El DAX cae un 0,45% y enfría la bolsa europea
La renta variable europea arrancó la semana con más dudas que convicción. La caída cercana al 1,4% de la producción industrial de la eurozona en diciembre, la mayor desde primavera, se cruzó con los mensajes prudentes que salieron de la Conferencia de Seguridad de Múnich y dejó a los inversores sin una dirección clara. Al cierre, el DAX alemán retrocedió un 0,45%, el EURO STOXX 50 cedió un 0,11%, el CAC 40 terminó prácticamente plano y el FTSE 100 avanzó un 0,22%, reflejando un tono mixto y volátil. En divisas, el euro se dejó alrededor de un 0,18% frente al dólar, hasta los 1,1853 dólares, mientras la libra se debilitó hacia los 1,3630 dólares.
Un cierre mixto tras semanas de alta volatilidad
La sesión de este lunes encaja en un patrón que se repite desde principios de año: subidas selectivas, correcciones puntuales y poca tendencia clara. El CAC 40 francés acabó la jornada prácticamente sin cambios, reflejando que muchos gestores optaron por no mover ficha a la espera de datos macro más concluyentes. El EURO STOXX 50, referencia de la gran corporación europea, retrocedió un discreto 0,11%, mientras que el DAX alemán corrigió un 0,45%, lastrado por valores industriales y exportadores.
En el lado positivo, el FTSE 100 británico avanzó un 0,22%, apoyado en compañías defensivas y en un sector financiero que se beneficia de unos tipos de interés aún elevados. El volumen de negociación se mantuvo ligeramente por debajo de la media de las últimas cuatro semanas, una señal de que la semana, marcada por festivos en Estados Unidos, invitaba a la prudencia más que a los grandes movimientos tácticos.
Lo relevante no fue tanto la magnitud de los cambios como su lectura: cada dato débil reabre la duda sobre la solidez del rebote europeo, y cada mensaje de alerta geopolítica añade una prima de riesgo que limita el recorrido de las bolsas. La consecuencia es clara: el mercado se mueve en un equilibrio inestable entre la esperanza de recortes de tipos y el miedo a un frenazo industrial más prolongado.
La caída del 1,4% en la industria que inquieta al mercado
El dato que marcó la sesión llegó de la mano de Eurostat. Según las cifras de diciembre, la producción industrial de la eurozona cayó alrededor de un 1,4% mensual, tras haber repuntado en torno a un 0,3% en noviembre. Se trata de la mayor contracción desde abril y del primer retroceso en cuatro meses, lo que rompe la narrativa cómoda de recuperación ininterrumpida.
En términos interanuales, la producción todavía avanza en torno al 1,2%, lo que indica que el ciclo industrial no está descarrilado. Sin embargo, lo que preocupa al mercado es la secuencia de datos, no tanto el último registro aislado: un avance débil, seguido de una corrección significativa, en un contexto de demanda global irregular y de tipos de interés que siguen en niveles restrictivos.
“No es un desplome, pero sí un aviso serio de que la industria europea continúa frágil y expuesta a cualquier shock externo”, resume un gestor de renta variable europea. Para los inversores, el mensaje es evidente: la parte fácil del rebote postinflacionista ya ha pasado. A partir de ahora, cada dato de actividad puede inclinar la balanza entre un “aterrizaje suave” y un escenario de estancamiento incómodo, con crecimiento próximo al 1% anual y una productividad prácticamente estancada.
Bienes de equipo en retroceso y señales dispares por sectores
Más allá del titular, los detalles del informe industrial explican la incomodidad del mercado. La caída se concentró en los bienes de equipo, donde la producción retrocedió cerca de un 2% mensual, reflejando cierta parálisis en la inversión empresarial. El segmento de energía también anotó un descenso en torno al 0,3%, mientras que los bienes de consumo duradero apenas avanzaron un 0,2%, insuficiente para compensar el retroceso de los sectores más intensivos en capital.
Este patrón inquieta por dos razones. Primera: indica que muchas compañías están postergando proyectos de inversión ante la combinación de costes financieros todavía elevados y una visibilidad limitada sobre la demanda exterior. Segunda: la debilidad en bienes de equipo suele anticipar una desaceleración del ciclo productivo en los trimestres siguientes, con impacto directo sobre el empleo industrial y las exportaciones.
En paralelo, algunos subsectores muestran algo más de resiliencia, especialmente en bienes de consumo básicos, donde la normalización de la inflación está devolviendo parte del poder adquisitivo a los hogares. Sin embargo, el diagnóstico es inequívoco: la recuperación industrial es parcial y muy desigual, lo que dificulta que los grandes índices europeos logren avanzar de forma sostenida. Las empresas más apalancadas, con elevada exposición a exportaciones y a costes energéticos, son las que el mercado vigila con más recelo.
Múnich reabre los temores sobre Ucrania, Gaza y la fragmentación occidental
Mientras los operadores miraban las pantallas, la política internacional seguía su propio guion en la Conferencia de Seguridad de Múnich. La edición de este año ha reunido a más de un millar de líderes y expertos de más de un centenar de países, incluidos alrededor de 60 jefes de Estado y de Gobierno, con un temario dominado por las guerras de Ucrania y Gaza, las tensiones dentro de la OTAN y la incertidumbre sobre el futuro de las relaciones transatlánticas.
Para los mercados, el mensaje que llega desde Múnich es doble. Por un lado, se subraya que el conflicto en Ucrania entra en una fase prolongada, con necesidades crecientes de financiación y material por parte de las potencias europeas, que ya destinan de media cerca del 2% del PIB a defensa. Por otro, la inestabilidad en Oriente Medio mantiene una prima de riesgo estructural sobre la energía, pese al respiro reciente en los precios del gas y del petróleo.
Este hecho revela una tensión de fondo: Europa necesita invertir más en defensa y resiliencia energética al mismo tiempo que intenta reconducir sus cuentas públicas y reindustrializarse. El contraste con otras regiones resulta demoledor, especialmente con Estados Unidos, donde el gasto en defensa se integra en una economía más dinámica y con mayor capacidad fiscal. Esa asimetría se descuenta lentamente en las valoraciones relativas de los índices a uno y otro lado del Atlántico.
Divisas en modo refugio: el dólar se impone de nuevo
La reacción del mercado de divisas fue coherente con este cuadro de dudas. El euro cedió alrededor de un 0,18% frente al dólar, hasta los 1,1853 dólares, mientras la libra se movió hacia los 1,3630 dólares. La lectura de muchos operadores es que, cada vez que se acumulan señales de riesgo —ya sea por la geopolítica o por la actividad industrial—, el billete verde recupera su condición de refugio táctico.
La depreciación de la moneda única tiene efectos ambivalentes. Por un lado, ayuda a la competitividad de los exportadores europeos, lo que puede amortiguar parte del golpe industrial si el movimiento se consolida. Por otro, encarece las importaciones energéticas y de materias primas denominadas en dólares, lo que complica la tarea del control de la inflación subyacente y añade presión sobre la balanza por cuenta corriente de los países más dependientes del exterior.
En el caso del Reino Unido, la libra se mueve en un delicado equilibrio entre una economía que crece poco, unas finanzas públicas tensionadas y un Banco de Inglaterra atrapado entre el riesgo de recesión y la persistencia inflacionaria. El resultado es un sesgo de debilidad recurrente frente al dólar, que los gestores de carteras ya incorporan como un factor estructural en sus decisiones de asignación geográfica y cobertura de divisas.