Saad Al-Kaabi alerta de que un conflicto abierto con Irán podría paralizar las exportaciones del Golfo

Qatar advierte: la guerra puede llevar el petróleo a 150 dólares

El aviso no llega de un analista de mercado, sino de Saad Al-Kaabi, ministro de Energía de Qatar y presidente de QatarEnergy, uno de los grandes actores del gas mundial. El dirigente qatarí dibuja el escenario más temido por los inversores: guerra en Irán, exportaciones del Golfo detenidas en cuestión de semanas y petróleo disparado a 150 dólares por barril.

EPA/WAEL HAMZEH
EPA/WAEL HAMZEH

En una entrevista reciente, el dirigente qatarí ha dibujado el escenario más temido por los inversores: guerra en Irán, exportaciones del Golfo detenidas en cuestión de semanas y petróleo escalando hasta los 150 dólares por barril. En paralelo, el gas natural licuado (GNL) podría saltar a 40 dólares por MMBTU, mientras las cadenas industriales se van apagando una a una por falta de suministro. Al-Kaabi no se queda en las cotizaciones: advierte de que la crisis energética resultante podría “derribar las economías del mundo”. Y subraya que, incluso si el conflicto se frenase rápido, la recuperación de la oferta tardaría de “semanas a meses”

Un aviso desde el corazón del gas mundial

Las palabras de Al-Kaabi pesan más que las de un analista cualquiera. Qatar no es un actor marginal: concentra alrededor de una quinta parte del suministro mundial de GNL y es pieza clave en el equilibrio entre Asia y Europa desde la invasión rusa de Ucrania. Desde Doha se ve mejor que desde ninguna otra capital cómo cualquier chispa en el Golfo se traduce, casi en tiempo real, en un shock de precios a escala planetaria.

El ministro dibuja un escenario de ruptura: si el conflicto con Irán se agrava y se extiende a infraestructuras energéticas o rutas marítimas, los grandes exportadores del Golfo –Arabia Saudí, Emiratos, Kuwait, Irak y el propio Irán– podrían verse obligados a detener producción y envíos en cuestión de semanas. No tanto por falta de barriles, sino por la retirada de buques, aseguradoras y personal ante el riesgo bélico.

Su advertencia llega, además, tras una serie de mensajes duros a Occidente. Al-Kaabi ya ha amenazado en el pasado con cortar el gas a la Unión Europea si Bruselas aplica ciertas normas de diligencia debida que Doha considera excesivas, recordando hasta qué punto Europa se ha vuelto dependiente de unos pocos proveedores. El diagnóstico implícito es claro: el mundo ha construido su recuperación pospandemia sobre un suministro energético extremadamente frágil.

El cuello de botella del Estrecho de Ormuz

El epicentro físico del riesgo se llama Estrecho de Ormuz. Por ese paso de apenas 40 kilómetros de ancho circulan cada día entre 18 y 19 millones de barriles de crudo, cerca del 20% del consumo mundial, además de una parte sustancial de las exportaciones de GNL de Qatar. Cerrar o incluso restringir de forma significativa esa arteria equivale a aplicar un torniquete a la economía global.

No es un escenario teórico. En los últimos años, Irán ha amenazado en varias ocasiones con bloquear el estrecho como respuesta a ataques o sanciones, y los analistas han advertido de que un cierre real podría llevar el petróleo muy por encima de los máximos recientes, entre 100 y 150 dólares el barril, con un impacto inmediato sobre la inflación y el crecimiento global. Hoy, el tráfico de petroleros ya se ha visto alterado y los seguros se han disparado, encareciendo cada viaje incluso cuando el crudo sigue fluyendo.

La paradoja es que un cierre prolongado dañaría también a Irán, que depende críticamente de esa misma ruta para colocar su petróleo, sobre todo hacia China. Pero la historia demuestra que, en contextos bélicos, los costes económicos dejan de ser el factor decisivo. Lo que hoy plantea Al-Kaabi, en realidad, es que el margen de error geopolítico alrededor de Ormuz se ha reducido a cero.

Petróleo a 150 dólares: impacto en la inflación y el PIB

¿Qué supondría realmente un petróleo en 150 dólares? Los cálculos de organismos como el FMI y bancos de inversión apuntan a que un shock sostenido de precios podría añadir entre 0,8 y 1,5 puntos porcentuales a la inflación global y restar hasta un punto al crecimiento del PIB mundial si las tensiones se prolongan varios trimestres. En economías ya fatigadas por años de tipos altos, el riesgo de recesión sería evidente.

En Estados Unidos, algunos economistas sostienen que el umbral a partir del cual el impacto se vuelve claramente contractivo se sitúa en torno a los 125 dólares; por encima de ese nivel, el golpe combinado sobre consumo, inversión y confianza empresarial podría frenar en seco una expansión que venía resistiendo mejor de lo previsto. Europa, más dependiente de las importaciones energéticas y con menos colchón fiscal, sufriría aún más.

El canal de transmisión es conocido: combustibles más caros, costes logísticos al alza, electricidad encarecida y presión sobre los márgenes de las empresas. Sectores como el transporte, la industria química, el acero o la automoción serían los primeros en ajustar producción. Y, detrás, llegaría el efecto de segunda ronda sobre salarios y precios. Lo más grave es que este shock llegaría cuando muchos bancos centrales apenas han empezado a plantear las primeras bajadas de tipos. Un petróleo en 150 dólares podría obligarles a posponer cualquier relajación monetaria, prolongando una restricción financiera que ya está pesando sobre el crédito.

El gas a 40 dólares y la batalla entre Asia y Europa

Si el petróleo es el titular, el gas es el subtítulo que puede agravar la historia. Al-Kaabi anticipa un escenario en el que los precios del GNL alcanzan los 40 dólares por MMBTU, niveles similares a los peores momentos de la crisis de 2022. Eso implicaría multiplicar por tres o cuatro las referencias actuales y devolvería a Europa a una situación que creía superada gracias a las reservas y a un invierno relativamente benigno.

El problema es que la mayor parte del petróleo y del gas del Golfo tiene destino asiático. Antes de esta crisis, cerca del 75% de las exportaciones de crudo y casi el 60% del GNL de la región se dirigían a China, India, Japón y Corea del Sur. Si el suministro se reduce, esos clientes disponen de contratos a largo plazo y músculo financiero para pujar con agresividad por los cargamentos disponibles. Europa, que ha sustituido el gas ruso por compras spot desde 2022, volvería a quedar en desventaja.

La consecuencia es clara: una guerra silenciosa por cada barco de GNL, con precios de infarto y riesgo de racionamiento industrial en los países más expuestos. Aunque las reservas europeas aguanten varias semanas, cualquier señal de interrupción prolongada encarecería también los contratos para el invierno siguiente. El mensaje de Qatar es que la actual arquitectura del mercado –con pocos proveedores clave y una Europa que llega siempre tarde a la negociación– es un cóctel explosivo.

Por qué el mercado sigue en modo complaciente

Pese a estas advertencias, los mercados financieros muestran una complacencia llamativa. El precio del Brent ha repuntado con fuerza en los últimos días, con subidas semanales de en torno al 15-18% y cotizaciones que superan ya los 80-85 dólares por barril, la mayor ganancia semanal en años. Sin embargo, las primas de riesgo y buena parte de las bolsas actúan todavía como si se tratase de un episodio transitorio.

Analistas de referencia en el sector, como Amrita Sen, llevan días alertando de que los inversores subestiman la gravedad de un cierre parcial de Ormuz, confiando en inventarios que, en realidad, están concentrados en pocos países y pueden volverse inaccesibles si empeoran las tensiones. La sensación de que “siempre se ha evitado lo peor” alimenta una narrativa peligrosa: que cualquier crisis en Oriente Medio se resuelve antes de causar daños permanentes.

Este hecho revela una desconexión entre el discurso de los productores y la reacción de los mercados. Mientras Al-Kaabi describe un escenario de “derribo” de la economía mundial, los traders parecen apostar a que el conflicto será breve o que Estados Unidos y sus aliados garantizarán la seguridad de los cargamentos. Si se demuestra lo contrario, la repricing –la revalorización brusca del riesgo– podría ser tan violenta como la de 2008 o 2022.

Comentarios