Félix de Gregorio al Dow Jones: ¿Por qué el dinero inteligente está huyendo de EEUU para invertir en Europa?

Análisis de Félix de Gregorio sobre por qué el dinero inteligente está desviando sus inversiones de Estados Unidos hacia Europa, destacando la resiliencia económica europea, las oportunidades en sectores clave y la ventana histórica de inversión que representa el mercado europeo frente a Wall Street.
Miniatura del vídeo de Negocios TV con Félix de Gregorio hablando sobre inversión en Europa.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Félix de Gregorio al Dow Jones: ¿Por qué el dinero inteligente está huyendo de EEUU para invertir en Europa?

Europa vuelve a estar en el radar del capital global después de años de descuento frente a Wall Street. La tesis ya no descansa sólo en que las bolsas europeas estén baratas, sino en algo más profundo: el continente empieza a beneficiarse de una transformación estructural impulsada por energía, industria, defensa y seguridad digital.
Félix de Gregorio, director de Desarrollo de Negocio para Iberia en Nordea Asset Management, sostiene que el inversor debe mirar más allá del relato habitual de debilidad europea.
El argumento es claro: el mercado está infravalorando la capacidad de Europa para reconstruir su autonomía económica.
La calma parcial en Ormuz, la resistencia del empleo y la rotación fuera de EEUU refuerzan una idea incómoda para muchos gestores: quizás la oportunidad ya no esté donde todos siguen mirando.

Europa sale del castigo

Durante más de una década, Europa ha cotizado con descuento frente a Estados Unidos. La prima de Wall Street se explicaba por más crecimiento, más tecnología, mayor rentabilidad sobre capital y una concentración extraordinaria en los gigantes digitales. Sin embargo, ese diferencial empieza a cuestionarse.

Allianz Global Investors señala que la renta variable europea sigue negociándose con un descuento significativo frente a la estadounidense en la mayoría de métricas de valoración, aunque esa brecha ya ha empezado a estrecharse en 2026. La firma identifica tres motores: mejora de beneficios, menor exposición a riesgos de disrupción por IA y apoyo estructural de inversión pública e infraestructura.

El diagnóstico es inequívoco: Europa ya no es sólo valor barato; empieza a ser valor con catalizadores.

El empleo sostiene el consumo

La gran fortaleza silenciosa del continente está en el mercado laboral. Aunque el crecimiento europeo no deslumbra, el empleo ha mantenido una base de consumo más sólida de lo previsto. Para las empresas, esto reduce el riesgo de una caída abrupta de la demanda interna y permite defender márgenes en sectores menos expuestos al ciclo tecnológico estadounidense.

Este hecho revela una diferencia relevante. EEUU vive pendiente de la inflación, la Fed y las valoraciones extremas de sus tecnológicas. Europa, en cambio, avanza con menos ruido, pero con un apoyo más diversificado: banca, industriales, energía, infraestructuras y defensa. El crecimiento europeo no es espectacular, pero puede ser más resistente de lo que descuentan los mercados.

Ormuz y el alivio energético

La estabilización parcial del estrecho de Ormuz ha reducido la presión sobre petróleo y gas, dos variables críticas para Europa. El continente sigue siendo vulnerable a los shocks energéticos, pero la menor tensión en rutas clave supone un alivio para inflación, costes industriales y expectativas de tipos.

El mercado ya ha demostrado hasta qué punto Ormuz condiciona Europa. En junio, la expectativa de un acuerdo entre EEUU e Irán llevó al Brent por debajo de 83 dólares y provocó caídas del gas europeo cercanas al 6%, reforzando el optimismo sobre bolsas y activos de riesgo.

La consecuencia es clara: cada dólar menos en energía mejora el margen industrial europeo y refuerza la tesis de recuperación.

Empower Europe, la tesis hecha fondo

Nordea ha convertido esta lectura en producto con su Nordea 1 – Empower Europe Fund, una estrategia de renta variable europea de alta convicción lanzada en junio de 2025 para capturar el reajuste estratégico del continente. La firma identifica tres pilares: resiliencia energética, reindustrialización y defensa/ciberseguridad.

Un año después, el fondo superó los 850 millones de euros en activos bajo gestión, impulsado por la demanda inversora y por la percepción de que el “reinicio estratégico” europeo no es temporal, sino estructural. En la clase BC-EUR, los datos de Cinco Días situaban la rentabilidad de 2026 en el 11,38% y la rentabilidad a doce meses en el 18,95% a fecha de 25 de junio.

Las mid caps toman protagonismo

La clave no está sólo en los grandes índices. Nordea subraya que alrededor de la mitad de la cartera del Empower Europe Fund está invertida en pequeñas y medianas compañías, muchas de ellas poco conocidas, pero esenciales para la transformación industrial europea.

Ahí aparecen nombres como Prysmian, Nexans, Nokia, Exosens o MilDef, compañías vinculadas a electrificación, cables, redes, sensores, defensa y seguridad. No son relatos de moda, sino proveedores de infraestructura crítica. El contraste con Wall Street resulta evidente: mientras EEUU concentra buena parte de su narrativa en IA, Europa puede construir retornos desde industrias tangibles.

La próxima fase del mercado puede pertenecer menos al software y más al cable, al sensor, al radar y a la red eléctrica.

El descuento como oportunidad

La pregunta de fondo es si Europa está barata por razones justificadas o por inercia. Durante años, el castigo tenía sentido: bajo crecimiento, fragmentación política, dependencia energética y escaso liderazgo tecnológico. Hoy, esas debilidades no han desaparecido, pero empiezan a generar respuestas de inversión.

La autonomía energética exige redes, almacenamiento y eficiencia. La relocalización industrial exige automatización, logística y equipamiento. La defensa exige tecnología, sensores, comunicaciones y ciberseguridad. Europa no necesita parecerse a Silicon Valley para ofrecer oportunidades atractivas.

Lo más relevante es que el mercado aún no parece haber descontado por completo ese giro. Y cuando el capital empieza a abandonar la concentración extrema estadounidense, las regiones olvidadas suelen moverse primero en silencio y después con violencia.

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