Alberto Iturralde: EEUU se desgasta y el gran beneficiado geopolítico es Israel

El analista cuestiona que un alto el fuego de 10 días sea real sin Hezbolá y sostiene que el supuesto “bloqueo” estadounidense es más propaganda que capacidad operativa.
Alberto Iturralde durante la entrevista en Negocios TV, analizando la situación geopolítica en Oriente Medio.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Alberto Iturralde: EEUU se desgasta y el gran beneficiado geopolítico es Israell analista cuestiona que un alto el fuego de 10 días sea real sin Hezbolá y sostiene que el supuesto “bloqueo” estadounidense es más propaganda que capacidad operativa.

Trump anuncia una pausa y los mercados respiran. Pero en Negocios TV, Alberto Iturralde pone el foco donde duele: quién firma y quién combate.
Sin Hezbolá, insiste, no hay alto el fuego en Líbano. Y sin poder acercarse a la costa iraní, Ormuz no se bloquea: se vende el relato.

Un alto el fuego sin el actor central

Iturralde desmonta la fórmula política con una premisa simple: la guerra no se detiene si no se sienta quien dispara. En su lectura, presentar un acuerdo entre Israel y el presidente libanés como cierre del frente es confundir el mapa administrativo con el mapa real del combate. “Que Israel acuerde un alto el fuego con el presidente del Líbano es como si yo doy por terminada la guerra porque lo decido con un presentador”, ironizó, subrayando que el enfrentamiento operativo es con Hezbolá, no con el Gobierno.
El matiz no es menor: si el actor armado queda fuera, la tregua se convierte en un titular, no en una arquitectura de seguridad. Iturralde llega más lejos y describe al Ejecutivo libanés como un poder “entreguista” al que se le estaría otorgando legitimidad para aislar a la milicia chií. La consecuencia, según su tesis, no sería la paz sino un reordenamiento interno: tensión entre facciones, presión social y un país aún más frágil, con el sur —alrededor del Litani— funcionando como un territorio de soberanía discutida.

La tregua como herramienta de relato

El fondo del mensaje de Iturralde es que los anuncios, por sí mismos, no cambian la correlación de fuerzas. A su juicio, la palabra “tregua” opera como un interruptor psicológico: calma inversores, enfría titulares y desplaza el foco hacia una supuesta normalización. Sin embargo, lo más grave es que esa narrativa puede ocultar lo esencial: el conflicto seguiría vivo en la práctica, solo que revestido de institucionalidad.
En ese marco, el analista encaja el episodio en una visión más amplia —polémica y discutida— sobre el papel de Estados Unidos e Israel en Oriente Medio. Llegó a plantear que Washington estaría transfiriendo recursos y prioridad estratégica, en un proceso de desgaste del “imperio” estadounidense. También deslizó referencias a episodios históricos y a la influencia de lobbies en el Congreso —citando porcentajes como 75%-80% y 94%— sin aportar evidencias en pantalla. El resultado es un cóctel explosivo: geopolítica, percepciones y propaganda compitiendo por dirigir el precio del riesgo.

Ormuz: cuando el “bloqueo” es un eslogan

El otro eje del debate fue el Estrecho de Ormuz. Iturralde rechaza frontalmente la idea de que Estados Unidos esté ejecutando un bloqueo efectivo: “es un disparate”, insistió, argumentando que una operación real exigiría aproximación a costa y control sostenido, algo que —según su visión— expondría activos como portaaviones y destructores a un coste inasumible.
La clave, para él, es semántica y estratégica: no sería un bloqueo de Ormuz, sino un intento de presión naval sobre Irán que no consigue cerrar el flujo. El programa citó un dato revelador: Irán habría movido más de 9 millones de barriles en apenas dos días, pese a la retórica del cerrojo. Ese contraste alimenta la tesis de Iturralde: se está vendiendo músculo donde hay limitación.
La consecuencia económica es directa. Si el mercado percibe que el paso no se controla, la prima de riesgo no desaparece; se transforma. No se descuenta cierre total, pero sí episodios de fricción, aseguradoras más caras y rutas alteradas. Ormuz, en su relato, no es solo geografía: es el termómetro del poder real.

“Negociar” no es “exigir”: Pakistán como punto de ruptura

El entrevistado también cargó contra la dinámica diplomática. En su versión, las conversaciones con Irán habrían quedado congeladas en Pakistán tras un giro brusco de Washington: de señales “positivas” a ruptura repentina por “exigencias” no aceptadas. Iturralde se detuvo en los nombres y en la puesta en escena: mencionó a Whitkoff y Kushner como emisarios previos y la aparición de J.D. Vance como intento de dotar de rango a un proceso confuso, con llamadas cruzadas a Netanyahu y Trump como telón de fondo.
Este hecho revela un problema de credibilidad. Cuando una parte habla de “negociación” y la otra de “condiciones”, el margen se estrecha hasta romper. En el plató se citó incluso una delegación iraní amplia —“un montón”, en palabras del analista, alrededor de 80 personas— que habría viajado para volver con la mesa levantada. La consecuencia es clara: si Irán interpreta humillación o trampa, eleva el precio político de volver a sentarse. Y entonces la diplomacia se sustituye por señales militares, que son más fáciles de emitir… y más difíciles de retirar.

El riesgo energético como arma y como coartada

Aunque el tono fue geopolítico, el subtexto es económico. Iturralde pinta un escenario donde el conflicto no busca necesariamente “ganar” hoy, sino moldear la región mañana: presionar a Irán, tensionar a las monarquías del Golfo y reorganizar corredores energéticos. En esa mirada, el petróleo no es un recurso: es un instrumento.
Sin necesidad de que haya un cierre formal, basta con que el mercado intuya vulnerabilidad para que el coste se traslade a todo lo demás: transporte, industria, inflación y tipos. De ahí su insistencia en separar hechos de titulares. Si hay tregua real, los flujos se normalizan y el riesgo baja. Si la tregua es un parche, el barril seguirá pagando incertidumbre.
El contraste con episodios anteriores resulta demoledor: cada vez que Oriente Medio entra en fase de “anuncio”, el mercado exige prueba. Y esa prueba no es una rueda de prensa, sino días —o semanas— sin incidentes. Mientras tanto, el coste lo asume el consumidor final: energía más cara, crédito más tenso y márgenes empresariales comprimidos.

Europa, España y el precio de mirar hacia otro lado

El cierre de Iturralde dejó una frase implícita: la dependencia estratégica tiene factura. Criticó que muchos países —mencionó a España de forma indirecta— sigan alineados con la lógica del “imperio” por inercia, incluso cuando el tablero cambia. También apuntó a la idea de una defensa europea como síntoma de una deriva peligrosa, en la que la autonomía se confunde con escalada.
Más allá de su retórica, el dilema para Europa es conocido: cuando el riesgo se concentra en energía y rutas, el continente queda expuesto por su estructura industrial y por la sensibilidad política de la inflación. Una tregua anunciada puede aliviar un día; una fricción sostenida reconfigura presupuestos, salarios y competitividad.
El diagnóstico que deja su intervención es incómodo: si la “tregua” no incluye al actor armado relevante y si Ormuz no puede “bloquearse” de verdad, la estabilidad no es un hecho, es un relato. Y cuando la estabilidad es un relato, la volatilidad se convierte en política pública… sin votación y sin calendario.

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