Mercados

El Dow Jones afloja mientras el petróleo corrige tras enfriarse el riesgo de conflicto con Irán

LWS108. MIDLAND (ESTADOS UNIDOS), 07/04/2020.- Una bomba petrolífera en funcionamiento al amanecer cerca de la población tejana de Midland, Estados Unidos, este martes. EFE/ Larry W. Smith
Wall Street cede: el Dow Jones retrocede y el crudo baja tras moderarse la tensión geopolítica y el temor a un choque con Irán. Consulta las claves.

La tensión geopolítica vuelve a pasar factura a Wall Street. Tras el retroceso moderado del martes, las bolsas estadounidenses encadenaron el miércoles su segunda sesión a la baja, con el Nasdaq cediendo en torno al 1 %, el S&P 500 cerca del 0,5 % y el Dow Jones dejándose unos 42 puntos. El movimiento llega en un contexto incómodo: aumento del riesgo geopolítico, resultados dispares en banca, señales mixtas desde la macro y un telón de fondo estructural de gasto sanitario disparado en EE. UU.

Geopolítica al alza, apetito por riesgo a la baja

Los inversores vuelven a poner el foco en el mapa, no solo en las pantallas. Las amenazas de Donald Trump de “quedarse” con Groenlandia han tensado las relaciones con Dinamarca y han obligado a los aliados de la OTAN a reforzar presencia en el Ártico, mientras el conflicto entre Rusia y Ucrania se recrudece y la situación interna en Irán sigue siendo explosiva. Ese cóctel se traduce en un aumento de la prima de riesgo geopolítico que pesa sobre los activos de riesgo y favorece movimientos defensivos hacia bonos del Tesoro.

La reacción se ve en la curva: los treasuries volvieron a subir de precio y el rendimiento del bono a 10 años cayó hasta el entorno del 4,14 %. Es decir, los inversores buscan refugio en deuda soberana estadounidense al tiempo que reducen exposición a sectores más sensibles al ciclo y a la tecnología.

Banca y tecnología, doble lastre para los índices

El ajuste en Wall Street tuvo dos grandes responsables: bancos y tecnológicas. En el sector financiero, Wells Fargo se desplomó en torno al 4,5–4,6 %, pese a presentar beneficios mejores de lo esperado; la debilidad vino por el lado de los ingresos. Bank of America y Citigroup también cayeron con fuerza a pesar de batir previsiones de resultados, reflejando el temor del mercado a un escenario de presión regulatoria adicional, incluida la propuesta de Trump de limitar los tipos de interés en tarjetas de crédito.

En paralelo, el componente tecnológico también sufrió. El índice Nasdaq, más cargado de growth y semiconductores, lideró las caídas, con retrocesos destacados en Broadcom, Nvidia y Micron. El detonante: informaciones sobre nuevas restricciones de las autoridades chinas a determinados chips y software de ciberseguridad fabricados en EE. UU., lo que reabre el frente de guerra tecnológica entre Washington y Pekín.

En términos sectoriales, el índice de software estadounidense cayó alrededor de un 2,4 % hasta mínimos de ocho meses, mientras que el índice de networking perdió en torno al 1,6 %. También mostraron debilidad aerolíneas y consumo minorista, en contraste con la buena marcha del sector energético, apoyado en días previos por el repunte del crudo.

Datos macro: consumo robusto, inflación contenida… y la Fed vigilando

En el frente doméstico, las cifras macro lanzan un mensaje ambivalente. Por un lado, las ventas minoristas repuntaron un 0,6 % en noviembre (0,5 % excluyendo autos), por encima de lo esperado, confirmando que el consumo —motor central de la economía estadounidense— sigue mostrando tracción. Por otro, el índice de precios a la producción (PPI) apenas avanzó, reforzando la sensación de que las presiones inflacionistas, aunque presentes, se están moderando.

Este binomio “ventas fuertes + inflación moderada” apoya el escenario de una Reserva Federal en pausa: sin necesidad inmediata de volver a subir tipos, pero tampoco con incentivos claros para recortarlos a corto plazo. De hecho, los últimos datos de PIB apuntan a una economía que crece por encima de lo previsto, lo que complica el argumentario para un giro dovish rápido por parte de la Fed.

El crudo corrige: se desinfla parte de la prima de riesgo sobre Irán

El mercado de petróleo ofreció su propia montaña rusa. Tras cinco sesiones al alza alimentadas por el miedo a una posible escalada militar en Irán —cuarto productor de la OPEP, con unos 3,3 millones de barriles diarios—, el West Texas Intermediate giró a la baja y volvió a situarse por debajo de los 61 dólares por barril. El detonante fue un cambio de tono de Trump: al asegurar que las ejecuciones de manifestantes en Irán se habrían detenido y rebajar las expectativas de un ataque inminente, parte de la prima geopolítica incorporada al precio se evaporó rápidamente. Los operadores aprovecharon para deshacer posiciones largas y recoger beneficios tras el rally.

Sanidad: el gran elefante en la habitación macro

Mientras los mercados digieren resultados empresariales y titulares geopolíticos, una cifra de fondo resume uno de los grandes desafíos estructurales de la economía estadounidense: el gasto sanitario alcanzó los 5,3 billones de dólares en 2024, un aumento del 7,2 % frente a 2023. Eso supone ya el 18 % del PIB, por encima del 17,7 % del año anterior y muy por encima del ritmo de crecimiento de la economía.

Detrás de ese salto están el incremento de afiliados a seguros médicos, un uso más intenso de servicios —especialmente en pólizas privadas— y un fuerte aumento de los costes administrativos asociados a Medicare y Medicaid tras el fin de muchas políticas excepcionales de la era COVID. Los costes de hospital también empujan, con subidas de precios que no se veían desde 2007. La expansión del Obamacare, con las inscripciones en los planes del ACA creciendo más de un 30 %, ha ampliado cobertura, pero también ha elevado la factura total.

Para los mercados, este dato no es un simple apunte estadístico: el peso de la sanidad en el PIB y en las cuentas públicas condiciona la sostenibilidad fiscal a medio plazo y puede reabrir debates sobre reformas, presión regulatoria al sector y márgenes empresariales.

Un cierre de sesión que refleja nerviosismo más que pánico

El balance del día deja un mensaje claro: las caídas no son un desplome, pero sí una señal de incomodidad creciente. Los índices corrigen desde máximos históricos recientes, con el S&P 500 aún relativamente cerca de sus techos, pero el tono de mercado ha girado hacia la cautela. La combinación de tensiones geopolíticas (Groenlandia, Irán, Ucrania), presión sobre bancos y tecnológicas, y un telón de fondo de gasto público en sanidad desbocado dibuja un entorno en el que los inversores empiezan a preguntarse cuánto margen real queda para seguir escalando sin una corrección más profunda.

De momento, la fotografía es la de un mercado que no entra en pánico, pero que empieza a mirar más los riesgos que las promesas.