EEUU vacía 6,2 millones de barriles y altera el precio petróleo

La caída de inventarios en EEUU coincide con refinerías al 89,6% y menos importaciones.

Petróleo

Foto de Delfino Barboza en Unsplash
Petróleo Foto de Delfino Barboza en Unsplash

Se evaporan 6,2 millones de barriles en una semana. El crudo comercial baja a 459,5 millones. Las refinerías aprietan y las importaciones se encogen. El resultado: más tensión en gasolina, diésel y precios.

La cifra que descoloca al mercado

El informe semanal de la EIA llega con un titular que no admite matices: las existencias comerciales de crudo en Estados Unidos (sin contar la Reserva Estratégica) cayeron en 6,2 millones de barriles hasta 459,5 millones en la semana que terminó el 24 de abril. En términos de fotografía, el nivel sigue alrededor de un 1% por encima de la media quinquenal; en términos de película, el movimiento es brusco y cambia el tono del mercado.

La confusión inicial en algunos servicios —que hablaban de un ajuste menor— solo subraya lo importante: cuando el dato oficial imprime una caída de esta magnitud, el precio deja de mirar el “nivel cómodo” y se fija en el ritmo. Lo más grave no es dónde está el inventario, sino cómo se mueve. Y el consenso tampoco ayudaba: se esperaba un resultado muy distinto, con previsiones cercanas a la estabilidad semanal.

“El mercado puede tolerar inventarios altos; lo que no perdona es una dinámica que apunta a estrechamiento en el corto plazo”, resumía un operador de productos en la costa del Golfo.

Refinerías al máximo y el golpe en los productos

Este hecho revela otra pieza clave: la industria ha pisado el acelerador. Las refinerías procesaron 16,1 millones de barriles diarios, 85.000 más que la semana anterior, con una utilización del 89,6%. La gasolina, sin embargo, no acompañó en producción: cayó a 9,8 millones de barriles diarios, y los destilados (diésel y similares) bajaron a 4,9 millones.

La consecuencia es clara en los tanques: la gasolina se dejó 6,1 millones de barriles y queda un 2% por debajo de la media de cinco años; los destilados recortaron 4,5 millones y se sitúan un 11% por debajo del promedio estacional. Sin embargo, el mercado no es homogéneo: el propano/propileno aumentó su holgura relativa (está un 62% por encima de la media), prueba de que la tensión se concentra donde más duele al consumidor. En conjunto, los inventarios comerciales totales de petróleo bajaron 17 millones: un drenaje amplio, no un accidente aislado.

Menos importaciones y la palanca del Atlántico

El ajuste no llega solo por el lado de la demanda interna. Las importaciones de crudo promediaron 5,8 millones de barriles diarios, 329.000 menos que la semana previa. En paralelo, el mercado leyó un factor que suele pasar desapercibido hasta que revienta en el dato: la exportación. Según el desglose recogido por la prensa financiera, los envíos al exterior se dispararon hasta un récord semanal cercano a 6,4 millones de barriles diarios, un nivel capaz de vaciar inventarios aunque la producción se mantenga estable.

El contraste con otras semanas resulta demoledor: hace apenas unos días, el propio relato del mercado era el inverso —importaciones al alza y exportaciones más flojas—, lo que elevó existencias. Cuando el flujo gira, la elasticidad es inmediata: menos crudo entrando, más crudo saliendo. Y además cae Cushing, el nodo de entrega en Oklahoma, un termómetro que el mercado vigila con obsesión.

La lectura macro: inflación, márgenes y demanda real

El diagnóstico es inequívoco: el dato no habla solo de petróleo, sino de precios. En la última ventana de cuatro semanas, los “productos suministrados” —proxy de demanda— promediaron 20,6 millones de barriles diarios, un 4,6% más que hace un año. La gasolina se situó en 9,0 millones (+1,2%) y los destilados en 4,0 millones (+4,8%). Con ese telón de fondo, una caída fuerte de inventarios tiende a reforzar la prima del corto plazo y, por extensión, los márgenes de refino.

A la vez, el contexto global no ayuda a “enfriar” el barril. La Agencia Internacional de la Energía ha advertido este mes de dislocaciones entre mercado físico y futuros, con episodios de precios físicos disparados y productos refinados tensionados. En ese escenario, cualquier señal de estrechamiento en Estados Unidos —exportador neto en semanas clave— se traslada al Atlántico con rapidez.

Europa, en el espejo de EEUU

Para Europa, y especialmente para economías importadoras como la española, el informe semanal estadounidense funciona como un parte meteorológico: no explica todo, pero anticipa tormentas. Si la gasolina y el diésel en EEUU caen por debajo de sus medias, el mercado global tiende a reordenar cargamentos y a encarecer los diferenciales. El efecto dominó suele notarse primero en los fletes y en los márgenes, y después en el surtidor.

La comparación histórica es inevitable. En 2022, la combinación de shocks geopolíticos y estrechez en destilados elevó la sensibilidad del IPC a la energía; desde entonces, los bancos centrales vigilan más el “segundo round” inflacionario: no el golpe inicial del crudo, sino su traslación a transporte y alimentación. Hoy, con refinerías cerca del 90% y existencias de destilados un 11% por debajo de lo normal, el riesgo no es un pico puntual, sino una persistencia incómoda.

Política energética y volatilidad: el dato que falta

Queda un elemento que añade ruido: la Reserva Estratégica. En la misma semana, el mercado también vio descensos relevantes en el SPR, lo que alimenta el debate sobre hasta qué punto Washington está usando esa palanca para amortiguar tensiones o gestionar episodios de disrupción. Si el crudo comercial cae y la reserva también se reduce, la sensación de “colchón” se adelgaza psicológicamente, aunque el nivel absoluto siga lejos de mínimos históricos.

En adelante, la clave será si el drenaje responde a un patrón sostenible —exportaciones fuertes, importaciones contenidas y demanda firme— o a una semana excepcional de flujos. En mercados nerviosos, la diferencia entre ambas lecturas se mide en céntimos por litro. Y el informe, esta vez, deja un mensaje incómodo: cuando el sistema se queda sin barriles en el corto plazo, el precio no pide permiso.

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