El crudo se dispara un 1,8% con Irán en el foco
El petróleo ha vuelto a recordar a los mercados que la geopolítica nunca descansa. En la sesión de este viernes, el West Texas Intermediate (WTI) avanzó un 1,84%, hasta los 66,40 dólares, mientras que el Brent subió un 1,81%, hasta 71,93 dólares por barril. El detonante: la confirmación de que la delegación iraní se verá de nuevo con el equipo negociador estadounidense la próxima semana, al tiempo que el presidente Donald Trump ha sido informado de posibles opciones militares contra Irán. El mensaje que recibe el mercado es inequívoco: negociación y amenaza de fuerza se activan en paralelo, y eso tiene precio.
El movimiento de este viernes no es un mero rebote técnico. El avance de casi un 2% en ambas referencias se produce tras varias sesiones de volatilidad contenida y reabre un debate que el mercado parecía haber aparcado: cuánto vale, en dólares por barril, el riesgo de que la tensión entre Washington e Irán se descontrole.
Operadores consultados señalan que en las últimas semanas el mercado había descontado una frágil estabilidad en Oriente Medio, con una prima geopolítica en torno a 3-4 dólares por barril. La combinación de negociaciones nucleares y filtraciones sobre posibles planes militares de la Casa Blanca empieza a cuestionar ese supuesto de tranquilidad relativa.
«Lo que el mercado está leyendo es que Estados Unidos está dispuesto a mantener todas las cartas sobre la mesa, también la militar, mientras negocia. Eso obliga a revalorizar el riesgo de interrupciones de suministro», apunta un gestor de materias primas europeo.
Si esa percepción se consolida, los analistas no descartan que el Brent pueda moverse en un rango de 75-80 dólares en los próximos meses, incluso sin un shock de producción evidente, solo por el componente político.
Trump entre la mesa de negociación y el expediente militar
El elemento que más inquieta a los inversores no es solo la agenda nuclear con Teherán, sino el modo en que se está gestionando desde Washington. La confirmación de que el presidente Trump ha sido breafed sobre posibles opciones militares se desliza justo después de que se conociera la frustración del enviado especial estadounidense, Steve Witkoff, y del yerno del presidente, Jared Kushner, con la última ronda negociadora.
Esa secuencia transmite la sensación de que la Casa Blanca quiere presionar públicamente a Irán elevando el coste de un eventual fracaso de las conversaciones. Sin embargo, el mensaje que recibe el mercado es otro: el margen de error se estrecha y aumenta la probabilidad de un choque, aunque sea limitado, en el Golfo Pérsico.
Históricamente, cada vez que Estados Unidos ha acercado el discurso militar al teatro de operaciones de Oriente Medio, el petróleo ha reaccionado. En episodios anteriores, bastó una escalada verbal para añadir entre un 5% y un 10% al precio del Brent en cuestión de semanas. La diferencia hoy es que el sistema energético global llega a esta nueva fase con menos inventarios de seguridad y una demanda que se mantiene firme, lo que reduce el colchón disponible.
Un mercado ya tensionado por oferta ajustada y demanda sólida
El repunte de este viernes se suma a una tendencia de fondo en la que el mercado del petróleo opera con una oferta muy ajustada y un consumo que, pese a la desaceleración industrial en algunos países, sigue creciendo en torno al 1%-1,5% anual. La ecuación es conocida: cuando los márgenes de seguridad son estrechos, cualquier noticia geopolítica se amplifica.
Los inventarios comerciales en las principales economías consumidoras se sitúan por debajo de la media de los últimos cinco años, lo que deja menos margen para absorber sobresaltos en la producción. A ello se suma que buena parte del incremento de demanda procede de Asia, con China e India acaparando más del 40% del crecimiento del consumo en el último ejercicio, lo que desplaza el centro de gravedad del mercado hacia países especialmente sensibles al precio.
Este contexto explica por qué un titular sobre Irán basta para mover el WTI por encima de los 66 dólares y el Brent cerca de los 72. «La estructura del mercado es mucho más frágil de lo que sugieren las cifras oficiales. Hay poca capacidad ociosa real y muchas dudas sobre la rapidez con la que podría movilizarse», advierte un analista de una gran casa de inversión.
El diagnóstico es claro: el petróleo entra en una fase en la que los sobresaltos serán la norma, no la excepción.
El papel de la OPEP+ ante la escalada en el Golfo
La cuestión clave ahora es cómo reaccionará la OPEP y sus aliados, el grupo OPEP+. Hasta ahora, el cártel ha defendido una estrategia de recortes coordinados para sostener los precios en una banda cómoda para las finanzas de los productores, pero sin estrangular demasiado la demanda. La irrupción de un nuevo episodio de tensión con Irán complica este equilibrio.
Si el riesgo percibido se traduce en un encarecimiento sostenido del crudo hacia la zona de 75-80 dólares, algunos miembros podrían valorar una moderada relajación de los recortes, especialmente aquellos con margen de producción adicional como Arabia Saudí o Emiratos. Sin embargo, la geopolítica interna del grupo, con Teherán como actor central, convierte cualquier movimiento en una negociación delicada.
El contraste con otras etapas es llamativo. En crisis anteriores, la OPEP llegó a inyectar al mercado entre 1 y 2 millones de barriles diarios adicionales para compensar interrupciones puntuales. Hoy, el margen de maniobra real es más estrecho y la coordinación política más compleja.
Este hecho revela que, si la tensión se agudiza, el cartel puede no ser capaz —o no estar dispuesto— a neutralizar completamente la subida de precios, lo que deja a los consumidores con un riesgo al alza difícil de gestionar.
Inflación, bancos centrales y deuda: el efecto dominó que preocupa
Más allá del mercado energético, la subida del petróleo reabre un frente incómodo para los bancos centrales. Con el Brent en torno a 70-72 dólares, cada salto de 10 dólares por barril puede añadir entre 0,3 y 0,5 puntos porcentuales a la inflación anual en economías avanzadas, según estimaciones habituales. En un momento en el que muchas autoridades monetarias intentan consolidar la moderación de precios, el crudo vuelve a convertirse en un factor de riesgo.
Para la deuda soberana, el mensaje tampoco es benigno. Una inflación más persistente obligaría a prolongar tipos de interés más altos durante más tiempo, encareciendo la financiación de Estados fuertemente endeudados. Países importadores netos de energía, como los europeos, verían cómo se estrecha el margen presupuestario si el petróleo se estabiliza en cotas significativamente superiores a las actuales.
«La línea que separa un repunte manejable de un shock inflacionario está más cerca de lo que parece. Un escenario con el Brent cómodamente por encima de 80 dólares durante varios trimestres tensionaría de nuevo las expectativas de tipos», resume un economista de una gran entidad.
La consecuencia es clara: lo que hoy parece un movimiento de mercado acotado puede convertirse en un problema macroeconómico de primer orden si la tensión en el Golfo no se reconduce.
Los escenarios que baraja el mercado: de calma incómoda a choque limitado
En los despachos de trading se han reactivado los ejercicios de escenario. El primero, todavía considerado central por muchos, es el de una calma tensa, en la que las negociaciones nucleares avanzan lentamente, se mantiene la retórica dura, pero se evita un choque directo. En ese contexto, el petróleo podría consolidarse en el rango de 70-75 dólares para el Brent, con episodios de volatilidad pero sin ruptura de niveles.
El segundo escenario, de riesgo medio, contempla incidentes limitados en el Golfo Pérsico: ataques a infraestructuras, sabotajes a petroleros o sanciones adicionales que restrinjan parte de la oferta iraní. Aquí, el impacto sobre el mercado sería más acusado, con movimientos puntuales de 10%-15% al alza en los precios y un aumento notable de la volatilidad.
El tercer escenario, de baja probabilidad pero alto impacto, es el de un choque militar directo que afecte al flujo de crudo a través del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente un quinto del petróleo mundial. En ese caso, los analistas hablan abiertamente de precios de tres dígitos.
El contraste entre estos escenarios resulta demoledor: la diferencia entre un petróleo en 75 o en 110 dólares no es un matiz técnico, sino un cambio de régimen económico global.
Lecciones de crisis anteriores: cuando la política marca el ciclo del crudo
Para interpretar el momento actual, los gestores miran hacia episodios pasados. La guerra de Irak, las sanciones a Irán en la década pasada o las primaveras árabes son referencias obligadas. En todos ellos, la geopolítica actuó como catalizador de movimientos abruptos en los precios, a menudo amplificados por posiciones especulativas y por la escasa capacidad de reacción a corto plazo de la oferta.
La experiencia demuestra que los mercados tienden, inicialmente, a infravalorar el riesgo de ruptura del statu quo. Solo cuando los acontecimientos se materializan o cuando el lenguaje político cruza ciertos umbrales se producen los verdaderos saltos de precio. El episodio actual encaja en esa categoría intermedia: todavía no hay un shock visible, pero los mensajes que llegan de Washington y Teherán son cada vez más agresivos.
«El mercado del petróleo tiene memoria: sabe que las crisis geopolíticas no se resuelven en un titular ni en una semana», recuerda un veterano analista.
La lección es doble. Para los inversores, conviene blindar carteras frente a un repunte prolongado del crudo. Para los responsables políticos, el margen para errores de cálculo se ha reducido de manera drástica.

