El dólar y el gas rescatan al IBEX tras perder 1.000 puntos
En apenas cinco sesiones, el IBEX 35 se ha dejado más de 1.000 puntos —un castigo cercano al 5,6%— en una semana dominada por la guerra de EEUU e Israel contra Irán y el repunte del petróleo.
La bolsa española intenta recomponerse tras uno de sus peores golpes del año. El IBEX 35, que en apenas cinco sesiones se ha dejado más de 1.000 puntos —un retroceso cercano al 5,6%—, rebota este viernes alrededor de los 17.300 puntos apoyado en un respiro del gas natural y en la tregua del dólar. La corrección del petróleo tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán y la confirmación de que Teherán mantiene abierto el estrecho de Ormuz alivian, por ahora, el escenario más temido por los inversores. A ello se suma la expectativa de unos datos de empleo en Estados Unidos algo más flojos, que podrían contener el replanteamiento agresivo de la Reserva Federal. Sin embargo, el mensaje que llega de los mercados es inequívoco: la guerra en Oriente Medio y la crisis energética asociada seguirán marcando el rumbo del IBEX durante las próximas semanas.
Una semana de vértigo para el IBEX 35
El balance semanal del IBEX 35 es elocuente. Desde los niveles próximos a 18.300 puntos con los que arrancó la semana, el índice llegó a perder más de 1.000 puntos, situándose en la zona de los 17.200-17.300 puntos y borrando en pocos días buena parte de las ganancias acumuladas en el año. La consecuencia es clara: el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha devuelto la volatilidad al centro del tablero.
Los operadores han buscado refugio en el efectivo y en activos de menor riesgo a medida que asumían que el conflicto podría ser más prolongado y disruptivo de lo que se descontaba al inicio. La caída superior al 5% en cinco sesiones refleja no solo el miedo a un shock de oferta en el petróleo, sino también la preocupación por una posible reaceleración de la inflación y un giro más duro de los bancos centrales. El diagnóstico es inequívoco: la renta variable europea vuelve a cotizar un escenario de riesgo geopolítico elevado, con el IBEX como uno de los índices más sensibles por su exposición a energía, turismo y banca.
El respiro del gas y del dólar
El tímido rebote de este viernes se explica, en buena medida, por el alivio en dos frentes clave para Europa: el gas natural y el dólar. Los futuros del gas en el hub TTF, que llegaron a encadenar subidas de doble dígito tras los primeros bombardeos, corrigen ahora en torno a un 3%-4%, reduciendo el temor a un nuevo episodio de precios desbocados como el vivido en 2022. Al mismo tiempo, el dólar se relaja frente al euro y se sitúa en el entorno de los 1,09 dólares por euro, abaratando las importaciones de energía para la zona euro.
Este doble movimiento se traduce inmediatamente en menos presión para las compañías intensivas en consumo energético y para las economías europeas más dependientes del exterior. Los analistas señalan que un dólar menos fuerte y un gas estabilizado son condiciones necesarias —aunque no suficientes— para que el mercado vuelva a mirar más allá del titular geopolítico. De momento, el rebote del IBEX es moderado —apenas unas décimas por encima del 0,1%-0,2% en los primeros compases de la sesión—, pero rompe al menos la dinámica bajista en la que el índice estaba atrapado desde el lunes.
El petróleo, termómetro del miedo a Irán
El auténtico termómetro del miedo sigue siendo el petróleo. El barril de Brent llegó a acercarse a los 95 dólares tras el ataque estadounidense sobre objetivos en territorio iraní, dentro de la operación conjunta con Israel, alimentando los escenarios más pesimistas sobre un cierre del estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente un 20% del crudo mundial. Cualquier interrupción prolongada en ese punto neurálgico tendría un efecto inmediato sobre la inflación global y el crecimiento.
En las últimas horas, sin embargo, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, ha enfriado el peor escenario al asegurar que el país no ha procedido al cierre del estrecho y que, “por el momento, no existe intención de hacerlo”. Ese matiz, unido al rumor de una posible actuación de Estados Unidos en los mercados de futuros del crudo y a la opción de otorgar licencias para que países como India sigan comprando petróleo ruso, ha frenado la escalada de precios.
Desde Bankinter resumen el clima de mercado con una advertencia: “El mero hecho de que se contemple una intervención directa en los futuros del petróleo revela el grado de preocupación de las autoridades por el impacto económico del conflicto”. El contraste con otros episodios de tensión en Oriente Medio resulta demoledor: nunca antes el precio de la energía había sido tan determinante para la política monetaria global.
Bancos y energéticas: dos historias opuestas en el parqué
La fotografía sectorial del IBEX refleja un mercado selectivo, que distingue claramente ganadores y perdedores del nuevo contexto energético. En la parte alta del índice despuntan compañías como Amadeus, Solaria, Acciona Energía y Naturgy, con subidas superiores al 1% en los primeros compases de la sesión. Las renovables se benefician del relato de seguridad energética a medio plazo, mientras que las utilities defensivas recuperan atractivo en un entorno incierto.
En el otro extremo, las constructoras ACS y Sacyr encajan los peores golpes, aunque con descensos todavía moderados —inferiores al 1%—, penalizadas por el temor a mayores costes financieros y a posibles retrasos en proyectos si el shock de energía se prolonga. La banca ofrece una foto mixta: Santander cede alrededor de un 0,1%, Caixabank pierde cerca de un 0,5%, mientras que BBVA y Sabadell logran ligeros avances. Entre los grandes valores no financieros, Telefónica se anota en torno a un 0,5%, Inditex sube alguna décima, Iberdrola se mantiene prácticamente plana y Cellnex ronda casi un 1% de revalorización.
La lectura es clara: el mercado empieza a diferenciar entre quienes pueden trasladar parte del encarecimiento energético a precios, quienes están protegidos por ingresos regulados y quienes, por el contrario, sufren de lleno el encarecimiento de la financiación y la posible ralentización económica.
El mercado reevalúa a la Reserva Federal
Al ruido geopolítico se suma un segundo vector de incertidumbre: la Reserva Federal. El informe de empleo estadounidense de este viernes llega en un momento delicado, con los inversores revisando al alza las expectativas de tipos ante el riesgo de un nuevo repunte inflacionista si el petróleo vuelve a dispararse. El consenso manejado por el mercado anticipa la creación de unos 59.000 empleos, frente a los 130.000 del mes anterior, con una tasa de paro estable en el 4,3%.
Lo más relevante, sin embargo, no es el dato puntual, sino cómo se traducirá en la senda de tipos. Firmas como Renta 4 recuerdan que “los datos macro empiezan a perder relevancia en un contexto geopolítico tan tenso, pero la Fed no puede ignorar el impacto inflacionista de la energía”. La primera bajada de tipos, que el mercado llegó a descontar para el primer semestre, se ha desplazado ahora a septiembre, y la probabilidad de un segundo recorte en 2026 ronda el 55%.
El famoso “dot plot” —el gráfico que recoge las previsiones de tipos de los miembros de la Fed— será, por tanto, tan relevante como el comunicado oficial. Cualquier señal de que el banco central está dispuesto a tolerar temporalmente una inflación algo más alta para no ahogar el crecimiento podría ofrecer algo de oxígeno a las bolsas. Un mensaje más duro, en cambio, sería un nuevo jarro de agua fría para un IBEX ya castigado.
Datos que pesan menos que los misiles
En circunstancias normales, un dato de empleo moderado en Estados Unidos, un euro algo más fuerte y un gas corrigiendo habrían bastado para sostener un rebote sólido en la renta variable europea. Pero el contexto actual dista mucho de ser normal. Las bolsas, empezando por la española, han entrado en una fase en la que los titulares geopolíticos pesan más que las referencias macroeconómicas.
Renta 4 lo sintetiza en su informe diario al subrayar que “los indicadores tradicionales pierden relevancia en un contexto donde la presión al alza en la inflación derivada de las tensiones energéticas puede condicionar durante meses la política monetaria”. La consecuencia es un mercado mucho más reactivo a cualquier movimiento militar en Oriente Medio que a la publicación de datos de actividad o confianza.
Este hecho revela hasta qué punto la economía mundial sigue atrapada por su dependencia de los combustibles fósiles y por la capacidad de unos pocos actores de alterar, en pocas horas, el precio al que se alimenta la maquinaria productiva global. Para el inversor español, el resultado se traduce en un entorno de mayor volatilidad, rotación sectorial acelerada y horizontes de inversión más cortos.
