El dinero en EE.UU. en crisis: transformaciones judiciales, financieras y sociales impactan ya la economía

Analistas advierten de un giro de fondo en el modelo económico y regulatorio de Estados Unidos, con impacto directo en el bolsillo de las familias y en el poder de Wall Street.

Miniatura del video que muestra gráficos económicos y banderas de Estados Unidos sobre fondo financiero, ilustrando el panorama de las finanzas y la política en EE.UU.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Panorama de las finanzas y la política en EE.UU.

Estados Unidos atraviesa un momento singular en el que se solapan cambios judiciales, rotaciones en Bolsa y un intenso debate social sobre el coste real de la vida. Según adelanta The Washington Post, la Corte Suprema podría abrir la puerta a que Donald Trump tenga más control sobre los reguladores independientes, justo cuando voces como la de Ed Yardeni dan por terminado el reinado bursátil de las “siete magníficas” y gestores como Michael Green calculan que una familia media necesitaría cerca de 140.000 dólares al año para vivir “cómodamente” en 2025. Todo ello se combina con el intento de la Casa Blanca de recortar el poder de voto de BlackRock, Vanguard y State Street, configurando un giro estructural que los analistas observan con creciente inquietud.

Poder judicial bajo presión política

El primer vector de cambio llega desde el poder judicial. De acuerdo con la información de The Washington Post, la Corte Suprema estaría lista para revisar un precedente de casi 90 años que limita la capacidad del presidente para destituir a miembros de agencias independientes, como la Comisión Federal de Comercio (FTC).

Si ese muro cae, Trump podría remodelar más rápidamente organismos tradicionalmente “blindados” frente a vaivenes políticos, sustituyendo a comisionados de perfil más intervencionista por otros alineados con su agenda. Para los analistas consultados, esto tendría dos efectos directos:

  • Incrementar la incertidumbre regulatoria a corto plazo.

  • Aumentar la sensibilidad de los mercados a cualquier cambio legal en sectores clave (tecnología, energía, salud, finanzas).

El equilibrio entre poderes –Ejecutivo, Legislativo y Judicial– se vería tensionado, y la pregunta que se hacen desde fuera es clara: ¿hasta qué punto la regulación seguirá respondiendo a criterios técnicos y no políticos?

Las ‘siete magníficas’ pierden el trono

En paralelo, Wall Street vive su propia transición. El veterano estratega Ed Yardeni ha decidido dar por cerrada la etapa en la que las grandes tecnológicas –las llamadas “siete magníficas”– dominaban casi en solitario la renta variable estadounidense.

Durante más de una década, nombres como Apple, Microsoft o Nvidia han sido el epicentro del crecimiento bursátil. Ahora, el movimiento de infraponderar estos valores se interpreta como una señal de que el mercado:

  • Empieza a cuestionar las valoraciones extremas.

  • Busca rotación hacia sectores más cíclicos, dividendo y valor.

Los analistas ven en este gesto el síntoma de algo más profundo: una reconfiguración del liderazgo bursátil que podría reducir el “efecto riqueza” que han disfrutado los hogares con ahorro en Bolsa durante los últimos años.

El dinero ya no alcanza: la nueva realidad del hogar medio

Fuera del parqué, el debate se traslada a la calle. El gestor Michael Green ha puesto cifras sobre la mesa: una familia estadounidense necesitaría alrededor de 140.000 dólares anuales para mantener un nivel de vida “cómodo” en 2025.

Aunque otros economistas han matizado algunos de sus cálculos iniciales, el diagnóstico de fondo es compartido:

  • Sanidad, educación, vivienda y alimentación han disparado su peso en el presupuesto familiar.

  • El coste de una vida de clase media se ha despegado de los salarios medianos, generando una sensación de empobrecimiento relativo.

Desde Europa, varios analistas ven aquí una “paradoja de prosperidad”: el país con uno de los PIB per cápita más altos del mundo convive con una creciente frustración social porque los servicios básicos consumen una parte cada vez mayor del ingreso disponible.

El efecto Baumol: cuando la prosperidad encarece los servicios

Para explicar esta brecha, los economistas recuperan el efecto Baumol. La lógica es sencilla:

  • Los servicios presenciales (sanidad, educación, cuidados) apenas pueden automatizarse sin pérdida de calidad.

  • Para retener personal cualificado, sus salarios deben subir al ritmo de la productividad del resto de la economía.

  • El resultado: estos servicios se encarecen mucho más que los bienes manufacturados, cuyo coste baja con la tecnología.

No es necesariamente un síntoma de decadencia, sino de una economía más avanzada y orientada a servicios. Pero, en la práctica, significa que al ciudadano medio le “duele” más pagar el médico, la guardería o la universidad, aunque pueda comprar tecnología y bienes físicos a precios relativamente bajos.

La batalla por el poder en las grandes cotizadas

El cuarto frente se libra en el núcleo del capitalismo corporativo. La Administración Trump estudia limitar la capacidad de voto de los llamados “tres grandes”BlackRock, Vanguard y State Street–, que controlan en conjunto cerca del 30% del accionariado de muchas compañías del S&P 500.

Desde fuera, los analistas ven aquí una jugada con varias capas:

  • Por un lado, un intento de reducir la influencia de gestoras que han promovido agendas de gobernanza, sostenibilidad y criterios ESG.

  • Por otro, una redistribución del poder de voto hacia inversores individuales, fondos activistas o grandes familias.

Si la medida prospera, podría cambiar la dinámica de las juntas de accionistas, la elección de consejeros y, en última instancia, la estrategia de las grandes empresas estadounidenses. Menos poder concentrado en tres manos, pero más fragmentación y potencial conflicto en la toma de decisiones.

Lo que ven los analistas desde fuera

Poniendo todas las piezas juntas, el cuadro que dibujan los expertos internacionales es el de un Estados Unidos en fase de reajuste profundo:

  • Un poder judicial que podría volverse más permeable al Ejecutivo.

  • Un mercado bursátil que abandona la dependencia extrema de unas pocas tecnológicas.

  • Un hogar medio que siente que su dinero rinde menos, aunque las estadísticas macro sigan mostrando crecimiento.

  • Un sistema de gobernanza empresarial donde el gobierno busca recortar la influencia de los grandes gestores de activos.

La conclusión compartida es que, más que una crisis puntual, se trata de un cambio de modelo: quién manda sobre los reguladores, quién lidera Wall Street, quién paga el coste de la prosperidad y quién decide el rumbo de las grandes compañías.

Y, en el centro de todo, una pregunta que preocupa tanto a dentro como fuera de EEUU: ¿podrá el ciudadano medio proteger el valor de su dinero en este nuevo equilibrio de poder?

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