El bloque vende deuda de EEUU, refuerza sus reservas en oro y materias primas

Los BRICS intensifican la presión contra el dólar con una venta masiva de bonos y un giro hacia el oro

Los BRICS intensifican la presión contra el dólar con una venta masiva de bonos y un giro hacia el oro

Los movimientos de los BRICS han dejado de ser ruido de fondo para convertirse en mensaje directo a Washington: venta acelerada de bonos del Tesoro de Estados Unidos, compras récord de oro y un giro calculado hacia materias primas y monedas alternativas. Las cifras acompañan el cambio de tono: los bancos centrales llevan 15 años consecutivos aumentando sus reservas de oro, con más de 1.000 toneladas añadidas solo en 2024. El bloque emergente controla ya en torno al 50% de la producción mundial de oro y acumula más de 6.000 toneladas en reservas, con Rusia y China a la cabeza. Y, sin embargo, el dólar sigue ocupando alrededor del 57% de las reservas mundiales de divisas, apenas unos puntos menos que hace una década.

Un bloque que vende deuda de EEUU a cámara lenta… pero sin pausa

La estrategia de los BRICS —con Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica como núcleo— parte de un punto muy concreto: reducir la dependencia de la deuda pública estadounidense sin provocar un shock inmediato en los mercados.

China lleva más de una década recortando su posición en bonos del Tesoro tras alcanzar máximos por encima del billón de dólares. Rusia, forzada por las sanciones, prácticamente ha desaparecido del listado de grandes tenedores oficiales de deuda de EEUU. El resto del bloque ha ido ajustando su exposición con menor volumen, pero en la misma dirección: menos balance en Treasuries, más peso de activos reales y reservas en otras divisas.

No se trata de una venta “de pánico”, sino de una desinversión paulatina, pero consistente, que encaja con una lectura política del riesgo: si el dólar y el sistema de pagos dominado por Estados Unidos pueden utilizarse como arma de sanción, la conclusión lógica para las potencias emergentes es reducir el punto de vulnerabilidad. La consecuencia es clara: el Tesoro estadounidense mantiene financiación abundante, pero con un grupo creciente de países que ya no quiere ser rehén de su política exterior.

Oro y materias primas como seguro frente a sanciones

En paralelo a esa salida ordenada de la deuda de EEUU, los BRICS han acelerado un movimiento mucho más visible: la acumulación de oro y activos ligados a materias primas. Según distintos recuentos, el bloque supera ya las 6.000 toneladas en reservas oficiales, con Rusia en torno a 2.300 toneladas, China cerca de 2.300 y la India en el entorno de las 900.

Este giro no es aislado: en 2024 los bancos centrales del mundo añadieron más de 1.000 toneladas netas de oro, el segundo registro anual más alto de la serie moderna, consolidando una tendencia de quince años. En ese impulso, el protagonismo asiático es innegable. El Banco Popular de China (PBoC) ha vuelto a ser comprador neto tras años de pausa, con compras acumuladas de más de 225 toneladas en 2023 y nuevas adquisiciones en 2024 y 2025, según datos recopilados por organismos internacionales.

La lógica es transparente: el oro no puede ser sancionado ni desconectado de un sistema de pagos. No depende de la voluntad de una contraparte ni de la política monetaria de la Reserva Federal. A su alrededor, otras materias primas estratégicas —desde el petróleo hasta los metales críticos— se utilizan como palanca para tejer redes de intercambio fuera del circuito dólar. Este hecho revela una estrategia coherente: blindarse frente a futuras sanciones, aunque ello implique renunciar a parte de la liquidez y profundidad que ofrecen los activos denominados en dólares.

El dominio del dólar resiste, pero empieza a erosionarse

Pese a la intensidad del relato sobre la “muerte del dólar”, los datos siguen dibujando otra realidad. De acuerdo con las estadísticas del Fondo Monetario Internacional (IMF), el billete verde concentra alrededor del 56-58% de las reservas mundiales de divisas, frente a algo más del 65% hace una década. La caída es real, pero gradual; no hay desplome, sino goteo.

Además, el dólar mantiene una posición dominante en cinco frentes clave: reservas, mercado de deuda internacional, pagos transfronterizos, financiación bancaria y negociación en el mercado de divisas. Esa es la conclusión del nuevo “Dollar Dominance Indicator” elaborado por BCA Research, que subraya que los efectos de red y la inercia institucional hacen que el sistema siga siendo abrumadoramente dolarizado, incluso cuando crece el uso de monedas alternativas en nichos concretos.

Lo más relevante es que incluso los analistas más críticos con la hegemonía estadounidense consideran improbable un relevo brusco. El diagnóstico es inequívoco: el dólar seguirá siendo “columna vertebral” del sistema financiero global durante años, pero su “prima de reserva” se irá reduciendo si continúa la diversificación hacia oro, yuanes y otras divisas. En otras palabras, menos monopolio y más equilibrio relativo, en un proceso de desgaste lento pero persistente.

El mensaje político detrás de la jugada BRICS

Más allá de las cifras, el movimiento de los BRICS tiene una carga política evidente. El bloque no solo quiere gestionar mejor sus riesgos financieros, sino reclamar más voz en la arquitectura monetaria global. El impulso a acuerdos comerciales en monedas locales, los sistemas de pagos alternativos a SWIFT y el discurso sobre una futura moneda común apuntan en esa dirección.

China juega aquí un papel central. El propio Xi Jinping ha instado a que el renminbi avance hacia el estatus de gran divisa de reserva, insistiendo en la necesidad de construir una “moneda poderosa” para el comercio y la inversión internacionales. El yuan gana peso en el comercio intraasiático y en transacciones con países sancionados por Occidente, como Rusia, aunque su cuota en reservas globales sigue por debajo del 2%.

En este contexto, la venta de bonos del Tesoro y la compra de oro funcionan como palanca negociadora: enviar la señal de que existe un coste asociado a mantener un orden en el que Estados Unidos conserva poder de veto financiero. La consecuencia es clara: aunque los BRICS no disponen aún de una alternativa plenamente creíble al dólar, sí pueden encarecer y hacer más incómodo el mantenimiento del statu quo.

Un giro que reordena el tablero del oro y de las materias primas

El impacto de esta estrategia ya se siente en los mercados de materias primas. El World Gold Council ha documentado una demanda récord de oro en los últimos ejercicios, impulsada por bancos centrales y fondos de inversión que buscan refugio ante la inflación persistente y la fragmentación geopolítica. El precio del metal ha encadenado subidas superiores al 30-40% en pocos años, tensionando un mercado relativamente pequeño frente al volumen total de activos financieros.

Los BRICS, que concentran cerca de la mitad de la producción mundial de oro y una proporción creciente de metales industriales, están en posición de redefinir las reglas de fijación de precios si profundizan en contratos denominados en monedas distintas al dólar o vinculados a cestas de materias primas.

Este movimiento tiene un efecto dominó potencial: si más países exportadores optan por cobrar en yuanes, rupias o en monedas regionales, el uso del dólar como divisa de facturación energética y de commodities podría ir reduciéndose en algunos corredores comerciales clave. De nuevo, el cambio sería gradual, pero el resultado acumulado —menos demanda estructural de dólares, más de activos reales— encajaría con el patrón de fondo que dibujan los BRICS.

Los riesgos de una transición desordenada

El gran temor de los bancos centrales occidentales no es tanto que el dólar deje de ser hegemónico de un día para otro —algo que nadie considera realista— como que la transición hacia un sistema más fragmentado se produzca de forma desordenada. Un escenario de ventas aceleradas de deuda estadounidense por parte de grandes acreedores, combinado con dudas sobre la solvencia fiscal de EEUU, podría disparar los tipos de interés y provocar volatilidad extrema en los mercados de bonos.

Al mismo tiempo, una huida masiva hacia el oro y otras materias primas como activo refugio tensionaría los precios, afectando a la inflación global y golpeando con especial dureza a países importadores netos de energía y alimentos. El contraste con otras épocas resulta demoledor: mientras en los años noventa la globalización financiera descansaba sobre la expansión del dólar y la convergencia regulatoria, el nuevo ciclo se caracteriza por la proliferación de bloques y la instrumentalización de las finanzas en la competencia geopolítica.

Para las economías emergentes más endeudadas en dólares, el riesgo es doble. Por un lado, sufren si la divisa se fortalece; por otro, quedarían atrapadas si un cambio abrupto de régimen eleva sus costes de financiación o limita el acceso a los mercados. La fragmentación monetaria, mal gestionada, puede ser tan peligrosa como el exceso de dependencia de una sola divisa.