Las operaciones de Dow Jones se reanudan, Trump aprieta a Irán y sacude petróleo y lujo europeo
La Casa Blanca ha decidido jugar en todos los frentes a la vez. Mientras Donald Trump anuncia que participará “de forma indirecta” en las negociaciones nucleares con Irán en Ginebra, Estados Unidos refuerza discretamente su despliegue militar en la región para dejar claro que la vía diplomática no es la única sobre la mesa. El mercado del petróleo WTI se estabiliza en torno a los 63 dólares tras el susto de las últimas semanas, pero la calma es engañosa: las maniobras de Irán en el Estrecho de Ormuz y los movimientos de aviones y sistemas antimisiles estadounidenses recuerdan que cualquier error de cálculo puede disparar los precios. Al mismo tiempo, el lujo europeo, con LVMH y Kering a la cabeza, vive una volatilidad inédita, atrapado entre la desaceleración del consumo ‘premium’, el avance de la inteligencia artificial en Wall Street y un entorno de proteccionismo creciente. Alemania, por su parte, prepara restricciones al uso de redes sociales por menores y China exhibe músculo militar en el mar del Sur. Es el nuevo tablero de un 2026 que arranca con más tensión geopolítica que visibilidad económica.
Trump negocia a distancia pero eleva la presión militar
Trump ha vuelto a su guion preferido: mezclar negociación y amenaza en la misma frase. Desde el Air Force One, el presidente ha calificado a Irán de “mal negociador” y ha insistido en que Teherán acabará aceptando un acuerdo para evitar “las consecuencias” de no hacerlo. La novedad es que el mandatario reconoce que se implicará “indirectamente” en las conversaciones de Ginebra, previstas para este martes, un formato que le permite influir en la narrativa sin asumir el coste de un fracaso visible en primera línea.
Lo más llamativo no es solo el tono, sino la estrategia: Trump asume que el desgaste económico de Irán, sumado al miedo a una escalada militar, terminará empujando a los negociadores iraníes hacia un compromiso sobre el enriquecimiento de uranio. Washington quiere arrancar concesiones verificables sobre niveles máximos de enriquecimiento, límites a centrifugadoras avanzadas y acceso reforzado de los inspectores, mientras Irán exige alivio rápido de sanciones que estrangulan un comercio exterior reducido ya más de un 40% en la última década.
La Casa Blanca presenta el movimiento como un último intento “serio” de vía diplomática antes de adoptar medidas más duras. Pero el mensaje subyacente hacia aliados y mercados es otro: la política de máxima presión no se detiene, solo cambia de formato.
Ginebra, portaaviones y el cálculo de Teherán
En paralelo al anuncio político, el Pentágono ha reforzado su presencia en Oriente Medio con un esquema clásico de “disuasión creíble”. Estados Unidos ha desplegado aviones cisterna y cazas adicionales procedentes del Reino Unido, ha reforzado sistemas de defensa aérea y mantiene en la zona grupos navales con capacidad de proyectar fuerza en cuestión de horas.
Fuentes militares apuntan a que Washington trabaja con varios escenarios de escalada, que van desde el mantenimiento de la presión económica actual hasta operaciones conjuntas con Israel contra instalaciones nucleares o infraestructuras militares clave, si el diálogo en Ginebra se rompe de manera abrupta. Irán, por su parte, ha respondido con el anuncio de nuevas maniobras militares en el Estrecho de Ormuz, un recordatorio transparente de que controla el paso de cerca de un 20% del petróleo transportado por mar a nivel global.
El diagnóstico es inequívoco: ninguna de las partes quiere guerra abierta, pero ambas necesitan mostrar dureza hacia su opinión pública interna. Para Teherán, ceder demasiado rápido significaría reconocer que las sanciones han doblegado al régimen; para Trump, aparecer blando en un año clave reforzaría las críticas de sus halcones internos. El margen para los matices se estrecha.
El petróleo se enfría, pero el riesgo sigue en el Estrecho
Los mercados energéticos han reaccionado con una mezcla de alivio y cautela. Los futuros del crudo WTI han retrocedido hasta los 63,5 dólares por barril, tras el repunte previo que llegó a rozar los 68 dólares en plena escalada verbal entre Washington y Teherán. La corrección responde a dos factores: la expectativa de que Ginebra abra un canal de diálogo mínimo y las señales de que OPEP+ estudia aumentar la producción a partir de abril, lo que añadiría barriles a un mercado que ya muestra síntomas de exceso de oferta.
Sin embargo, el equilibrio es frágil. Las maniobras iraníes en el Estrecho de Ormuz y el refuerzo naval estadounidense elevan la probabilidad de incidentes puntuales —interceptaciones de buques, ciberataques a infraestructuras energéticas, sabotajes limitados— que podrían disparar el premio de riesgo geopolítico. Un cierre parcial del estrecho, incluso de pocas semanas, bastaría para empujar el WTI por encima de los 80 dólares, con impacto directo en la inflación global y en los márgenes de las empresas intensivas en energía.
La consecuencia es clara: los 63 dólares de hoy no son una zona de confort, sino una pausa tensa. Para Europa y para España, con una industria todavía muy dependiente de combustibles fósiles, el verdadero riesgo no es tanto el precio actual como la posibilidad de un nuevo shock de oferta justo cuando el ciclo económico empieza a enfriarse.
Alemania abre otra brecha con Washington por las redes sociales
Mientras Washington endurece el tono militar, Berlín apunta a otro frente de conflicto con Estados Unidos: el regulatorio. El gobierno de Friedrich Merz, con el apoyo de los socialdemócratas, prepara una ley para limitar el uso de redes sociales a menores de 16 años, en línea con el endurecimiento del escrutinio europeo sobre las grandes tecnológicas estadounidense.
La propuesta combina restricciones de edad, obligaciones de verificación más estrictas y límites a contenidos considerados adictivos o dañinos. Bruselas ya ha elevado el listón con la Ley de Servicios Digitales, pero Alemania va un paso más allá, introduciendo un elemento político evidente: un nuevo choque con una Casa Blanca que acusa a Europa de “demonizar” a sus empresas.
Para los mercados, el movimiento tiene doble lectura. Por un lado, aumenta la presión regulatoria sobre las plataformas, lo que puede lastrar su crecimiento en usuarios jóvenes y elevar los costes de cumplimiento. Por otro, refuerza la narrativa de desacople progresivo entre el modelo digital europeo y el estadounidense, con implicaciones a medio plazo para inversión, innovación y fiscalidad.
El lujo europeo, rehén de la IA y del nuevo proteccionismo
En el frente corporativo, el foco se desplaza al lujo europeo, uno de los sectores estrella de la última década que ahora se enfrenta a una tormenta perfecta. Grupos como LVMH y Kering encadenan jornadas de oscilaciones de más del 4% intradía, con picos de volatilidad implícita en opciones que superan el 30% anualizada, niveles más propios de tecnológicas que de empresas de bolsos y relojes.
Las causas se acumulan. Tras dos años de desaceleración en las ventas de moda y accesorios de alta gama, especialmente en China y Estados Unidos, los inversores cuestionan la capacidad del sector para mantener márgenes récord en un entorno de menor euforia consumista. La dependencia del gasto de los hogares más ricos —muy sensible a tipos de interés altos, revalorización del dólar y efecto riqueza bursátil— deja a estas compañías a merced de los sobresaltos de Wall Street.
Lo más novedoso es el papel de la inteligencia artificial en los mercados estadounidenses. Los grandes fondos cuantitativos y los algoritmos de negociación de alta frecuencia amplifican los movimientos, reaccionando de forma casi instantánea a titulares sobre China, aranceles o datos de turismo. Un informe pesimista sobre consumo de lujo en Asia puede desencadenar en minutos una cascada de ventas automatizadas en LVMH, Kering o Hermès, sin dar tiempo a los inversores tradicionales a reposicionarse.
En este contexto, cualquier señal de proteccionismo adicional —aranceles cruzados, restricciones a viajeros, controles a compras transfronterizas— actúa como acelerante. El lujo, que durante años fue refugio, se ha convertido en un activo cíclico disfrazado de defensivo.
China muestra músculo en el mar del Sur de China
Al otro lado del globo, China ha aprovechado el inicio del Año Nuevo Lunar para recordar que su agenda estratégica no se detiene. Bajo el Comando del Teatro Sur, el Ejército Popular de Liberación ha llevado a cabo una patrulla de “preparación combativa” en el disputado mar del Sur de China, con participación de unidades navales y aéreas.
Pekín presenta la operación como un ejercicio rutinario para proteger su soberanía e intereses marítimos, pero el mensaje es inequívoco: respuesta directa a las patrullas conjuntas de Filipinas con un “país externo”, en clara alusión a Estados Unidos. La región ya es uno de los puntos calientes del comercio mundial: cerca de un 30% del tráfico marítimo global y buena parte del flujo de hidrocarburos hacia Asia pasan por esas aguas.
Para las cadenas de suministro, el riesgo no es inmediato pero sí estructural. Cada maniobra, cada incidente entre barcos o aeronaves, alimenta la probabilidad de controles más estrictos, seguros marítimos más caros y desvíos de rutas. Y, de nuevo, el impacto final se mide en costes logísticos y en decisiones de inversión que afectan también a empresas europeas con fuerte exposición a Asia.
Los datos del día que miran los mercados
Sobre este telón de fondo geopolítico, la sesión viene cargada de referencias macro. Este martes, festivo en China por el Año Nuevo Lunar —lo que reduce el volumen en algunos mercados asiáticos—, trae:
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Desempleo en Reino Unido, clave para calibrar hasta qué punto el mercado laboral británico empieza a ceder y abre la puerta a recortes de tipos del Banco de Inglaterra en el segundo semestre.
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En Alemania, los datos de IPC, junto al índice ZEW de sentimiento económico, condiciones actuales y expectativas, servirán para medir si la primera economía europea ha tocado fondo tras varios trimestres coqueteando con la recesión. Un ZEW por debajo de los -10 puntos reforzaría el relato de estancamiento prolongado.
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En Estados Unidos, la encuesta de empleo privado de ADP ofrecerá una fotografía adelantada del mercado laboral, con el consenso apuntando a creación en torno a 150.000-170.000 puestos.
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En Canadá, el IPC y las ventas mayoristas ayudarán a afinar las expectativas sobre el Banco de Canadá, un banco central que suele anticipar algunas tendencias de la Reserva Federal.
Qué vigilan hoy los inversores españoles
Para el inversor español, la sesión se resume en tres vectores: petróleo, lujo y riesgo geopolítico. Un WTI estabilizado en la franja de 60-65 dólares alivia a las compañías intensivas en energía del IBEX, pero cualquier titular desde el Estrecho de Ormuz puede cambiar el guion en cuestión de horas. El castigo al lujo europeo afecta a grupos cotizados en París y Milán, pero también a proveedores textiles, de perfumería y distribución con presencia relevante en España.
En el plano político, la combinación de Trump redoblando presión sobre Irán, Alemania tensando la cuerda con Washington por las redes sociales y China mostrando músculo militar confirma un escenario en el que el riesgo geopolítico ha dejado de ser ruido de fondo para convertirse en variable central de valoración.
El mensaje para las carteras es claro: más diversificación, más gestión del riesgo y menos complacencia. 2026 no ha empezado con una crisis abierta, pero sí con suficientes frentes encendidos como para recordar que la volatilidad ha vuelto para quedarse.