Los inversores esperan las cifras de despidos, paro semanal y balanza comercial tras meses de señales contradictorias sobre la economía estadounidense

Futuros de Wall Street, planos antes de empleo y comercio

La aparente calma ha vuelto a las pantallas de Wall Street. Los futuros del Dow Jones y del S&P 500 amanecen prácticamente planos, mientras el Nasdaq 100 apenas avanza un 0,14% en el arranque de la sesión. Al mismo tiempo, el euro cede un 0,15% frente al dólar, hasta la zona de 1,1623, en un movimiento que refleja más cautela que entusiasmo. Todo ello, a pocas horas de tres referencias que pueden cambiar el tono del mercado: el informe de despidos de Challenger de febrero, las nuevas solicitudes semanales de paro y la balanza comercial de enero. Lo que hoy se publique dirá si Estados Unidos sigue en un “aterrizaje suave” o si se consolidan las grietas en empleo y comercio exterior.

Wall Street
Wall Street

El comportamiento de los futuros resume el estado de ánimo de los inversores: nadie quiere vender agresivamente, pero tampoco pagar un dólar más antes de ver los datos. El Dow Jones y el S&P 500 se mueven en una horquilla mínima, con variaciones inferiores al 0,1%, mientras el Nasdaq 100 se permite un avance simbólico del 0,14%, impulsado por el apetito selectivo por grandes tecnológicas.

Este tipo de sesiones “en punto muerto” se producen cuando el mercado siente que la información relevante aún no ha llegado, pero las valoraciones ya descuentan un escenario benigno. Tras meses de tipos de interés elevados, beneficios empresariales resistentes y un ciclo económico que se niega a entrar en recesión, cualquier dato que cuestione esa narrativa puede provocar movimientos bruscos intradía.

En las mesas de negociación, la consigna es clara: mantener exposición, pero con coberturas parciales y órdenes de venta preparadas si el dato de empleo o el déficit comercial sorprenden al alza. La tranquilidad de primeras horas puede ser engañosa. En más de una ocasión, futuros tan planos como los de hoy han precedido a sesiones con caídas superiores al 2% en los índices principales cuando la macroeconomía ha roto las expectativas del consenso.

Los datos que pueden cambiar la narrativa

El foco de esta jornada está repartido entre tres referencias que, juntas, dibujan una imagen casi completa de la salud de la economía estadounidense: despidos anunciados, paro semanal y balanza comercial.

En primer lugar, el informe de Challenger, Gray & Christmas sobre anuncios de despidos corporativos sirve como indicador adelantado del mercado laboral. No mide empleos destruidos de facto, sino planes de recorte de plantilla comunicados por las empresas. Cuando esos anuncios se aceleran durante varios meses, la experiencia histórica indica que el desempleo oficial tiende a repuntar con retraso.

En paralelo, las solicitudes semanales de subsidio de desempleo siguen siendo el termómetro más inmediato del mercado laboral. Aunque se mantienen en niveles bajos en términos históricos, distintos indicadores privados apuntan a que los parados tardan más en encontrar trabajo y que los procesos de selección se alargan, especialmente en servicios profesionales y tecnología.

Por último, la balanza comercial de bienes y servicios de enero aportará pistas sobre el impacto de la guerra arancelaria, el pulso de las exportaciones y el apetito de los consumidores por bienes importados. Para un mercado que ya ha visto cómo el sector exterior llegó a restar varios puntos al PIB en episodios recientes, el dato de hoy es algo más que una simple estadística mensual.

Challenger, el termómetro que se adelanta a la Fed

El informe de Challenger, Gray & Christmas se ha convertido en lectura obligada para los gestores macro. A diferencia de la encuesta oficial de empleo, este indicador recoge los planes de despido anunciados por las empresas, sector a sector, antes de que se materialicen. En los últimos ejercicios, los datos de Challenger han anticipado cambios de ciclo: cuando los despidos planeados se disparan durante varios meses, el paro oficial termina reflejándolo.

En uno de sus últimos informes anuales, la consultora documentó que los anuncios de recortes prácticamente se triplicaron en apenas un mes, acumulando en los diez primeros meses del año un volumen de despidos planificados significativamente superior al del ejercicio anterior. La señal fue clara: las empresas, especialmente en tecnología, finanzas y consumo discrecional, empezaban a ajustar músculo tras años de crecimiento acelerado.

Hoy el mercado buscará exactamente eso: si el número de despidos planeados para febrero confirma una tendencia al alza o si se trata de un bache puntual. Una cifra alta reforzaría la idea de un mercado laboral que se enfría por la vía de los ajustes de plantilla, incluso aunque la tasa de paro oficial aún se mantenga contenida.

Para la Reserva Federal, la lectura es delicada. Un aumento sostenido de despidos reduce la presión salarial y, por tanto, la inflación futura; pero también eleva el riesgo de que el consumo se resienta antes de que la inflación esté completamente controlada. De ahí que muchos gestores definan este informe como “uno de los pocos datos que pueden hacer cambiar el tono de la Fed en cuestión de semanas”.

La balanza comercial y la cicatriz de la guerra arancelaria

El otro gran dato del día, la balanza comercial de enero, llega en un momento en el que el sector exterior estadounidense sigue digiriendo años de tensiones arancelarias y reconfiguración de cadenas de suministro. En 2023, el déficit de bienes y servicios se situó en torno a 773.000 millones de dólares, lo que equivale aproximadamente al 2,8% del PIB, frente al 3,7% del año anterior. Una mejora, sí, pero desde niveles históricamente muy elevados.

La foto más reciente, a través de los datos mensuales, muestra un déficit en torno a los 56.800 millones de dólares, casi el doble que el mes previo pero sensiblemente por debajo de los casi 80.000 millones de hace un año. La conclusión es incómoda: el agujero externo se ha reducido, pero sigue siendo una de las grandes vulnerabilidades estructurales de la economía estadounidense.

El recuerdo más vivo es el del primer trimestre de 2025, cuando la combinación de una oleada de importaciones adelantadas ante nuevos aranceles y un déficit récord de 140.500 millones en marzo llegó a restar casi cinco puntos porcentuales al crecimiento trimestral, provocando la primera contracción del PIB en tres años. Para los inversores, ese episodio es una advertencia: un desajuste comercial masivo puede transformar un crecimiento sólido en estancamiento en cuestión de meses.

Si el dato de hoy apunta a un nuevo ensanchamiento del déficit, el mercado volverá a preguntarse hasta qué punto las políticas arancelarias están lastrando el crecimiento potencial y complicando el trabajo de la Fed.

Costco, JD.com y las pistas sobre el consumo

Más allá de la macro, la sesión trae dos nombres con capacidad para explicar el estado real del consumo global: Costco y JD.com. El gigante estadounidense de la distribución se ha convertido en un barómetro privilegiado de la clase media norteamericana. Su modelo de membresía –más de 140 millones de socios y más de 900 almacenes en el mundo– le permite medir con gran precisión la sensibilidad de los hogares a los precios, los salarios y el crédito.

Los analistas vigilarán varias métricas: crecimiento de ventas comparables, evolución de las cuotas de socios, margen bruto y peso de las marcas propias. Si Costco confirma que los clientes siguen llenando el carro pero bajan de gama en productos y marcas, la lectura será la de un consumidor que resiste, pero ajusta. Si, por el contrario, empiezan a verse caídas de tráfico o renovaciones de membresía más débiles, el mensaje sería más preocupante para el consumo interno y, por extensión, para los beneficios de buena parte del S&P 500.

En paralelo, los resultados de JD.com aportarán una ventana a la demanda en China y al estado de las cadenas globales de suministro. La evolución de sus márgenes logísticos, de las ventas en categorías de electrónica y hogar o de su negocio transfronterizo dará pistas sobre si la ralentización china es un bache gestionable o un lastre más persistente para el comercio mundial.

En conjunto, estos dos balances corporativos pueden confirmar o desmentir lo que cuenten las estadísticas de empleo y balanza comercial: si la economía real va por detrás o por delante de los datos oficiales.

El mensaje del euro frente al dólar

Mientras los futuros languidecen, el mercado de divisas lanza su propio mensaje. El euro cae alrededor de un 0,15% frente al dólar, hasta el entorno de 1,1623, en un movimiento moderado pero significativo. No es un desplome, pero sí una señal de que el dinero busca refugio en el billete verde antes de conocer la nueva tanda de datos estadounidenses.

Históricamente, en las horas previas a publicaciones sensibles –empleo, inflación, balanza comercial– el dólar tiende a fortalecerse si los inversores perciben que el riesgo de sorpresa está del lado de un dato “fuerte” que pueda prolongar los tipos altos. En la práctica, un dólar más firme endurece las condiciones financieras globales, encarece la financiación en mercados emergentes y presiona a aquellas empresas endeudadas en dólares con ingresos en otras divisas.

Para la zona euro, el cruce actual plantea una paradoja incómoda: la depreciación del euro ayuda a las exportaciones, pero encarece la energía y las materias primas denominadas en dólares, justo cuando la inflación energética sigue siendo uno de los puntos ciegos del BCE. En este contexto, la reacción del mercado de divisas puede ser un adelanto de lo que los bonos y las bolsas europeas terminarán descontando si el dato de empleo estadounidense vuelve a sorprender al alza.

En palabras de un gestor de divisas consultado por varios bancos de inversión, “el euro ya ha emitido su veredicto: el riesgo hoy está del lado de que la economía de EEUU aguante algo mejor de lo previsto”.

Comentarios