Nadaq lidera impulso y Dow Jones cierra en verde: el pacto AMD-Meta resucita al sector tecnológico

El Nasdaq lidera la remontada impulsado por un contrato histórico de 60.000 millones mientras Anthropic calma los miedos sobre la disrupción de la IA
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Wall Street ha protagonizado este martes una sesión de purga y resurrección técnica. Tras el desplome sistémico del lunes, los principales índices han recuperado el signo verde liderados por un sector tecnológico que vuelve a apostar por la inteligencia artificial como tabla de salvación. El Nasdaq ha encabezado las ganancias con un avance del 1,06%, impulsado por el acuerdo histórico entre Advanced Micro Devices (AMD) y Meta Platforms, valorado en 60.000 millones de dólares. Este movimiento, que permite a la matriz de Facebook adquirir hasta el 10% de la compañía de chips, revela que el apetito por el silicio sigue siendo inmune a la volatilidad institucional de Washington. El diagnóstico es nítido: Wall Street ha aprovechado la caída para «comprar el dip», confiando en que la potencia de fuego de las Big Tech logre compensar la incertidumbre que aún planea sobre la política arancelaria de Donald Trump.

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El asalto de AMD al trono de la IA

La noticia que ha servido de catalizador para el rebote de este martes tiene nombres y apellidos: Lisa Su y Mark Zuckerberg. El anuncio de que AMD suministrará chips de inteligencia artificial a Meta durante los próximos cinco años por un valor de 60.000 millones de dólares ha enviado una onda de choque a través del sector de los semiconductores. Este hecho revela un cambio de paradigma estratégico; Meta busca reducir su dependencia asfixiante de Nvidia, diversificando su infraestructura de IA con las GPUs AMD Instinct. La consecuencia es una validación de mercado para AMD que ha disparado su cotización, liderando un avance del 1,50% en el índice de semiconductores de Filadelfia (SOX).

Lo más grave para la competencia es la cláusula que permitiría a Meta convertirse en uno de los principales accionistas de AMD. Este nivel de integración vertical entre el gigante de las redes sociales y el fabricante de hardware sugiere la creación de un bloque tecnológico capaz de dictar los precios del mercado en la próxima generación de centros de datos. El diagnóstico de los analistas de Refinitiv es inequívoco: AMD ha dejado de ser la alternativa económica para convertirse en el socio indispensable del ecosistema de Meta. Este contrato no solo asegura flujos de caja milmillonarios para la firma de Santa Clara, sino que blinda su valoración frente a las turbulencias macroeconómicas que acechan al Nasdaq en 2026.

Anthropic: de la amenaza a la alianza estratégica

Si el lunes el pánico se apoderó del sector del software ante el temor de que la inteligencia artificial liquidara los modelos de negocio tradicionales, este martes la narrativa ha dado un giro de 180 grados. El laboratorio de IA Anthropic ha anunciado el lanzamiento de una serie de complementos (plug-ins) para su modelo Claude, diseñados no para sustituir, sino para potenciar áreas críticas como la banca de inversión y los recursos humanos. Lo más relevante es que este desarrollo se ha realizado de forma conjunta con socios de la talla de Thomson Reuters (TRI), Salesforce (CRM) y FactSet (FDS).

Este hecho revela un movimiento táctico maestro por parte de Anthropic: transformar la percepción de «tecnología destructiva» en «herramienta de valor añadido». La consecuencia inmediata ha sido un rebote espectacular en las acciones de sus socios; Thomson Reuters ha escalado un 11,64%, mientras que Salesforce ha repuntado un 4,07% y FactSet un 5,90%. El diagnóstico es claro: el mercado ha premiado la integración frente a la confrontación. Los inversores parecen haber comprendido que el valor de estas compañías reside en su acceso exclusivo a datos propietarios, los cuales, al ser procesados por la IA de Anthropic, generan un producto híbrido mucho más rentable. Este respiro para el índice de Software y Servicios del S&P 500 pone fin, momentáneamente, a la sangría de valoraciones que amenazaba con hundir al sector.

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El veredicto de los índices: recuperación en bloque

El cierre de la sesión de este martes deja una foto de recuperación generalizada que intenta borrar las huellas del «lunes negro». Según los datos preliminares, el S&P 500 avanzó un 0,77%, situándose en los 6.890,45 puntos, mientras que el Dow Jones de Industriales recuperó 377,40 puntos (+0,77%), cerrando en las 49.181,46 unidades. Este hecho revela una capacidad de absorción de riesgos que muchos analistas ponían en duda hace apenas 24 horas. La consecuencia es una estabilización de la volatilidad, aunque el sentimiento de fondo sigue siendo de una «prudencia vigilante» ante los frentes abiertos en la política exterior estadounidense.

El sector tecnológico no ha sido el único beneficiado de esta rotación hacia el optimismo. Las aerolíneas y las empresas vinculadas al ocio y el turismo han disfrutado de rebotes robustos tras ser castigadas por la tormenta invernal que paralizó el noreste del país a principios de semana. El diagnóstico de los gestores de fondos es que Wall Street está operando bajo una lógica de compartimentos estancos: mientras el sector tecnológico se mueve al ritmo de la IA, el resto de la bolsa lo hace al compás de la meteorología y el consumo doméstico. Este contraste revela la complejidad de un mercado donde los fundamentales económicos tradicionales conviven con una burbuja especulativa centrada exclusivamente en el silicio.

Home Depot y la resiliencia del consumo interno

Dentro de los componentes del Dow Jones, Home Depot ha destacado como un pilar de estabilidad. La compañía ha superado las estimaciones del cuarto trimestre y, lo que es más importante, ha reafirmado sus previsiones anuales en un entorno de tipos de interés que siguen sin dar tregua. Este hecho revela que, a pesar de la erosión del poder adquisitivo, el sector de las reformas del hogar y la mejora de la vivienda se mantiene como un refugio de gasto para la clase media estadounidense. La consecuencia es una señal de calma para los inversores que temen una contracción brusca de la demanda interna provocada por los aranceles del 15%.

La capacidad de Home Depot para mantener sus márgenes y sus guías de futuro actúa como un termómetro de la salud del sector minorista. El diagnóstico es positivo pero matizado: el consumo aguanta, pero lo hace bajo la presión de un mercado inmobiliario que, como vimos en los datos de Case-Shiller, empieza a mostrar rentabilidades reales negativas. El hecho de que Home Depot haya logrado cerrar en verde demuestra que Wall Street valora la previsibilidad operativa por encima de cualquier otra métrica en este inicio de 2026 marcado por el caos institucional en Washington.

El laberinto arancelario y el choque institucional

A pesar del optimismo bursátil del martes, la sombra del conflicto entre la Casa Blanca y el Tribunal Supremo sigue proyectando una incertidumbre que el mercado no ha logrado disipar. La decisión del presidente Donald Trump de ignorar el fallo judicial y elevar los aranceles globales al 15% amparándose en la Ley de Comercio de 1974 sigue siendo la principal preocupación de los gestores de activos de renta fija. Este hecho revela una fractura en la seguridad jurídica de los Estados Unidos que podría tener consecuencias a largo plazo en la prima de riesgo del país.

«Todavía hay preguntas sin respuesta sobre los acuerdos que ya estaban vigentes; no sabemos si se respetarán o si asistiremos a una ruptura total del marco comercial internacional», señalan fuentes de Dakota Wealth. El diagnóstico de los expertos en comercio internacional es sombrío: la inestabilidad generada por el Ejecutivo está forzando a las empresas a operar en un escenario de «guerrilla regulatoria». La consecuencia para las carteras de inversión es un aumento de la volatilidad estructural, donde el éxito tecnológico de AMD puede verse empañado en cualquier momento por una nueva orden ejecutiva que paralice el tráfico comercial con Europa o Asia.

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La Reserva Federal ante el dilema del empleo

La jornada también ha servido para escenificar las discrepancias en el seno de la Reserva Federal respecto al impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral. Mientras la gobernadora Lisa Cook advierte de un posible repunte de la tasa de desempleo provocado por la automatización masiva, su homólogo Christopher Waller se muestra escéptico ante una posible disrupción del empleo a corto plazo. Este hecho revela que ni siquiera los reguladores monetarios tienen un diagnóstico claro sobre la velocidad de la transformación económica actual.

La consecuencia de este debate interno es una mayor incertidumbre sobre la futura senda de los tipos de interés. Si la Fed interpreta que la IA está generando ganancias de productividad sin destruir empleo, tendrá más argumentos para mantener los tipos elevados durante más tiempo para combatir la inflación. Por el contrario, si el desempleo empieza a subir por la automatización, Jerome Powell se verá obligado a una bajada defensiva de tipos que podría reavivar la espiral de precios. Wall Street observa este duelo dialéctico con extrema atención, consciente de que el destino del Nasdaq en la segunda mitad de 2026 dependerá de quién gane esta batalla de previsiones en Fráncfort y Washington.

Para el cierre del trimestre es de una volatilidad persistente marcada por los resultados empresariales. El éxito de firmas como Keysight Technologies, que ha disparado sus previsiones para el segundo trimestre, sugiere que la inversión industrial se mantiene sólida en nichos especializados. El diagnóstico final es que el mercado está premiando la ejecución y el rigor operativo frente a la narrativa pura.

Sin embargo, el riesgo de un nuevo correctivo sigue presente. El hecho de que el Dow Jones no haya logrado recuperar toda la pérdida del lunes indica que la confianza de los inversores está herida. En definitiva, Wall Street ha recuperado el vigor tecnológico, pero lo hace en un entorno de máxima fragilidad política y divergencia monetaria. El éxito de la alianza AMD-Meta es una victoria táctica de gran magnitud, pero queda por ver si el sector tecnológico puede seguir actuando como el único soporte de una economía estadounidense que se asoma al abismo de una guerra comercial de dimensiones desconocidas.

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