El EuroStoxx 50 lidera las caídas europeas tras el IPC
La renta variable europea ha dicho este lunes todo lo contrario de lo que sugerían los datos de inflación. Con un IPC de la Eurozona moderándose al 1,9% interanual en diciembre, desde el 2,1% de noviembre, los principales índices del Viejo Continente cerraron con caídas generalizadas y un tono claramente vendedor. El CAC 40 francés se dejó un 1,78%, el DAX alemán retrocedió un 1,22% y el EuroStoxx 50 cayó un 1,77%, borrando en pocas horas el avance acumulado en varias sesiones. Al mismo tiempo, el euro se apreció un 0,4% frente al dólar, hasta la zona de 1,164 dólares, en un movimiento que refleja más incertidumbre que confianza.
La sesión estuvo además marcada por la interrupción de la negociación de derivados de renta variable (EQD) en Euronext por “problemas técnicos”, un episodio que alimentó la sensación de fragilidad del mercado en un momento de enorme sensibilidad a cualquier sobresalto. Lo que, sobre el papel, era una buena noticia —inflación más cerca del objetivo del 2% del BCE— se transformó en una jornada de ventas masivas y rotación defensiva.
Un cierre en rojo pese al alivio de la inflación
Los movimientos de este lunes muestran un patrón que se repite en las últimas semanas: buenos datos de precios, malos datos de mercado. El EuroStoxx 50, referencia de la renta variable de la zona euro, terminó la jornada con una caída del 1,75% hasta los 5.924 puntos, arrastrado por la banca, el sector industrial y las grandes compañías de lujo. La sesión había arrancado en positivo, con subidas moderadas a la espera del dato definitivo de inflación, pero el cambio de tono fue abrupto a partir del mediodía.
Los inversores reaccionaron con ventas tanto en valores cíclicos como en los considerados de calidad, en un movimiento más propio de una recogida general de beneficios que de un ajuste sectorial clásico. “El mercado venía muy cargado de expectativas de recortes rápidos de tipos y cualquier dato que sugiera un escenario menos lineal provoca salidas aceleradas”, explican en una gestora internacional.
Lo más significativo es que el castigo fue homogéneo: Francia, Alemania, Italia y el conjunto de la Eurozona se movieron en un rango de descensos entre el 1,2% y casi el 2%, mientras que el FTSE 100 británico limitó las pérdidas al 0,4%, apoyado en su perfil más defensivo y en la fortaleza de las grandes compañías de energía y consumo básico.
Un IPC del 1,9% que complica el relato del mercado
El dato de IPC del 1,9% interanual en diciembre, por debajo del 2,1% registrado en noviembre, acerca la inflación general al objetivo del Banco Central Europeo. Sin embargo, el detalle de las cifras es menos cómodo para los inversores. La inflación subyacente —que excluye energía y alimentos frescos— se mantiene todavía por encima del 2,3%, y algunos componentes de servicios continúan tensionados.
Este matiz alimenta la sensación de que el BCE no podrá bajar tipos tan deprisa ni tanto como descuenta una parte del mercado. Hasta hace pocas semanas, las curvas de tipos implícitas apuntaban a recortes acumulados de hasta 125 puntos básicos en los próximos doce meses; tras las últimas lecturas de precios y los mensajes más cautos desde Fráncfort, las expectativas se han ido reduciendo hacia el entorno de 75-100 puntos básicos.
“Un IPC en el 1,9% no es un billete automático a un ciclo agresivo de bajadas de tipos, sino el inicio de un debate mucho más incómodo sobre cuánto crecimiento estamos dispuestos a sacrificar”, resume el estratega de renta variable de un banco de inversión europeo. La consecuencia es clara: cada dato de inflación que no encaja al milímetro con el guion optimista se traduce en volatilidad y en caídas bruscas de los índices.
París y Fráncfort lideran las caídas
El castigo más severo se concentró en París y Fráncfort, dos de los mercados que más habían recuperado terreno desde los mínimos del año pasado. El CAC 40, con un descenso del 1,78% hasta los 8.131 puntos, se vio golpeado especialmente por las compañías de lujo y consumo discrecional, muy expuestas tanto al ciclo europeo como a la desaceleración de China. Valores industriales y automovilísticos completaron la jornada en números rojos, reflejando dudas sobre la fortaleza de la demanda global.
En Alemania, el DAX cedió un 1,22% hasta rondar los 15.800 puntos, con el sector manufacturero y el tecnológico entre los más penalizados. El índice arrastra desde hace meses el lastre de unos PMI industriales por debajo de 50 —indicando contracción— y de revisiones a la baja de beneficios en algunos grandes grupos exportadores. El movimiento de hoy se interpreta en parte como una consolidación tras el fuerte rebote de finales de año, pero también como un recordatorio de que el crecimiento previsto para la Eurozona apenas supera el 0,7% en algunos escenarios para 2024.
El contraste con los índices estadounidenses, que han mostrado un mejor tono relativo en las últimas semanas, resulta cada vez más incómodo para los gestores europeos. Europa sigue siendo percibida como una apuesta de valor, pero con un riesgo macroeconómico superior.
El parón técnico de derivados en Euronext
Si el contexto macro ya era delicado, el mercado tuvo que digerir además un elemento de desconfianza adicional: la suspensión temporal de la negociación de derivados de renta variable (EQD) en Euronext por problemas técnicos durante la tarde. Aunque la avería se resolvió en un plazo aproximado de una hora, el episodio reavivó el debate sobre la resiliencia de las infraestructuras de mercado europeas en momentos de estrés.
En un entorno de elevada automatización y estrategias cuantitativas, cualquier interrupción súbita en la negociación de futuros y opciones tiene un impacto inmediato en la liquidez y en la formación de precios del mercado contado. “Cuando los derivados se paran, los libros de órdenes se vuelven mucho más frágiles y cualquier venta marginal provoca movimientos desproporcionados”, apunta un operador de un bróker con presencia en varios parqués europeos.
Este hecho revela una vulnerabilidad estructural: la dependencia creciente de un número limitado de plataformas y centros de negociación, que concentran cada vez más volumen y, por tanto, se convierten en puntos únicos de fallo potencial. Aunque los reguladores han minimizado el incidente, entre los intermediarios se consolida la impresión de que Europa necesita acelerar las inversiones en tecnología de mercado si quiere competir de tú a tú con Wall Street.
Divisas al alza y giro en las expectativas de tipos
Mientras las bolsas caían, el mercado de divisas envió un mensaje algo distinto. El euro avanzó alrededor de un 0,4% frente al dólar, hasta los 1,164 dólares, en una jornada en la que también la libra esterlina se apreció cerca de un 0,39%, hasta el entorno de 1,343 dólares. Este movimiento refleja la idea de que, pese a las dudas sobre el ritmo de crecimiento, la batalla de la inflación podría estar más cerca de ganarse en Europa que en Estados Unidos.
Para los inversores internacionales, una moneda más fuerte complica, sin embargo, la tesis de inversión en renta variable europea: reduce el atractivo relativo de las exportadoras y puede recortar márgenes en sectores muy sensibles al tipo de cambio, como el automovilístico o el lujo. Además, un euro más fuerte en plena fase de desinflación limita el margen para que el BCE relaje el discurso demasiado rápido, por el riesgo de alimentar nuevas subidas del tipo de cambio.
En el mercado de deuda, las tires de los bonos soberanos se movieron de forma mixta, con ligeros descensos en el tramo corto —anticipando recortes de tipos más adelante— y cierta estabilidad en los vencimientos largos, señal de que el mercado no descarta un escenario de crecimiento débil y tipos reales todavía positivos durante buena parte de 2024.
El contraste con Wall Street y con el Reino Unido
El comportamiento de Europa se entiende mejor cuando se compara con otros grandes bloques. En Estados Unidos, pese a episodios de volatilidad ligados a los datos de inflación y empleo, los principales índices han aguantado mejor el tirón gracias a la tracción de las grandes tecnológicas y a unas previsiones de crecimiento aún por encima del 2% para 2024 en algunos consensos. La narrativa allí sigue siendo la de un “aterrizaje suave”, mientras que en Europa el riesgo percibido es el de un estancamiento prolongado.
En el Reino Unido, el FTSE 100 se dejó un 0,39%, un ajuste menor que el de sus homólogos continentales. Su composición, más cargada de valores defensivos, materias primas y grandes multinacionales con ingresos diversificados, actuó como amortiguador. Además, el Banco de Inglaterra se encuentra en una fase de comunicación algo distinta, insistiendo en mantener los tipos altos durante más tiempo, lo que, paradójicamente, ofrece cierto ancla de credibilidad a la libra y a los activos denominados en esta divisa.
El contraste con otras regiones resulta demoledor: Europa, a pesar de presentar una inflación más controlada, no logra traducir ese dato en una historia de crecimiento y beneficios empresariales capaz de sostener las valoraciones. La consecuencia es una prima de riesgo implícita que sigue lastrando a la renta variable del continente.
Qué teme realmente el mercado europeo
Más allá de la cifra puntual del IPC, el diagnóstico es inequívoco: el mercado teme un escenario en el que la inflación se normaliza pero el crecimiento se queda atrás. La lectura del 1,9% se interpreta como una confirmación de la desinflación, sí, pero también como una señal de enfriamiento de la demanda interna en un contexto de inversión pública limitada y de dudas sobre la política fiscal de varios Estados miembros.
“El riesgo ya no es una inflación desbocada, sino una combinación de tipos aún restrictivos, consumo debilitado y empresas muy endeudadas que afrontan refinanciaciones a costes mucho más altos que hace tres años”, señalan desde una firma de análisis con foco en crédito corporativo. En este contexto, cualquier decepción en los resultados empresariales del primer trimestre puede desencadenar una revisión masiva a la baja de previsiones de beneficios para todo el año.
Lo que ha ocurrido hoy en los parqués europeos es, en parte, un ensayo de ese escenario: ventas coordinadas, sectores cíclicos en el punto de mira y un repunte de la aversión al riesgo que se traduce en flujos hacia activos considerados refugio, desde la deuda de máxima calidad hasta el propio dólar en determinados momentos de la sesión.
