El Ibex encadena su peor corrección desde noviembre por la IA
La Bolsa española amaneció este viernes confirmando lo que el mercado llevaba días oliendo: la corrección ya no es un mero bache técnico, sino una reacción en cadena a varios focos de tensión. El IBEX 35 cedía un 0,42% hasta los 17.654,4 puntos a primera hora y acumula ya un descenso semanal del 1,16%, su mayor tropiezo desde noviembre. La caída se produce en un contexto global de aversión al riesgo que ha barrido de un plumazo parte de las ganancias de metales, criptomonedas y renta variable. El detonante inmediato llega desde Wall Street, donde los inversores han recibido con pánico el anuncio de que Amazon planea invertir alrededor de 200.000 millones de dólares en 2026, muy por encima de las previsiones, lo que ha provocado desplomes de más del 10%-11% en su cotización y ha contagiado al conjunto del sector tecnológico
Un mercado en modo «aversión al riesgo»
La sesión de este viernes consolida el giro defensivo que ya se intuía en las últimas jornadas. El selectivo español abría en rojo y profundizaba la caída de la víspera —la mayor desde noviembre de 2025— con un comportamiento que encaja con el típico “modo aversión al riesgo”: venta de activos más volátiles, huida de los sectores ligados al ciclo y búsqueda de refugio relativo en defensivos y petróleo.
El Eurofirst 300 retrocedía en torno al 0,25%, mientras otros índices europeos replicaban el patrón de caídas moderadas pero generalizadas. En el Ibex, los pesos pesados no financieros mostraban ese tono mixto propio de una corrección aún ordenada: Telefónica retrocedía alrededor de un 0,4%, Inditex caía algo más de un 1%, Iberdrola cedía apenas un 0,03% y Cellnex se dejaba cerca de un 0,9%, frente a Repsol, que avanzaba alrededor de un 0,8% apoyada en la fortaleza del crudo.
La consecuencia es clara: el mercado no está vendiendo todo indiscriminadamente, pero sí está ajustando posiciones en los activos que mejor lo han hecho en los últimos meses y que incorporaban ya unas expectativas de beneficios casi perfectas. Los semiconductores, por ejemplo, acumulaban subidas cercanas al 13% solo en enero, un calentamiento difícilmente sostenible sin un respiro intermedio.
La nueva factura de la inteligencia artificial
Lo que está cambiando no es tanto la narrativa —la IA sigue siendo el gran vector de inversión global— como la percepción de sus costes. Hasta ahora, los inversores parecían dispuestos a tolerar casi cualquier cifra de capex siempre que el relato de crecimiento fuese suficientemente seductor. Esa tolerancia empieza a agotarse.
El anuncio de Amazon, que prevé unos 200.000 millones de dólares de inversión en 2026, muy por encima de los cerca de 146.000 millones que manejaban los analistas, ha actuado como catalizador de ese giro de ánimo. No se cuestiona tanto el potencial de la IA como el ritmo, la magnitud y, sobre todo, la visibilidad de retorno de semejante esfuerzo de gasto.
Lo más grave para el mercado es que este cambio de humor no afecta solo al comercio electrónico o al ‘cloud’ estadounidense. Los inversores empiezan a preguntarse si las herramientas de IA no acabarán cannibalizando modelos de negocio tradicionales de software, presionando márgenes y obligando a las compañías a invertir más solo para no quedarse atrás. Este hecho revela un temor de fondo: que la promesa de productividad futura no compense, al menos en el corto plazo, el aumento brutal de costes y deuda que exige esta carrera.
Para un índice como el Ibex, con menor peso tecnológico que el Nasdaq pero muy expuesto a sectores cíclicos, el riesgo no es tanto una burbuja local como el efecto arrastre de una corrección global en las valoraciones ligadas a la IA.
El desplome de Amazon que sacude a las bolsas
El castigo a Amazon ha sido el símbolo visible de este cambio de fase. Tras presentar resultados, la compañía vio caer su cotización más de un 10% en las horas posteriores, llegando a rozar pérdidas del 15% en algunos momentos de negociación, al tiempo que los inversores intentaban recalibrar el impacto de ese plan de inversión récord.
Ese movimiento no se queda en una anécdota corporativa. Ha arrastrado a otras grandes tecnológicas y ha llevado al Nasdaq a sus niveles más bajos desde noviembre, al tiempo que índices europeos y asiáticos replicaban la corrección por correlación y por contagio psicológico. El mensaje que leen muchos gestores es que la fase “eufórica” del trade de IA podría estar tocando techo.
En este contexto, la reacción en Europa es casi automática: ventas en tecnología, ajuste en compañías con múltiplos exigentes y recogida de beneficios en sectores que se habían beneficiado del apetito por el riesgo, como automoción o determinados industriales. La corrección del Ibex, por tanto, se inserta en una ola global de “riesgo fuera” que se alimenta a la vez de factores técnicos (sobrecompra) y fundamentales (coste del capital y dudas sobre beneficios).
Que esta sacudida llegue después de un año en el que muchos índices habían encadenado revalorizaciones de dos dígitos refuerza la idea de que el mercado necesitaba, sencillamente, un freno. Pero eso no significa que el ajuste vaya a ser indoloro.
Sabadell, epicentro del castigo bancario
En el parqué español, el nombre propio del día es Sabadell. El banco ha presentado un descenso del 27% en su beneficio del cuarto trimestre, lastrado por unos ingresos por préstamos más débiles en un entorno de tipos que ya ha dejado atrás su pico. La presión sobre el margen de intermediación —el corazón del negocio bancario— ha pesado más en la valoración que el resto de elementos positivos de la cuenta de resultados.
Al mismo tiempo, la entidad ha comunicado que cuenta con el visto bueno del Banco Central Europeo para lanzar una recompra de acciones de 800 millones de euros, integrada en un ambicioso plan de retorno al accionista que prevé distribuir 6.450 millones de euros entre 2025 y 2027. Sobre el papel, un paquete de este calibre sería un catalizador alcista. Hoy, sin embargo, el mercado ha optado por mirar el otro lado del balance: la capacidad de sostener los márgenes si los tipos empiezan a bajar de forma más rápida de lo previsto.
El combo “beneficio sólido + devolución de capital + sucesión sin sustos” es, de entrada, constructivo para la acción, apuntan analistas de mercado. Pero donde se abre el debate es en el futuro del margen: si el ciclo de tipos entra ya en fase de recortes, Sabadell tendrá que compensar la presión en el margen de intereses con más comisiones, eficiencia y volumen de crédito, justo en un momento en el que la demanda de préstamos no termina de despegar.
El fuerte retroceso bursátil refleja, en última instancia, esa duda: cuánto del rally de los últimos meses estaba ya descontando un escenario de tipos altos durante más tiempo del que ahora parece probable.
Márgenes bajo presión en toda la banca española
El caso Sabadell no es una excepción aislada. El comportamiento del resto del sector en el Ibex confirma que el viento de cola de los tipos altos empieza a perder fuerza. Banco Santander caía en torno al 0,8%, BBVA se dejaba aproximadamente un 0,2%, CaixaBank rondaba descensos del 0,7%, Bankinter casi un 1% y Unicaja Banco algo menos de medio punto.
El mensaje es coherente con el último Informe de Estabilidad Financiera del Banco de España, que subraya que, aunque la rentabilidad de las entidades ha mejorado significativamente en los últimos años, el crecimiento del margen de intereses se está moderando y el entorno de tipos se percibe como “menos favorable” para seguir impulsando los beneficios.
El diagnóstico es inequívoco: a medida que los depósitos se van remunerando más y que el mercado descuenta los primeros recortes de tipos para 2026, el gran motor de la rentabilidad bancaria pierde potencia. La consecuencia es clara: los bancos deben apoyarse cada vez más en comisiones, eficiencia operativa y negocio internacional para sostener su ROE.
El contraste con otras fases del ciclo resulta demoledor. Hace apenas un año, el debate giraba en torno a cuánto más podían ganar las entidades en un entorno de tipos al 4%. Hoy, la conversación se desplaza hacia cómo defender márgenes en un escenario de tipos a la baja sin deteriorar la calidad del crédito.
La señal de los despidos en EEUU que vigila la Fed
En paralelo al nerviosismo por la IA, el mercado ha recibido otra señal inquietante desde Estados Unidos: el fuerte repunte de los despidos corporativos. El informe mensual de Challenger, Gray & Christmas cifra en 108.435 los recortes de empleo anunciados en enero, el nivel más alto para un mes de enero en 17 años y un salto del 118% sobre el mismo mes de 2025.
Este dato llega, además, en una semana atípica: pese a tratarse del primer viernes de mes, la Reserva Federal no contará con su principal termómetro, el informe oficial de empleo, retrasado por el reciente cierre parcial de la Administración estadounidense. La Fed deberá, por tanto, interpretar un mosaico de indicadores incompleto justo cuando aumenta la presión política y de mercado para empezar a recortar tipos en su próxima reunión.
La consecuencia es doble. Por un lado, el repunte de despidos alimenta el temor a un enfriamiento más brusco de la economía norteamericana, lo que se traduce en ventas de activos de riesgo. Por otro, refuerza la expectativa de que los tipos bajarán antes y más deprisa, un escenario que, aunque favorece a la renta fija, complica aún más el panorama de márgenes para la banca europea.
Para el Ibex, muy dependiente de la evolución del ciclo global, cualquier señal de deterioro del empleo en EEUU se traduce casi de forma automática en primas de riesgo más altas y en un descuento sobre las valoraciones cíclicas.
