El selectivo español apenas cede un 0,07% frente al castigo superior al 1% en las bolsas europeas

El IBEX resiste a Trump mientras Europa se hunde más del 1%

El IBEX resiste a Trump mientras Europa se hunde más del 1%

La bolsa española volvió a desafiar este lunes el guion más pesimista. Mientras el DAX alemán llegó a caer un 1,2% y el Stoxx 600 retrocedió en torno al 1%, el IBEX 35 limitó el daño a un simbólico 0,07%, hasta los 17.665 puntos, un comportamiento que lo desmarca con claridad del resto de Europa. El detonante fue el último giro en la crisis de Groenlandia: Donald Trump amenazó con aranceles del 10% a partir del 1 de febrero, que podrían escalar al 25% en junio si Estados Unidos no logra la “compra completa y total” del territorio. La combinación de aversión al riesgo, baja liquidez por el festivo de Martin Luther King en Wall Street y un nuevo frente de guerra comercial sacudió a los parqués europeos. 

Un parqué español aislado del castigo europeo

La sesión arrancó teñida de rojo en toda Europa y con el IBEX 35 cediendo alrededor de un 1%, en línea con el resto de índices. Sin embargo, a lo largo del día el selectivo español fue reduciendo pérdidas hasta cerrar prácticamente plano, en 17.665 puntos, frente al 1,2% que se dejó el DAX y al castigo similar en el CAC francés y otros grandes índices del continente.

La clave residió en la estructura sectorial del propio índice. La menor exposición relativa de muchas empresas del IBEX al comercio directo con los países europeos afectados por los aranceles –frente a la fuerte concentración exportadora alemana o nórdica– amortiguó el golpe inicial. A ello se sumó un comportamiento más defensivo de la banca doméstica y de valores ligados al mercado interno, que permitió estabilizar el selectivo conforme avanzaba la jornada.

Índice IBEX 35

La foto final es elocuente: mientras la renta variable europea acusaba un claro movimiento de huida del riesgo, el mercado español se limitó a recoger beneficios tras varias semanas de subidas. Este desacople no convierte al IBEX en una isla de inmunidad, pero sí refuerza la tesis de que, en el actual tablero geopolítico, España sufre menos que otros socios europeos cada nuevo giro de la política comercial de Washington. La cuestión es cuánto tiempo puede mantenerse ese diferencial si la crisis de Groenlandia se enquista.

La nueva ofensiva arancelaria de Trump

El origen de la tormenta está en el último mensaje de Donald Trump en su red social, en el que anunció un arancel del 10% sobre las importaciones procedentes de ocho países europeos y Reino Unido a partir del 1 de febrero, con un incremento automático hasta el 25% el 1 de junio si no se alcanza un acuerdo para la venta de Groenlandia.

La lista de países –Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia, Alemania, Francia, Países Bajos y Reino Unido– no es casual. Son precisamente los que han respaldado el despliegue de personal y capacidades militares en Groenlandia bajo el paraguas de la operación Arctic Endurance, impulsada por Copenhague para blindar el territorio ante las aspiraciones estadounidenses.

El lenguaje utilizado por Trump vuelve a ser inequívoco. El presidente condiciona la retirada de los aranceles a un “acuerdo para la compra completa y total de Groenlandia”, una fórmula que remite a su primera presidencia pero que ahora se produce en un contexto de tensión militar y energética en el Ártico. Lejos de tratarse de un mero exabrupto, el anuncio llega tras meses de escalada verbal y de un endurecimiento general de la política arancelaria de la Casa Blanca, que ya ha reconfigurado la relación comercial con China, Canadá y la propia Unión Europea.

Un golpe acotado… si se queda en el 10%

En términos estrictamente macroeconómicos, el diagnóstico de los grandes bancos de inversión es, de momento, contenido. Goldman Sachs calcula que un arancel del 10% sobre los países afectados restaría entre 0,1 y 0,2 puntos al PIB real de esas economías, con Alemania como principal damnificada por su fuerte peso exportador hacia Estados Unidos. El impacto directo sobre el conjunto de la eurozona sería manejable si las medidas no se amplían a otros socios ni se cronifican en el tiempo.

Sin embargo, la aritmética cambia de forma radical si se activa el segundo escalón del plan, con un 25% de gravamen a partir de junio. En ese escenario, el golpe sobre márgenes empresariales obligaría a revisar beneficios a la baja, encarecería las cadenas de suministro y elevaría el riesgo de represalias por parte de Bruselas. No es solo una cuestión de puntos de PIB: la mera posibilidad de un nuevo ciclo de guerra comercial transatlántica ya eleva las primas de riesgo, tensiona los mercados de divisas y alimenta la volatilidad en renta variable y renta fija.

Por eso, muchos analistas insisten en separar el ruido político del impacto económico real, pero advierten de que el segundo puede acelerarse si el primero se mantiene en niveles extremos durante demasiadas semanas.

El fantasma de la confianza y los mercados financieros

Más allá de los números, lo que inquieta a los gestores es el efecto corrosivo sobre la confianza. Cada nuevo episodio de amenazas arancelarias obliga a las empresas a replantear inversiones, revisar planes de producción y congelar decisiones de contratación. Ese freno silencioso no se ve en las bolsas en el corto plazo, pero termina reflejándose en indicadores como los PMI de manufacturas o en el clima de negocio de la zona euro.

En los mercados, la reacción fue inmediata: el índice de volatilidad de la eurozona repuntó hasta niveles no vistos desde noviembre, mientras se registraban entradas en activos refugio como la deuda alemana a diez años y el oro. Con Wall Street cerrado por el Día de Martin Luther King, el descenso de liquidez amplificó los movimientos y dejó una sesión marcada por los bandazos intradía.

La consecuencia es clara: cada tuit de Trump se traduce en una prima de riesgo política sobre los activos europeos. Un inversor que valora hoy un proyecto industrial en Alemania, Dinamarca o Francia debe incorporar ya la probabilidad de un escenario de aranceles permanentes con Estados Unidos. Esa incertidumbre encarece el coste de capital y relega a un segundo plano otras variables, desde el ciclo económico hasta la política monetaria del BCE.

El ‘TACO trade’: cuando Trump amenaza pero recula

Pese al ruido, una parte relevante del mercado duda de que esta ofensiva llegue a consumarse tal y como se ha anunciado. Entre los operadores se ha popularizado el acrónimo ‘TACO trade’ (“Trump Always Chickens Out”), que resume la estrategia de quienes apuestan por comprar en las caídas provocadas por sus amenazas con la expectativa de que finalmente se moderen o se retiren.

En la sesión de hoy, esa narrativa volvió a aflorar. “Será otro TACO”, resumía un gestor de renta variable europea, manteniendo su sesgo alcista para el año pese al sobresalto geopolítico. El argumento se apoya en los precedentes: en anteriores episodios de tensión comercial con la Unión Europea, la Casa Blanca ha utilizado anuncios de aranceles extremos como palanca de presión negociadora para luego reconducirlos hacia acuerdos parciales o exenciones sectoriales.

El contraste con otras regiones resulta demoledor. Mientras Asia ha ido recomponiendo sus relaciones comerciales con Estados Unidos tras los choques iniciales, la relación transatlántica encadena ya varios ciclos de amenazas, represalias y treguas parciales. El diagnóstico es inequívoco: Europa sigue siendo un objetivo recurrente de la agenda proteccionista de Washington, y eso obliga a los inversores a convivir con un nivel estructural de ruido político mucho más alto de lo habitual.

Bankinter aguanta el tipo mientras Puig sufre el castigo

Dentro del IBEX 35, la resistencia del índice ocultó comportamientos muy dispares. Puig encabezó las caídas con un descenso del 3,5%, en línea con la presión que sufrieron en Europa las compañías de consumo y bebidas alcohólicas, uno de los segmentos señalados por los inversores ante la amenaza de aranceles. También Grifols (-2,7%) e Indra (-2,1%) se situaron entre los peores valores, junto a Solaria, que se dejó cerca de un 2% en un contexto de corrección de las renovables.

En el lado positivo, Bankinter lideró las subidas con un avance del 0,88%, apoyado en las expectativas ante la inminente presentación de resultados y en la percepción de que el negocio bancario doméstico es menos sensible, al menos de forma directa, a una posible guerra arancelaria por Groenlandia. Mapfre sumó un 0,7%, mientras Repsol e Inditex lograron ligeros avances.

Lo más relevante para los gestores es la rotación sectorial que empieza a dibujarse. Valores con fuerte exposición a Estados Unidos o a los países europeos bajo el foco de la Casa Blanca sufren un castigo inmediato, mientras los negocios más centrados en el mercado interno o diversificados hacia Latinoamérica resisten mejor. En un índice como el IBEX, con una notable presencia de este segundo tipo de compañías, ese matiz puede marcar la diferencia frente a otros parqués del continente.

España ante una nueva guerra comercial transatlántica

El episodio de Groenlandia llega, además, después de un año 2025 marcado por la recrudescencia de la guerra comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea, con varios rondes de aranceles y contramedidas sobre bienes industriales, agrícolas y de consumo. En ese contexto, la economía española ha mostrado un perfil algo menos expuesto que la alemana o la francesa gracias a su mayor orientación hacia servicios, turismo y Latinoamérica.

Aun así, el riesgo no es menor. Sectores como el automóvil, algunos segmentos de alimentación y bebidas o determinadas ramas de la industria manufacturera sí podrían verse directamente afectados si la UE responde con represalias o si Estados Unidos decide ampliar la lista de países y productos sometidos a arancel. Para muchas medianas empresas exportadoras, un gravamen del 10% puede suponer la diferencia entre mantener márgenes o entrar en pérdidas en el mercado estadounidense.

Además, la incertidumbre llega en un momento en el que España aún está consolidando la ejecución de los fondos europeos y tratando de atraer inversión extranjera en sectores estratégicos como el PERTE del vehículo eléctrico o el hidrógeno renovable. Un entorno global más hostil al comercio añade ruido y puede desviar flujos de capital hacia geografías percibidas como más estables.