Los inversores optan por el rebote mientras Trump esquiva al Supremo

Las bolsas asiáticas repuntan pese al nuevo arancel global del 15%

EPA/JEON HEON-KYUN

La semana arranca en Asia con un mensaje ambiguo de los mercados: subidas en la renta variable, pero sobre un suelo jurídico y comercial cada vez más inestable. Tras el fallo del Tribunal Supremo de Estados Unidos que declaró ilegales buena parte de los aranceles dictados por la Casa Blanca el año pasado, Donald Trump ha recurrido a otros resquicios legales para elevar los gravámenes globales hasta el 15%, manteniendo en vilo a exportadores y bancos centrales. Aun así, el Kospi surcoreano avanzó un 0,74% a media sesión y el Hang Seng de Hong Kong llegó a dispararse un 2,34%, mientras el S&P/ASX 200 australiano cedía un 0,50% y los parqués de China continental y Japón permanecían cerrados por festivo. En el mercado de divisas, el dólar retrocedía un 0,61% frente al yen, hasta 154,13 unidades, señal de que una parte del dinero internacional sigue buscando refugio en la moneda japonesa.

Un rebote con muchos matices

Basta mirar el mapa de la sesión asiática para entender que no se trata de un rally homogéneo, sino de un rebote selectivo en los activos más castigados. Hong Kong —uno de los grandes perdedores de la primera ola de aranceles y de las salidas de capital de 2025— aprovecha cualquier ventana de calma para recuperar parte del terreno perdido. Un avance superior al 2% en un solo día, no obstante, dice más sobre la presión bajista acumulada que sobre una mejora estructural de sus perspectivas.

Nikkei Stock Average, Nikkei 225

En Corea del Sur, la subida del Kospi en torno al 0,7% refleja el peso de los grandes grupos tecnológicos y fabricantes de chips, que se benefician de la narrativa de reconfiguración de cadenas de suministro fuera de China. El mercado interpreta que, si Washington endurece los términos comerciales con Pekín, Seúl puede convertirse en uno de los refugios industriales preferidos de las multinacionales estadounidenses.

Índice Korea Composite Stock Price

Australia, por el contrario, se tiñe de rojo precisamente porque se encuentra en la trayectoria directa del nuevo arancel. Economías muy dependientes de materias primas y productos intermedios enviados a Estados Unidos —como el mineral de hierro, el gas o ciertos bienes agrícolas— ven cómo cada nuevo giro en la política comercial de Trump erosiona sus márgenes y su atractivo relativo frente a otros proveedores.

La consecuencia es clara: Asia no se mueve en bloque, sino en función de cuán expuesta está cada economía al nuevo diseño arancelario que se cocina en Washington.

El fallo del Supremo que lo cambia todo

El detonante de este nuevo episodio de nerviosismo ha sido el fallo del Tribunal Supremo de Estados Unidos, que ha declarado que el uso de la Ley de Poderes Económicos en Emergencias Internacionales (IEEPA, por sus siglas en inglés) para imponer aranceles masivos excedía las competencias del presidente. En una decisión de 6-3, los jueces han sentenciado que los aranceles constituyen, en esencia, un impuesto y, por tanto, son competencia del Congreso.

Este hecho revela una grieta fundamental en la arquitectura legal de la guerra comercial lanzada en los últimos años desde la Casa Blanca. Los tribunales inferiores ya habían declarado ilegales muchas de estas tasas; ahora, el Supremo cierra el círculo y abre la puerta a reclamaciones de devolución que podrían superar los 130.000 millones de dólares, según diversas estimaciones.

Para los mercados, el mensaje es doble. Por un lado, el fallo refuerza la idea de que la política comercial de Estados Unidos no puede construirse indefinidamente a golpe de decreto, sin respaldo parlamentario claro. Por otro, demuestra que el actual inquilino de la Casa Blanca está dispuesto a explorar todos los vericuetos legales disponibles para mantener su agenda proteccionista, incluso a costa de elevar la inseguridad jurídica para empresas y socios comerciales.

El nuevo arancel del 15% y el riesgo para Asia

Lejos de moderar su estrategia tras el varapalo judicial, Trump ha reaccionado anunciando un nuevo arancel global, ahora articulado bajo el paraguas del Trade Act de 1974, con un tipo que, según la propia administración, podría alcanzar el 15% sobre una amplia cesta de importaciones. Estas medidas, tramitadas inicialmente bajo la Sección 122, tienen carácter temporal —en torno a 150 días salvo aprobación del Congreso—, pero el mensaje político es inequívoco: la Casa Blanca no renuncia al ariete arancelario.

Para Asia, la amenaza es múltiple. Primero, porque un arancel de este calibre aplicado de forma casi indiscriminada golpea el corazón del modelo exportador de varias economías: desde los semiconductores surcoreanos a los productos electrónicos taiwaneses, pasando por los bienes de consumo chinos o los componentes industriales de Japón. Segundo, porque altera los márgenes de las empresas en un momento en que los costes financieros siguen siendo elevados y la demanda global muestra síntomas de fatiga.

Y tercero, porque introduce una incertidumbre adicional en las decisiones de inversión a largo plazo. ¿Tiene sentido levantar una nueva planta en Vietnam, Tailandia o Malasia si el régimen arancelario que afectará a sus exportaciones puede cambiar radicalmente en cuestión de meses? Esa es la pregunta que hoy recorre los despachos de muchas multinacionales.

Corea y Hong Kong, los ganadores provisionales

Aunque el impacto potencial de los aranceles sobre Corea del Sur y Hong Kong es innegable, ambos mercados se comportan hoy como ganadores provisionales. La subida del Kospi refleja, en parte, que varias de las grandes tecnológicas surcoreanas han sido vistas como beneficiarias de la reordenación de la cadena de suministro de chips de alta gama, a medida que Estados Unidos restringe aún más la exportación de tecnología sensible a China.

En Hong Kong, el rebote superior al 2% tiene un componente claro de cobertura de posiciones cortas tras semanas de ventas intensas. Bancos, inmobiliarias y compañías ligadas al consumo doméstico recuperan parte del terreno perdido, también apoyadas por la expectativa de medidas de apoyo adicionales desde Pekín a la economía de la China continental.

Sin embargo, lo más grave es que este optimismo de corto plazo convive con una tendencia de fondo mucho más preocupante: salidas netas de capital extranjero, presión regulatoria y un rol cada vez más subordinado respecto a los grandes centros financieros de la región. El contraste con Singapur, que ha atraído buena parte de los flujos que abandonaban Hong Kong en los últimos tres años, resulta demoledor.

En otras palabras, el rebote de hoy dice más sobre el apetito táctico de los inversores por activos baratos que sobre una rehabilitación plena del papel de estos centros como polos de inversión a largo plazo.

Australia, la excepción en rojo

Si hay un mercado que ilustra el lado oscuro del nuevo giro arancelario de Washington, ese es Australia. El retroceso del S&P/ASX 200 en torno al 0,5% refleja que los inversores descuentan ya un golpe directo a las exportaciones del país hacia Estados Unidos, en un momento en que la economía australiana acusa la subida de tipos y la desaceleración de China, su principal socio comercial.

Australia, fuertemente dependiente de la venta de materias primas, energía y productos agroalimentarios, podría sufrir una doble penalización: por un lado, los nuevos aranceles; por otro, un posible desvío de comercio si otros proveedores logran negociar condiciones más favorables con Washington o reconducir parte de sus exportaciones hacia Europa y otros mercados asiáticos.

El diagnóstico es inequívoco: un arancel global del 15% puede recortar varios puntos porcentuales los márgenes de exportación de sectores clave, desde la minería hasta la industria vinícola, poniendo presión adicional sobre el empleo en regiones muy dependientes de estos productos. Las autoridades de Canberra se preparan ya para una ronda intensa de diplomacia económica en Estados Unidos con el objetivo de limitar el alcance real de estas medidas.

Mientras tanto, los inversores locales parecen preferir la prudencia, reduciendo exposición a compañías más cíclicas y reforzando posiciones en utilities y valores defensivos.

China y Japón, ausentes… pero en el punto de mira

Que China y Japón permanezcan cerradas por festivo en una sesión tan cargada de implicaciones comerciales es, en cierto modo, una anomalía que limita la lectura del mercado. Sin embargo, ambas economías se sitúan en el epicentro del terremoto arancelario.

China sigue siendo el gran objetivo explícito de la estrategia de “desacople” industrial y tecnológico de Washington. Aunque una parte de los flujos comerciales se ha desplazado hacia otros países del sudeste asiático, Pekín conserva una cuota de más del 15% del comercio mundial de bienes, por lo que cualquier subida arancelaria de Estados Unidos acaba repercutiendo, directa o indirectamente, sobre su tejido exportador.

Japón, por su parte, combina un papel central en las cadenas de valor de alta tecnología con una demografía estancada y un elevado nivel de deuda pública. Un shock comercial adicional puede presionar aún más a un Banco de Japón que empieza a tantear la normalización monetaria tras años de tipos ultrabajos, en un contexto de depreciación acumulada del yen.

Cuando los parqués de Shanghái, Shenzhen y Tokio reabran, el mercado pondrá a prueba hasta qué punto estos riesgos están ya descontados en los precios o si, por el contrario, queda otra ronda de ajustes por delante.

El efecto divisa: un yen que vuelve a respirar

La caída del dólar en torno al 0,6% frente al yen, hasta la zona de los 154,13, es uno de los movimientos silenciosos pero relevantes de la mañana. Después de meses de debilidad, la moneda japonesa reaparece como refugio clásico en momentos de tensión comercial y financiera.

La lógica es conocida: cuando aumentan los riesgos globales y los inversores deshacen posiciones en activos de riesgo, una parte de esos flujos se dirige hacia el yen, forzando apreciaciones rápidas que, a su vez, complican la vida a los exportadores japoneses. En esta ocasión, la reacción todavía es moderada, pero marca un cambio respecto a las semanas anteriores, dominadas por el relato de un dólar fuerte respaldado por unos tipos de interés estadounidenses persistentemente altos.

Si la guerra de aranceles se recrudece y las bolsas entran en una fase de mayor volatilidad, no sería extraño ver movimientos adicionales de 3-5% en el cruce dólar/yen en cuestión de semanas, obligando al Banco de Japón a afinar aún más su comunicación y su estrategia de salida de la política ultraexpansiva.