Dow Jones -0,94% y S&P -0,34%: banca y defensa hunden; petróleo baja aunque sube el riesgo geopolítico
El Dow cae un 0,94%, el S&P 500 cede un 0,34% y la banca y la defensa lideran los descensos mientras el petróleo baja pese al aumento del riesgo geopolítico
El acuerdo de Donald Trump para importar hasta 2.000 millones de dólares en crudo venezolano ha tenido un efecto inmediato donde menos cabía esperarlo: en los mercados de materias primas y en los índices que venían de rozar máximos históricos. El Dow Jones perdió 466 puntos (-0,94%) hasta los 48.996,08, el S&P 500 retrocedió un 0,34% hasta los 6.920,93 y solo el Nasdaq logró salvar la sesión con un avance del 0,16% hasta 23.584,28 puntos.
El castigo se concentró en JPMorgan, que cayó un 2,3%, y en los gigantes de defensa: Lockheed Martin se desplomó un 4,8% y RTX un 2,5%, tras el anuncio de Trump de congelar dividendos y recompras en el sector militar.
En paralelo, el petróleo reaccionó a la baja: el WTI cedió 1,14 dólares hasta 55,99 y el Brent 74 centavos hasta 59,96, a pesar de las incautaciones de petroleros venezolanos y del control estadounidense sobre las ventas de Caracas.
La sesión se completó con una inflación de la eurozona clavada en el 2%, un desplome del cobre tras marcar máximos históricos y un repunte de la volatilidad implícita, con el VIX subiendo un 4,41% hasta 15,39 puntos. Todo, a la espera del dato clave de empleo en EEUU.
Wall Street se desinfla tras los récords
La sesión arrancó con nuevos máximos intradía en el Dow Jones y el S&P 500, pero terminó con un giro a la baja que dejó claro que el aire se está volviendo más fino en estas alturas. El Dow cerró en 48.996,08 puntos (-0,94%) y el S&P 500 en 6.920,93 (-0,34%), mientras el Nasdaq Composite, apoyado en las tecnológicas de alto crecimiento, sumó 37,10 puntos (+0,16%).
El dato más inquietante es la combinación de corrección en índices y repunte de volatilidad. El VIX, barómetro del miedo en Wall Street, avanzó hasta 15,39 puntos, lo que supone un salto del 4,41% frente a la jornada anterior. No estamos en niveles de pánico, pero sí se rompe la dinámica de complacencia que había dominado el inicio del año.
Los gestores señalan dos vectores claros: por un lado, la yoya geopolítica que supone controlar de facto el petróleo venezolano; por otro, unos datos laborales estadounidenses que apuntan a menor dinamismo, con vacantes y contrataciones por debajo de lo esperado. En este contexto, el Nasdaq 100 aún aguanta en positivo (+0,06%), pero la foto global es la de un mercado que empieza a cuestionarse cuánto recorrido queda tras la racha de récords.
El petróleo cae pese a la tensión geopolítica
Lo paradójico de la jornada es que, mientras Washington extiende su mano sobre la principal riqueza venezolana, el precio del crudo se desliza a la baja. El WTI se situó en 55,99 dólares (-1,14 dólares) y el Brent en 59,96 (-0,74), niveles que encajan con los 59,93 dólares del Brent y los 56,13 del crudo estadounidense que ya marcaban las pantallas europeas.
La explicación inmediata es que el mercado interpreta el pacto con Caracas como un aumento controlado de oferta para EEUU, no como un shock de suministro. Si Washington logra canalizar hasta 2.000 millones de dólares en petróleo venezolano hacia sus refinerías, buena parte de ese volumen dejará de circular por rutas hacia China, reduciendo la prima de riesgo asociada a la “flota fantasma” venezolana.
Al mismo tiempo, la caída del oro —-0,80%, hasta 4.420,63 dólares— y el retroceso del bitcoin (-1,16%, hasta 90.307,81) sugieren que los inversores han empezado a rotar desde activos refugio hacia liquidez, a la espera de ver si el nuevo esquema petrolero se traduce en mayor estabilidad o en nuevas tensiones con Pekín y Moscú. Por ahora, el mensaje del mercado es que, pese al ruido diplomático, no ve un riesgo inmediato de disrupción masiva en la oferta de crudo.
Trump ata el crudo venezolano al dólar y al consumo interno
La caída del petróleo no debe ocultar el trasfondo estratégico del acuerdo con Caracas. La Casa Blanca ha dejado claro que controlará indefinidamente las ventas y los ingresos del crudo venezolano, y que buena parte de esos recursos se destinarán a comprar productos estadounidenses: desde maquinaria y equipamiento eléctrico hasta medicamentos y bienes agrícolas.
En términos prácticos, Venezuela se convierte en cliente cautivo del ‘Made in USA’, justo cuando sus exportaciones de petróleo volverán a moverse en el entorno de 30 a 50 millones de barriles bajo supervisión de Washington. El pacto encaja con el discurso de Trump de “repatriar” cadenas de valor: asegura suministro para refinerías del Golfo de México y, a la vez, crea demanda inducida para la industria exportadora estadounidense.
Lo más grave, desde el punto de vista de los mercados, es la señal para otros productores sancionados o en conflicto: Estados Unidos está dispuesto a usar la fuerza militar y el control financiero para absorber rentas petroleras ajenas, un precedente que difícilmente pasarán por alto países como Irán, Rusia o incluso socios incómodos del Golfo. La caída puntual del Brent a la zona de 60 dólares podría ser solo un respiro antes de que la prima de riesgo geopolítico se revalorice.
La gran banca, primer termómetro del nuevo ciclo
Dentro del Dow, uno de los nombres propios de la jornada fue JPMorgan, cuyas acciones cayeron un 2,3% tras una rebaja de recomendación por parte de una firma de análisis, que pasó el valor de “outperform” a “peer perform”. El mercado empieza a cuestionar la capacidad de la gran banca para seguir batiendo al índice justo antes del arranque de la temporada de resultados.
Los grandes bancos estadounidenses están llamados a inaugurar la campaña de beneficios de 2026, con expectativas de crecimientos de doble dígito en el cuarto trimestre, gracias al repunte de los ingresos por banca de inversión y comisiones de asesoramiento en fusiones y salidas a bolsa. Sin embargo, la combinación de tipos altos durante más tiempo, curva de rendimientos aplanada y aumento de provisiones puede matizar ese optimismo.
El descenso adicional de la rentabilidad del Treasury a 10 años, que bajó hasta el 4,138% (-4,1 puntos básicos), refleja que el mercado empieza a descontar de nuevo recortes de tipos si los datos de empleo confirman una ralentización del mercado laboral. “Esta semana es todo sobre el informe de empleo”, resumía un gestor: una cifra débil reforzaría la narrativa de alivio monetario; una sorpresa al alza podría reabrir el escenario de tipos altos durante más tiempo, con impacto directo en márgenes y múltiplos de la banca.
Defensa en el punto de mira: castigo a Lockheed y RTX
Si la banca fue un termómetro, el sector defensa fue el blanco directo de la política. Las acciones de Lockheed Martin se hundieron un 4,8% y las de RTX un 2,5% después de que Trump anunciara que bloqueará dividendos y recompras de acciones de las grandes contratistas militares hasta que aceleren la producción de armamento.
La medida llega en un momento de demanda récord: Ucrania sigue absorbiendo munición y sistemas de defensa antiaérea, la OTAN prepara nuevos paquetes de apoyo y Asia-Pacífico eleva el gasto militar ante la presión china. Sin embargo, los programas de estas compañías arrastran retrasos y sobrecostes, en parte por problemas de cadena de suministro y falta de mano de obra cualificada.
El golpe a Lockheed y RTX no solo refleja el miedo a un nuevo marco regulatorio más hostil al accionista; también cuestiona la capacidad de las empresas para convertir el auge del gasto en defensa en beneficios sostenibles. La corrección deja claro que, a ojos de Wall Street, el riesgo ya no es solo geopolítico: es regulatorio y reputacional.
Eurozona en ‘modo objetivo’ de inflación
Mientras Washington reescribe el mapa energético y militar, Europa digiere una noticia que, en otras circunstancias, habría acaparado titulares: la inflación de la eurozona se ha moderado al 2% interanual en diciembre, exactamente el objetivo del Banco Central Europeo.
El STOXX 600 retrocedió un ligero 0,05%, lo que sugiere que los inversores prefirieron pausar tras una racha de máximos y esperar a nuevos mensajes desde Fráncfort. Para mercados como el IBEX 35, que cede un 0,29% hasta 17.596,41 puntos, el escenario “Goldilocks” —crecimiento sin recesión e inflación controlada— sigue en pie, pero cada vez más condicionado por los sobresaltos geopolíticos.
Con el dólar en 98,75 puntos (+0,14%) frente a la cesta de divisas y el euro ajustándose a ese movimiento, la eurozona se enfrenta al dilema de siempre: un euro demasiado débil alimenta importaciones más caras; uno demasiado fuerte asfixia exportaciones. Por ahora, el BCE puede permitirse esperar y observar, pero si la inflación se instala cómodamente en el entorno del 2% mientras la economía se debilita, la presión para recortar tipos aumentará.
Metales, dólar y bonos: la lectura del nuevo escenario
El otro gran protagonista de la sesión fue el cobre, que corrigió con fuerza tras haber marcado un máximo histórico la víspera. El contrato a tres meses en Londres llegó a caer hasta un 3%, hasta 12.842,50 dólares por tonelada, desde el récord de 13.387,50. También el níquel cedió parte de las subidas que lo habían llevado a su mejor nivel en 19 meses.
Este retroceso no invalida la tendencia de fondo: los inversores han estado rotando desde oro y plata hacia metales industriales, apostando por una combinación de rearme, transición energética y relocalización de cadenas de suministro que dispara la demanda de cobre, níquel y otros materiales críticos. Pero recuerda que, incluso en esa narrativa, no hay rally lineal.
Con el oro cediendo posiciones por toma de beneficios, el dólar algo más fuerte y las rentabilidades de los bonos del Tesoro a la baja, la sesión deja una conclusión clara: el mercado se prepara para un cambio de fase, pero todavía no ha decidido si será un aterrizaje suave con recortes de tipos o un bache geopolítico más profundo.
Lo único indiscutible es que, desde el petróleo venezolano hasta los dividendos de defensa y la próxima cifra de empleo, cada movimiento de la Casa Blanca tiene ahora un reflejo inmediato en las pantallas. Y la paciencia de los inversores, como se ha visto hoy, empieza a agotarse.