, en todos los sentidos de la palabra” y asegura que “nunca me has fallado”. El ejecutivo, a su vez, le describe como “un amigo muy querido y socio de negocios”, le agradece estancias en su isla del Caribe y el uso de su avión, y presume de nuevos encuentros sexuales con frases tan explícitas como “the best sex I ever had, amazing body”.

Una relación de más de una década con Epstein

Lo más explosivo del caso no es solo el tono de los correos, sino su duración. Los archivos muestran contactos continuados entre bin Sulayem y Jeffrey Epstein desde al menos 2007 hasta 2019, es decir, después de la primera condena del financiero en 2008 por solicitar prostitución a una menor.

En ese periodo, bin Sulayem no solo mantuvo una relación personal con Epstein. Según informaciones del Miami Herald y documentos de registro inmobiliario, el emiratí llegó a figurar como propietario beneficiario en la compra de Great Saint James, una isla de 165 acres en las Islas Vírgenes de EE.UU. adquirida por 22,5 millones de dólares en 2016. Epstein, que ya poseía la vecina Little St. James, habría recurrido a sociedades vinculadas al nombre de bin Sulayem para esquivar los obstáculos que le suponía su historial penal.

Los emails también muestran al magnate emiratí agradeciendo a Epstein el tiempo pasado en “tu isla” y discutiendo planes para desarrollar un resort privado, ejemplo de cómo el financiero utilizaba sus contactos en la élite global para monetizar sus propiedades y obtener respetabilidad social.

Hasta la fecha, ninguna autoridad ha acusado formalmente a bin Sulayem de delitos relacionados con el caso Epstein. Sin embargo, la combinación de amistad declarada, apoyo en operaciones inmobiliarias sensibles y contenido sexual explícito supone, como mínimo, un riesgo de gobernanza difícil de defender para un grupo que gestiona infraestructuras críticas.

Los grandes fondos marcan la línea roja

El detonante económico de la crisis ha venido de Canadá y Reino Unido. La Caisse de dépôt et placement du Québec, segundo mayor fondo de pensiones canadiense, anunció que pausaba nuevos despliegues de capital junto a DP World —más de 5.000 millones de dólares coinvertidos en la última década— hasta que la empresa “arroje plena luz sobre la situación y tome las acciones necesarias”.

Poco después, British International Investment, la agencia de desarrollo británica que participa con DP World en cuatro puertos africanos, comunicó que también congelaba nuevos proyectos. “Estamos conmocionados por las alegaciones que emergen en los archivos Epstein sobre Sultan Ahmed bin Sulayem”, indicó, dejando claro que no retomaría inversiones “hasta que se adopten las acciones requeridas”.

El golpe era triple: financiero, reputacional y regulatorio. Ambos inversores insistieron en distinguir entre la compañía y la persona, pero exigieron al consejo que actuara. Tras la dimisión, BII ha dado ya la bienvenida al relevo en la cúpula y ha deslizado que está dispuesta a retomar la relación corporativa una vez despejado el “riesgo Sulayem”.

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