Irán y Estados Unidos reanudan en Omán las negociaciones nucleares indirectas
Irán y Estados Unidos han iniciado este viernes en Mascate (Omán) una nueva ronda de negociaciones nucleares indirectas, en un intento de reactivar un canal diplomático que llevaba meses prácticamente congelado. Las conversaciones, confirmadas por ambas partes, se centran en el programa nuclear iraní y la posible flexibilización de las sanciones internacionales, en un momento especialmente delicado marcado por la escalada regional, las amenazas militares y un endurecimiento del discurso político en Washington y Teherán.
Un diálogo indirecto y cuidadosamente calibrado
Las delegaciones están encabezadas por el ministro de Exteriores iraní, Seyed Abbas Araghchi, y por el enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, aunque, como en rondas anteriores, no mantienen contactos directos. Omán actúa una vez más como mediador clave, trasladando mensajes entre ambas partes y facilitando un entorno neutral que permita el intercambio de propuestas sin exposición pública inmediata.
y por el enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, aunque, como en rondas anteriores, no mantienen contactos directos
Este formato refleja el alto nivel de desconfianza entre Irán y Estados Unidos, que siguen sin relaciones diplomáticas plenas y prefieren evitar gestos que puedan interpretarse como concesiones políticas internas.
El programa nuclear, eje central de las conversaciones
Según medios estatales iraníes, el núcleo de las negociaciones gira en torno al alcance del programa nuclear de Teherán, incluyendo los niveles de enriquecimiento de uranio, los mecanismos de supervisión internacional y las garantías de uso exclusivamente civil de la energía nuclear.
Irán insiste en su derecho soberano a desarrollar tecnología nuclear con fines pacíficos, mientras Estados Unidos y sus aliados mantienen que los avances técnicos alcanzados por Teherán en los últimos años reducen drásticamente el tiempo necesario para obtener material fisible con fines militares, una línea roja para Washington.
El alivio de sanciones, la gran exigencia iraní
Para Teherán, cualquier acuerdo pasa inevitablemente por un alivio significativo de las sanciones económicas, que han golpeado duramente a la economía iraní. La inflación, la depreciación de la moneda y las dificultades para exportar petróleo siguen siendo problemas estructurales que el régimen busca aliviar mediante un acuerdo diplomático.
Un corresponsal de la radiotelevisión estatal iraní (IRIB) en Mascate señaló que las “demandas y expectativas de Irán fueron claramente trasladadas” durante una reunión preparatoria entre Araghchi y el ministro de Exteriores omaní, lo que sugiere que Teherán llega a la mesa con una hoja de ruta definida y poco margen para concesiones unilaterales.
Desde la perspectiva estadounidense, las conversaciones se producen mientras la Administración de Donald Trump mantiene una estrategia de máxima presión, basada en sanciones, amenazas militares y aislamiento diplomático. Washington busca frenar cualquier avance nuclear iraní sin aparecer como el actor que cede ante un régimen al que acusa de represión interna y desestabilización regional.
El reto para EEUU es combinar firmeza y pragmatismo, evitando que Irán acelere su programa nuclear como respuesta a la presión, pero sin ofrecer concesiones que puedan ser criticadas internamente como una señal de debilidad.
Omán, mediador silencioso pero clave
El papel de Omán vuelve a ser fundamental. El sultanato mantiene canales abiertos con ambas partes y una larga tradición de diplomacia discreta en conflictos regionales. Su neutralidad relativa y su estabilidad política lo convierten en un interlocutor fiable para facilitar contactos que serían inviables en otros escenarios.
Mascate ya fue escenario de contactos secretos en el pasado que desembocaron en el acuerdo nuclear de 2015, lo que añade un alto valor simbólico a esta nueva ronda de conversaciones.
política lo convierten en un interlocutor fiable para facilitar contactos que serían inviables en otros escenarios.
Las negociaciones se desarrollan en un momento de máxima tensión en Oriente Próximo, con enfrentamientos indirectos entre Israel e Irán, ataques a grupos aliados de Teherán y advertencias explícitas desde Washington. El riesgo de un choque militar directo sigue presente y añade urgencia al proceso diplomático.
Para muchos analistas, estas conversaciones son tanto un intento de alcanzar un acuerdo como una vía para ganar tiempo y evitar una escalada inmediata que tendría consecuencias imprevisibles para la región y los mercados energéticos.
La herencia del acuerdo nuclear de 2015
El recuerdo del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) sigue pesando sobre las negociaciones. Tras la retirada unilateral de EEUU en 2018, Irán fue reduciendo progresivamente sus compromisos, lo que ha llevado a la situación actual de máxima fricción.
La dificultad ahora es doble: no solo se trata de volver a los términos del acuerdo original, sino de adaptarlos a un escenario geopolítico mucho más deteriorado, con menor confianza y mayores exigencias por ambas partes
reduciendo progresivamente sus compromisos, lo que ha llevado a la situación actual de máxima fricción.
Ninguna de las partes ha generado expectativas de un acuerdo rápido. Diplomáticos cercanos al proceso advierten de que estas conversaciones deben interpretarse como un primer paso exploratorio, destinado a medir posiciones y evaluar hasta dónde está dispuesto a llegar el adversario.
El lenguaje empleado por ambas delegaciones es deliberadamente prudente, evitando compromisos públicos que puedan limitar el margen de maniobra en fases posteriores.
Impacto potencial en los mercados y la seguridad global
Un avance significativo en las negociaciones tendría un impacto inmediato en los mercados energéticos, al abrir la puerta a un aumento de las exportaciones de petróleo iraní. Por el contrario, un fracaso podría acelerar la confrontación y disparar la volatilidad del crudo.
Desde el punto de vista de la seguridad internacional, el desenlace de estas conversaciones es clave para evitar una proliferación nuclear en Oriente Próximo, un escenario que alteraría de forma profunda el equilibrio estratégico regional.
El Gobierno iraní también afronta presión interna, con una población golpeada por las sanciones y el deterioro del nivel de vida. Un acuerdo que alivie la situación económica podría reforzar al régimen, mientras que un nuevo fracaso diplomático podría intensificar el malestar social.
Este factor añade una dimensión doméstica a unas negociaciones que, oficialmente, se presentan como puramente estratégicas.
Las conversaciones en Omán podrían prolongarse durante varios días o dar paso a nuevas rondas técnicas en las próximas semanas. Todo dependerá de si se detecta un mínimo terreno común entre las posturas de Irán y Estados Unidos.
Por ahora, el simple hecho de que ambas partes se sienten —aunque sea indirectamente— ya es significativo. En un contexto de amenazas, sanciones y choques regionales, la diplomacia vuelve a abrir una rendija, pequeña pero crucial, para evitar un escenario de confrontación abierta.
