Amazon sacude Wall Street con un plan de 200.000 millones
El brutal desplome de más del 8% en preapertura de Amazon ha bastado para congelar el ánimo en Wall Street en pleno arranque de mes. La compañía ha anunciado que prevé disparar hasta 200.000 millones de dólares su gasto en inversiones en 2026, una cifra inédita incluso para los estándares de la fiebre de la inteligencia artificial. El movimiento ha dejado los futuros del Dow Jones y del Nasdaq 100 prácticamente planos y al S&P 500 con un avance meramente simbólico, cercano al 0,2%. Al mismo tiempo, el mercado se queda sin uno de sus faros habituales: el informe de empleo de enero, que debía publicarse este viernes, se retrasa al 11 de febrero. La combinación de apuesta descomunal por la IA y vacío de datos laborales abre un escenario mucho más incierto para los próximos meses.
Un desplome de dos dígitos que descoloca al mercado
La reacción inicial ha sido contundente. Pese a haber presentado ingresos récord y un comportamiento sólido de su negocio en la nube, Amazon llegó a caer entre un 9% y un 11% en las operaciones fuera de hora tras detallar su hoja de ruta de inversión. La compañía ya gastó en torno a 131.000 millones de dólares en capex en 2025 y ahora anticipa un salto de más del 50% frente a esa cifra, hasta los mencionados 200.000 millones.
El mensaje para los inversores es claro: los márgenes a corto plazo van a sufrir. El mercado venía descontando un ciclo de contención del gasto tras años de expansión acelerada. Sin embargo, la dirección ha optado por el camino opuesto: maximizar la inversión justo cuando el apetito por las tecnológicas de megacapitalización empieza a enfriarse. “El tamaño del cheque cuestiona la capacidad de la compañía para mantener su disciplina financiera en un entorno de tipos aún elevados”, resumía un gestor de renta variable estadounidense.
Lo más llamativo es que la corrección llega después de varios trimestres en los que el grupo había conseguido convencer al mercado de que podía ser, al mismo tiempo, líder en IA y en eficiencia de costes. La brusca reacción de hoy sugiere que ese equilibrio era mucho más frágil de lo que parecía.
El plan de 200.000 millones: apuesta por la IA y riesgo de burbuja
El nuevo plan de inversión de Amazon se concentra, según ha explicado la compañía, en tres grandes frentes: centros de datos, chips especializados para IA y logística de última milla. Cerca de dos tercios del esfuerzo se dirigirá a reforzar la infraestructura de su negocio en la nube, AWS, con la idea de capturar la demanda explosiva de modelos de inteligencia artificial generativa de grandes clientes corporativos.
El problema es de escala y de calendario. Un capex de 200.000 millones equivale a invertir cada trimestre una cantidad similar al PIB anual de un país como Grecia. Para que la apuesta sea sostenible, los retornos sobre el capital invertido deberán mantenerse por encima del 10%-12% en los próximos años, algo que no está garantizado si la competencia —Microsoft, Google, Meta y los nuevos actores de chips— responde con programas de gasto igual de ambiciosos.
Este hecho revela una inquietud de fondo: la carrera por la IA empieza a recordar a otros episodios de sobreinversión tecnológica, desde la burbuja de las “telecos” en los años 2000 hasta la fiebre de las renovables subvencionadas en Europa. En ambos casos, la capacidad instalada creció mucho más deprisa que los ingresos, lo que acabó destruyendo valor para los accionistas durante casi una década. La pregunta ahora es si Amazon está construyendo la autopista del futuro… o una infraestructura sobredimensionada que tardará demasiados años en llenarse.
Futuros planos y un Nasdaq exhausto tras semanas de correcciones
La reacción en los futuros estadounidense ha sido significativamente más contenida que el castigo individual a Amazon. A primera hora de la mañana europea, el Dow Jones y el Nasdaq 100 se mantenían prácticamente sin cambios, mientras que el S&P 500 apenas sumaba un 0,17%. La lectura es ambivalente: el mercado reconoce la importancia del valor dentro del índice tecnológico, pero, al mismo tiempo, muestra cierto cansancio tras semanas de correcciones en el sector.
En apenas quince días, el Nasdaq 100 ha llegado a ceder alrededor de un 8% desde máximos, castigado por el giro de humor en torno a las grandes tecnológicas y por una rotación hacia sectores más defensivos, como el financiero o el de consumo básico. La consecuencia es clara: cualquier decepción en resultados o en guidance se amplifica en un clima en el que las valoraciones ya no gozan del “beneficio de la duda” que sí tuvieron en 2023-2024.
Mientras tanto, el mercado de divisas ofrece una pista adicional. El euro avanza en torno a un 0,1% frente al dólar, hasta el entorno de 1,18, señal de que los inversores empiezan a descontar un dólar algo más débil si la Reserva Federal se ve obligada a adelantar recortes de tipos ante una economía que pierde tracción.
Un dato de empleo crucial que se hace esperar
El otro gran protagonista de la jornada no es una empresa, sino la estadística oficial. La Bureau of Labor Statistics (BLS) ha retrasado la publicación del informe de empleo de enero, el célebre dato de non-farm payrolls, hasta el 11 de febrero, debido al último cierre parcial del Gobierno federal.
Este retraso no es menor. El informe de empleo es, desde hace más de una década, el indicador más seguido por los bancos centrales, los mercados de deuda y la propia Casa Blanca. En él se cruzan la creación de puestos de trabajo, la tasa de paro y el crecimiento de los salarios, tres variables que determinan el pulso de la inflación subyacente. Sin esos datos, la lectura del ciclo económico estadounidense se vuelve mucho más borrosa.
La ausencia de la cifra oficial obliga a los inversores a mirar otros termómetros menos precisos, como los datos de empleo privado de ADP o las peticiones semanales de subsidio de paro. En las últimas semanas, estos indicadores apuntan a una creación de empleo mucho más moderada, con cifras que se mueven en la franja de 20.000-70.000 puestos mensuales, muy lejos de los crecimientos de más de 250.000 empleos que se veían en 2021-2022. El diagnóstico es inequívoco: la primera economía del mundo ya no corre, camina.
Lo que teme la Reserva Federal: mucha IA y menos crecimiento
Para la Reserva Federal, el cóctel que se ha servido esta semana es complicado: por un lado, grandes compañías tecnológicas anunciando planes de inversión masivos en activos de larga duración; por otro, un mercado laboral que muestra síntomas crecientes de agotamiento y cuyos datos se publican con retraso.
Si los banqueros centrales sobreestiman la fortaleza de la economía, corren el riesgo de mantener los tipos de interés demasiado altos durante demasiado tiempo, con el consiguiente daño para el empleo y la inversión. Si la subestiman y bajan tipos de manera agresiva para evitar una recesión, pueden alimentar una nueva burbuja en activos de alto crecimiento, como la propia IA.
Lo más grave, a ojos de algunos analistas, es que el auge del capex tecnológico no garantiza un aumento inmediato de la productividad. Cada ola de innovación tarda años en filtrarse a la economía real. Mientras tanto, los balances corporativos se cargan de deuda y el mercado asume que los beneficios futuros serán lo bastante elevados como para justificar valoraciones exigentes. “La historia demuestra que no todas las apuestas tecnológicas ganan, pero casi siempre se financian como si lo fueran”, advierte un economista de una gran gestora europea.
El contraste con otras ‘big tech’ y las lecciones del pasado
El movimiento de Amazon llega en un contexto en el que otras grandes tecnológicas han optado por una estrategia distinta. Microsoft y Alphabet han anunciado inversiones relevantes en IA y centros de datos, pero combinadas con programas agresivos de recompra de acciones y una disciplina estricta de costes operativos. De hecho, varias de estas compañías han reducido plantilla en torno a un 5%-8% en los últimos doce meses, enviando una señal de prudencia al mercado.
El contraste resulta demoledor. Mientras algunos actores parecen empeñados en demostrar que pueden crecer en IA sin sacrificar la rentabilidad, Amazon vuelve a abrazar un modelo de crecimiento a casi cualquier precio. No es la primera vez: ya en la década pasada, la empresa fue criticada por priorizar cuota de mercado sobre márgenes. La diferencia es que entonces los tipos de interés estaban cerca de cero; hoy, el coste de capital es sensiblemente más alto.
La historia ofrece ejemplos elocuentes. En la burbuja puntocom, muchas compañías de telecomunicaciones invirtieron cantidades ingentes en cableado y redes, convencidas de que la demanda lo absorbería “más pronto que tarde”. Tardó más de una década. Los inversores, mientras tanto, sufrieron pérdidas permanentes de capital. El paralelismo con la actual fiebre de centros de datos no pasa desapercibido.