Reino Unido acelera la reforma: 15% de liquidez en fondos monetarios

El Gobierno británico y la FCA quieren blindar los money market funds para evitar otra huida al efectivo y reducir la dependencia de rescates del banco central.

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Foto de Jamie Street en Unsplash
Reino Unido Foto de Jamie Street en Unsplash

El Reino Unido mueve ficha para reforzar un producto que muchos tratan como “casi efectivo”. El plan pasa por exigir más liquidez a los money market funds (MMF) y por eliminar incentivos que, en plena tormenta, empujan a retirar el dinero antes que el vecino. La reforma llega tras años de trabajo con el Banco de Inglaterra y en sintonía con el debate internacional abierto por el FSB y Bruselas. El objetivo no es menor: que, cuando el mercado se rompa, los fondos aguanten sin vender activos a cualquier precio. Y que el contribuyente no vuelva a quedar como red de seguridad implícita.

Un producto “cash-like” con tamaño sistémico

Los MMF son fondos abiertos que ofrecen reembolsos diarios —a menudo con liquidación en el mismo día— pese a invertir en instrumentos con vencimientos superiores y, en ocasiones, con mercados secundarios estrechos. Esa combinación crea una desalineación de liquidez que, en estrés, se convierte en gasolina para las salidas.

El tamaño explica la urgencia. En Europa, la asociación sectorial IMMFA sitúa los activos bajo gestión en €1,253 billones a cierre de mayo de 2026, con Londres como uno de los epicentros del negocio institucional. No es un mercado de nicho: es la caja operativa de grandes corporaciones, tesorerías y entidades financieras. En días normales, esa liquidez lubricada reduce fricciones; en días malos, puede amplificar el pánico.

“La consecuencia es clara: un vehículo pensado para gestionar tesorería puede convertirse en transmisor de estrés.”

El trauma del ‘dash for cash’ que aún pesa

La arquitectura actual se diseñó para limitar riesgos, pero la prueba real llegó con el ‘dash for cash’ de marzo de 2020, cuando inversores buscaron liquidez inmediata para cubrir obligaciones y llamadas de margen. El regulador británico lo reconoce como el punto de inflexión: los fondos sufrieron reembolsos intensos y el sistema quedó expuesto a ventas forzadas.

Desde entonces, la respuesta ha sido incremental: primero, un documento conjunto de la FCA y el Banco de Inglaterra para recabar evidencias y propuestas (mayo de 2022); después, el aterrizaje técnico en la consulta formal publicada en diciembre de 2023. Este itinerario explica por qué la reforma que ahora anuncian Gobierno y supervisor no es improvisada: es el desenlace de una discusión regulatoria que lleva años madurando y que, en paralelo, ha ido evolucionando en EE. UU. y la UE.

Lo más grave es que el problema no era solo de liquidez “insuficiente”, sino de liquidez “inutilizable” en el momento crítico.

Menos “cliff effects”: el golpe al incentivo de correr el primero

El corazón de la reforma británica ataca un mecanismo perverso: los umbrales regulatorios que, en ciertos fondos de valor liquidativo estable, disparan la expectativa de comisiones, puertas o suspensiones. La consulta de la FCA describe el detonante con precisión: si los activos líquidos semanales (WLA) caen por debajo del 30% y los reembolsos netos diarios superan el 10%, el gestor debe considerar herramientas de gestión de liquidez; si el WLA baja del 10%, el marco fuerza comisiones y/o suspensión.

Ese esquema crea una “línea de no retorno” psicológica. Los inversores vigilan el termómetro de liquidez y, si se acerca al umbral, retiran antes de que se activen restricciones. Primero en salir, primero en cobrar. El regulador propone “desvincular” (delink) esos umbrales de la obligación de activar herramientas, precisamente para reducir la ventaja del primer movimiento y hacer la liquidez más utilizable.

Es una reforma de comportamiento, no solo de ratios: busca cambiar expectativas antes de que empiece la carrera hacia la puerta.

Más liquidez: del mínimo “teórico” al mínimo “creíble”

La segunda palanca es más clásica: elevar los colchones. En el marco actual, muchos fondos ya mantienen liquidez por encima de los mínimos, pero la reforma pretende subir el suelo para que el sistema no dependa de la prudencia voluntaria ni de la presión reputacional. En la consulta, la FCA trabaja con la idea de que un mínimo del 15% de activos líquidos diarios (DLA) cubriría los mayores reembolsos observados en estrés, elevando la resiliencia mínima del conjunto.

Aquí aparece el trade-off que nadie quiere subrayar: más liquidez suele implicar menor rentabilidad esperada en igualdad de condiciones, porque obliga a sostener más activos de vencimiento ultra-corto. Sin embargo, el regulador lo presenta como un seguro: pagar algo menos en días tranquilos para evitar pérdidas mayores —y efectos de contagio— en días de pánico.

La reforma, además, encaja en el objetivo explícito de reducir la necesidad de apoyos extraordinarios del banco central cuando el mercado se bloquea.

El talón de Aquiles de la libra: 90% del negocio está fuera

Hay un dato que retrata la complejidad británica tras el Brexit: alrededor del 90% de los activos en fondos monetarios denominados en libras está domiciliado en la UE, no en el Reino Unido. Ese contraste con otras jurisdicciones resulta demoledor: Londres quiere fortalecer su marco doméstico, pero gran parte del riesgo operativo y de conducta se decide bajo supervisión europea.

Por eso, el diseño británico no se limita a endurecer reglas internas. La consulta se coordina con un régimen para fondos “overseas” que puedan comercializarse en el Reino Unido bajo reconocimiento y condiciones definidas, y con la creación de un marco legislativo más “a medida” dentro del programa de Smarter Regulatory Framework.

En otras palabras: no se trata solo de ratios; es una disputa por soberanía regulatoria y por competitividad de plaza, con la estabilidad como coartada —y necesidad real—.

La carrera global: EE. UU. ya apretó, Europa aún recalibra

El Reino Unido no legisla en el vacío. El FSB lleva años empujando reformas y, en su revisión, constata avances desiguales y jurisdicciones aún “en proceso” de cerrar cambios —entre ellas, la UE y el propio Reino Unido. Al otro lado del Atlántico, la SEC reformó en 2023 el sector de fondos monetarios de $6 billones, elevando exigencias de liquidez e introduciendo comisiones dinámicas para desincentivar reembolsos masivos.

La Comisión Europea, por su parte, ha evaluado la regulación comunitaria y el debate sigue abierto sobre cómo equilibrar estabilidad y utilidad como alternativa a depósitos bancarios. Este hecho revela la paradoja: cuanto más “depósito-like” es un MMF, más atractivo es para la tesorería corporativa… y más peligroso se vuelve cuando el mercado se estresa.

Si Londres quiere que su reforma entre en vigor en el cuarto trimestre de 2026, tendrá que cerrar pronto el detalle técnico y, sobre todo, evitar que el endurecimiento expulse negocio hacia jurisdicciones con costes regulatorios distintos.

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