La confianza ZEW repunta 7 puntos, pero Alemania sigue en rojo
El indicador de expectativas mejora en mayo hasta -10,2, mientras la situación actual cae a -77,8 y el shock energético del conflicto en Irán vuelve a marcar el paso del motor europeo. Achim Wambach, presidente del ZEW.
El termómetro de los mercados para Alemania ha rebotado, pero la fiebre continúa. En mayo, el índice ZEW de expectativas sube hasta -10,2 (desde -17,2), un avance de 7 puntos que, sin embargo, no saca al país del terreno negativo. Lo más inquietante llega por otro lado: el indicador de situación actual se hunde a -77,8, señal de que el presente sigue siendo mucho peor que el relato de “recuperación” que descuentan algunos inversores.
El diagnóstico del ZEW es prudente: hay esperanza si se enfría Oriente Medio y si el estímulo del Gobierno empieza a notarse, pero la industria flojea, la energía encarece y la inflación vuelve a incomodar.
Un rebote con fecha de caducidad
La mejora del ZEW no es un giro de ciclo: es, sobre todo, una tregua en la percepción del riesgo. La encuesta refleja que parte del mercado compra un escenario de desescalada en la guerra con Irán y un retorno gradual a precios energéticos más normales. Ese cambio de ánimo explica que el indicador avance, pese a que continúe por debajo de cero.
Ahora bien, el ZEW es un índice de expectativas a seis meses y, por definición, amplifica la narrativa dominante. En 2026 esa narrativa depende de titulares geopolíticos y de decisiones de política económica aún en fase de aterrizaje. El resultado es un optimismo “condicional”: el mercado se permite mirar al segundo semestre, pero sin borrar el daño acumulado en consumo, inversión y márgenes industriales.
La fotografía real: el presente es todavía peor
El contraste entre expectativas y realidad se ve en el desplome del indicador de situación actual, que cae a -77,8. Este dato revela que la economía alemana sigue atrapada en su problema estructural: una industria expuesta a costes energéticos volátiles y a una demanda externa menos fiable.
A ello se suma la presión inmediata sobre la cadena de costes. El encarecimiento de la energía no solo eleva la factura del gas o el crudo; se filtra a transporte, químicos y metalurgia, y acaba mordiendo la competitividad exportadora. No es casual que, en paralelo, el mercado vuelva a vigilar el precio de los combustibles: en abril, el precio del motor fuel llegó a marcar un aumento interanual del 26,2%, un síntoma claro de tensión en inputs básicos.
Eurozona: mejora brusca, pero desde el sótano
El rebote no es solo alemán. En la eurozona, el ZEW salta 11,3 puntos hasta -9,1, una subida llamativa que se entiende como corrección tras el desplome previo. Aun así, el mensaje es el mismo: el área monetaria sigue en negativo, es decir, con más analistas esperando deterioro que mejora.
Lo relevante es que la “situación actual” del euro cae menos: el indicador mejora 1,6 puntos hasta -41,4. Es un matiz importante: el mercado percibe que el shock puede ser transitorio, pero reconoce que el punto de partida es frágil. En la práctica, la eurozona vuelve a moverse a dos velocidades: las economías más industriales sufren más por energía y comercio, mientras las más orientadas a servicios aguantan algo mejor… siempre que la inflación no recorte renta disponible.
Inflación por encima del 2% y un BCE sin margen
La inflación vuelve a ser el ruido de fondo que condiciona todo. Con el conflicto elevando costes y expectativas, el Banco Central Europeo se ve empujado a endurecer el tono. En abril, la inflación ya alcanzó el 3% y el PIB de la eurozona avanzó solo un 0,1% en el primer trimestre, una combinación incómoda: precios al alza y crecimiento mínimo.
En ese contexto, el mercado se prepara para un posible movimiento de tipos en la reunión del 11 de junio. El dilema es clásico y cruel: si el BCE sube para proteger credibilidad, encarece financiación en un momento débil; si no actúa, arriesga desanclar expectativas y prolongar el shock. Para Alemania, el coste es doble: el crédito industrial se tensiona y el euro puede moverse con brusquedad, alterando márgenes de exportadores y la cuenta energética.
Estímulo prometido y el riesgo de ejecución
La otra pata del relato es fiscal. El repunte del ZEW también se apoya en la expectativa de que las medidas de estímulo —y un programa de inversión en defensa e infraestructuras superior a un billón de dólares— terminen sosteniendo actividad manufacturera y pedidos.
Sin embargo, el calendario manda. El estímulo tarda en licitarse, ejecutarse y traducirse en empleo o productividad. Y Alemania arrastra, además, un problema de confianza empresarial tras años de regulación cambiante, dependencia energética y transición industrial acelerada. El resultado es un riesgo claro: que el mercado haya comprado demasiado pronto la “recuperación del segundo semestre” y que, si el conflicto se enquista, el rebote del ZEW se quede en un espejismo estadístico.
Los datos que nadie quiere ver: confianza europea a la baja
Más allá del ZEW, el pulso general en Europa no invita al triunfalismo. El indicador de sentimiento económico de la Comisión Europea cayó con fuerza en abril hasta 93,0 en la eurozona, una señal de que empresas y consumidores perciben un entorno menos favorable.
Este contraste resulta demoledor: mientras el mercado financiero mejora su expectativa por una posible paz, la economía real sigue reflejando fatiga. La consecuencia es clara: si la energía no corrige y la inflación se mantiene por encima del objetivo, el margen para que Alemania “tire” del continente será limitado. Y, cuando Alemania no acelera, el resto de la cadena —proveedores industriales, transporte, inversión transfronteriza— se resiente. El riesgo no es un derrumbe súbito, sino una prolongación del estancamiento con episodios de volatilidad.