El Dow Jones se hunde 633 puntos por la crisis de Groenlandia

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Wall Street firma la mayor caída del año mientras vuelve el ‘Sell America trade’ y los inversores huyen de la renta variable ante las nuevas amenazas arancelarias de Trump

La tensión entre Estados Unidos y varios aliados europeos por el control de Groenlandia ha pasado este martes de los despachos a las pantallas de negociación. A media sesión, el Dow Jones Industrial Average caía en torno a 633 puntos, un 1,3%, hasta los 48.725 puntos, arrastrando al S&P 500 (-1,3%) y al Nasdaq (-1,5%). El movimiento amenaza con convertirse en la mayor corrección bursátil de 2026. La chispa ha sido el anuncio de aranceles del 10% a las importaciones de ocho países europeos y la amenaza de gravámenes de hasta el 200% sobre el vino francés. En este contexto reaparece con fuerza la expresión que marcó otras crisis con Donald Trump: el ‘Sell America trade’, vender activos estadounidenses ante el aumento del ruido político. El mercado, sin embargo, se pregunta si se trata solo de otra sacudida negociadora o del inicio de un nuevo ciclo de guerra comercial.

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Wall Street firma su mayor corrección de 2026

La jornada arrancó en rojo intenso. A las 9:30 de la mañana en Nueva York, el Dow Jones perdía ya más de 650 puntos (-1,3%), el S&P 500 cedía casi 95 puntos (-1,4%) y el Nasdaq Composite se dejaba en torno al 1,6%. Era la confirmación de lo que ya adelantaban los futuros durante la madrugada europea: Estados Unidos se encaminaba hacia su peor sesión del año.

La fotografía a media sesión seguía siendo demoledora. El Dow oscilaba alrededor de los 48.700 puntos, con descensos que superaban el 1,2%, mientras el S&P 500 se movía en el entorno de los 6.840 puntos. El Nasdaq, más sensible a los cambios de sentimiento, profundizaba las pérdidas por encima del 1,5%.

El movimiento no se limitaba a los grandes índices. Los valores de pequeña y mediana capitalización, que habían liderado las subidas en enero, se sumaban al desplome, borrando buena parte del rally inicial del año. La consecuencia es clara: el shock geopolítico ha cortado en seco el apetito por el riesgo y obliga a recalibrar un escenario que, hasta hace apenas unas sesiones, estaba dominado por la expectativa de un aterrizaje suave de la economía estadounidense.

La amenaza arancelaria que desata el nuevo pánico

El detonante del giro ha sido el último órdago de Donald Trump. Durante el fin de semana, el presidente anunció que impondrá un arancel del 10% a las importaciones procedentes de ocho países europeos a partir del mes que viene. El objetivo declarado: presionar a sus socios para que respalden la pretensión de Washington sobre Groenlandia.

Lejos de moderar el tono, Trump fue un paso más allá y amenazó con aranceles de hasta el 200% sobre el vino francés y otros productos tras el rechazo de Emmanuel Macron a sumarse a su propuesta de paz para Gaza. El mensaje es inequívoco: la Casa Blanca está dispuesta a utilizar el comercio como arma en varios frentes diplomáticos simultáneos.

Este hecho revela una doble preocupación para los inversores. Por un lado, la posibilidad de una respuesta simétrica de Bruselas que derive en una nueva ronda de guerra arancelaria transatlántica. Por otro, la señal de que los cálculos políticos internos pesan más que la estabilidad de los mercados financieros. En un entorno en el que las valoraciones bursátiles ya estaban exigentes, cualquier aumento del riesgo político actúa como catalizador de ventas masivas.

El regreso del ‘Sell America trade’

El término ‘Sell America trade’ reaparece con fuerza en los informes de las casas de análisis. La expresión describe la estrategia de quienes optan por deshacer posiciones en renta variable y deuda estadounidenses ante episodios de alta incertidumbre política. Y esta semana, la amenaza arancelaria ligada a Groenlandia ha reactivado ese reflejo.

Los futuros sobre el Nasdaq-100 llegaron a caer cerca del 1,8%, mientras que los del S&P 500 y el Dow Jones se dejaban alrededor del 1,5% antes de la apertura. Esa presión vendedora se trasladó de inmediato a los sectores más expuestos al comercio internacional: industria, bienes de consumo cíclico y parte del tecnológico.

Sin embargo, el diagnóstico no es unánime. Algunos gestores señalan los paralelismos con episodios anteriores, cuando anuncios explosivos de Trump dieron paso, tras unos días de turbulencias, a algún tipo de acuerdo o moratoria. “La historia dice que el presidente tiende a tensar la cuerda y luego declararse victorioso con un pacto intermedio”, resume un gestor de renta variable. El contraste con otras regiones resulta demoledor: mientras Europa y Asia aún tratan de digerir el golpe, muchos inversores en Wall Street siguen viendo las caídas como oportunidades tácticas de compra, siempre que la retórica no se traduzca en aranceles efectivos de largo recorrido.

Bonos, dólar y metales preciosos envían otra señal

El movimiento de este martes no se ha limitado a las acciones. En el mercado de deuda, el rendimiento del Treasury a diez años subía hasta el 4,29%, siete puntos básicos más, mientras que el bono a treinta años repuntaba hasta el 4,93%, con un salto de nueve puntos básicos. En lugar de una huida masiva hacia el refugio clásico de la deuda estadounidense, lo que se ha producido es una venta de bonos de largo plazo, reflejo de que los inversores empiezan a descontar un escenario de mayor riesgo fiscal e inflacionista.

Al mismo tiempo, el dólar se debilitaba un 1% frente a una cesta de divisas, hasta el entorno de los 98,5 puntos del índice DXY. La combinación de un billete verde más débil y mayor aversión al riesgo ha disparado a los metales preciosos: la onza de oro escalaba casi un 3%, hasta los 4.723 dólares, mientras la plata se disparaba más de un 7%, rozando los 95 dólares.

Incluso los activos más volátiles acusaban el golpe. Bitcoin retrocedía en torno al 2,2%, hasta los 90.900 dólares, en un recordatorio de que, en episodios de estrés extremo, el mercado tiende a vender casi todo salvo los refugios tradicionales. El diagnóstico es inequívoco: la crisis de Groenlandia no se percibe como un simple ruido de fondo, sino como un factor capaz de alterar los flujos globales de capital.

Europa y Asia se contagian del pulso por Groenlandia

El impacto no se limita a Estados Unidos. Mientras Wall Street reaccionaba al anuncio de Trump, los índices europeos encadenaban ya varios días de descensos. El Euro Stoxx 50 registraba su tercera sesión consecutiva a la baja, ampliando las pérdidas acumuladas desde el lunes, y las bolsas periféricas seguían el mismo patrón.

En Asia, el castigo era aún más severo. El Nikkei 225 japonés y el Hang Seng de Hong Kong sumaban cuatro jornadas de caídas, reflejo de la inquietud ante una posible desaceleración del comercio mundial si la escalada arancelaria se extiende. En Japón, la venta masiva se trasladaba también a la deuda pública de muy largo plazo: el bono a 40 años veía dispararse su rentabilidad hasta el 4,21%, máximo histórico, una señal clara de nerviosismo sobre la sostenibilidad de la deuda y las perspectivas de inflación.

Este efecto dominó confirma que la crisis por Groenlandia va mucho más allá de una disputa bilateral. Para muchas economías, una nueva ronda de sanciones y contrasanciones entre Washington y Bruselas supondría un golpe añadido a un comercio internacional que todavía no se ha normalizado por completo tras las tensiones de los últimos años. El contraste con los mensajes de calma de los bancos centrales resulta, por tanto, cada vez más evidente.

Riesgos para la economía estadounidense si la crisis se enquista

A corto plazo, la mayoría de economistas considera que el impacto directo sobre el PIB de Estados Unidos sería limitado si los aranceles se aplican tal y como se han anunciado. Sin embargo, el verdadero riesgo reside en un deterioro prolongado de la confianza empresarial y del sentimiento de los consumidores.

Cada vez que la Casa Blanca abre un nuevo frente comercial, las compañías afectadas revisan a la baja sus planes de inversión, posponen decisiones de contratación y replantean su cadena de suministro. Si el pulso por Groenlandia se prolonga, ese goteo de decisiones prudentes puede traducirse en un crecimiento más débil en la segunda mitad de 2026.

Además, la subida simultánea de las rentabilidades de los bonos y de los metales preciosos apunta a un aumento de la prima de riesgo política que exigen los inversores para financiar a Estados Unidos. Si los tipos a largo plazo se mantienen cerca del 5% en el tramo de 30 años, el coste de financiación para el Tesoro y para muchas empresas se encarecerá de forma estructural, complicando la digestión de un déficit ya abultado. En ese contexto, el margen de maniobra de la Reserva Federal para recortar tipos se reduce, precisamente cuando el ciclo económico empieza a mostrar signos de fatiga.

Tras el desplome de este martes, el foco del mercado se desplaza a tres frentes. Primero, al discurso de Trump en el Foro de Davos, donde los inversores buscarán señales de si el presidente está dispuesto a modular su amenaza arancelaria o, por el contrario, redoblará la presión sobre Europa. Cualquier gesto de suavización podría desencadenar un rebote técnico, pero nuevas advertencias prolongarían el castigo.

Segundo, a la reacción oficial de la Unión Europea y de los países directamente afectados. Una respuesta calculada, abierta a la negociación, ayudaría a estabilizar los mercados. En cambio, el anuncio de represalias inmediatas podría alimentar un nuevo ciclo de volatilidad global.

Y tercero, a la temporada de resultados empresariales. Si las grandes compañías estadounidenses empiezan a introducir en sus mensajes referencias explícitas al riesgo arancelario y a retrasos en sus decisiones de inversión, el episodio de Groenlandia dejará de ser un ruido coyuntural para convertirse en un factor de primer orden en las valoraciones. Por ahora, el mensaje que envían las pantallas es claro: el mercado ya no concede a Trump el beneficio de la duda y descuenta la posibilidad de que sus amenazas se materialicen. El coste de esa incertidumbre se mide hoy en puntos de Dow, pero mañana puede reflejarse en décimas de crecimiento.