El IBEX 35 pierde un 1,7% en pleno pulso por Groenlandia
El respiro ha durado poco. Tras marcar máximos históricos la semana pasada, el IBEX 35 ha amanecido este martes con un giro brusco a la baja, arrastrado por un nuevo choque comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea. El índice español se dejaba en los primeros compases un 0,78%, hasta los 17.509 puntos, y llegó a registrar retrocesos cercanos al 1,7%, en línea con la caída del futuro del IBC. El detonante no ha sido un dato macro ni un profit warning empresarial, sino el aspecto más imprevisible del tablero: la política. Donald Trump ha vuelto a colocar los aranceles en el centro del debate al amenazar con nuevos gravámenes a los países europeos que se oponen a que Washington tome el control de Groenlandia. La consecuencia es clara: huida del riesgo, ventas en banca y renovado cuestionamiento sobre la solidez del rally europeo de los últimos meses.
Un castigo inmediato al riesgo
La reacción del mercado ha sido fulminante. A las 08:02 GMT, el IBEX 35 caía 137,10 puntos, un 0,78%, hasta los 17.509 puntos, mientras el FTSE Eurofirst 300 retrocedía un 0,63%. El mensaje de los inversores es nítido: la complacencia con la renta variable europea se ha terminado, al menos de momento.
El movimiento se produce apenas días después de que el selectivo español rozara máximos históricos, impulsado por unos resultados sólidos de la banca y la expectativa de un aterrizaje suave de la economía mundial. Este nuevo episodio de tensión arancelaria actúa como recordatorio de que la geopolítica sigue pesando más que los fundamentales cuando el riesgo se dispara de forma súbita.
Los futuros estadounidenses también recogen la inquietud tras el cierre festivo por el Día de los Presidentes. Wall Street se enfrentará en bloque a un cóctel de factores adversos: amenaza de aranceles, fricción con Europa, incertidumbre judicial y un Trump en modo ofensivo a las puertas de Davos. La lectura para el inversor europeo es incómoda: el riesgo político vuelve a cotizar con prima.
Groenlandia, Nobel y guerra arancelaria
Lo que podía parecer un episodio anecdótico –el interés de Trump por Groenlandia– se ha convertido en un problema serio para los mercados. El presidente estadounidense ha vinculado su intento de tomar el control del territorio ártico con su frustración por no haber logrado el Premio Nobel de la Paz, en un movimiento que mezcla política interna, prestigio personal y ambiciones estratégicas.
Trump ha insinuado que los países europeos que bloqueen sus planes sobre Groenlandia podrían enfrentarse a nuevos aranceles, reabriendo una guerra comercial que Bruselas creía parcialmente encauzada desde el acuerdo alcanzado en julio pasado. Que una disputa territorial derive en un posible choque arancelario masivo revela hasta qué punto la política comercial de Washington se ha convertido en un instrumento de presión multifuncional.
La paradoja es evidente: mientras Estados Unidos acude a Davos para reivindicar liderazgo y estabilidad, incrementa al mismo tiempo la percepción de riesgo sobre las cadenas de suministro y el comercio transatlántico. Para los inversores, este episodio añade una capa extra de volatilidad a un contexto ya marcado por la desaceleración del comercio global y la fragmentación geopolítica.
Europa desempolva el mecanismo anticohacción
Bruselas no ha tardado en responder. Varios líderes europeos, con Emmanuel Macron al frente, han advertido de que el bloque está dispuesto a utilizar su nueva herramienta de defensa frente a presiones externas: el llamado mecanismo anti coerción, diseñado precisamente para reaccionar ante amenazas comerciales de terceros países.
Según fuentes del mercado, la escalada podría desembocar en la invalidación del acuerdo comercial EEUU-UE alcanzado en julio y todavía pendiente de ratificación en el Parlamento Europeo. Esto dejaría sin marco político una relación que mueve cada año cientos de miles de millones de euros y devolvería a las compañías europeas al escenario de máxima incertidumbre regulatoria.
Renta 4 advierte de que “Macron amenaza a EEUU con activar el mecanismo anticohacción, su principal arma de represalia, y reactivar los aranceles por 93.000 millones de euros a productos americanos ya aprobados pero suspendidos tras el acuerdo comercial”. La lectura es contundente: si Washington aprieta, Bruselas responderá con el mismo lenguaje. El riesgo para las bolsas es una guerra arancelaria de ida y vuelta en un momento en que el ciclo económico europeo sigue siendo frágil.
La banca española, otra vez en la diana
Como en cada episodio de tensión global, la banca vuelve a ocupar el centro del huracán. Con un peso cercano al 30% en el IBEX 35, el sector financiero multiplica el impacto de cualquier corrección del índice. Este martes, Santander caía un 0,82%, BBVA retrocedía un 1,00%, Caixabank se dejaba un 0,79%, Sabadell perdía un 1,53%, Bankinter un 1,22% y Unicaja un 1,06%.
El castigo llega tras varias semanas en las que los bancos se habían convertido en los grandes ganadores del mercado, apoyados en la expectativa de tipos de interés altos durante más tiempo y en una morosidad contenida. Lo más llamativo es que la venta se produce sin cambios radicales en los fundamentales, impulsada casi exclusivamente por el aumento del ruido geopolítico.
Los analistas recuerdan que la banca es especialmente sensible a cualquier factor que pueda frenar el comercio global, penalizar el crecimiento europeo o disparar la volatilidad financiera. Un endurecimiento arancelario entre EEUU y la UE presionaría los márgenes, encarecería la financiación y podría frenar la concesión de crédito en sectores muy expuestos a las exportaciones. El contraste entre la fortaleza reciente de las cotizaciones bancarias y la fragilidad del entorno macro vuelve a quedar al descubierto.
Los otros pesos pesados del índice
Más allá de la banca, la reacción del resto de grandes valores del IBEX dibuja un mapa desigual, pero con un denominador común: la cautela. Telefónica era de las pocas que se movía en positivo, con un avance del 0,48%, probablemente favorecida por su perfil defensivo y su exposición a negocios regulados. En cambio, Inditex cedía un 0,57%, Iberdrola un 0,54%, Cellnex un 0,96% y Repsol un 0,60%.
El comportamiento de las utilities revela que, por ahora, no hay una rotación masiva hacia valores refugio, sino un ajuste más selectivo. Iberdrola y otras energéticas sufren por la percepción de riesgo regulatorio y por la sensibilidad de sus valoraciones a los tipos de interés, mientras que Repsol acusa el temor a una menor demanda global de crudo si el conflicto comercial se intensifica.
Inditex y el resto de compañías ligadas al consumo y a la exportación viven la tormenta con una doble inquietud: el impacto directo sobre sus cadenas de suministro y el efecto indirecto sobre la confianza del consumidor europeo. En este contexto, resulta significativo que el índice europeo de grandes valores retroceda un 0,63%, mostrando que el episodio no es un problema localizado en España, sino un sobresalto de alcance continental.
Davos, ZEW y la macro que viene
El calendario añade más tensión al mercado. En las próximas horas, los inversores estarán pendientes del viaje de Trump al Foro de Davos, donde se esperan encuentros clave con líderes europeos. Cualquier declaración sobre aranceles o sobre Groenlandia puede amplificar el nerviosismo de unas bolsas que llegan a la cita en niveles muy exigentes.
Al mismo tiempo, Alemania publicará la encuesta ZEW de enero, para la que se espera un repunte del subíndice de confianza económica desde 45,8 puntos hasta 50,0. Una lectura mejor de lo previsto podría actuar como contrapeso parcial al ruido político, reforzando la idea de que el ciclo europeo sigue vivo. Sin embargo, el riesgo es que los buenos datos macro queden completamente eclipsados por la escalada arancelaria.
En paralelo, el Tribunal Supremo de Estados Unidos podría pronunciarse sobre la legalidad de los aranceles recíprocos impulsados por Trump. Los analistas contemplan un escenario en el que los gravámenes actuales sean invalidados, pero sustituidos por otros instrumentos de presión comercial. Es decir, incluso una victoria judicial parcial para las empresas no garantizaría el fin de la incertidumbre.
